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domingo, 28 de agosto de 2016

¿Nos estamos despeñando en los abismos del Antropoceno?



En el curso de un viaje reciente por el SW de USA, he tenido, en un momento dado, una extraña clarividencia. He aquí que está anocheciendo y me encuentro en un camping periurbano de la ciudad de Santafé, capital del estado de Nuevo México. El día ha sido muy caluroso. Nos hospedamos en una cabaña de madera de un camping inmenso y solitario, rodeados desde lejos por caravanas del tamaño de camiones de gran tonelaje, seguramente dotadas de todas las comodidades. Ha empezado a correr una de esas ligeras brisas de la tarde que, en circunstancias así, tanto bienestar aportan. Yo estoy sentado ante una mesita de jardín, al pie de la cabaña, mientras que mi familia va instalándose. El ambiente es apacible, abro el libro que estoy leyendo a lo largo de este viaje, “An image of Africa”, del gran escritor nigeriano Chinua Achebé. Empiezo a sumergirme en su ensayo “The trouble with Nigeria”, en el que va haciendo una disección de los problemas insuperables de su amada patria.

 Y en ese mismo instante me llega la iluminación.

Quizá es el conjunto de circunstancias que acabo de describir, las cuales me han permitido aislarme de la inmensa banalidad de lo inmediato, situándome en una esfera contemplativa, allí donde cualquier ventana misteriosa puede abrirse para tí en cualquier momento. El caso es que mis oídos empiezan a llenarse, poco a poco, de un bramido sordo que parece estar saliendo de las profundidades de la Tierra, aunque en realidad me llega a través de la atmósfera. Está hecho de innumerables explosiones producidas por los motores de miles de vehículos que circulan por las carreteras cercanas hacia dentro y hacia fuera de Santafé, en este tiempo vespertino que todavía es hora punta del tráfico. El contraste entre este bramido y el silencio apacible que por otra parte me rodea es inmenso. Quizá por ese contraste sucede que, misteriosamente, ambos van fundiéndose en una misma cosa, adoptando la forma de una contradicción insalvable. Y en el seno de esta disonancia salta dentro de mi cerebro una chispa, que es la de la iluminación y que se materializa en una sentencia muy breve:

Imposible que los humanos seamos capaces de controlar el cambio climático, imposible que podamos detener  la acumulación de CO2 en la atmósfera. La inercia que nos lleva hacia el desastre es inmensa, imparable, nadie es responsable de ella, y es por eso que nadie será capaz de detenerla”.

A pesar de lo ominoso de su contenido, una iluminación como la descrita te estimula, llenándote con una suerte de optimismo brillante difícil de describir, el que te produce haber descubierto algo que te  convence como una verdad. 

Enseguida te pones a reflexionar acerca de cómo se aplica este descubrimiento a ti mismo, a tu forma de estar en el mundo, a lo que haces y cómo lo haces. Tú eres plenamente consciente de la existencia de un cambio climático de origen antrópico, conoces los efectos indeseables que puede tener, más aún, que está teniendo ya. También sabes que todavía estamos a tiempo de detener este cambio climático, bastaría con que redujéramos a cero la acumulación de CO2 en la atmósfera. El único camino para ello sería reducir el consumo mundial de combustibles fósiles, carbón, petróleo y gas, lo que implicaría, inevitablemente, reducir el consumo de las energías derivadas de estas fuentes, que son la electricidad, la combustión en motores de explosión y los consumos domésticos de gas. Esto traería consigo cambios drásticos en los modos habituales de vida en las sociedades avanzadas y en aquellas otras que han entrado en un claro proceso de desarrollo tecnológico, es decir, en casi todo el mundo.

Ahora te interrogas sobre tu vida cotidiana. Estás en mitad del SW norteamericano, has llegado desde España hasta aquí en una aeronave que ha sobrevolado Groenlandia, consumiendo grandes cantidades de combustible y generando así un CO2 que ha ido vertiendo directamente a la estratosfera, precisamente donde más daño hace. Cuando vuelvas a tu casa usarás tu automóvil para un sinfín de desplazamientos, y como la ciudad en que vives está aplastada por un verano tórrido, tendrás casi permanentemente encendido el aire acondicionado de tu casa. Tampoco renunciarás a ninguno de tus numerosos electrodomésticos, todos ellos hambrientos consumidores de energía. ¿Estarías tú dispuesto a cambiar radicalmente de estilo de vida, reduciendo drásticamente tus consumos? Sabes que no, que serías incapaz de hacerlo, a no ser que te decidieras a encerrarte para siempre en el corazón de tu Chiloé tan querido, llevando allí una vida de campesino cuya única fuente de energía fuera la leña de tus bosques, que es renovable. 

Aun suponiendo que tú fueras capaz de tomar esa decisión tan drástica, ¿cuántos de tus convecinos en España podrían hacerlo? ¿Cuántos ciudadanos de Europa o el Mundo? Estás convencido de que prácticamente nadie.

Tu sensación de que lo que te ilumina es verdadero se refuerza algunos días después, cuando estás visitando el espléndido Museo Getty de Los Ángeles, situado en lo más alto de un cerro que domina todo el paisaje. Ves desde allí los formidables rascacielos de Los Angeles downtown hacia el Este, los bellísimos azules del mar Pacífico hacia el Oeste. Y cuando diriges tu mirada hacia el Norte contemplas algo así como una hendidura lejana que se abre entre dos cerros boscosos. Por su centro corre una anchísima autovía, cinco o seis carriles en cada dirección. La fotografías. Paralela a ella corre otra autovía secundaria de la que ves cuatro carriles que van hacia el Norte. Y esta impresionante estructura está llena de autos, incluso a esta hora temprana de una tarde de domingo en que te encuentras frente a ella.



¿Quién podrá detener este modo de vida, con todo el consumo, el derroche, la acumulación atmosférica de CO2, el cambio climático, que trae inevitablemente consigo? 

Nadie. 

Ningún político ilustrado, ningún dictador benevolente, ni siquiera todos los científicos o todas las iglesias o toda la gente de buena voluntad aliados en un esfuerzo común, ni siquiera ellos podrán conseguirlo a tiempo.

Porque lo que se nos echa encima es la última consecuencia de nuestra cultura tecnológica y consumista. Y cambiar una cultura es como arrancar una muela, solo se hace después de mucho tiempo de un dolor continuado que culmina en el dolor intenso y corto del sillón del dentista. Después de mucho tiempo de deterioro político, económico y social, que van pasando inadvertidos hasta que todo culmina en un final que, dramático o no,  marca ante todo la llegada de algo nuevo.

Algunos científicos han definido el cambio climático que ya está aquí como la llegada de un nuevo período geológico, al que han llamado Antropoceno, porque el agente causal de este cambio es la acción humana.

Como cualquier otro período geológico, el Antropoceno producirá convulsiones profundas en la faz de la Tierra, en la atmósfera y la biosfera. Estas convulsiones resultarán en sufrimiento para los humanos, en particular para los más pobres y desvalidos. También para multitud de otras especies vegetales y animales, muchas de las cuales desaparecerán. Abrirán a la vez, en lo más hondo de nuestros cerebros, interrogantes que nos harán buscar vías de salvación. Algunas de las decisiones que tomemos nos llevarán a los desastres de la guerra y la injusticia. Otras traerán compasión, solidaridad y todo un montón de valores que nos parecerán nuevos. Lo que ya ha empezado a acontecer será, en definitiva, no solo la irrupción de un nuevo período geológico, sino también de una nueva época cultural y social.

Yo no viviré su climax, pero estoy seguro de que sí lo harán mis nietos.

Concluyo bajo la convicción de que el cambio climático que viene no podrá detenerse, sino como mucho mitigarse. Es una conclusión muy dura, por lo que tiene de desesperanzada, pero nos sitúa en un marco de realismo que es condición necesaria para salvarnos.

No se trata de que los políticos y los poderosos no quieran detener el cambio climático, sino que no pueden hacerlo. La nave espacial que es nuestro planeta Tierra navega desde hace ya tiempo sin nadie a los mandos. La sala de control, allí donde deberían estar los mecanismos que permitieran dirigir su rumbo, esa sala de control, si es que existe, está cerrada para la entrada de los humanos, esos seres que somos todos nosotros y que se caracterizan por tener un cerebro, un corazón y una carne palpitantes.

Recomiendo la lectura de un libro muy lúcido que plantea esa necesaria actitud realista, “2052: A Global Forecast for the Next Forty Years”, publicado en 2012 y fácil de conseguir bajo formato Kindle a un precio razonable. Su autor, Jorgën Randers, fue uno de los coautores, con los Meadows y en 1972, del famoso “The Limits to Growth” y no ha dejado de estudiar, durante los más de cuarenta años transcurridos, estos temas.

Mientras más ominoso es un asunto más necesario es tratarlo con serenidad. Esto requiere una inocente ironía y un compasivo sentido del humor. Por eso quiero terminar esta entrada con algunos chistes del gran Andy Singer, que presento en forma de collage.


Recomendaría entrar en el buscador de Google con las palabras claves  “Andy Singer cartoons” y abrir la pestaña de “Imágenes”. Para encontrar así una multitud de chistes verdaderamente proféticos de ese dibujante genial que Andy Singer es. 



martes, 8 de diciembre de 2015

Parque eólico de San Pedro en Chiloé


Me invita a visitar el parque eólico de San Pedro su gerente regional, Drago Bartulín, a quien conozco desde hace años. Buen conocedor de Chiloé desde el aire, él fue quien propuso a los primeros promotores de parques eólicos que llegaron a Chiloé, la Sierra de San Pedro como el sitio más idóneo, por combinar la consecución de unos objetivos energéticos con la máxima protección al paisaje y al ecosistema. 
La flecha amarilla señala la zona con escasa vegetación ocupada por el
parque eólico de San Pedro.

