domingo, 31 de diciembre de 2017

Nochevieja 2017

La Nochevieja es mucho menos entrañable que la Nochebuena para mí. El tiempo que esta última marca es el mío, el de mi renacer en el optimismo cristiano. Pero el tiempo que marca la Nochevieja es el del mundo, no el de los demás, sino el de ese reloj con esferas innumerables que llena el Universo. Un tiempo mineral, exacto… quizá no del todo exacto, quiero decir que eventualmente, por puro azar, puede experimentar ligeros atrasos o adelantos, pero que nunca admite ni siquiera un infinitésimo de libertad, entendida ésta como la decisión nacida de una voluntad libre.

En las sociedades occidentales se ha ido consolidando una tradición de celebrar la Nochevieja con un poco de barullo alegre, con copas, con abrazos que nos damos deseándonos mutuamente un buen año que viene. Todo esto es bueno, no lo dudo, los humanos tenemos siempre que agradecer una oportunidad de mirarnos unos a otros con una sonrisa, y tanto más bueno cuanto más se quieren los que se miran.

Mientras que todo esto acontece, el mundo sigue girando y girando, como lo hace cualquier punto de su superficie, más concretamente ése en el que estoy plantado yo, o tú. El movimiento circular es cíclico, previsible, y por eso hasta puede llegar a ser aburrido. Pero lo mismo que cada uno de nosotros gira circularmente alrededor del eje Norte Sur de la Tierra, ésta gira circularmente alrededor del Sol. Y como el eje central de la Tierra no es paralelo al del sistema solar, el giro particular de cada uno de nosotros alrededor del Sol describe una extraña hélice tridimensional. Pero el Sol gira a su vez alrededor del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, lo que convierte esa extraña hélice nuestra en una superhélice (hélice de hélice) respecto a nuestra galaxia, todavía más desgarbilada y confusa. Etc, etc.

¡Qué mareo! Nuestro movimiento en el espacio, me refiero al tuyo, el mío, el de cualquier otro individuo humano, es resultado de la composición de una sucesión de hélices y superhélices de orden creciente, y finalmente tiene una orientación hacia fuera, alejándose del centro de un universo en expansión, lo que marcan las galaxias con un débil enrojecimiento. El color se hace movimiento, o al revés, y el movimiento tiempo. Quizá sea esta situación embriagadora la que le da su encanto especial, único, a la Nochevieja. Bebemos de una copa de champán y las burbujas que recorren nuestro gaznate, en mitad de la noche, nos hacen todavía más partícipes de ese caos cósmico en el que estamos metidos.


¡Suerte, mucha suerte! ¡Y un feliz año 2018, tanto como sea posible!


Nuestra galaxia, la Via Lactea, y señalada con una flecha
la posición aproximada de nuesto sistema solar en ella.

2 comentarios:

Francis Valerio dijo...

Acabo de descubrir su blog buscando relatos acerca del Chiloé profundo, ya que iré a la isla (de la cual soy un enamorado) a mediados de Febrero. Lo quiero felicitar por todos los variados, completos y fenomenales artículos de su blog, pero sobre todo por los que reflejan verdaderamente la identidad chilota, ese Chiloé profundo que no sale en los tours guiados ni en los folletos turísticos.

Un abrazo! y lo dejo invitado a conocer mi sitio web de músico.

Hasta pronto!

olo dijo...

Gracias por sus amables palabras. He visto su blog y me ha encantado su música y esa sana inclinación por tocarla en vivo en la calle, entre la gente, que es donde la música nació.
Cuando vuelva a Chiloé métase en lo hondo del bosque nativo. Escuche su silencio, porque es un bosque de grandes árboles que no dan frutos jugosos y no atraen pájaros. De pronto, en mitad de ese silencio atronador, empezará a sonar un canto extraño y salvaje, lleno de melodía. Resulta del roce entre dos ramas altísimas de dos árboles distintos. Es el viento o la propia presión de los árboles quien las lleva a ese extraño encuentro del que surge la música. Una experiencia sobrecogedora.