sábado, 27 de septiembre de 2014

CORRUPCIÓN

Jordi Pujol el 26 de Septiembre de 2014, declarando en el Parlamento catalán 

acerca de sus irregularidades fiscales (foto de "El Pais")


Jordi Pujol. Ecce homo. Hace unos días confesó su corrupción galopante y ayer se presentó en el Parlamento Catalán para dar explicaciones. Los gestos de estas seis fotos publicadas por "El País" hablan de su intervención allí más que mil palabras. Helo ahí convencido de su inocencia, más aún, de la justicia de su causa. ¿Arrepentimiento? Quiá.  Sus gestos son patriarcales, llenos de autoridad y de seguridad en sí mismo, de santa indignación y majestad. Unas imágenes que solo pueden calificarse de patéticas. Él se siente el representante de Cataluña, el gran padre y promotor de la causa independentista. Estoy seguro de que ha sido capaz de engañarse a sí mismo lo suficiente para llegar a autoconvencerse de  que si evadía impuestos y robaba comisiones abusivas, si se comportaba como un gran padrino, lavando y almacenando junto a sus hijos, en los rincones piratas del mundo,  una fortuna de miles de millones de euros, lo hacía por Cataluña. Todo por Cataluña, diablos, todo, sí. Al fin y al cabo, ¿acaso Cataluña no era sino él mismo, sus hijos, su gente, su estirpe? Cuando uno llega a convertir aquello a lo que cree servir en una parte de sí mismo deja de ser un servidor y se transforma en un amo. Le ha pasado a tantos y tantos a lo largo de la historia del mundo…

¿Cómo me atrevo yo a hablar así cuando este hombre no ha sido todavía juzgado? Me baso para hacerlo en su propia confesión pública, él mismo se ha acusado, sin que nadie sepa bien por qué lo ha hecho. Además, si espero para calificarlo a la acción de la justicia, ja, si espero como ha hecho durante tantos años tanta gente que a la vista de los abusos que Pujol representaba miró para otro lado, si lo hago, me convierto inmediatamente en cómplice de esa causa del disimulo y el olvido, que creyéndose la causa de la prudencia es en definitiva la de la cobardía. Y no es que yo me crea valiente, ni muchísimo menos, sino que esta vez no quiero llegar tarde.

¿Es España un país corrupto? Hay ya demasiados casos gigantescos de corrupción para que no sea relevante esta pregunta. El de Pujol es solo el último. Está la corrupción de los políticos y sindicalistas de Andalucía, el caso Gurtel en Madrid y Valencia, la corrupción a través de la violencia en el País Vasco, tantos otros casos de menor alcance. Esta corrupción conocida afecta solo a la clase política, sea cual sea su ideología, desde socialistas hasta conservadores o nacionalistas. Pero ¿acaso no son tan corruptos como estos políticos los empresarios que dieron el dinero para corromperlos, o la gente de a pie que aceptó prebendas y prácticas financiadas con un dinero sucio?

Sin embargo, yo no creo que España sea un país más corrupto que la USA de los años de la Ley Seca, cuando Al Capone reinaba en Chicago, ni que la Italia de la Camorra y la Mafia, ni que la Alemania de los primeros años de Hitler, cuando los inválidos y los deficientes mentales desaparecían de las pequeñas ciudades sin que nadie dijera nada, ni que la Rusia de las purgas estalinistas o la de la autocracia de la Nomenklatura. Lo que a mí me parece que le pasa a España es que la democracia no está todavía suficientemente consolidada y ello por una causa principalísima: porque la Justicia no es suficientemente poderosa ni independiente.

La Justicia española depende en exceso de lo que los políticos quieren que sea. Y es manifiesto que quieren que sea débil. Ya lo confesó así Alfonso Guerra, uno de los prohombres socialistas de los comienzos de nuestra democracia, cuando dijo, si no con las palabras (eso afirma él)  sí con los hechos de la reforma de la ley del Poder Judicial, que “Montesquieu ha muerto”. Es una justicia de jueces-funcionario carentes de medios, que se limitan a administrar como buenamente pueden el cumplimiento de unas leyes enmarañadas y complicadas como las lianas de una selva tropical, unas leyes que junto con sus reglamentos llegan a hacerse incumplibles. Es la Justicia de esa España en la que las ventanas de las casas están enrejadas para que no entren los ladrones, y las calles cruzadas por badenes de cemento que destrozan los coches de todos  para que los de algunos jovenzuelos gamberros no corran demasiado, en la que terroristas que han asesinado a muchos se pasean tranquilamente por las calles después de haber cumplido unas condenas cortas.

