jueves, 26 de marzo de 2015

Orientia tsutsugamushi

La vida de cualquiera de nosotros es una concatenación de acontecimientos fortuitos, algo así como una casa (o una cueva en lo más hondo o un nido en lo más alto) que uno va construyéndose desde que nace hasta que muere, y de la que esos acontecimientos fortuitos van siendo el armazón.

Llevo más de un mes sin escribir en mi blog. Es porque un par de esos acontecimientos fortuitos ha terminado doblando mi vida,  todavía no sé en qué dirección.

El primero de estos acontecimientos está relacionado con la Rickettsia que me infectó en Chiloé justo antes de volver a España. Mis médicos intentaron darle nombre, sin éxito. Las pruebas inmunológicas contra las Rickettsias más habituales en América y Europa dieron resultados negativos. Bicheando por Internet, mi médico encontró un paper  sobre una infección producida por una Rickettsia que, aunque muy extendida en Asia extremoriental y Oceanía, nunca se había detectado en otras partes del mundo, incluyendo Sudamérica. Su nombre era Orientia tsutsugamushi y causaba la llamada “fiebre de los matorrales” en muchos países asiáticos, dándose allí hasta un millón de casos de infección anuales.  Pero lo interesante es que en el paper en cuestión, escrito por un equipo conjunto de médicos chilenos y norteamericanos, la infección se había producido en Chiloé y la víctima había sido un ecólogo norteamericano que había estado desarrollando trabajos de campo en los bosques de la isla grande.

Los síntomas de la Rickettsia que me infectó eran muy parecidos a los del caso descrito para Chiloé y diferentes a las rickettsiosis conocidas en Europa, sobre todo por la mácula de un color casi negro, muy aparente, producida en el punto de la piel en que picó el ácaro transmisor de la bacteria.

Ante este conjunto de referencias cruzadas, me construí enseguida una historia maravillosa que podría ser cierta aunque de ninguna manera está probada: la Orientia tsutsugamushi de Chiloé  pudo viajar hasta allí con los primeros habitantes humanos que le llegaron desde Beringia, en una migración a lo largo del litoral sudamericano del Pacífico que duró 5.000 años, un tiempo muy corto según los arqueólogos. Y es que los humanos, cuando hemos emprendido grandes migraciones, lo hemos hecho siempre acompañados de nuestros parásitos y nuestras enfermedades. Hasta es posible que rickettsiosis como la producida por O. tsutsugamushi sean endémicas en Chiloé y otros territorios boscosos y poco poblados del Sur de Chile. En Duhatao, donde yo vivo, hasta hace unos veinte años llegar hasta el hospital más próximo, en Ancud, costaba un día en verano y dos en invierno, por un camino infernal. Los campesinos desconocían la asistencia médica y se curaban a sí mismos con pócimas naturales y mucha fortaleza de ánimo. Sé de un vecino mio que siendo joven se cortó la palma de la mano con un machete y para frenar la hemorragia se cauterizó la herida con una moneda puesta al fuego. En estas circunstancias, la presencia de rickettsiosis podía pasar desapercibida para las autoridades médicas.

Todo esto me interesó y abrió las puertas de mi fantasía. Imaginé que Chiloé me había dado un último regalo: una prueba más, al menos un indicio, que apoyaba el origen siberiano de los primeros habitantes de América. Y más concretamente de los williches de Chiloé.

Cuando mi rickettsiosis estuvo curada, el médico internista que me atendía quiso hacerme un TAC de control, porque los daños visibles en la superficie de mi cuerpo habían sido extraños, nuevos para él: no solo la mácula de color muy oscuro y aspecto siniestro en el punto en que el ácaro vector me picó, sino una amplia zona de la piel que rodeaba a la mácula y había enrojecido de modo uniforme, como si hubiera sufrido una insolación.

El TAC, inesperadamente, descubrió un pequeño nódulo en mi pulmón derecho, que examinado más a fondo ha resultado ser un carcinoma. Naturalmente que no hay relación causal entre la rickettsiosis y el tumor. La relación es totalmente fortuita. Pero el caso es que sin el episodio de la rickettsiosis yo no me hubiera hecho un TAC, y sin el TAC no se habría descubierto el nódulo tumoral en una fase muy temprana y por tanto con posibilidades  altas de curación.

¿Qué pienso de todo esto?

