(Fuente: archivo de ABC) |
Intento eludir en mi blog los
temas políticos, pero no siempre me es posible. Ahora, los resultados de las
elecciones municipales y autonómicas que acaban de tener lugar en España me
obligan a un extenso comentario. Daré esos resultados por conocidos, limitándome
a considerar sus significados y consecuencias.
De las elecciones resurge, viva y
palpitante, la España invertebrada de Ortega. Me explicaré: desde que a
comienzos del S. XIX Napoleón y los ingleses le dieron la puntilla al viejo
Imperio español, su parte europea que es España ha venido penduleando violentamente entre acracia y autocracia. A
escala histórica una y otra se han venido necesitando, complementándose y
alternándose. Por poner un ejemplo: si los colocamos fuera del tiempo, Azaña y
Franco se justifican mutuamente. Este penduleo trágico pareció romperse definitivamente
con el régimen constitucional que siguió al dictador a finales de los 1970’s. Con
el apoyo generoso e incondicional de la Unión Europea, que empezaba entonces a
dar sus primeros pasos, y en ella, muy especialmente, de Alemania occidental, han
seguido cuarenta años de estabilidad económica y política en el curso de los
cuales España ha dado pasos gigantescos de prosperidad y progreso.
Pero la crisis económica mundial
del 2008 ha puesto en grave aprieto este modelo. En España una burbuja inmobiliaria reventó por falta de
crédito, lo que resultó en enormes dificultades
sociales (desaparición de empresas, paro, créditos fallidos) y económicas (endeudamiento
exterior de gobiernos y empresas). PSOE y PP, los dos partidos dominantes, perdieron la oportunidad histórica
de haber formado un gobierno de concentración que enfrentara las peligrosas
circunstancias. Y aunque el gobierno del PP ha salvado al estado español de la
quiebra, la situación estratégica de España seguirá siendo difícil. Ya que en
la Unión Europea se va implantando de facto un modelo que me atrevo a calificar
de neocolonial: los países del Oeste y el Norte, más prósperos y desarrollados,
explotan a los del Mediterráneo y el Este, más pobres y atrasados, mediante
ciclos económicos de expansión/depresión en los que la estabilidad del Euro
está garantizada pero la situación social de los países explotados hace que una parte importante de su población no logre
salir de ciclos pobreza / miseria.
Las elecciones municipales y
autonómicas, en las que los electores están siempre dispuestos a arriesgarse mucho más
que en las elecciones estatales, han dado a esta situación difícil una
respuesta que puede calificarse de muy dinámica y por lo tanto esperanzada. La
abstención ha sido pequeña, lo que significa que los españoles han seguido
apostando por su sistema político. Pero el PP y el PSOE, los dos representantes
de un bipartidismo que se estaba quedando rancio, han sufrido tremendos
varapalos y a la vez han surgido iniciativas políticas nuevas que me
parecen interesantes.
Por el lado derecho del espectro
político, pero no en el extremo sino hacia el centro, ha surgido un partido, Ciudadanos, que aspira a sustituir al PP
a largo plazo y ayudarlo a corto a obtener mayorías de gobierno que no dependan
de chantajes nacionalistas.
Mientras que por la izquierda ha
emergido un montón heterogéneo de movimientos de raíz comunista o anarquista
que tienen en común un populismo reivindicativo, congregados todos alrededor de
un nuevo partido político, Podemos, que
aspira a sustituir al PSOE a corto plazo. No obstante, parece difícil que este
conglomerado izquierdopopulista termine integrándose en un Podemos que no puede ocultar sus raíces leninistas. Y juega el PSOE
con fuego si pretende utilizar el apoyo de Podemos
para alcanzar poder, pues corre el riesgo de destruirse en el empeño.
Mientras que todo esto pasa y lo
hace vertiginosamente, los grandes problemas estratégicos de España ni siquiera
se plantean. No lo hacen los viejos y todavía poderosos PP y PSOE pero tampoco
lo hacen los nuevos partidos. De entre esos megaproblemas que permanecen en el limbo de
los políticos me atrevería a destacar tres:
(1).- España no podrá
consolidarse económica y socialmente sino a través de un esfuerzo sostenido de
educación/formación de sus ciudadanos. Pero durante los últimos cuarenta años
los dos grandes partidos han sido incapaces de ponerse de acuerdo en un
proyecto educativo común.
(2).- El futuro social y
económico de los españoles se ve amenazado por una crisis demográfica sin
precedentes. España tendrá que alcanzar niveles de reposición de una población
cuya pirámide sea mucho más cilíndrica que la de prisma invertido actual. Los
roles de los distintos grupos de edad tendrán que cambiar. La jubilación
laboral tendrá que retrasarse al mismo tiempo que mejora el estado de salud y aumenta
la esperanza de vida. Las familias necesitarán leyes especiales de apoyo. Todos estos problemas demográficos ni siquiera se
plantean, entretenidos como han estado nuestro políticos con temas como el
matrimonio homosexual y la regulación del aborto.
(3).- España tiene que llegar a
constituirse como una sociedad con igualdad de derechos, obligaciones y
oportunidades para todos sus ciudadanos, lo que significa también para todas
sus regiones o autonomías. Se está lejísimos de esto, más aún, las distancias
entre ricos y pobres así como entre las distintas autonomías no hacen sino
aumentar.
Si los resultados de las
elecciones municipales y regionales suponen el comienzo de una renovación de la
clase política española, más aún, la destrucción de su condición de clase
cerrada y una integración muchísimo más dinámica con la ciudadanía, sus
problemas y sus intereses, bien venidos sean. España necesita un nuevo patriotismo, acorde con los tiempos que
se viven y se van a vivir. Construir y preservar esta nueva forma de
patriotismo es, en mi opinión, la tarea
fundamental de los jóvenes políticos españoles que empiezan a emerger. Sin ese
patriotismo nuevo y distinto España, finalmente, perderá su razón de existir.
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