Se trata del punto más alto de la isla grande de Chiloé, una zona con cotas de entre 700 y 800 ms, difícil para el crecimiento vegetal por su altura (viento y frío) y que había sido devastada por un incendio relativamente reciente. En la primera fase del proyecto se han instalado 18 aerogeneradores de 80 ms de altura y 45 ms de radio de palas, con una potencia total de 36 MW, equivalentes al 70% de la necesidades de electricidad de Chiloé. La segunda fase se está instalando ahora y contará con  13 aerogeneradores algo más grandes que los anteriores (90 ms de altura), capaces de dar una potencia conjunta de 65 MW. Con lo que la potencia total instalada una vez concluida la segunda fase será de 101 MW y excederá con mucho las necesidades de electricidad de Chiloé. Drago me hace notar que las cuentas no deben hacerse estableciendo una relación estrecha y biunívoca entre potencia instalada y necesidades eléctricas del archipiélago chilote. En primer lugar porque una red eléctrica no puede derivarse en su totalidad de la energía eólica, que solo puede cubrir un 30-40% de su demanda, debido a las inevitables variaciones que una energía derivada del viento soporta. En segundo lugar, porque lo importante es que cada parque eólico que se instala permite cerrar una central térmica productora de ese CO2 que envenena la atmósfera terrestre. El Sistema Interconectado Central, que distribuye la energía eléctrica por todo el territorio chileno, se nutrirá de centrales de distinta naturaleza: eólicas, térmicas, hidraúlicas, de gas, cada una de ellas instalada en el sitio más idóneo, pero la electricidad derivada de todas ellas será la misma una vez combinada y cubrirá las necesidades del conjunto del país. La cuestión clave es si adoptando Chile una estrategia de limpieza atmosférica, minimizando para ello los vertidos de CO2, Chiloé contribuye lo que le corresponde al esfuerzo común. Y la respuesta es que el parque eólico de San Pedro tiene capacidad potencial para cubrir con creces este objetivo. 
Los aerogeneradores de San Pedro con el camino de servicio que los va uniendo

¿Qué impacto tiene este parque eólico sobre el paisaje? 
Los aerogeneradores, pese a ser enormes, pasan  casi desapercibidos cuando se transita por la ruta 5 entre Ancud y Castro, y no se ven desde ninguna de las poblaciones principales y zonas más turísticas de Chiloé. Lo mismo sucede con la línea de alta tensión que transporta la energía eléctrica producida en el parque hasta el centro de transformación y distribución de electricidad para el conjunto de la isla grande de Chiloé, que está instalado en Degán.                                           ¿A qué ecosistemas afecta y cuáles son los daños producidos?                                   Estos daños pueden proceder de tres fuentes distintas: el parque de aerogeneradores en sí mismo, la ruta de acceso y la red de alta tensión que evacua la electricidad producida hasta el centro de distribución de Degán.En cuanto al parque, los 18 aerogeneradores instalados hasta el momento ocupan 10 Has de las 3.800 que están disponibles para el parque eólico, de manera que aunque el parque multiplicara por 10 su capacidad, el impacto directo sobre la vegetación natural sería mínimo, aun incluyendo los caminos de servicio necesarios. Tampoco ha habido hasta ahora un impacto ecológico notable derivado de los trabajos de instalación, pues la zona ocupada por el parque estaba, como ya he indicado, deforestada por incendios producidos hace años.  
En primer plano, aspecto típico de las turberas de altura presentes
en el parque eólico de San Pedro
 Existen algunas turberas de altura en el parque, que pueden haberse visto afectadas parcialmente, pero en proporciones mínimas. Además estas turberas de altura no juegan un papel significativo en el ciclo del agua de la isla, porque  tanto su superficie total como su capacidad de acumulación de agua son mínimas.En cuanto a la ruta de acceso al parque eólico, es inevitable que al construirla se produzcan daños al ecosistema, pero estimo que son mínimos. Primero porque solo una pequeña fracción, quizá menos del 10% de la zona atravesada, está ocupada por bosque nativo. Pero segundo porque la carretera construida  transcurre casi en su totalidad por lo que ya era un camino público, que solo ha habido que hacer algo más ancho para que puedan circular los enormes camiones que transportan las piezas que componen cada aerogenerador. Y finalmente, en lo que se refiere a los perjuicios ecológicos causados por la línea de alta tensión, también existen pero son inevitables. En este caso se han minimizado por la proximidad del parque al centro de distribución de Degán, teniendo la línea de alta tensión una longitud de 21 km y su trazado por zonas mayoritariamente despobladas y sin interés turístico alguno. Así se muestra en la reproducción líneas abajo de una imagen de Google Earth en la que el contorno del parque eólico se ha pintado en rojo y la línea de alta tensión que lo une a Megan en amarillo. Cabe añadir que la línea en sí misma, por los requerimientos de ausencia total de vegetación en una anchura de unos 30 ms, se constituye en un cortafuegos de indudable valor estratégico  en mitad de la falda oriental de la cordillera del Piuchen, columna vertebral de la isla. 
   La vista desde lo más alto del parque es impresionante. Se domina la totalidad del archipiélago de Chiloé, desde el canal de Chacao hasta Quellón y desde el Pacífico hasta las últimas islitas pegadas ya al continente, con la inmensidad de la cordillera y sus volcanes como telón de fondo. Uno se da cuenta allí de lo pequeño que es este archipiélago chilote que amamos tanto y de cómo de decisivo es que lo cuidemos y lo protejamos. Me dice Drago Bartulín que el propósito del parque eólico es crear un centro de interpretación al que puedan acudir visitantes y en particular los colegios y otros centros educativos para conocer así no solo el parque, sino una nueva visión de la totalidad de Chiloé. Estoy convencido de que a medida que el parque se vaya ampliando y consolidando, siempre que se le dé ese aspecto educativo y participativo que se pretende, la situación de los ecosistemas afectados por el parque eólico mejorará hasta superar con mucho su estado anterior al parque. En particular, creo que esas turberas de altura que son tan bellas y le dan al parque su sello ecológico, de las que muestro un detalle en la foto de la izquierda, serán cuidadas por los responsables del parque como si fueran su jardín.                                                                                                                                                                                        La gerencia regional del parque eólico tiene la inquietud de ofrecer a Chiloé todo lo que pueda darle de útil. En este sentido, ha construido ya una gran antena que, cuando utilizada por las empresas de servicios correspondientes, puede aumentar enormemente la cobertura que de internet y de telefonía tengan las regiones más apartadas del archipiélago.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
Creo que la combinación de una apuesta decidida por las energías sostenibles como lo es la eólica, con un compromiso por la preservación del paisaje y la protección de los ecosistemas y un interés por comunicar a la sociedad chilota lo que se es y se quiere hacer, pueden ser las claves del éxito de este parque eólico.                                                                                                                                                                                                             

                                                                                                                                                                 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

COP21: ¿A quién representan?