Como mínimo, que voy a tener una oportunidad de neutralizar ese carcinoma de pulmón en sus estadíos iniciales gracias, finalmente, a un acontecimiento fortuito, la infección por una rickettsia en Chiloé, quizá Orientia tsutsugamushi, de origen asiático.

Como máximo, dando un triple, fantástico salto mortal con el que escaparme de la prisión racional en la que vivo habitualmente, podría llegar a pensar que ha sido Chiloé  quien ha querido advertirme de la presencia de ese tumor en mis pulmones a través de un lenguaje indirecto, la infección por una Rickettsia y algunas decisiones médicas que la siguieron.

No encuentro justificación alguna que me permita a mí, un hombre razonable, de temperamento científico, escaparme de la hipótesis mínima y abrazarme a la máxima.

Pero la máxima no es en verdad una hipótesis, sino un sentimiento. Nada menos que un sentimiento.


Y de sentimientos está hecha buena parte de esa armazón escondida que mantiene en pie el complejo y disparatado edificio de nuestras vidas.

domingo, 15 de marzo de 2015

El último día de mi vida

Cada nuevo día que amanece es el último día de mi vida.

Último, sí, en el sentido del recién llegado, el nuevo, el que está todavía por interpretar y por vivir, aquél cuya crónica no se ha escrito aún.

Pero último, también, porque es mi día más viejo, aquél en el que yo debería ser capaz de aplicar todo lo que la vida me ha enseñado, tanto más cuanto más viejo soy o más en peligro me encuentro.


Esta doble condición de mi último día, la de la juventud y la vejez, el nacimiento y la consumación, lo llena de belleza y lo dota de un sentido profundo. 

Tan próximo como lo muestra a lo esencial de mi entera naturaleza humana. Porque soy a la vez, simultáneamente y en cualquier sitio, promesa y cumplimiento.

sábado, 28 de febrero de 2015

Rickettsia

Células humanas infectadas por Rickettsia rickettsii .
Cada uno de los pequeños bastoncitos rojos es una bacteria
con un genoma incompleto que solo puede vivir parasitando
el citoplasma de una célula humana.
(Tomado de Wikipedia)
Desde que dejé Chiloé llevo mes y medio en Sevilla y he sido incapaz de escribir una sola palabra. Empezaré explicando brevemente lo que me ha pasado. En mis últimos días en Duhatao contraje una rickettsiosis, y aunque no se ha podido tipificar con exactitud de qué Rickettsia se trata, me ha producido lo que aquí se llamaría una “fiebre botonosa”. Lo de botonosa es por la huella maculosa que deja en la piel la picadura del artrópodo que vectorizó a la bacteria, sea aquél ácaro, pulga o garrapata, pero que al picar para alimentarse de mi sangre introdujo la enfermedad. Y lo de fiebre porque el proceso infeccioso produce un debilitamiento general del organismo, que cursa con febrículas vespertinas, debilidad general, inapetencia, mareos, abierto todo ello a la posibilidad de que en cualquier momento la Rickettsia ataque con éxito algunas zonas vitales del cuerpo y produzca crisis graves. La prevención contra esto es sencilla: actuar pronto con un tratamiento del antibiótico Doxiciclina. Pero éste tiene que ser prolongado: casi treinta días en mi caso, para estar seguros de que se erradica totalmente la enfermedad.

Hace unos días que los médicos me han dado el alta y poco a poco empiezo a recuperar unas ganas (una necesidad) de escribir y leer que había perdido casi completamente. La experiencia es interesante: uno se da cuenta de hasta qué punto la actividad mental, esa que a primera vista puede parecer tan inmaterial, viene condicionada por el tono vital del conjunto del cuerpo, lo que es consecuencia de la absoluta integridad psicofísica del individuo, de la persona. Lo que tú escribes o dejas de escribir, los resultados de tu inspiración artística o filosófica o científica o simplemente personal, no dependen solo de tu mente o tu cerebro, sino de todo tú: tus riñones, tus pulmones, tu corazón, tu hígado, tus músculos y huesos, también de todos ellos al unísono. Tu actividad intelectual, como tu actividad física, tus sentimientos, tu bienestar o malestar, dependen de la integridad de tu persona. Pero entiéndaseme bien, no quiero decir que tengas que estar en plena forma para que puedas crear algo o vivir en plenitud, sino que lo que seas capaz de crear o experimentar vendrá determinado por tu estado tanto psíquico como físico.

