sábado, 4 de marzo de 2017

Un escenario sombrío

Pasan los días y el presidente Trump continúa sorprendiendo al mundo entero con sus salidas de tono y sus escandalosas formas de actuar. Cuando todo esto comenzó, yo pensaba que Trump, un hombre de negocios sin preparación ni experiencia política, acostumbrado a redondear tratos, que no tratados, había adoptado para iniciar su mandato la táctica agresiva de muchos otros hombres de negocios: empezar avasallando, exhibiendo posturas extremas para situarse en una posición de fuerza desde la que poder acercarse cómodamente hacia lo que realmente quiere conseguir. Ahora empiezo a creer que no es así, que el personaje Trump se exhibe en toda su cruda realidad, lo que me preocupa.

En un sistema político, económico y social tan poderoso, tan legítimamente imperial, como el de USA, es difícil aceptar que una persona con tan absoluta falta de preparación para el cargo como Trump pueda llegar a la presidencia. Son muchos los filtros que tiene que pasar. Por eso la pregunta que casi quema al hacerla es inevitable: ¿cómo es posible que haya sido así, cómo que esté pasando lo que está pasando?

En política y mucho más si se trata de sistemas imperiales, se mueven fuerzas ocultas. Fuerzas que hacen política sin dar la cara, muchas veces porque no tienen rostro. Manteniéndose en lo oculto, son por naturaleza oscuras y pueden llegar a ser siniestras, hasta tenebrosas. Por referirme a USA, citaré el asesinato del presidente Kennedy, o de su hermano Robert o de Martin Luther King, todos ellos sin aclarar en cuanto a su posible (casi me atrevería a decir que probable) fondo conspiratorio. Podrían citarse casos parecidos en otros imperios, como el romano, el español, el inglés o el soviético, pero no me voy a distraer en ello. Que sean fuerzas ocultas no significa que estén personalizadas en individuos malévolos. Pueden ser la expresión de grupos complejos, o de estados de opinión (de alarmas sociales como dirían algunos de nuestros periodistas y jueces), o de circunstancias económicas o militares muy graves. Pero son fuerzas bien concretas, con un punto de aplicación y una dirección claramente marcados, que actúan de acuerdo con su lógica aplastante, sin ninguna clase de consideración moral.

Cuando yo veo lo que está sucediendo y el cómo lo hace, se me aparece de inmediato un escenario de la política y la estrategia que fuerzas ocultas intentan aplicar con Trump como instrumento, lo que se me hace muy inquietante. Conste que solamente planteo un escenario posible, espero que ni siquiera probable, nacido en mi fuero interno de algo tan aparentemente etéreo como un presentimiento. Pero creo que, por su trascendencia potencial  merece la pena el esfuerzo de describirlo.

El mundo entero está en una encrucijada. Las finanzas se han globalizado y recorren el mundo sin control. El cambio climático, que tendrá consecuencias económicas y sociales, parece estar ya instalado y en marcha. Surgen potencias como China con aspiraciones imperiales y fuerzas como el Islamismo radical que aspiran a la destrucción de lo que hemos venido llamando Occidente. Resurge una Rusia que se siente agraviada por haber perdido el imperio soviético, sobre todo en su vertiente europea y también frente al Islam. Poderosísimas revoluciones tecnológicas están ya en marcha, la informática deriva hacia una robótica que cambiará la economía y obligará a una redefinición del trabajo humano. Durante todo el S. XXI, la presión demográfica de los países más pobres sobre los más ricos será muy intensa, con muchos aspectos traumáticos.

Ante esta situación, la Unión Europea, aun estando todavía a primer nivel mundial tanto en lo político como en lo económico, no acaba de adoptar estrategias claras. La USA de Obama, pese a la buena voluntad de éste, tampoco lo hizo.  Pueden estar consolidándose en USA fuerzas ocultas, que situándose detrás de Trump, aspiren a una redefinición de estrategias y alianzas, sin contar con esa Unión Europea que ha sido su aliado durante los últimos cincuenta años. Al amparo de estas fuerzas rebrota en USA su tentación aislacionista, que siempre estuvo presente en el sector más tradicional de sus votantes. Dichas fuerzas ocultas pueden plantearse volver a adquirir, a nivel mundial, una superioridad política, económica y militar, que estaban perdiendo (Vietnam, Iran, China, ahora el Estado Islámico). Para ello pueden considerar conveniente cambiar un aliado débil y envejecido como la Unión Europea por otro que emerge con fuerza de sus miserias como la Rusia de Putín, que ya no es comunista pero sigue siendo autocrática.

El escenario descrito tiene una lógica interna que es tan consistente como inquietante. Por ese camino el mundo corre el riesgo de volver a estar en manos de bloques hegemónicos enfrentados, que resuelvan sus contradicciones con la única herramienta posible cuando un nudo se hace gordiano, la guerra.

La pregunta que habría que hacerse es si hay otro camino posible.

Parte de la respuesta pasa por un fortalecimiento político, social, cultural y militar de la Unión Europea. ¿Es eso factible? En todo caso, el desafío para Europa es tan enorme como urgente. Y temo que la toma de conciencia por sus dirigentes no sea todavía suficiente, menos aún por sus ciudadanos.

Otra parte de la respuesta podría estar en una carrera de América Latina hacia la unión política y económica, reforzando sus conexiones con Europa. ¿Esto, es factible? Lo dudo.

Tiempos difíciles e inciertos los que quedan de este siglo XXI que no ha hecho más que empezar. Pero por ello también apasionantes y dignos de que se pongan en ellos muchas esperanzas.


¿Lo haremos?

No hay comentarios: