jueves, 18 de septiembre de 2014

¿ESCOCIA INDEPENDIENTE?


Hoy, ahora, en la tarde española del 18 de septiembre de 2014, a pocas horas de que se conozcan los resultados del referéndum sobre la independencia de Escocia, estoy sintiendo el escalofrío de la Historia.

Porque la Historia es como un montón gigantesco de piedras irregulares apiladas en un cono enorme  de pendientes muy inclinadas. Basta con que la mano del destino extraiga una de esas piedras, grande o pequeña,  situada como otras muchas en una posición clave, para que se produzca un desequilibrio y el montón empiece a desmoronarse, en una catástrofe que se realimenta a sí misma hasta que todo queda derrumbado tras el estruendo y entre el polvo.

Ya nada volverá a ser igual hasta que, transcurridos muchos años, el trabajo y la ilusión de muchas almas inocentes apile las piedras de nuevo y el ciclo pueda reiniciarse.

Nos dicen los periodistas, quizá animados por esa ilusión suya de que termine pasando algo gordo, verdaderamente noticiable, que es muy posible que el resultado final del referéndum sea un SÍ a la Escocia independiente.

¡Diablos!, esto será el fin del Reino Unido y el probable comienzo del desmoronamiento final de Europa, o por mejor decirlo, de la ilusión paneuropea. Quizá también la ocasión de que Escocia se reencuentre a sí misma como un nuevo país apacible y lejano, de talante escandinavo, liberado por fin de las arrogancias inglesas. En cualquier caso, las consecuencia de este desmoronamiento, si es que tiene lugar, superarán ampliamente a los protagonistas del conflicto inicial, alcanzarán a toda Europa y como consecuencia al Mundo entero.

Me pregunto si esta simple posibilidad es justa, quiero decir, razonable, aceptable. Pero comprendo enseguida que da igual si es justa o no. La verdad de la Historia surca otros mares.  La Historia es irracional y por eso imprevisible y sorprendente, muchas veces catastrófica y otras muchas esperanzadora. Quizá por eso la Historia no es sino un aspecto más de la Naturaleza. Como la explosión de una supernova, la destrucción traída por un terremoto, el sinfín de mutaciones producidas en los DNA por las radiaciones ionizantes, el rumbo irregular de un meteorito que terminará impactando en un planeta, el encuentro de dos que terminan amándose… todo eso y el sinfín de acontecimientos que también sucederán como consecuencia del azar.

¿Me llevan estas consideraciones hacia el fatalismo? No. Yo creo que el quehacer de los humanos está en reconstruir el montón de piedras, que eso, nada más que eso, puede llegar a hacernos felices. Y al creerlo me acuerdo del mito de Sísifo y de cómo el gran Albert Camus nos lo explicó.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

SERENIDAD



La serenidad es la fuente, el fundamento del valor.

Te encuentras en una mala racha, te está pasando a ti en tierra firme lo que a los navegantes en la mar, que las malas olas nunca vienen solas. Las tres Marías, así las llaman ellos, porque esas olas enormes que pueden hundir tu barco suelen venir en grupos de tres. La primera te sorprende, la segunda te asusta, con la tercera tienes que hacer un gran esfuerzo para contener tu pánico y no echarlo todo a perder.

Aguanta hombre, aguanta hasta que pasen estas olas, porque pasarán. Y luego vuelve a apreciar tu vida y el transcurrir de tu tiempo hasta la próxima vez que se te pongan las cosas feas, quién sabe cuándo será, quizá nunca. Aguanta, que la vida es así y tú no tienes ninguna posibilidad de cambiarla. Sé torero.

Ese es el valor sereno, el verdadero valor, hecho de una mezcla de fatalismo y determinación. Extraña esta mezcla, en verdad. El fatalismo es resignación, la determinación rebeldía, una y otra frente a la desgracia. Opuestas como los dos costados de tu barca, esa en la que navegas por tu vida, estribor y babor, resignación y rebeldía, dándose mutuamente la espalda.

 Pero sosteniendo entre ambas tu proa, tu dirección, tu camino, el que tú estás haciendo, como quería el poeta.


Aguanta, hombre, que hasta los peores vendavales terminan amainando. No seas cobardón.

domingo, 14 de septiembre de 2014

COLECCIONISTAS DE MARIPOSAS

(Foto de Ghislain Bonneau)

Los humanos tenemos un afán clasificatorio que, siendo en principio aceptable, nos hace cometer a veces errores tremendos. Este afán nos asemeja a  esos coleccionistas de mariposas que van con sus redecillas por el campo en busca de los más hermosos lepidópteros, para terminar clavándolos con grandes alfileres en cajas y cajas de cartón. Cazadores de mariposas, sí, no está mal la imagen, eso es lo que los humanos somos.

Y está justificado por lo más profundo de nuestra condición. No en balde nuestros cerebros son inventores de símbolos y creadores de palabras. Nos puede la pulsión de dar nombre a todo lo que nos rodea. Este obsesivo nombrar, clasificar, aprisionar en definitiva, es el arma más eficaz que hemos inventado para librarnos del peor de los miedos, el de lo desconocido. Creemos que por ponerle nombres al mundo lo convertimos en nuestro jardín, ¡pobres de nosotros!, nos pasa como a nuestros perros, que por ladrarle a la noche oscura suponen que  hacen huir  a los fantasmas que los rodean.

Yo tengo un espíritu científico, no lo puedo evitar. Cuando estoy frente a alguien o algo me puede la tendencia a analizarlo para intentar comprenderlo. Lo malo es que muchas veces me limito a explorarlo para clasificarlo, colocándolo en mi colección de mariposas. Lo hago sin malicia, llevado por mi manera de ser. Pero puedo llegar a cometer errores terribles, que como tales siempre son grandes injusticias. Por eso, a medida que me voy haciendo más viejo, que inevitablemente significa más prudente (o menos necio) estoy más convencido de lo que ya nos decía Heidegger: al mundo nunca podrán salvarlo los sabios, esa tarea les está reservada a los poetas.

Poesía, sí. Aproximarte a lo que te rodea, al mundo entero, con alma de poeta, usando la inteligencia del corazón. No limitarte a nombrar, clasificar, medir, coleccionar. Manejar tus palabras y tus símbolos como si formaran parte de una canción que le tarareas a lo que tienes frente a ti. Acariciar con tus palabras, piropear con ellas, consolar, tranquilizar, animar, iluminar, acompañar. Eso, sí, todo eso, nada menos.

¡Qué difícil para un hombre como yo! Pero todavía estoy a tiempo de cambiar, siempre hay tiempo, el tiempo es lo que no se te acabará nunca, lo que te acompañará como perro fiel hasta el día de tu muerte.


Tira el reloj, olvídate de él, siquiera sea por un instante. Deja que sea el mundo quien te conquiste a ti.

sábado, 13 de septiembre de 2014

SENTIMIENTO DE CULPA

Sigmund Freud en 1921, a los 65 años,
fotografiado por su yerno Max Halberstadt
¿Culpable o inocente?

Cada uno de nosotros camina su vida con esta antinomia terrible a cuestas, cargada sobre sus espaldas, como Simbad el Marino caminaba la suya atrapados sus hombros entre las piernas del Viejo del Mar.

Así viajas, sometido a un permanente juicio moral por el tribunal que se alberga dentro de ti mismo.