Para poner un ejemplo concreto, contemplo desde esta perspectiva a los grandes escritores. Al Freud joven que experimentaba en su propio cuerpo los efectos de la cocaína y al Freud maduro que se mantenía casto para no perder fuerza mental. Al Balzac que mientras escribía la gigantesca y espléndida Comedia Humana tenía que consumir litros de café bien cargado. Al Kafka tuberculoso y arrinconado en Praga por una vida rutinaria, sin horizontes. Al Poe medio alcoholizado tras haber sido un brillante alumno de la exigente y exclusiva West Point, convertido finalmente, cuando escribía en mesas de taberna sus grandes obras, en un fracaso como persona. También al fuerte Melville y al literariamente hercúleo Dostoyevski, aunque este último necesitara entregarse de vez en cuando a demonios diversos, como el juego, para sentirse de alguna manera vivir. Al Baroja riguroso, solterón, solitario y metódico.

Tantos otros hombres y mujeres cuya forma de enfrentar el durísimo problema de la creación intelectual o el no menos durísimo del vivir en plenitud, ha dependido del tono vital específico que han tenido sus cuerpos, o que ellos han querido o se han visto obligados a darles.


En fin, ahora empiezo a escribir de nuevo y me parece como si regresara de un largo sueño, o lo que es lo mismo, un largo viaje, con algunas cosas que contar. Ya las iré desgranando.

domingo, 1 de febrero de 2015

Melancolía contra tristeza

1887.- Tolouse-Lautrec.- Retrato de Van Gogh
(Tomado de Wikipedia)
Gris invernal. Viento, frío, lluvia, soledad, los restos de una gripe, eso piensas, que se obstina en no rendirse, todo esto, tan propio del Enero español, trae consigo, inevitablemente, una cierta tristeza.

Reflexionas. Y concluyes que si quieres evitar que la tristeza te convierta en una estatua de sal no tienes más que un camino: intentar con todas tus fuerzas transmutarla en melancolía.

Porque la tristeza es absolutamente gris, ninguna otra cosa lo es tanto. El gris suele ser un compromiso temporal entre el negro y el blanco, pero en la tristeza hay una fusión irreversible de ambos colores y con ella su destrucción mutua.

La tristeza excluye siempre a la esperanza.

Convirtiéndola en melancolía, intentas engañar a la tristeza, desvirtuándola. Para ello diriges tu atención hacia el pasado y como estás triste evocas todo lo negativo, fracasado y malo que ha habido en ti. Pero la evocación melancólica te hace imaginar finales felices para aquéllo que terminó en fracasos estrepitosos. Entonces te das cuenta de que en muchas ocasiones estuviste casi tocando con las puntas de los dedos de tu alma esos finales felices, luminosos, llenos de amor y de vida.

“Diablos”, te dices, “ aquello no terminó bien pero estuvo a punto de hacerlo”. Y esto, que es melancolía en estado puro, te consuela, te hace olvidarte de la tristeza de verdad, esa que es solo presente, siempre presente, existencial, absoluta, implacable, diabólicamente presente.

Te ayuda a entender cuántas veces te pasaron muy cerca las flechas de los finales felices. Comprendes que la vida, dadas sus inevitables complejidades, siempre será un juego de azar.

Esta visión de la vida, bella y consoladora, te trae con ella a la esperanza.

“¿Quién sabe”, piensas, “quizá mañana todo cambie para mejor, ¿por qué no?”


Y te pones manos a la obra, siquiera sea para evitar que, si las cosas no salen mañana bien, sea por culpa tuya.

miércoles, 28 de enero de 2015

La mêlée europea

Diez días ya en España, dejada por fin atrás la gripe. Notando la distancia enorme a la que queda Chiloé de aquí, no física sino psicológica, geográfica, antropológica. Con estas distancias me llega, inevitablemente, la nostalgia.

Aquí todo es mucho más político que allí. La gran noticia ha sido el triunfo de Syriza en Grecia, que no ha sorprendido a nadie. Muy significativa la casi coincidencia con las medidas anunciadas por el BCE para comprar, ¡por fin!, deuda de países de la Unión Europea. ¿Por qué ahora sí y antes no, porqué Alemania ahora consiente? Si hubieran llegado antes estas medidas del BCE, desde que empezaron a pedirse con insistencia, habrían evitado muchos sufrimientos en toda la Europa del Sur. La inevitable sensación de que en esta Europa tan aparentemente democrática y abierta nunca se nos cuenta la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Quizá por eso lo que yo percibo en Europa como un sentimiento predominante es el desánimo generalizado, a un paso del aburrimiento. Y el aburrimiento, lo dice un viejo como yo que tiene que saber obligatoriamente de estas cosas, no es sino un preludio de la muerte.