Esa España con una Justicia débil cultiva para sobrevivir su individualismo congénito. Aquél del que extrae desvergüenza suficiente para enchufar a su hijo o al novio de su hija o a algún pariente próximo sin escrúpulos, saltándose los méritos de otros candidatos mejores. Donde las corporaciones de médicos, abogados, arquitectos, ingenieros, se protegen de los intereses de los de fuera con un espíritu gremial, defendiendo ciegamente hasta al más incompetente de sus miembros. En la que el ideal de muchos jóvenes es sacar unas oposiciones de funcionario público para tener un sueldo seguro, aunque pequeño, durante toda su vida. La inmensa mayoría de los españoles pirateamos libros, canciones y películas de Internet, hacemos lo posible por no pagar el IVA, nos colamos si podemos. En definitiva, cultivamos un espíritu de supervivientes.

Esa España es la que hemos heredado lo mismo que la heredaron nuestros padres, una España vencida, asustada,  escéptica, profundamente individualista.

Pero a la vez es una España en la que la gente es capaz de apretarse el cinturón con sobriedad espartana y sabe trabajar duramente, en la que la solidaridad familiar es ejemplar y se extiende fácilmente a una solidaridad universal. Una España que está llena de aventureros y de gente esforzada, valiente y auténtica. En la que abundan los poetas y los hacedores de canciones. Una España hermosa y profunda.


Por eso, señores y señoras políticos, que no sois más que una parte de nosotros mismos, de la gente de a pie, poneros las pilas y reconstruir una Justicia suficientemente fuerte para que España y los españoles sean una parte del Mundo en la que quien marque y controle las reglas del juego sea una sólida autoridad moral. Esa de los imperativos categóricos kantianos, una Justicia sobria, rigurosa y poderosa, pero por encima de todo suficientemente justa, en la que no haya más que el sitio justo para el arrepentimiento y el perdón. 

Os aseguro que si lo hacéis así os encontrareis con un pueblo espléndido, capaz de hacer frente, como ya lo ha demostrado muchas veces, a los mayores desafíos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

LA ORACION

El Greco (1608).- La oración del Huerto de Getsemaní.- Museo de Budapest

Hoy quiero escribir entrando en el terreno de las intimidades profundas, esas que no se suelen confesar a nadie, menos en los tiempos que vivimos.

Yo rezo. La oración forma parte de mi práctica diaria, como lo hacen el cepillarme los dientes o el ducharme. Sí, de ese modo entrañable, cotidiano, casi subconsciente.

Lo hago por una costumbre que arranca de mi infancia. Costumbre, sí, pero no rutina, similar al beso que le daba todas las noches a mi madre antes de irme a dormir, que no podía faltarme aunque tampoco era yo capaz de valorar su calidad preciosa. Aquel beso estaba allí, formando parte de mí y de mi relación inefable con mi mamá.

Pues lo mismo mi oración.

¿Cómo rezo? Ahora que todavía es verano asomado a mi ventana, disfrutando del frescor de la noche, mirando a los astros del cielo. Unas veces más deprisa, otras poniendo atención en lo que digo, según lo cansado o estresado que esté.

¿Qué rezo y a quién? Eso lo reservo para mi intimidad. Aunque entre lo que rezo están el Padrenuestro y el Avemaría, dos oraciones que nunca envejecen. En los últimos tiempos me ha dado también por rezar la Salve, pero no por la noche, sino por la tarde, una oración bellísima, homenaje a María y a todo lo más bello e inefable que tiene la mujer. Y cuando andurreo por la Sevilla antigua me gusta ir rezando el Shema Israel de los judíos.

La oración no tiene nada de racional, lo sé. Y tiene algo de mágico, en cuanto a que contiene una invocación a fuerzas sobrenaturales. ´Quizá por todo esto y por muchísimo más es importante, indispensable para mí.

Nace en efecto la oración de esa parte de lo humano que está fuera de las fronteras de lo razonable. De ese misterio que a veces sentimos dentro y que, en momentos extraordinarios, puede poner todo nuestro mundo del revés. Yo considero una suerte ser todavía capaz de rezar. Es una dimensión mía que no querría que me faltara nunca. Misteriosa, entrañable, honda como el fondo invisible de la laguna que en el centro de mi bosque enmarañado contengo yo.


Algunos se reirán, otros se asombrarán de lo que escribo. Pero rezar es recordar, manifestar una lealtad, declararse a uno mismo que la realidad desborda los límites de nuestros pensamientos y percepciones. Asomarse a la ventana que en todos nosotros se abre hacia lo inefable, lo invisible, lo inaudible. Mirar hacia lo hondo desde el brocal de nuestro pozo metafísico. Y eso a todos los humanos nos vendría bien hacerlo regularmente. Cada uno a su manera, según su costumbre, su cultura y sus creencias.

Naturalmente.

jueves, 18 de septiembre de 2014

¿ESCOCIA INDEPENDIENTE?


Hoy, ahora, en la tarde española del 18 de septiembre de 2014, a pocas horas de que se conozcan los resultados del referéndum sobre la independencia de Escocia, estoy sintiendo el escalofrío de la Historia.

Porque la Historia es como un montón gigantesco de piedras irregulares apiladas en un cono enorme  de pendientes muy inclinadas. Basta con que la mano del destino extraiga una de esas piedras, grande o pequeña,  situada como otras muchas en una posición clave, para que se produzca un desequilibrio y el montón empiece a desmoronarse, en una catástrofe que se realimenta a sí misma hasta que todo queda derrumbado tras el estruendo y entre el polvo.

Ya nada volverá a ser igual hasta que, transcurridos muchos años, el trabajo y la ilusión de muchas almas inocentes apile las piedras de nuevo y el ciclo pueda reiniciarse.

Nos dicen los periodistas, quizá animados por esa ilusión suya de que termine pasando algo gordo, verdaderamente noticiable, que es muy posible que el resultado final del referéndum sea un SÍ a la Escocia independiente.

¡Diablos!, esto será el fin del Reino Unido y el probable comienzo del desmoronamiento final de Europa, o por mejor decirlo, de la ilusión paneuropea. Quizá también la ocasión de que Escocia se reencuentre a sí misma como un nuevo país apacible y lejano, de talante escandinavo, liberado por fin de las arrogancias inglesas. En cualquier caso, las consecuencia de este desmoronamiento, si es que tiene lugar, superarán ampliamente a los protagonistas del conflicto inicial, alcanzarán a toda Europa y como consecuencia al Mundo entero.

Me pregunto si esta simple posibilidad es justa, quiero decir, razonable, aceptable. Pero comprendo enseguida que da igual si es justa o no. La verdad de la Historia surca otros mares.  La Historia es irracional y por eso imprevisible y sorprendente, muchas veces catastrófica y otras muchas esperanzadora. Quizá por eso la Historia no es sino un aspecto más de la Naturaleza. Como la explosión de una supernova, la destrucción traída por un terremoto, el sinfín de mutaciones producidas en los DNA por las radiaciones ionizantes, el rumbo irregular de un meteorito que terminará impactando en un planeta, el encuentro de dos que terminan amándose… todo eso y el sinfín de acontecimientos que también sucederán como consecuencia del azar.

¿Me llevan estas consideraciones hacia el fatalismo? No. Yo creo que el quehacer de los humanos está en reconstruir el montón de piedras, que eso, nada más que eso, puede llegar a hacernos felices. Y al creerlo me acuerdo del mito de Sísifo y de cómo el gran Albert Camus nos lo explicó.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

SERENIDAD



La serenidad es la fuente, el fundamento del valor.

Te encuentras en una mala racha, te está pasando a ti en tierra firme lo que a los navegantes en la mar, que las malas olas nunca vienen solas. Las tres Marías, así las llaman ellos, porque esas olas enormes que pueden hundir tu barco suelen venir en grupos de tres. La primera te sorprende, la segunda te asusta, con la tercera tienes que hacer un gran esfuerzo para contener tu pánico y no echarlo todo a perder.

