martes, 26 de mayo de 2015

Elecciones en España: el laberinto

(Fuente: archivo de ABC)

Intento eludir en mi blog los temas políticos, pero no siempre me es posible. Ahora, los resultados de las elecciones municipales y autonómicas que acaban de tener lugar en España me obligan a un extenso comentario. Daré esos resultados por conocidos, limitándome a considerar sus significados y consecuencias.

De las elecciones resurge, viva y palpitante, la España invertebrada de Ortega. Me explicaré: desde que a comienzos del S. XIX Napoleón y los ingleses le dieron la puntilla al viejo Imperio español, su parte europea que es España ha venido penduleando  violentamente entre acracia y autocracia. A escala histórica una y otra se han venido necesitando, complementándose y alternándose. Por poner un ejemplo: si los colocamos fuera del tiempo, Azaña y Franco se justifican mutuamente. Este penduleo trágico pareció romperse definitivamente con el régimen constitucional que siguió al dictador a finales de los 1970’s. Con el apoyo generoso e incondicional de la Unión Europea, que empezaba entonces a dar sus primeros pasos, y en ella, muy especialmente, de Alemania occidental, han seguido cuarenta años de estabilidad económica y política en el curso de los cuales España ha dado pasos gigantescos de prosperidad y progreso.

Pero la crisis económica mundial del 2008 ha puesto en grave aprieto este modelo. En España una burbuja inmobiliaria reventó por falta de crédito, lo que resultó en enormes dificultades sociales (desaparición de empresas, paro, créditos fallidos) y económicas (endeudamiento exterior de gobiernos y empresas). PSOE y PP, los dos partidos dominantes, perdieron la oportunidad histórica de haber formado un gobierno de concentración que enfrentara las peligrosas circunstancias. Y aunque el gobierno del PP ha salvado al estado español de la quiebra, la situación estratégica de España seguirá siendo difícil. Ya que en la Unión Europea se va implantando de facto un modelo que me atrevo a calificar de neocolonial: los países del Oeste y el Norte, más prósperos y desarrollados, explotan a los del Mediterráneo y el Este, más pobres y atrasados, mediante ciclos económicos de expansión/depresión en los que la estabilidad del Euro está garantizada pero la situación social de los países explotados hace que una parte importante de su población no logre salir de ciclos pobreza / miseria.

Las elecciones municipales y autonómicas, en las que los electores están siempre dispuestos a arriesgarse mucho más que en las elecciones estatales, han dado a esta situación difícil una respuesta que puede calificarse de muy dinámica y por lo tanto esperanzada. La abstención ha sido pequeña, lo que significa que los españoles han seguido apostando por su sistema político. Pero el PP y el PSOE, los dos representantes de un bipartidismo que se estaba quedando rancio, han sufrido tremendos varapalos y a la vez han surgido nuevas iniciativas políticas nuevas que me parecen interesantes.

Por el lado derecho del espectro político, pero no en el extremo sino hacia el centro, ha surgido un partido, Ciudadanos, que aspira a sustituir al PP a largo plazo y ayudarlo a corto a obtener mayorías de gobierno que no dependan de chantajes nacionalistas.

Mientras que por la izquierda ha emergido un montón heterogéneo de movimientos de raíz comunista o anarquista que tienen en común un populismo reivindicativo, congregados todos alrededor de un nuevo partido político, Podemos, que aspira a sustituir al PSOE a corto plazo. No obstante, parece difícil que este conglomerado izquierdopopulista termine integrándose en un Podemos que no puede ocultar sus raíces leninistas. Y juega el PSOE con fuego si pretende utilizar el apoyo de Podemos para alcanzar poder, pues corre el riesgo de destruirse en el empeño.

Mientras que todo esto pasa y lo hace vertiginosamente, los grandes problemas estratégicos de España ni siquiera se plantean. No lo hacen los viejos y todavía poderosos PP y PSOE pero tampoco lo hacen los nuevos partidos. De entre esos megaproblemas que permanecen en el limbo de los políticos me atrevería a destacar tres:

(1).- España no podrá consolidarse económica y socialmente sino a través de un esfuerzo sostenido de educación/formación de sus ciudadanos. Pero durante los últimos cuarenta años los dos grandes partidos han sido incapaces de ponerse de acuerdo en un proyecto educativo común.