En España, tan romana siempre y por eso tan aficionada a los toros y el circo, está de moda Podemos, que pretende ser el Syriza español. Pero mucho me temo que Podemos nunca llegará a ser la gran esperanza de salvación de la izquierda española. Es un grupito demasiado pequeño, políticamente anticuado desde su leninismo, económicamente incapaz de gobernar por falta de preparación y financieramente apoyado por fuerzas oscuras que no buscan precisamente el bien de España, entre las que está Irán. Aun así, si no mete demasiado la pata de aquí a las elecciones, Podemos puede tener un gran triunfo electoral. Lo votará mucha gente como con frecuencia se vota en España, a la contra, para que le den caña al PP y sobre todo para que castiguen al PSOE. Todo esto, en muchos aspectos, quizá sea hasta oportuno.

Pero una solución suficientemente duradera de la crisis política española, una nueva Transición como la que se hizo en 1976, solo puede venir de la consolidación de un centroderecha (PP) y un centroizquierda (PSOE) que sean de una vez capaces de coaligarse sin complejos en gobiernos de concentración fuertes, como saben hacerlo los alemanes, cuando las circunstancias lo requieran.

Y antes o después lo van a requerir, para enfrentar de una vez por todas el verdadero problema político de España: reformar la Constitución para poner orden en el estado autonómico antes de que España se desmorone. Sacar de una vez a España del siglo XIX en que dejó de ser un imperio, dando un salto por encima del XX en que nunca llegó a saber lo que era, para aterrizarla en el XXI como una gran nación europea, desterrando definitivamente de nuestro mapa político todos los carlismos.

Claro que siempre hay un pero, o varios. Para culminar esa difícil tarea España necesitaría del firme apoyo de la Unión Europea, que a su vez requiere la reconstrucción de un claro liderazgo francoalemán y quizá la salida definitiva del Reino Unido, que nunca se sintió cómodo en una Unión tan continental.

¿Difícil? No, ¡dificilísimo!


Pero posible, y sobre todo necesario.

viernes, 23 de enero de 2015

En España

Nada más llegar a España agarré la gripe, que se me combinó con un jetlag que yo creía erradicado pero solo estaba oculto, para crearme un estado de cierta confusión mental. Mis días transcurrían en Sevilla, pero durante las largas noches de fiebre estaba todavía en Chiloé. Soñaba mucho y eran uno sueños extraños, distorsionados, que sin embargo todavía recuerdo. Me acompañaban a veces, con toda lógica, mis hijos y nietos que estuvieron allí conmigo hasta el momento de la partida, pero otras veces, sin lógica alguna, mi madre o mi hermana, que jamás estuvieron en Chiloé y murieron hace ya algunos años. Estos sueños tenían una doble cara, por un lado eran estrictamente textuales, yo intentaba memorizar largas y complejas sentencias surgidas de mis sentimientos hacia Chiloé, por el otro eran audiovisuales, largos paseos vespertinos por unos bosques espesos y jóvenes que recorríamos a la altura de las copas de sus árboles más altos. Y siempre con la sensación de que la partida hacia Europa era inminente pero yo había olvidado cuándo, desde dónde y cómo.

A los dos o tres días de estar así me llegó la fiebre y empecé a tomar antibióticos. Hoy viernes por la tarde me acerco rápidamente hacia la normalidad.


¿Qué normalidad? Lo mire por donde lo mire, recorra el camino dialéctico que quiera recorrer, siempre llego al mismo final de etapa: nadie se hace aquí planes con más de dos años de recorrido, hay una enorme incertidumbre respecto a lo que nos depara el futuro. La situación macroeconómica de España ha mejorado mucho, pero la gente común sigue sufriendo las consecuencias de un paro atroz, que se ceba en todos los grupos de edad. Las fuerzas dominantes son económicas, una suerte de tardocapitalismo al que le gustaría definirse como el capitalismo de la innovación pero que es el capitalismo de los inventos, chispas de ingenio y rentabilidad que son hijas del caos. Un espectáculo permanente de fuegos de artificio. Sus luces nos deslumbran, no nos dejan percibir el rumbo de las corrientes de fondo. 

Es lo que hay.