Aguanta hombre, aguanta hasta que pasen estas olas, porque pasarán. Y luego vuelve a apreciar tu vida y el transcurrir de tu tiempo hasta la próxima vez que se te pongan las cosas feas, quién sabe cuándo será, quizá nunca. Aguanta, que la vida es así y tú no tienes ninguna posibilidad de cambiarla. Sé torero.

Ese es el valor sereno, el verdadero valor, hecho de una mezcla de fatalismo y determinación. Extraña esta mezcla, en verdad. El fatalismo es resignación, la determinación rebeldía, una y otra frente a la desgracia. Opuestas como los dos costados de tu barca, esa en la que navegas por tu vida, estribor y babor, resignación y rebeldía, dándose mutuamente la espalda.

 Pero sosteniendo entre ambas tu proa, tu dirección, tu camino, el que tú estás haciendo, como quería el poeta.


Aguanta, hombre, que hasta los peores vendavales terminan amainando. No seas cobardón.

domingo, 14 de septiembre de 2014

COLECCIONISTAS DE MARIPOSAS

(Foto de Ghislain Bonneau)

Los humanos tenemos un afán clasificatorio que, siendo en principio aceptable, nos hace cometer a veces errores tremendos. Este afán nos asemeja a  esos coleccionistas de mariposas que van con sus redecillas por el campo en busca de los más hermosos lepidópteros, para terminar clavándolos con grandes alfileres en cajas y cajas de cartón. Cazadores de mariposas, sí, no está mal la imagen, eso es lo que los humanos somos.

Y está justificado por lo más profundo de nuestra condición. No en balde nuestros cerebros son inventores de símbolos y creadores de palabras. Nos puede la pulsión de dar nombre a todo lo que nos rodea. Este obsesivo nombrar, clasificar, aprisionar en definitiva, es el arma más eficaz que hemos inventado para librarnos del peor de los miedos, el de lo desconocido. Creemos que por ponerle nombres al mundo lo convertimos en nuestro jardín, ¡pobres de nosotros!, nos pasa como a nuestros perros, que por ladrarle a la noche oscura suponen que  hacen huir  a los fantasmas que los rodean.

Yo tengo un espíritu científico, no lo puedo evitar. Cuando estoy frente a alguien o algo me puede la tendencia a analizarlo para intentar comprenderlo. Lo malo es que muchas veces me limito a explorarlo para clasificarlo, colocándolo en mi colección de mariposas. Lo hago sin malicia, llevado por mi manera de ser. Pero puedo llegar a cometer errores terribles, que como tales siempre son grandes injusticias. Por eso, a medida que me voy haciendo más viejo, que inevitablemente significa más prudente (o menos necio) estoy más convencido de lo que ya nos decía Heidegger: al mundo nunca podrán salvarlo los sabios, esa tarea les está reservada a los poetas.

Poesía, sí. Aproximarte a lo que te rodea, al mundo entero, con alma de poeta, usando la inteligencia del corazón. No limitarte a nombrar, clasificar, medir, coleccionar. Manejar tus palabras y tus símbolos como si formaran parte de una canción que le tarareas a lo que tienes frente a ti. Acariciar con tus palabras, piropear con ellas, consolar, tranquilizar, animar, iluminar, acompañar. Eso, sí, todo eso, nada menos.

¡Qué difícil para un hombre como yo! Pero todavía estoy a tiempo de cambiar, siempre hay tiempo, el tiempo es lo que no se te acabará nunca, lo que te acompañará como perro fiel hasta el día de tu muerte.


Tira el reloj, olvídate de él, siquiera sea por un instante. Deja que sea el mundo quien te conquiste a ti.

sábado, 13 de septiembre de 2014

SENTIMIENTO DE CULPA

Sigmund Freud en 1921, a los 65 años,
fotografiado por su yerno Max Halberstadt
¿Culpable o inocente?

Cada uno de nosotros camina su vida con esta antinomia terrible a cuestas, cargada sobre sus espaldas, como Simbad el Marino caminaba la suya atrapados sus hombros entre las piernas del Viejo del Mar.

Así viajas, sometido a un permanente juicio moral por el tribunal que se alberga dentro de ti mismo.