(2).- El futuro social y económico de los españoles se ve amenazado por una crisis demográfica sin precedentes. España tendrá que alcanzar niveles de reposición de una población cuya pirámide sea mucho más cilíndrica que la de prisma invertido actual. Los roles de los distintos grupos de edad tendrán que cambiar. La jubilación laboral tendrá que retrasarse al mismo tiempo que mejora el estado de salud y aumenta la esperanza de vida. Las familias necesitarán leyes especiales de apoyo. Todos estos problemas demográficos ni siquiera se plantean, entretenidos como han estado nuestro políticos con temas como el matrimonio homosexual y la regulación del aborto.

(3).- España tiene que llegar a constituirse como una sociedad con igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades para todos sus ciudadanos, lo que significa también para todas sus regiones o autonomías. Se está lejísimos de esto, más aún, las distancias entre ricos y pobres así como entre las distintas autonomías no hacen sino aumentar.


Si los resultados de las elecciones municipales y regionales suponen el comienzo de una renovación de la clase política española, más aún, la destrucción de su condición de clase cerrada y una integración muchísimo más dinámica con la ciudadanía, sus problemas y sus intereses, bien venidos sean. España necesita un  nuevo patriotismo, acorde con los tiempos que se viven y se van a vivir. Construir y preservar esta nueva forma de patriotismo es, en mi opinión, la tarea fundamental de los jóvenes políticos españoles que empiezan a emerger. Sin ese patriotismo nuevo y distinto España, finalmente, perderá su razón de existir.

domingo, 24 de mayo de 2015

El Silencio

Monro Scott Orr (1923).- The Old Man of the Sea
El silencio. 

A veces eres tú quien lo busca, creyendo que a través de él vas a conseguir la paz. Otras él te captura a ti. Siempre es mordaza que tapa tu boca, parálisis que seca tu mano, venda que cubre completamente tus ojos.

Te llegue por activa o por pasiva, el silencio termina aplastándote. Nunca dejó de acecharte, siempre se mantuvo esperando su oportunidad. Lo que te trae, ya lo llames tú, ya caigas en sus redes, es soledad y angustia.

No dejes que esta angustia se convierta en desesperanza. Acoge tu silencio como una prueba, una tregua, una espera. Acéptalo sobre tus hombros. Como el Viejo de Sinbad el Marino, llegará un momento en que podrás quitártelo de encima y dejarlo a un lado de tu camino.

Entonces quizá te des cuenta de que ese silencio ha hecho más precisas y hondas las palabras que, ya lo vas notando, empiezan a brotarte de nuevo.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Lo que podría ser pero no es una profecía

Todo empezó con la presencia creciente, imparable, de soldados y armas robotizados en los ejércitos más poderosos del mundo.

Ya se podía declarar una guerra sin que hubiera que arriesgar las vidas de decenas de miles de jóvenes, hijos de la patria, que antes tenían que partir de casa para morir en los frentes de batalla.

De este modo, si no hubiera sido por la prensa y otros medios de información, los ciudadanos de los países más poderosos ni siquiera se habrían enterado de que el mundo entero estaba en guerra y que se trataba de una guerra terminal, ya que el mundo que saliera de ella no se parecería en nada al que entró a lucharla. La gran guerra del siglo XXI, sí pues, nada menos, de la que muchos se sentían hasta orgullosos. Claro que aquellos ciudadanos, al no sentir en sus carnes y sangres los dolores de la guerra, cada vez eran más indiferentes a lo que pasaba en los frentes de batalla. Para ellos la guerra se había convertido en algo muy parecido a las grandes obras públicas, la construcción de autovías, presas hidroeléctricas, centrales nucleares, cosas así, que transcurrían fuera de las megaciudades donde la gente vivía y eran sucias, ruidosas, hasta malolientes.