COP21 es una reunión organizada por las Naciones Unidas, en la que participan todos los países del mundo, con el objetivo de producir un comunicado final que contenga compromisos para detener el cambio climático y mitigar sus efectos. Se pretende que las decisiones se tomen por consenso de los 195 países que participan en el encuentro, es decir, sin ningún voto en contra.

A la pregunta clave de “¿a quién representan?”, la respuesta  es que a los gobiernos de los distintos países miembros de la ONU, y que estén allí diplomáticos junto con técnicos en el gran número de materias a tratar. Gente, en principio, inevitablemente alejada del día a día de los humanos, animales y plantas que ya han nacido y van a verse afectados por los efectos del cambio climático, y más alejados todavía de las generaciones futuras que van a soportarlo en su plenitud. En el problema que nos ocupa, este sería a pesar de todo el lado de las víctimas.

Pero el lado verdaderamente crítico es el de los causantes, que son los principales emisores de CO2 a la atmósfera. Cuando lo vemos desde este lado el problema se simplifica muchísimo. En el año 2.014, el 69% de las emisiones de CO2 a la atmósfera correspondió a solo seis responsables: China, USA, Unión Europea, India, Rusia y Japón. Y el 78% al conjunto de los veinte paises del G20.

Seis pueden fácilmente sentarse alrededor de una mesa para tratar de resolver este problema. Veinte pueden todavía intentarlo. Ciento noventa  y cinco es muy difícil que lo hagan, salvo que el acuerdo sea de mínimos o no se adopten compromisos en firme.


Esta es la verdadera cara del asunto. Y la pregunta clave es: si el problema del cambio climático es tan urgente, que lo es, ¿por qué no se han sentado ya esos seis responsables críticos alrededor de una mesa para tomar decisiones determinantes?





jueves, 19 de noviembre de 2015

Paris y el destino de la Tierra

Este es el título del artículo publicado en Project Syndicate (del que hay una buena  traduccion al español) por Peter Singer, el filósofo autor de Animal Liberation y profesor de bioética en Princeton.

Se refiere Singer a la urgencia de actuar contra el cambio climático y a la enorme trascendencia que va a tener en este sentido el éxito o fracaso de la conferencia COP21, a celebrar en Paris, el mismo París del viernes 13, a partir del 30 Noviembre 2015.

Peter Singer
Dice Singer que si no se consigue detener el calentamiento global en el límite que piden los científicos, una subida máxima de 2ºC de la temperatura media de la Tierra sobre la que tenía antes de que empezara la industrialización (hasta ahora esa subida es de 0,8ºC), de modo además que se alcance este objetivo antes del 2030, la especie humana sobrevivirá, sí, aunque muchas otras especies animales y vegetales se extinguirán. Nuestra civilización tecnológica también es casi seguro que sobreviva. Pero morirán varios cientos, si no miles de millones de personas en las zonas más afectadas por el cambio climático, que serán también las más pobres de la Tierra.

Y en efecto, cada día se habla más de MITIGACIÓN de los efectos del cambio climático antes que de DETENCIÓN de ese cambio. Como si se aceptara que no seremos capaces de detenerlo o mejor, que tardaremos más de la cuenta en conseguirlo. Convencidos de que quienes mueven nuestra civilización son unas megamáquinas ciegas que solo saben generar crecimiento y sobre las que tenemos muy poco control. Y de que los que vivimos en países ricos de latitudes medias no sufriremos demasiado los efectos de un cambio climático al que, finalmente, llegaremos a controlar, aunque tarde para sus víctimas más vulnerables.

Diablos, a mí me parece ver dibujado así uno de los posibles escenarios de la III Guerra Mundial. El cambio climático empobrece hasta límites de miseria insoportable (debilidad de las personas y aumento de las catástrofes naturales) a buena parte de Africa, Oriente Medio, Asia Central, subcontinente indio-paquistaní y regiones de Extremo Oriente. Como consecuencia hay migraciones masivas hacia Europa, Rusia incluida.  A la vez que revoluciones y revueltas en los países más afectados. El fundamentalismo  teológico se presenta como una esperanza ultraterrena para los más desesperados. Y un terrorismo dotado de armas insospechadas hasta ahora se convierte en el más importante frente de batalla en esta III Guerra Mundial.

USA se convierte en una fortaleza, a Latinoamérica la salva su lejanía, así como sus recursos y su relación recursos/población. Pero el resto del Mundo, ¡pobre gente! Y Europa, desgraciada Europa, una vez más en el ojo del huracán.


¿Exagero?

jueves, 6 de agosto de 2015

"Laudato si" y la lucha contra el cambio climático (2).