Y es que Yo, Tú, Él o Ella, cualquiera de nosotros, no estamos nunca solos. Si el increíble Hulk, el Id freudiano, ese monstruo insaciable y perverso, habita las mazmorras de nuestro subconsciente, el diabólico Superego, encaramado en lo más alto de cada uno de nosotros mismos, expresa continuamente su voluntad despótica de dirigirnos, esclavizarnos, enjuiciarnos y, finalmente, condenarnos. Porque en los procesos a los que continuamente nos somete Superego, casi nunca nos sorprende con un veredicto de inocencia. Culpable, culpable, culpable, eso es lo que Tú, miserable ser humano, estás condenado a ser. Culpable de nacimiento, qué digo yo, eres culpable incluso antes de haber nacido, cuando tu madre te parió al mundo ya venías con la marca de la culpa grabada a fuego en lo más esencial, que es lo más tierno e inocente, de ti mismo.

Pero ¿qué hace tu Ego, tu Yo personal, esa criatura casi perfecta hecha de razón y emoción, de inteligencia y pasión, por qué no se rebela contra tanta esclavitud?

No lo sabes. Quizá es que tu vida, en lo esencial, sea un continuo empujar con cada uno de tus dos brazos cansados esas paredes de piedra, Id y Superego, que se cierran sobre ti amenazando con aplastarte. ¿Acaso serías algo sin ellas?

Tampoco lo sabes. En cualquier caso, lo que sí tienes claro es que lo único que puede salvarte de estas amenazas que te constituyen desde las fronteras de ti mismo, es tu profunda, intocable, indestructible, libertad interior.

Esa libertad interior que es un hueco, un vacío, en tu mismísimo centro. Y que está siempre esperando a ser conquistada y ocupada por lo único que puede hacerlo: un milagro, una sorpresa, el nacimiento de algo nuevo.


Un chispazo capaz de provocar un incendio, el fuego de Heráclito, dentro de ti. 

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Secesión catalana o crisis del estado autonómico?

Ayer se celebró en Barcelona una Díada multitudinaria que los nacionalistas catalanes están considerado un triunfo para su causa. Pero no es la primera manifestación celebrada en España en los últimos años que congrega a cientos de miles de personas. Recordemos, sin ir más lejos y entre otras, las que tuvieron lugar en Madrid en protesta por la ley del aborto (18 octubre 2009) y en contra del terrorismo de ETA (14julio1995, 5junio2005, 4 febrero 2007). Como expresa el chiste del Roto que acompaña a este texto, manifestaciones así lo son de la frustración popular., sin que tengan un significado político claro. Algo sin duda preocupante para el conjunto de los españoles está pasando en Cataluña. Estas líneas son el resultado de mi reflexión sobre el asunto.



1).- Los políticos nacionalistas catalanes tienen una responsabilidad importante en eso que está pasando. Desde hace algún  tiempo han venido siendo alevosamente desleales a la Constitución que contribuyeron a aprobar y que prometieron cumplir y defender. Primero no han respetado durante años sentencias de los tribunales sobre el uso de la lengua española en Cataluña. Pero después han pregonado abiertamente que la independencia es la única solución a todos los problemas que Cataluña pueda tener y han emprendido una huida hacia delante por un camino que ni ellos mismos saben dónde puede llevar al pueblo al que representan. Así han ido creando en Cataluña un ambiente tenso, cargado de rencores, en esa atmósfera de poderío de las masas que resuena no a populismo, sino a aquel fascismo que ya creíamos olvidado. Lamento  tener que expresarme así, pero es que así lo siento.

2).- En cuanto al pueblo de Cataluña, manifiesta ese miedo colérico que también está presente en otros pueblos de España y de Europa y que es hijo de la desconfianza en un futuro que se ve oscuro o no se ve. Crisis del estado de bienestar, envejecimiento demográfico, inferioridad tecnológica y económica frente al Extremo Oriente, amenaza terrorista..., todos estos fantasmas y otros más, justifican fenómenos emergentes como las reivindicaciones nacionalistas en Escocia y Cataluña, el antieuropeísmo en Inglaterra, un derechismo fascistoide en Francia, el populismo neoleninista de una parte de la izquierda en España, la insolidaridad con el resto de Europa en Alemania y todo lo que todavía puede venir desde otros acimutes. Gente como el premio Nobel de Economía Robert Shiller ve paralelismos entre la situación que se vive hoy en Europa y la del año 1937. Entonces, una Europa que padecía todavía las consecuencias de la depresión de 1929 empezó a desesperarse de una situación económica y social a la que no veía salida y se radicalizó. La única solución para esta crisis fue una II Guerra Mundial que activó la economía, sí, pero al coste de 60 millones de muertos. Hoy, según Shiller, los pueblos europeos se desesperan por la falta de crecimiento económico, que es paro, miedo al futuro y, en definitiva, sentimiento de decadencia. Buscan unas salidas que sus políticos no acaban de darles, con lo que el peligro de radicalización aumenta.