Pero un día, un maldito día, un día aciago que los supervivientes no olvidarán nunca, otra guerra, una novísima forma de guerra, llegó hasta las mismas puertas de sus casas, entró en ellas y se fue llevando su carga de víctimas: padres, abuelos, hijos, hermanos, nietos, pueblo en general, indiscriminadamente, sin distinción de sexos, edades, cocientes de inteligencia, malformaciones congénitas. Sin excepciones ni sesgos, de manera totalmente aleatoria. Era la respuesta que los países menos poderosos daban a la guerra robotizada de los países más poderosos.

Eso sí, ya no había jóvenes con madera de héroes. Casi no había ni jóvenes. Pero como las cosas seguían siendo en el fondo como siempre habían sido, los humanos de toda condición apretaron los dientes, cerraron los ojos del alma y se dedicaron con todas sus potencias a intentar sobrevivir, como fuera o fuese.


Cuando estas guerras terminaran, que tendrían necesariamente que terminar alguna vez, los supervivientes, que los habría,  en su mayoría ya no se acordarían de cómo empezó todo ni por qué ni para qué. Solo tendrían tiempo y cabeza para reconstruir lo destruido. Pero las cosas nunca jamás volverían a ser como fueron antes de que esta maldita guerra empezara. Tampoco habían quedado ancianos para contarlo. En cuanto a los libros, los malditos, obscenos libros, ya nadie sabía leer y además estaba prohibido aprender. Se utilizaban los libros que habían sobrevivido como material de construcción. Prensados a muy altas presiones constituían un excelente aislante.

El Guernica de Picasso.- Museo Reina Sofía, Madrid

domingo, 3 de mayo de 2015

30.000 años de miradas cómplices

La palabra CÓMPLICE está referida a  la relación entre dos seres humanos, y denota la disposición de ambos a compartir planes, secretos,  emociones, manteniéndolos en su mutua intimidad. Puede hacerse extensiva a la relación entre dos seres animados, como un humano y su perro, siendo éste el caso que trataremos extensamente aquí.

Procede del verbo latino complecti, que significa entrelazar, plegar, y que a su vez resulta de la fusión de dos palabras latinas, el prefijo  com, que denota la condición de juntar o juntarse,  y el verbo plectere, que significa tejer. Cómplices son aquéllos que se juntan, se entrelazan, en algo y para algo.

Forma parte esta palabra de una gran familia con las mismas raíces. Así COMPLEJO, como opuesto a simple, denota un ente constituido por partes que no están simplemente yuxtapuestas, sino integradas en un todo, entrelazadas. COMPLICADO es un ente cuya complejidad se nos ha hecho difícil de desentrañar o desenredar. Etcétera.

El concepto de cómplice es netamente heracliteo, en cuanto a que tiene dos caras opuestas. En su cara mala,  cómplices son los que se juntan para llevar a cabo algo deshonesto. Pero en su cara buena cómplices son los que están ligados por lazos firmes y exclusivos que se derivan del amor o la amistad que se tienen. La complicidad es fundamento, condición sine qua non, de ese amor y esa amistad.  Un fenómeno necesario para su existencia es el intercambio de miradas, difícilmente puede haber complicidad sin miradas cómplices. En éstas, los ojos del uno se enfrentan directamente con los del otro, sin ninguna reserva o vacilación. Los respectivos ejes ópticos están perfectamente coalineados, y a través de estas trayectorias inmateriales se transmiten e intercambian torrentes de empatía que no son compartidos, ni siquiera observados, por nadie más que los dos cómplices que se miran.

Mary Cassat (1906).- Joven madre dando de mamar a su bebé.

El arquetipo de las miradas cómplices entre humanos es el que liga a una madre con su pequeño hijo lactante. Ellos dos, solos como están frente al resto del mundo, intercambian continuamente miradas de amor que lo son de complicidad. Los científicos han probado (Ross y Young, Frontiers in Endocrinology, 30, 534, 2009) que  estas miradas cómplices inducen en el mirado, sea madre o bebé, la producción de la hormona oxitocina. La cual, a su vez, excita a la madre o al bebé haciéndolos mantener sus miradas cómplices llenas de amor, además de potenciar la producción de leche por la madre y el apetito de beberla por el bebé. Se genera así un mecanismo de retroalimentación positiva, un círculo virtuoso que a través de la complicidad entre los dos cerebros, mediada por los ojos, asegura que los dos cuerpos desarrollen de un modo óptimo sus funciones, alimentar y ser alimentado, para que así el bebé pueda sobrevivir y crecer.


La oxitocina se produce en el hipotálamo, parte de ella migra al cerebro donde causa multitud de efectos todavía mal tipificados, muchos de ellos relacionados con vivencias de amor y amistad, y otra parte va al torrente sanguíneo desde el que alcanza a muchos órganos a los que estimula. Esto sucede no solo en los humanos, sino en una mayoría, si no en todos, los mamíferos

Lo que tenemos aquí es una compleja y sutil interacción entre el cerebro y el resto del cuerpo. O lo que es lo mismo, entre el alma y la carne según el decir religioso, entre la cabeza y el corazón según las antropologías antiguas, entre el pathos griego, que es pasión, y el logos también griego, que es  pensamiento.

Pues bien, algo parecido a lo que sucede entre la madre y su bebé es lo que ha venido sucediendo durante los últimos 30.000 años entre los perros y sus amos humanos. 

Enterramiento de Shamanksii Mys,
 en Siberia. Un hombre con su perro.
El perro es el animal que primero se sometió a un proceso de domesticación. Según los arqueólogos esto pudo tener lugar hace unos 30.000 años, en pleno Paleolítico, cuando los humanos eran todavía cazadores/recolectores, convivían con los Neanderthales y el esplendor neolítico de la agricultura quedaba muy lejos en el futuro. Los perros, Canis lupus familiaris, son una subespecie del lobo gris,  Canis lupus, con el que muestran interfertilidad. Probablemente la domesticación de los perros fue más inducida por estos que buscada por el hombre. Manadas de lobos paleolíticos acecharían por las noches el fuego de los campamentos humanos donde se asaba la carne procedente de la caza. Los restos desechados por los humanos, huesos con hilachas de carne y tuétano, vísceras y otros despojos, serían arrojados a las afueras de los campamentos, donde los lobos se los comerían. Se desarrollaría así un comensalismo estable de familias de Canis lupus respecto a familias de Homo sapiens. Cachorrillos de lobo sin madre serían adoptados por los humanos, quizá como juguetes de sus niños. Empezaría así a desarrollarse una relación estable entre ambas especies. A cruzarse miradas de complicidad, que pronto derivarían en afecto y lealtad. El caso es que en los enterramientos paleolíticos en que se han encontrado esqueletos de animales estos son casi siempre perros, los cuales aparecen enterrados junto a hombres que pudieran ser sus amos pero también en solitario, lo que sugiere que los perros podrían haber sido considerados por los humanos paleolíticos tan próximos a ellos que fueran merecedores , como los mismos  hombres, de la aspiración a una vida eterna en aquella cosmovisión shamanista que los humanos del Paleolítico tenían.

Hace unas semanas, en su número del 17 de abril, la revista americana Science publicó un trabajo del equipo japonés del profesor Kikusui que confirma la existencia de una relación a la vez afectiva y hormonal entre los humanos y sus perros, que no se da con los lobos. Se estudiaron parejas de humanos con sus perros o lobos, en este último caso ejemplares de lobos que habían sido criados en cautividad. Y se demostró que entre hombre y perro existe la misma relación sinérgica que liga la mirada cómplice/afectiva con la producción de oxitocina que se da entre la madre humana y su hijo lactante. También se probó que esta relación no existe entre hombres y lobos, que ni intercambian miradas cómplices ni producen oxitocina como consecuencia.