[Continúo aquí con la respuesta a la carta de mi amiga que he iniciado en el número (1) de esta serie de dos entradas].

Supongamos que la conferencia COP21 a celebrar en Paris en diciembre 2015 es un éxito, en cuanto a que al menos USA, China y la Unión Europea se comprometen a reducir drásticamente sus emisiones de CO2, de modo que para el año 2030, como muy tarde, se haya alcanzado el objetivo de que el sobrecalentamiento atmosférico no sobrepase los 2ºC. 
Así, gracias a una solución tecnológica (las energías renovables) y a una disposición política (los compromisos firmados por los estados en el COP21) se contienen los peligros que habría traído consigo un cambio climático antrópico sin control. 
Por lo demás, asumimos que el Mundo sigue funcionando bajo los mismos paradigmas actuales: capitalismo financiero globalizado en lo económico, innovaciones sin tregua en lo tecnológico, democracias (América, Europa) u oligocracias (China) en lo político, hiperconsumismo individualista en lo social, guerras fundamentalistas y terrorismo en lo militar.

La pregunta es: ¿bastará con el parón al cambio climático para que la Humanidad asuma con éxito el nuevo papel que le corresponde, de protectora de todo el complejísimo ecosistema Tierra, en el Antropoceno que ahora comienza y por los siglos de los siglos?

Yo creo que hace falta algo más. La Humanidad tiene que descubrir en qué ha cambiado su posición en el Mundo y asumir las consecuencias. Esta será la tarea intelectual más importante del siglo XXI, que deberá dar apoyo al cambio de época que indudablemente se avecina.

El mundo occidental de hoy es heredero del Siglo de las Luces, en el que brilló con fuerza Kant. Desde él hemos venido viviendo en la época del Progreso y la Razón.

Kant definió dos clases bien distintas de Razón:

a).- La Razón Pura, que es la de la Ciencia. Se sustenta sobre tres propiedades innatas de lo humano: Espacio, Tiempo y Causalidad. Y opera sobre las percepciones sensoriales generando Juicios y Leyes.

b).- La Razón Práctica, que es la de la Moral. Se sustenta sobre dos propiedades innatas de lo humano: Voluntad y Libertad. Genera Ideas e Imperativos, estos últimos Categóricos (que constituyen  lo Moral) o Hipotéticos (la base de lo Estético y lo Creativo).

La Razón Pura es un ámbito de necesidad. La Razón Práctica lo es de duda y responsabilidad. Ambas actuando conjuntamente constituyen el razonar humano. Queda fuera de este ámbito racional la Metafísica. También la Religión, que parte de una Revelación independiente de la Razón.

El desarrollo por los humanos de la Razón Pura en la época que está terminando ahora ha sido extraordinario, brillantísimo. Hemos vivido la gran época de la Ciencia y la Técnica, que empezó con Newton y llegó a cimas tan altas como Einstein, Darwin, Mendel, Pasteur, tantos otros.

Pero la Razón Práctica, la de la Moral y la Libertad, se ha quedado muy atrás. Pues la época de la Ciencia y la Técnica ha sido también la de  tremendas sinrazones morales: los Despotismos, los Imperialismos, las Guerras y Genocidios más terribles que la historia haya podido conocer.

Tanto así que el sociólogo Max Weber degradó la Razón Pura kantiana, buscadora del Conocimiento, a una Razón Instrumental que solo estaba interesada, de verdad, en el Poder, para la cual los fines siempre justificaban los medios. Hoy precisamente conmemoramos el 70º aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica, sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945.

En la época de la Razón ha habido pues una descompensación entre la Pura y la Práctica. Por eso la primera se ha degradado a simplemente Instrumental y la segunda ha ocupado un lugar completamente secundario. Este desequilibrio condujo a los filósofos y humanistas, después de la II Guerra Mundial, a un Postomodernismo que no era sino una huida hacia delante del terror y la sinrazón del pasado. A pesar de todo los filósofos no han tirado la toalla. En la segunda mitad del siglo XX la escuela de Francfort ha trabajado en la reconstrucción del paradigma de la Razón, recogiendo lo mejor del marxismo y sintetizándolo con lo mejor del psicoanálisis. Su representante actual más destacado, Habermas, ha propuesto la Razón Comunicativa como una recuperación postmoderna de la Razón Práctica kantiana.

En definitiva: con la toma de conciencia del cambio climático antrópico, que significa que los humanos han alcanzado ya los límites de sí mismos y de la Tierra en que tienen que vivir, ha terminado la época de la Razón Instrumental, incapaz de liberar al hombre de sus limitaciones y al resto del Mundo del peligro cierto que el hombre es.

Estamos entrando en otra época con una visión muy distinta de esa Razón que está en la base de la condición humana. La nueva Razón tiene que adoptar una forma menos instrumental y más comunicativa, más propositiva, en definitiva más democrática. Menos pura y más práctica. Menos técnica y más moral. Capaz de alcanzar y liberar de las injusticias a todos los humanos que pueblan la Tierra, pero también de liberar al resto del Mundo del antropocentrismo que nos ha caracterizado y por ello capaz de proteger a toda la biosfera y al entero planeta de su enemigo más temible, el hombre mismo.


Ojalá sean esos los tiempos que vienen. 

domingo, 2 de agosto de 2015

"Laudato si" y la lucha contra el cambio climático (1).