Chagall.- El Paseo

domingo, 18 de enero de 2015

Mi nieto Bo y el futuro de la lectura

Bo es mi nieto de dos años, que junto a sus padres y su hermanito de ocho meses me han acompañado durante mis últimos quince días en Chiloé. Desde muy pequeño ha sido un bebé singular. La relación con el mundo de las cosas de un bebé lo es a través de los juguetes y los juegos. Como todos los bebés, Bo atravesó una primera fase en la que aprendió a intuir el espaciotiempo. Existen hoy juguetes maravillosos que facilitan esta tarea, llenos de complejos, divertidos y sorprendentes mecanismos. Bo, que vive en California, los tenía y se concentraba en entenderlos y manejarlos con la seriedad de un ingeniero. A mí me divertía verlo en los vídeos que su madre le hacía y me enviaba, totalmente concentrado en la pura expresión física de los mecanismos de esos juguetes suyos.

Cuando llegó a Duhatao, Bo había pasado a la fase de asomarse al inmenso mundo de lo simbólico, accesible solamente, de entre todos los animales, a los humanos.

El juguete preferido de Bo es ahora un conjunto de 36 figuritas de plástico coloreado que representan las 26 letras del alfabeto y los 10 números. Los recita perfectamente en inglés, ei, bi, ci, di, ….uan, tu,ziri, for…, y sus juegos consisten en ordenar y reordenar letras y números de mil maneras distintas y en relacionar las letras con los nombres que arrancan de ellas para distintas imágenes u objetos, como la A con Apple, la B con Banana, etc, y los números con agrupaciones de objetos de la misma naturaleza, como 1 apple, 3 apples, etc. Tiene también un conjunto de animalitos de plástico cuyos nombres empiezan por diferentes letras del alfabeto. La A por Alligator (cocodrilo); la B por Bear (oso), la C por Cow (vaca), la D por Dog (perro), la E por Elephant (elefante), la F por Fish (pez), la G por Goat (cabra) y la H por Horse (caballo). Y ya no puede seguir porque no han encontrado animales cuyos nombres empiecen por I, J o K. Juega con estos animalitos de que dispone como si fueran letras, y con las letras como si fueran los correspondientes animales. El caso es que jugando aprende a establecer relaciones entre símbolos abstractos y objetos concretos, y que con el sistema que tiene montado se entretiene y hasta divierte mucho.


Antes de encontrarme con él en Duhatao hacía algún tiempo que no lo veía, tanto como los dos meses y medio que yo llevaba ya allí con malísima cobertura de Internet, que me impedía interaccionar con él a través de  FaceTime o Skype. Pero dos meses y medio, para un bebé, es una eternidad, tan lleno está su tiempo de acontecimientos y novedades. Así que cuando lo saludaba por la mañana con un “buenos días Bo”, ya fuera en español o inglés, me miraba con cierta indiferencia y no reaccionaba.

Uno de sus juegos consistía en cantar las letras del alfabeto en inglés con la melodía de "Estrellita dónde estás", con la que las agrupaba en las cuatro estrofas siguientes:

a  b  c  d  e  f  g,
h  i  j  k  l  m  n,
o  p  q  r  s  t  u,
v  w  x  y  z 

Así que un día se me ocurrió saludarlo cantándole simplemente “ei…bi…si…di…i…ef…gi”. El efecto fue mágico. Me miró sonriente, como puede mirar un bebé a alguien que le es muy familiar, y me contestó cantando a su vez, con la misma melodía, “eich…ai…yei…kei…el…em…en”.

Francamente, aquello me resultó emocionante. Desde entonces nuestra relación ha mejorado espectacularmente, quizá me ha reconocido como uno de los suyos. Y nos transmitimos nuestros buenos estados de ánimo cantándonos partes del alfabeto inglés con la música de “Estrellita dónde estás”.

Estando en Duhatao, Bo perdió dos de las letras de su alfabeto de plástico, la A y la O. Estaba disgustado, pues no podía completar muchas de las series de letras con las que jugaba, todas las que contenían alguna de las dos letras perdidas. Lloraba sin resignarse a aceptar esta pérdida, que rompía sus esquemas. Como uno de los muchos juegos que tiene en una tableta iPad es el de relacionar las letras con conceptos o cosas que le sean familiares, su madre le propuso sustituir la A perdida por una manzana pequeña (A de Apple) y la O por una naranjita (O de Orange), y Bo lo aceptó con entusiasmo. De modo que ahora no solo juega sin problemas con este alfabeto modificado, sino que se presenta orgulloso apretando entre sus manos las nuevas A y O reencontradas, una manzanita y una naranjita.