Yo llevo toda mi vida experimentando esta relación de complicidad en la mirada de mis perros, pero en particular se me mantienen vivos los recuerdos de mis últimos veinte años con tres perros, Remo, Paco y ahora Curro.

                  REMO                                                     PACO                                           CURRO

Remo fue mi perro durante muchos años, ya he escrito en este blog una entrada sobre él (Amistad, 9 febrero 2011). Cuando en invierno yo trabajaba en mi estudio, se pasaba las horas dormitando, echado a mis pies. Pero si se me ocurría mirarlo abría los ojos en ese mismo instante y me miraba él a mí. Estas miradas lo eran de complicidad y de afecto. 

Luego Paco fue el perro de una de mis hijas, cuando ella voló del nido familiar él se quedó en casa, convirtiéndose en nuestro perro. Finalmente siguió viviendo en solitario conmigo hasta que hace dos meses murió. En ese intervalo de soledad compartida terminamos convirtiéndonos en dos amigos, y lo hicimos a través de nuestras miradas cómplices, en el silencio. Su muerte me resultó tan insoportable, tan inaceptable, que el mismo día que lo enterré busqué en una página de Internet un perro de su misma raza que se pareciera lo más posible a él.

Así encontré a Curro, en un refugio para animales. La vida de Curro había sido accidentada y algo triste. Vivió desde cachorro hasta que tuvo año y medio con un dueño que era viejo y finalmente murió. Sus herederos, que ni siquiera vivían en el mismo pueblo, deshicieron la casa y abandonaron a Curro en la calle. Así estuvo casi un año, viviendo de la caridad de los vecinos, hasta que lo recogieron en un refugio del que yo lo rescaté. Ahora empiezo a desarrollar mi amistad con Curro, y los avances vienen marcados por el grado de complicidad y empatía de nuestras miradas. Curro progresa, pero todavía no ha llegado al nivel que sé que alcanzará. No es que todavía no me mire, pero cuando lo hace suele ser en petición de algo, y no por el puro deseo de compartir una complicidad, una amistad.
                                PACO                                                                      CURRO






La relación cómplice/afectiva con un perro te ayuda a luchar contra la soledad. Mi madre, gran aficionada a los perros, me lo decía así: "si tienes un perro en tu casa siempre tendrás, repares en ello o no, una mirada amistosa que te apoyará en tu  transcurrir por el mundo sin pedirte nada a cambio".

La domesticación de los animales, iniciada con el perro, fue un paso decisivo en el desarrollo cultural de la humanidad. El perro prestaba servicios importantes al hombre primitivo, uno de ellos el de sus ladridos, que están llenos de matices y eran así capaces de anunciar el tipo de peligro o amenaza que los perros habían detectado. Los lobos, por cierto, no ladran, solo lo hacen cuando son cachorros. El perro ayudó al hombre a ser cazador, luego a pastorear sus rebaños de vacas o cabras, finalmente a vigilar y guardar los primeros poblados neolíticos. Sin el perro, todas estas etapas decisivas habrían sido más difíciles de realizar. Desde entonces, además de cumplir con todas estas funciones, el perro fue compañero inseparable del hombre, amigo fiel, de esos que jamás te fallarán.

(Datos tomados de Wikipedia)
Hoy sigue siendo así. Junto a los 7.000 millones de humanos que pueblan la Tierra hay 400 millones de perros, que desempeñan funciones muy variadas, como la caza, el pastoreo, la vigilancia, la acción policial, la ayuda a inválidos, la compañía a personas solitarias, la amistad a niños, etc. En el cuadro que sigue he recopilado los datos de las distintas poblaciones de animales que pueblan hoy el mundo. En él puede verse cómo los animales salvajes han sido arrinconados a un papel que casi es simbólico. Esta es una huella más del paso del hombre sobre la Tierra, de su dominación absoluta sobre los demás animales, quizá con la única excepción de los insectos. Si algún día se resuelven los problemas de superpoblación y se controla el cambio climático, la población humana sobre la Tierra se habrá reducido a la mitad, y las poblaciones de animales domésticos incluso más. Esto, de acontecer por una vía pacífica, no podrá alcanzarse hasta mediados del siglo XXII. Para entonces el papel de los perros habrá cambiado completamente. Ya no habrá caza ni necesidad de perros en la ganadería, pero los papeles del perro como amigo y compañero del hombre pueden haberse enriquecido  mucho, de modo que los perros les sean a los humanos de ese futuro tan indispensables como nos han venido siendo hasta ahora o más.