He recibido unos comentarios de una vieja amiga acerca de si estamos o no ante un cambio climático y si éste, de existir, está siendo o no inducido por la actividad humana. Copio a continuación su carta, que nace como reacción a mi entrada en este blog, “Laudato si y el cuidado de nuestra casa común” (10 julio 2015), donde refiero cómo la encíclica Laudato si del papa Francisco representa una toma de postura de la Iglesia Católica frente a la realidad de un cambio climático de origen antrópico, sus causas profundas y las soluciones posibles.

La carta de mi amiga dice así:

<< Oír, leer, conversar y hasta escribir sobre el cambio climático es algo que frecuentemente me pone nerviosa. No me incomoda la ignorancia, llevo 35 años trabajando muy activamente para ayudar a reducir la de mis alumnos - y la mía misma muchos más-  pero sí la arrogancia y la temeridad de las personas que en general se atreven a sentenciar en lugar de opinar. Y quizá no debería decir se atreven pues no corresponde al significado que el DRAE da para atreverse, determinarse a algún hecho o dicho arriesgado,  ya que sentenciar –que no opinar- sobre lo que no se conoce, ya sea el cambio climático o las actuaciones de las personas, es algo que la gente hace cada vez más sin conciencia de riesgo y, consecuentemente, sin pudor ni miedo a las consecuencias.
            Por ello y aún a sabiendas de que la entrada en este blog (que encuentro interesantísimo) me puede hacer objeto de un cierto rechazo –quizá debería decir de un rechazo cierto-, me atrevo a hacerla, no para hablar de cambio climático sino para decir, de la forma más breve pero precisa posible, lo mucho que echo en falta y lamento que no se haga nunca alusión a las causas no antrópicas de este cambio, que puede que se avecine de la forma que Jaime asimila en otro artículo al tren que viene en marcha sin que nadie pueda pararlo o controlarlo.
            Me refiero a las evidencias –y registro- de la influencia que tienen en el clima terrestre las variaciones de la actividad solar, las variaciones astronómicas recogidas en los ciclos de Milankovitch o el complejísimo dinamismo terrestre, tanto externo como interno, considerado como la interacción de las fases del sistema Tierra, a saber: geosfera, hidrosfera, atmósfera y biosfera.  Creo que la acción específica en el cambio térmico y climático terrestres de un habitante casi de última hora como es la especie humana –aunque cierta- habría que considerarla y analizarla en su justa dimensión; si es que eso, por su inherente complejidad, fuera posible.
            En la medida en que un hecho de esta naturaleza se aleje de un tratamiento científico será más difícil hacer una previsión de medidas eficaces y será más susceptible de un tratamiento mediático de opinión en el que todo vale. Encuentro peligroso, demagógico y lamentable que, como consecuencia directa del desconocimiento -pues no quiero pensar que sean otras las causas-, se permita que los medios envíen mensajes o información sobre las consecuencias del cambio que se avecina sin que se haga alusión a sus posibles causas ni a los cambios que ya se han producido en el tiempo -de los que hay registro geológico, biológico y hasta histórico- y en el espacio extraterrestre, pues existen evidencias de cambios de temperatura en Marte, donde no parece que la acción antrópica, por ahora, pueda ser la responsable.
            Así pues, si se aproxima el cambio climático del que cada vez hay más datos científicos, aunque amalgamados con una desproporcionada variedad de informes, opiniones, mociones -y emociones- habrá que prepararse con el rigor necesario y las medidas y recursos disponibles para afrontarlo con las máximas probabilidades de éxito en lugar de lamentarse o buscar “culpables”.
            Después de lo dicho se podrá comprender que esa incomodidad a la que aludía al principio se traduzca en un enorme rechazo hacia la frase “lucha contra el cambio climático” tan manida y en mi opinión tan desacertada pues, aunque se pueda y muchos lo hagan, no parece que haya mucho raciocinio en luchar contra lo inevitable. Más inteligente y acertado pienso que sería sustituirla por otra que implicara preparación para tomar medidas ante un riesgo, que es la probabilidad cierta de que ocurra un hecho que puede tener consecuencias negativas e indeseadas para las personas, sus bienes y su entorno.  Porque me atrevo a asegurar que Darwin, sus seguidores y hasta sus detractores nos aconsejarían que no esperáramos que nuestra generación lo resolviera por la vía de la adaptación evolutiva. >>

Resumiendo mi entendimiento de su contenido, creo que mi amiga:
a).- No está convencida de la adscripción del cambio climático actual a una causa única de origen antrópico. La Tierra ha sufrido en el pasado otros cambios climáticos con causas no antrópicas: cambios en la actividad solar, ciclos de Milankovitch, cambios geofísicos en un planeta Tierra que sigue evolucionando, etc. Ahora podría estar sucediendo algo de lo mismo.
b).- No le gusta la utilización interesada, fuera del ámbito científico (en los medios de comunicación, en ámbitos políticos o económicos), de la hipótesis antrópica. Porque esta utilización puede llevar a radicalismos demagógicos.
c).- Rechaza la expresión “lucha contra el cambio climático”, ya que este cambio, de existir, puede estar causado por factores imposibles de controlar por los humanos. Por eso cree que deberíamos concentrarnos en la mitigación de sus efectos.

Voy a intentar aportar en unos cuantos puntos mi visión del tema.