En los últimos días de nuestra estancia en Duhatao Bo dio un paso más en su relación con
el mundo exterior. No dejó su alfabeto, pero aprendió a tirar piedras sin que nadie se lo enseñara, a lo que dedicaba mucho del tiempo que estaba al aire libre. Aquello tenía sin duda un significado para él que a mí se me escapaba. Hacer volar, por su voluntad, algo que había lanzado con su mano… qué sé yo… el mundo maravilloso y misterioso de los niños.



 Volviendo a mi tema inicial, en el encuentro que mi nieto Bo está teniendo con lo simbólico recibe una ayuda muy eficaz de la cantidad creciente de software escrito específicamente con estos fines. De hecho Bo maneja el iPad de su madre con toda soltura, y es capaz de pasar mucho tiempo interaccionando con sus juegos de ordenador a través de sus ojos, sus oídos y ese travieso dedito índice de los bebés con el que Bo toca la pantalla de su iPad precisamente donde debe tocarla.

Creo que lo que Bo intenta conseguir sin ser consciente de ello es aprender simultáneamente a hablar y a leer. También está aprendiendo simultáneamente, al ser sus padres bilingües, a hacerlo en inglés y español.

La reflexión sobre todo esto me lleva a dos conclusiones:

1).- La enorme plasticidad de los cerebros infantiles, me refiero a los bebés, que todavía no han ido ni siquiera a la guardería. Y cómo es ésta una etapa de la vida con inmensas posibilidades desde la perspectiva del aprendizaje, las cuales habitualmente son desaprovechadas. Y conste que los bebés pueden divertirse apasionadamente aprendiendo a la vez que juegan.

2).- La enorme ayuda que para el aprendizaje infantil está prestando la informática.

Quiero terminar esta entrada haciéndome una pregunta que para mí, como escritor que soy, es esencial: ¿qué leerán y cómo lo harán niños como Bo cuando sean mayores? 

El futuro de la literatura está en la respuesta que el tiempo dé a esta pregunta. Evidentemente yo no estoy capacitado para contestarla, pero sí me haré algunas consideraciones respecto a ella.

Los medios audiovisuales (cine, televisión, informática, Internet) dominan ya el escenario de la relación intelectual de los humanos con el mundo exterior. En todos ellos hay textos escritos que soportan la comunicación efectuada, pero su papel es secundario.

Creo que a pesar de todo, en el futuro, los conceptos y disgresiones muy abstractos o con un desarrollo atemporal solo podrán entenderse bien mediante la lectura de textos, ya sea sobre papel o en pantallas. Pero para asuntos más concretos y prácticos la lectura mediante textos puede llegar a ser una pérdida de tiempo.

La situación que vivimos en la literatura puede ser parecida a la que atravesó la pintura cuando apareció la fotografía. Lo que hasta entonces era la norma, la pintura figurativa, esa que representa las cosas tal y como las ven nuestros ojos, sufrió una profunda crisis pero no desapareció, sino que se transformó. Junto a lo figurativo, que ha continuado existiendo e incluso ha derivado en el hiperrealismo de pintores como Antonio López, han aparecido formas absolutamente nuevas de pintar: toda la pintura no figurativa o abstracta, con figuras insignes como Tapies o Miró, así como la pintura que me atrevería a llamar semifigurativa, en la que el realismo antropomórfico está desfigurado por el arte pero todavía pueden verse sus sombras, como lo muestran genios de la talla de Picasso, Klee y tantos otros.

Creo que con la literatura puede pasar algo parecido. Aparecerá una literatura mucho más abstracta que la actual, dirigida a lo más profundo del espíritu del hombre, así como diversas formas de literatura más apoyadas en lo audiovisual que la actual, pero no por ello menos merecedoras del calificativo de arte mayor.

Por poner un humilde ejemplo, lo que yo intento experimentar en mi blog es la conjunción, más todavía, la integración subliminal de textos con imágenes, que se complementen y enriquezcan mutuamente. Ya sé que esto no es nuevo, pero es un camino al que le queda todavía por delante mucho recorrido creativo.


Por todo esto opino que la literatura, la de siempre, está entrando en una época fascinante en la que se le abren posibilidades inmensas. ¿Crisis? También, el cambio es inconcebible sin ellas. En el fondo de lo temporal siempre está en marcha un proceso de destrucción creativa, que ahora y en el caso de la literatura, quizá esté empezando a ser rápido y turbulento, como un joven torrente de montaña.