Y es que Yo, Tú, Él o Ella, cualquiera de nosotros, no estamos nunca solos. Si el increíble Hulk, el Id freudiano, ese monstruo insaciable y perverso, habita las mazmorras de nuestro subconsciente, el diabólico Superego, encaramado en lo más alto de cada uno de nosotros mismos, expresa continuamente su voluntad despótica de dirigirnos, esclavizarnos, enjuiciarnos y, finalmente, condenarnos. Porque en los procesos a los que continuamente nos somete Superego, casi nunca nos sorprende con un veredicto de inocencia. Culpable, culpable, culpable, eso es lo que Tú, miserable ser humano, estás condenado a ser. Culpable de nacimiento, qué digo yo, eres culpable incluso antes de haber nacido, cuando tu madre te parió al mundo ya venías con la marca de la culpa grabada a fuego en lo más esencial, que es lo más tierno e inocente, de ti mismo.

Pero ¿qué hace tu Ego, tu Yo personal, esa criatura casi perfecta hecha de razón y emoción, de inteligencia y pasión, por qué no se rebela contra tanta esclavitud?

No lo sabes. Quizá es que tu vida, en lo esencial, sea un continuo empujar con cada uno de tus dos brazos cansados esas paredes de piedra, Id y Superego, que se cierran sobre ti amenazando con aplastarte. ¿Acaso serías algo sin ellas?

Tampoco lo sabes. En cualquier caso, lo que sí tienes claro es que lo único que puede salvarte de estas amenazas que te constituyen desde las fronteras de ti mismo, es tu profunda, intocable, indestructible, libertad interior.

Esa libertad interior que es un hueco, un vacío, en tu mismísimo centro. Y que está siempre esperando a ser conquistada y ocupada por lo único que puede hacerlo: un milagro, una sorpresa, el nacimiento de algo nuevo.


Un chispazo capaz de provocar un incendio, el fuego de Heráclito, dentro de ti. 

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Secesión catalana o crisis del estado autonómico?

Ayer se celebró en Barcelona una Díada multitudinaria que los nacionalistas catalanes están considerado un triunfo para su causa. Pero no es la primera manifestación celebrada en España en los últimos años que congrega a cientos de miles de personas. Recordemos, sin ir más lejos y entre otras, las que tuvieron lugar en Madrid en protesta por la ley del aborto (18 octubre 2009) y en contra del terrorismo de ETA (14julio1995, 5junio2005, 4 febrero 2007). Como expresa el chiste del Roto que acompaña a este texto, manifestaciones así lo son de la frustración popular., sin que tengan un significado político claro. Algo sin duda preocupante para el conjunto de los españoles está pasando en Cataluña. Estas líneas son el resultado de mi reflexión sobre el asunto.



1).- Los políticos nacionalistas catalanes tienen una responsabilidad importante en eso que está pasando. Desde hace algún  tiempo han venido siendo alevosamente desleales a la Constitución que contribuyeron a aprobar y que prometieron cumplir y defender. Primero no han respetado durante años sentencias de los tribunales sobre el uso de la lengua española en Cataluña. Pero después han pregonado abiertamente que la independencia es la única solución a todos los problemas que Cataluña pueda tener y han emprendido una huida hacia delante por un camino que ni ellos mismos saben dónde puede llevar al pueblo al que representan. Así han ido creando en Cataluña un ambiente tenso, cargado de rencores, en esa atmósfera de poderío de las masas que resuena no a populismo, sino a aquel fascismo que ya creíamos olvidado. Lamento  tener que expresarme así, pero es que así lo siento.

2).- En cuanto al pueblo de Cataluña, manifiesta ese miedo colérico que también está presente en otros pueblos de España y de Europa y que es hijo de la desconfianza en un futuro que se ve oscuro o no se ve. Crisis del estado de bienestar, envejecimiento demográfico, inferioridad tecnológica y económica frente al Extremo Oriente, amenaza terrorista..., todos estos fantasmas y otros más, justifican fenómenos emergentes como las reivindicaciones nacionalistas en Escocia y Cataluña, el antieuropeísmo en Inglaterra, un derechismo fascistoide en Francia, el populismo neoleninista de una parte de la izquierda en España, la insolidaridad con el resto de Europa en Alemania y todo lo que todavía puede venir desde otros acimutes. Gente como el premio Nobel de Economía Robert Shiller ve paralelismos entre la situación que se vive hoy en Europa y la del año 1937. Entonces, una Europa que padecía todavía las consecuencias de la depresión de 1929 empezó a desesperarse de una situación económica y social a la que no veía salida y se radicalizó. La única solución para esta crisis fue una II Guerra Mundial que activó la economía, sí, pero al coste de 60 millones de muertos. Hoy, según Shiller, los pueblos europeos se desesperan por la falta de crecimiento económico, que es paro, miedo al futuro y, en definitiva, sentimiento de decadencia. Buscan unas salidas que sus políticos no acaban de darles, con lo que el peligro de radicalización aumenta.

