martes, 7 de abril de 2015

Expectante

Las palabras ruedan como guijarros llevadas por las turbulentas aguas, heladas, punzantes, de miles de ideas que se derraman desamparadas desde el cono helado que corona la montaña. Me parece imposible subir al tranvía que va a trepar por la empinada cuesta, tan lleno de gente está, pero me empujan, la multitud es porosa, hasta una señora a la que yo, pobre de mí, estaría dispuesto a considerar mi tía me cede su asiento. No veo nada de lo que he venido a ver, solo forros de tela sobre volúmenes de carne humana, tan cegado estoy que tengo tiempo para pensar en mi situación desesperada y a la vez llena de esperanza. El mundo que es la vida contiene en su mismísimo centro una contradicción irreparable y todos los que volamos apretujados allí dentro somos hijos de ella. Llega la noche que siempre ha sido para mí un descanso pero que también es la noche oscura del alma, surcada por pesadillas terribles. Hacia dentro de mi cerebro todo es mucho más inmenso, profundo, inexcrutable que el aparentemente infinito universo exterior. O no, en verdad lo ignoro. Sospecho que la realidad tiene una sola cara, que es una cinta de Möbius en la que las estrellas más lejanas y los sueños más hondos forman parte del mismo camino. Dormiré mal, de eso estoy seguro, me levantaré muy temprano y desayunaré pensativo el café con leche de siempre, mirando sin mirar cómo mi perro Curro me mira a mí. 

Pongo en marcha el cronómetro.

4 comentarios:

Paola dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paola dijo...

Disfruté este post lleno de sentimientos, de energía [hasta me hizo reir]
de esperanza, que todo va salir bien. Mucha fé En El Altísimo, Olo

Anónimo dijo...

"No veo nada de lo que he venido a ver, solo forros de tela sobre volúmenes de carne humana..."

después de mirar los forros, las telas, los volúmenes, la carne humana,....después de visto, entonces, qué has venido a ver?, que hay?, existe lo anhelado? o ya no hay nada más por ver?

olo dijo...

Todo ocurre en el tranvía. Sentado en el vagón lleno de gente, de espaldas a la calle, en el asiento que me dejó la señora que era más joven que yo pese a que se parecía a mi tía, no veo nada más que forros de tela sobre carne humana.Entonces se me ocurren las ideas que transcribo. La escena tuvo lugar en San Francisco, pero la evoco, casi diría que la invento, cuando la estoy escribiendo. Saco de mi memoria unos cuantos juguetes desordenados y los dispongo según me parece en el momento en que lo escribo. Eso me distrae, hasta me consuela, y me permite expresar algunos sentimientos. No hay "The End".