1).- No creo que lo que se esté debatiendo con apasionamiento en la mayoría de los foros mundiales sean los aspectos científicos del cambio climático. Sino que los no científicos, es decir, la sociedad humana en su conjunto, empieza a asumir que hay que tomarse muy en serio la inminencia de un cambio climático de origen antrópico, el cual los científicos han sabido descubrir y definir, así como han tenido el valor de denunciar. Esta sociedad humana intenta ponerse en la tarea que le corresponde: resolver los problemas que un cambio climático ya anunciado y en marcha le plantea.

2).- Seguirá habiendo científicos que discrepen de la existencia de un cambio climático de origen antrópico, pero una abrumadora mayoría de los especialistas en el tema, agrupadas sus opiniones y expresadas a través del Panel Internacional del Cambio Climático, acepta que este cambio está probado y se ha iniciado ya. Academias científicas del máximo prestigio, como la National Academy of Sciences norteamericana y la Royal Society británica, aceptan la inminencia de este cambio climático antrópico. Lo mismo sucede con la mayoría de las instituciones y países que se han acercado seriamente al asunto. Estando además todos de acuerdo en su causa: la acumulación en la atmósfera de gases de efecto invernadero (CO2, metano, etc) derivados principalmente de la combustión de hidrocarburos fósiles usados como fuente de energía por la sociedad humana.

3).- La amenaza climática es de tanto alcance y complejidad que obliga a la entera sociedad humana a movilizarse, procediendo a un análisis de sus planteamientos técnicos, económicos, políticos, sociológicos, filosóficos y hasta religiosos. Desde el año 2.000 los geólogos han empezado a llamar Antropoceno a la época geológica que vivimos y que hasta entonces se llamó Holoceno. Y este cambio de nombre lo es porque a partir del siglo XXI la humanidad jugará un papel protagonista en la determinación del futuro geológico del planeta Tierra, así como de todos sus ecosistemas biológicos.

4).- El cambio climático antrópico nos da a los humanos una responsabilidad que nunca antes tuvimos. Nos abre a un mundo nuevo, inevitable, cuyo futuro está en nuestras manos. Nos obliga a un cambio de mentalidad. Nos exige redefinir el por qué, el para qué y el cómo estemos en el mundo. Este es el objeto verdadero del debate actual, y no la simple discusión científica. El problema está en el desentrañamiento de las complejísimas transformaciones que serán necesarias para enfrentar el cambio climático antrópico y sus consecuencias.

5).- Aunque los humanos podemos abdicar de nuestra responsabilidad y dejar que los problemas se solucionen solos, por así decirlo. La primera solución obvia es la guerra, tal y como las dos mundiales del siglo XX. La gran guerra “salvadora” puede tener al menos dos formas posibles: de todos contra todos, o de ricos contra pobres (es decir, de fuertes contra débiles). También caben guerras tecnológicas  con los gases de efecto invernadero como enemigo a destruir,  mediante bombardeo de la estratosfera con otros gases. Cualquier guerra tiene terribles efectos colaterales y consecuencias imprevisibles. Por eso nunca es aconsejable como solución.

6).- También podemos intentar resolver el problema climático por una mezcla de soluciones tecnológicas con compromisos políticos. En esta aproximación hay casi un consenso internacional: la solución tecnológica sería sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, el compromiso político el de que cada país implementara las metas que en un reparto justo de los esfuerzos le correspondiese. Conferencias sucesivas organizadas por la ONU han ido acercándose a estos objetivos, aunque con notables altibajos. En diciembre del 2015 se celebrará en París una conferencia mundial decisiva (COP21), que pretende culminar en la firma de un acuerdo internacional que defina los compromisos técnicos y políticos necesarios para que el sobrecalentamiento atmosférico no sobrepase los 2ºC.


7).- Pero sin que haya cambios profundos en los aspectos básicos que definen nuestra condición humana, será difícil mantenerse firmes en los compromisos del COP21 hasta consolidar el objetivo final. Es decir, no bastará con disponer de las tecnologías renovables y de unos documentos firmados por diplomáticos para resolver los problemas del cambio climático antrópico. Hará falta muchísimo más, en asuntos más humanísticos que técnicos, más filosóficos que políticos y más religiosos que socioeconómicos. Explicar mis puntos de vista respecto a todo esto requiere un espacio y un tiempo que ya me faltan aquí, de modo que intentaré desarrollarlos en mi siguiente entrada.  

viernes, 10 de julio de 2015

"Laudato si" o el cuidado de nuestra casa común.

Dicen los entendidos que este documento es el primero en que una autoridad política planetaria afirma solemnemente la realidad del cambio climático y pormenoriza sus posibles consecuencias, urgiendo a la búsqueda de soluciones. Eso le da ya un enorme valor. Pero además pone a la iglesia católica en la vanguardia de una comprensión ecológica de los problemas de nuestro planeta.

Un Papa católico romano como Francisco es más que un líder político una autoridad religiosa. Por eso Laudato si tiene que verse ante todo como un documento religioso. En el que el Papa Francisco va desde la constatación del cambio climático hasta la urgencia por desarrollar un nuevo humanismo  que entronque finalmente con una visión religiosa del mundo en que vivimos.

La encíclica es un documento muy  interesante, escrito en el lenguaje de nuestro tiempo, que puede leerse con facilidad y descargarse gratuitamente en la página web del Vaticano.