3).- Pero hay algo más, que nos afecta específicamente al conjunto de los españoles. Se trata de la crisis de nuestro estado autonómico, aquél que nos dimos en nuestra transición desde el franquismo a la democracia y que, con la ayuda de Europa nos ha permitido avanzar muchísimo y convertirnos en un país desarrollado en lo económico y avanzado en lo social. Ese estado de las Autonomías, el que le ha dado forma a nuestra democracia, está enfermo a causa de contradicciones con las que nació y que se han ido exacerbando y agravando con el tiempo, hasta hacerse intolerables.
 
Tratar en profundidad de estas contradicciones llevaría mucho más tiempo del que es prudente ocupar con esta entrada. Me limitaré a señalar las que me parecen más importantes.

A).- Una de las más hirientes es la desigualdad fiscal entre españoles que viven en comunidades autónomas diferentes. El caso más conocido es el de los conciertos fiscales especiales para el País Vasco y Navarra. Suponen un agravio comparativo insoportable y son, aunque no guste reconocerlo, una de las causas principales del descontento catalán.
Pero el desmadre fiscal va mucho más allá. Las Autonomías tienen poderes de decisión excesivos que cuartean la arquitectura del Estado. Y no es solo un asunto de catalanes y vascos. La autonomía madrileña, gobernada por el Partido Popular, suprimió los impuestos de Sucesiones y Patrimonio, mientras que autonomías como la andaluza y la catalana los mantienen a niveles muy altos, creándose así una situación en la que los españoles no son iguales, ni muchísimo menos, ante la ley.

B).- Sistemas educativos diferentes y hasta disonantes entre distintas comunidades autónomas, que llevan a que los niños sean educados en visiones de la historia y la cultura radicalmente distintas, si no contradictorias. Así es imposible construir un país para el futuro.

C).- Desequilibrios en la estructura del aparato del Estado. El caso más escandaloso es el del Poder Judicial, que carece de la fuerza y la independencia que serían necesarias para el buen funcionamiento de una democracia avanzada. Y da la impresión de que la clase política, en la que descansa el poder último del Estado, no ha querido ni quiere ni querrá resolver definitivamente este problema. Es un escándalo que la Hacienda pública tenga unos sistemas informáticos sofisticadísimos mientras que los Juzgados se incendian por la acumulación gigantesca de papeles en trámite. Como lo es que un juez instructor se enfrente en solitario con casos cuya instrucción eficaz en tiempo y forma requeriría un ejército de jueces.

 Y así muchas situaciones más. Para resolver la mayoría de estos problemas no hace falta reformar la Constitución, basta con que los políticos decidan valientemente hacerlo.

Termino ya. Me gustaría concluir  afirmando que:

1).- El mundo vive una situación incierta y peligrosa que es a la vez un cambio de época. De los problemas con los que tendremos que enfrentarnos los españoles no nos salvará la huida hacia delante, sino la unión. Más España y más Europa.

2).- El pueblo español es en su mayoría moderado y honesto. Demanda un futuro estable para sus hijos y nietos además de una vejez tranquila. No es mucho. En el curso de la crisis que estamos viviendo, este pueblo ha demostrado su solidaridad y su capacidad de apretarse el cinturón. Es un buen pueblo que merece ser bien gobernado.