3).- Pero hay algo más, que nos afecta específicamente al conjunto de los españoles. Se trata de la crisis de nuestro estado autonómico, aquél que nos dimos en nuestra transición desde el franquismo a la democracia y que, con la ayuda de Europa nos ha permitido avanzar muchísimo y convertirnos en un país desarrollado en lo económico y avanzado en lo social. Ese estado de las Autonomías, el que le ha dado forma a nuestra democracia, está enfermo a causa de contradicciones con las que nació y que se han ido exacerbando y agravando con el tiempo, hasta hacerse intolerables.
 
Tratar en profundidad de estas contradicciones llevaría mucho más tiempo del que es prudente ocupar con esta entrada. Me limitaré a señalar las que me parecen más importantes.

A).- Una de las más hirientes es la desigualdad fiscal entre españoles que viven en comunidades autónomas diferentes. El caso más conocido es el de los conciertos fiscales especiales para el País Vasco y Navarra. Suponen un agravio comparativo insoportable y son, aunque no guste reconocerlo, una de las causas principales del descontento catalán.
Pero el desmadre fiscal va mucho más allá. Las Autonomías tienen poderes de decisión excesivos que cuartean la arquitectura del Estado. Y no es solo un asunto de catalanes y vascos. La autonomía madrileña, gobernada por el Partido Popular, suprimió los impuestos de Sucesiones y Patrimonio, mientras que autonomías como la andaluza y la catalana los mantienen a niveles muy altos, creándose así una situación en la que los españoles no son iguales, ni muchísimo menos, ante la ley.

B).- Sistemas educativos diferentes y hasta disonantes entre distintas comunidades autónomas, que llevan a que los niños sean educados en visiones de la historia y la cultura radicalmente distintas, si no contradictorias. Así es imposible construir un país para el futuro.

C).- Desequilibrios en la estructura del aparato del Estado. El caso más escandaloso es el del Poder Judicial, que carece de la fuerza y la independencia que serían necesarias para el buen funcionamiento de una democracia avanzada. Y da la impresión de que la clase política, en la que descansa el poder último del Estado, no ha querido ni quiere ni querrá resolver definitivamente este problema. Es un escándalo que la Hacienda pública tenga unos sistemas informáticos sofisticadísimos mientras que los Juzgados se incendian por la acumulación gigantesca de papeles en trámite. Como lo es que un juez instructor se enfrente en solitario con casos cuya instrucción eficaz en tiempo y forma requeriría un ejército de jueces.

 Y así muchas situaciones más. Para resolver la mayoría de estos problemas no hace falta reformar la Constitución, basta con que los políticos decidan valientemente hacerlo.

Termino ya. Me gustaría concluir  afirmando que:

1).- El mundo vive una situación incierta y peligrosa que es a la vez un cambio de época. De los problemas con los que tendremos que enfrentarnos los españoles no nos salvará la huida hacia delante, sino la unión. Más España y más Europa.

2).- El pueblo español es en su mayoría moderado y honesto. Demanda un futuro estable para sus hijos y nietos además de una vejez tranquila. No es mucho. En el curso de la crisis que estamos viviendo, este pueblo ha demostrado su solidaridad y su capacidad de apretarse el cinturón. Es un buen pueblo que merece ser bien gobernado.


3).- Todavía hay tiempo para que los políticos centristas, que representan a la inmensa mayoría de los españoles, se concierten en lo esencial, que es la resolución de los malos funcionamientos del estado autonómico y el diseño de una estrategia de futuro para España. Pero una estrategia que se cumpla, lo que a su vez significa irla modificando y gobernando de forma concertada. Todavía hay tiempo para que esta concertación, esta alianza, pueda salvarnos. Pero no queda mucho.