En el Capítulo I,  el Papa Francisco enumera los grandes problemas ambientales de origen antrópico: cambio climático, escasez de agua dulce y pérdida de la biodiversidad, pero los une a otros que perteneciendo a la misma familia no son tan evidentes para nosotros: deterioro de la calidad de la vida humana, degradación social y desigualdad planetaria.

El Capítulo II hace un repaso de las Escrituras, para situar al hombre en el seno del Universo, no frente a él, como simple etapa de una  Creación inacabada, en una perspectiva muy parecida a la de Teilhard de Chardin (ver la entrada de este blog: “Pierre Teilhard de Chardin S.I., un hombre puente”).

El capítulo III me parece el más importante desde una perspectiva doctrinal. El Papa Francisco habla para todos los humanos, sean cuales sean sus creencias. Analiza las raíces humanas de la crisis ecológica. Acusa a un antropocentrismo moderno desequilibrado de origen, en cuanto a que se basa en una razón instrumental en la que se asienta un paradigma tecnológico que solo cree en el progreso técnico ilimitado. Aquí el pensamiento de Francisco se engrana con el de muchos otros que no son necesariamente creyentes, empezando por Habermas y con él toda la Escuela de Francfort, siguiendo por los críticos del capitalismo neoliberal imperante y del crecimiento económico a ultranza.

El capítulo IV es un reflejo del I, que desarrolla ahora la respuesta que los humanos deben dar a aquéllos grandes problemas ambientales. Propone un principio de acción de validez intercultural y planetaria, que consiste en el desarrollo de un ecologismo integral, que se preocupe no solo del cuidado del medio ambiente, sino de todo aquello relacionado con el cuidado de nuestra casa común. Este ecologismo tiene que empezar siendo ambiental, es decir, un ecologismo sensu stricto, pero además debe ser económico, social, cultural, de la vida cotidiana y, finalmente, intergeneracional, es decir, preocupado no solo por el presente, sino también por el futuro.

El capítulo V enumera modos de actuar no ya de los cristianos, sino de los humanos en general, a muchos niveles distintos, ejemplificando lo que puede hacerse y cómo.

Finalmente, el capítulo VI desarrolla los aspectos más estrictamente religiosos de la encíclica. Pone el énfasis en la importancia de una educación religiosa que enseñe cómo los humanos somos parte indisoluble de una Creación inacabada, a la que nos debemos. Y en la necesidad de una espiritualidad cristiana que nos acerque a esa Creación con un hálito contemplativo, respetuoso y enamorado, como era el de San Francisco.

En fin, he tenido la osadía de hacer este resumen para contribuir a la divulgación de un documento que me parece iluminante y trascendente para cualquier humano de nuestro tiempo.


Animando así a su lectura.


El Greco (1607).- La visión de San Francisco.- Hospital de Mujeres, Cádiz.

domingo, 9 de noviembre de 2014

¡VAYA PANORAMA!


Estoy apenado por la constatación de que los científicos asumen ya como imparable el cambio climático. Sigo la revista Science desde hace años. De una profusión de artículos acerca de si hay o no cambio climático, se ha pasado a un número creciente de los que se limitan a analizar y evaluar las consecuencias de un cambio climático que se da ya por descontado.  Debe ser duro para ellos, porque nadie ha luchado tanto como la comunidad científica por avisar del peligro. Pero ni los políticos ni la sociedad en su conjunto les hacen caso. También lamento la frustración de la ONU, única organización global que ha batallado con persistencia por mostrar la realidad del cambio climático y promover una actitud más proactiva contra él por parte de las grandes fuerzas globales. Las declaraciones recientes del secretario general Ban Ke Moon a la prensa mundial  expresan desesperadamente esta frustración.

Por que no les hacen caso? Fundamentalmente porque no pueden. El sistema económico y técnico global funciona ya con tal independencia y a tal ritmo que no existe una autoridad capaz de regularlo y reducir su velocidad. Ni siquiera existe entre los poderes financieros globales, ni a nivel de las más grandes potencias, ni hay cerebros en ninguna parte capaces de proponer una solución realizable.Esto es sencillamente terrible, como aquel viejo thriller de Hollywood en que un tren corre sin frenos por una inmensa cuesta abajo y no hay nadie en el tren que tenga una solución para detenerlo.

El desánimo es tan grande que ninguno de los poderes mundiales, ya sean estos políticos, financieros, militares, intelectuales o morales se atreve a reconocer que esta es la situación.

Todos tienen, eso  hay que aceptarlo, una excusa fácil para la inacción. Que así como se sabe que un cambio climático irreversible es ya inevitable, y que este cambio tendrá consecuencias geológicas y biológicas de enorme alcance, también se piensa sin decirlo que la humanidad se adaptará a él. Que los que más lo sufrirán será la naturaleza vegetal y animal, después los países del cinturón mas pobre del mundo, el situado entre los Trópicos, y por últimos los países más ricos y técnicamente avanzados, que son los de latitudes medias. Porque además los que más recursos tienen para defenderse de las consecuencias del cambio climático son estos últimos.

Nos encontramos entonces ante una extraña paradoja: en lo que se refiere a las finanzas, la técnica, el comercio, la información y las comunicaciones, el mundo está globalizado, si. Pero la solidaridad entre todos los humanos y de estos con el resto de la biosfera no está globalizada. Reaccionaremos ante los problemas insolubles al grito de "sálvese quien pueda" y podrán mas, en principio, los más poderosos. 


¡Vaya panorama!