3).- Todavía hay tiempo para que los políticos centristas, que representan a la inmensa mayoría de los españoles, se concierten en lo esencial, que es la resolución de los malos funcionamientos del estado autonómico y el diseño de una estrategia de futuro para España. Pero una estrategia que se cumpla, lo que a su vez significa irla modificando y gobernando de forma concertada. Todavía hay tiempo para que esta concertación, esta alianza, pueda salvarnos. Pero no queda mucho.


jueves, 4 de septiembre de 2014

LO MÍSTICO



Cuando aquél hombre se despertó aquélla madrugada no podía sospechar lo que le esperaba.

Llevaba varios días trabajando intensamente en una aventura de esas que valen la pena porque son imposibles.

Insomne, se levantó de la cama, caminó vacilante hasta su mesa de trabajo, escribió algunas cosas, dibujó otras, en definitiva pensó como lo había venido haciéndolo últimamente, hasta la extenuación.

Luego se acostó de nuevo, esperanzado en que ya podría atrapar al sueño.

Pero lo que lo atravesó fue una visión.

Sintió como si se asomara al balcón que se abre al universo entero, al universo en toda su inmensidad. En el seno de una oscuridad tan infinita como la de una noche fresca de verano sin luna, vio de cerca multitudes de estrellas y nubes de polvo cósmico, coloreadas con tonos inimaginables.

Pero lo que le sorprendió, casi lo aterró, es que aquel balcón también se abría hacia dentro de él mismo, hacia su infinito universo interior. Y vio su cerebro, quiero decir un trozo minúsculo de su tejido cerebral que a la vez no tenía límites, recorrido por infinidad de venas luminosas, chispeantes, llenas de vida y de enigmas.

Y vio sus células, todas en cada una, y se quedó boquiabierto cuando fue testigo de que estas células suyas manifestaban una inteligencia singular, poderosísima, haciendo y proponiendo y caminando y viviendo una vida que nosotros los humanos jamás podríamos llegar a comprender del todo en términos estrictamente racionales.

Y vio que siempre habría algo detrás de todo, más allá, más allá, más allá.

Y comprendió al Kant que nos enseñó cómo solamente podemos conocer en términos racionales aquello que estamos preparados para conocer. Cómo solamente podemos llegar a ver con los ojos de nuestro conocimiento racional aquello que de alguna forma misteriosa hemos sido capaces antes de presentir o imaginar.

La luz debilísima del primer amanecer empezó a entrar por su ventana, llevándose como un viento lo esencial de su visión. Era hora de levantarse y aquel hombre lo hizo. Mientras se preparaba el desayuno iba aterrizando, volviendo al mundo real que, aquella noche lo había comprendido, es solamente un mundo de apariencias.

Ya totalmente despierto, reflexionaba sobre todo lo que había visto aquella noche. En primera instancia pensó que lo místico era una vía hacia el conocimiento que se oponía a la vía racional como una de las caras de la moneda de Heráclito se opone a la otra. Pero no, enseguida comprendió que lo místico es una iluminación, nada más, el resplandor de un relámpago en el misterio profundo de la oscuridad. No tiene interpretación, ni significado. Es simplemente inefable.

Luego, ya totalmente despierto en su mundo racional, vio claramente que lo místico es consustancial a lo humano, aunque seguramente lo desborda. Y comprendió que la gran traición que un humano puede hacer a lo místico que hay en él es considerarlo nada más que como una puerta de entrada hacia lo mágico, es decir, como una fuente de poder.


Finalmente volvió a las cosas de todos los días. Ahora escribía, intentando expresarla con palabras como lo haría un testigo bienintencionado, su inefable experiencia. 

Mucho más, muchísimo más, que un sueño.

viernes, 29 de agosto de 2014

Insomnio

Jetlag (tomado del blog "Diario del Viajero")
De vuelta en España, vengo padeciendo desde que llegué una cierta crisis de insomnio. Estoy seguro de que no es una consecuencia del jet lag. En cuanto a éste, un compañero de trabajo que tenía que viajar dos veces al mes de Escocia a Usa y vuelta, me dio hace años una receta eficaz para combatirlo: ayuno absoluto excepto de agua antes de y durante el vuelo. Yo la he venido aplicando con éxito en los larguísimos vuelos transoceánicos y transhemisféricos que he tenido que hacer entre España y Chile. Mi receta completa es:

1).- Nada más montarme en el avión, pongo mi reloj en la hora de destino e intento mentalizarme de que ya estoy allí.

2).- No como nada y solo bebo un poco de agua durante la mayor parte del vuelo y desde unas horas antes de éste. Lo hago así para pacificar mis tripas, ya que la actividad digestiva es uno de los factores que más potencia el jet lag.

3).- En cuanto el avión ha alcanzado la altura de vuelo, me tomo una pastilla de un somnífero suave y me echo a dormir. Como el vuelo Madrid-Santiago dura trece horas, cuando todavía quedan cuatro para llegar ya estoy harto de dormir. Enciendo la pantalla personal de mi asiento de clase turista y veo una película o escucho música.

4).- Así hasta que una hora antes de aterrizar, sirven un desayuno que sí tomo. De este modo, cuando me incorporo a la vida local en Santiago o Madrid estoy, aunque algo cansado,  totalmente operativo, sin indicio alguno de un jet lag que, sencillamente, no existe para mí.

Pero vuelvo a mi insomnio actual. Me despierto a las tres y media de la madrugada y ya no puedo volver a dormirme.  De momento sobrevivo, manteniéndome firme en no tomar somníferos, que reservo para los viajes. Hoy me compraré una almohada nueva, lo más flojita, elástica y fresca posible. Pero sé, sí, lo sé, que las raíces de mi insomnio se nutren de una inevitable inquietud interior, resultado de la conjunción de causas muy distintas: intelectuales, afectivas, operativas… todo un pandemónium imposible de curar con nada más que ayuno y agua.

Entre esas causas está, aunque parezca una cursilería, mi inquietud por la marcha del mundo. Intuyo que las cosas se están poniendo realmente feas, como el ciervo que pastando como está en la fresca y bucólica pradera, siente más que olfatea, súbitamente, el acercamiento de un predador feroz. Es lo de Ucrania, lo del Oriente Medio, lo del virus Ebola, todo ello aderezado con cucharaditas  de cambio climático, crisis económica global, decadencia europea, desmadre español, etc.

Quizá esté también influido por la lectura de “Black Swan”, un ensayo de Nasim Taleb sobre el impacto de los acontecimientos altamente improbables, libro que acabo de comprarme en USA. La tesis de Taleb es que muchos de los grandes acontecimientos históricos o personales irrumpen de manera imprevisible, de modo que nos sorprenden mirando para otro lado u ocupados en asuntos banales.

¡Diablos!, cuando pienso en cómo pueden complicarse las cosas en Oriente Medio con la simple interacción del Ejército Islámico con el conflicto Israelopalestino, o cómo puede abrirse en Ucrania una nueva guerra fría, o las sorpresas que puede darnos la expansión sin control del virus de Ebola, o el efecto letal que tendría sobre Europa un rebrote de una crisis económica global a la que todavía no se le ha puesto ningún remedio curativo… cuando pienso en todo esto pueden llegar a quitárseme las ganas de dormir.

Pronto estaré de nuevo en Chiloé, más todavía, en la soledad pacífica de Duhatao. Pero presiento que ni siquiera allí podré librarme de los efectos del siniestro vuelo de los cisnes negros sobre los cielos del mundo. Menos todavía se librarán muchos a los que quiero, así como los numerosísimos inocentes que pueblan los lugares conflictivos de la Tierra.


Y esto me parece tan injusto…