Pero también puede suceder que el camino de la Tierra y sus habitantes hacia el siglo XXII sea mucho más apocalíptico, lleno de guerras y conflictos interminables. Pienso en esta posibilidad cuando veo el trato que reciben perros, gatos y otros animales mascota en nuestra sociedad de hiperconsumo. Mucha gente considera a los perros mascota como un simple objeto de regalo y  termina abandonándolos en una carretera cuando ya les resulta simplemente incómodo tenerlos en casa. Como lo harían con cualquier otro de los numerosísimos objetos desechables con que rodean sus vidas. Hace ya tiempo que la humanidad empezó a entrar en la civilización de lo desechable. Nuestro gran lema es "usar y tirar", como mínimo "usar y renovar". Cuando pienso en esto me duele por mis queridos perros, pero me asusta por lo que pueda llegar a pasarle a los humanos. Una civilización que no respeta a un animal amigo del hombre tampoco respetará al hombre mismo.

Cuando hace unos días hablaba con una amiga, también aficionada a los animales, de esta semejanza de humanos con perros en cuanto a la existencia de un mismo círculo virtuoso neuroendocrino que liga a la oxitocina en órganos del cuerpo con el afecto en la mente, ella me decía que de alguna forma este descubrimiento la hacía sentirse triste, porque revelaba cómo, en definitiva, los humanos como los perros no somos sino máquinas movidas por las hormonas. Yo le respondí que lo veía exactamente al revés. Cuando los perros empezaron a observar al hombre desde las orillas de los campamentos, no fue una súbita corriente de oxitocina la que los llevó a buscar la amistad de los humanos. Tampoco creo que fuera una mutación darwiniana en alguno de los genes que regulan el comportamiento. Sino una intuición en la mente del perro, y desde ella la voluntad de buscar la amistad del hombre, poco a poco, con obstinación, o lo que es lo mismo, con fe.

Y me parece que la mayor amenaza que tenemos los humanos por delante es que lleguemos a considerarnos a nosotros mismos como simples máquinas pensantes, con diferencias solo cuantitativas, nada cualitativas, respecto a un computador. Y cómo es de importante para nuestra supervivencia que desarrollemos un nuevo humanismo que ya no sea antropocéntrico, sino que incluya a todos los animales y plantas y protistas que pueblan la Tierra,  a esta misma con sus rocas y sus aguas,  hasta al Universo entero con todo lo que contiene, hasta a los misterios que puedan estar más allá. Un humanismo quizá contemplativo, basado en el respeto y la amistad universal, algo así como un Jainismo puesto al día.

En esta ambición nos ayudará nuestra fidelidad a los perros, nuestra confianza en ellos, el camino que nos muestran con su amistad incondicional, con su afecto. Saldremos de nosotros mismos, de nuestro antropocentrismo tantas veces ecocida y así quizá aprendamos a apreciar y respetar todo lo que es natural no siendo humano. Ese día quizá lleguemos a darnos cuenta de lo que verdaderamente vale un hombre.


jueves, 16 de abril de 2015

Cirugía

Reginald Brill (1934).- Operación quirúrgica
Tras cinco días de abducción he vuelto a mi casa. Poco a poco voy recuperando mi normalidad, mientras se aleja de mí la sensación que he tenido de que esta vuelta lo era de un larguísimo viaje en el espaciotiempo. Creo que la causa de mis distorsiones ha estado en la anestesia recibida durante una intervención quirúrgica que duró cuatro horas. La anestesia total no es como el sueño, se parece más a una muerte temporal. El sueño es un jugueteo entre lo consciente y lo subconsciente, que toma forma de duermevela en los viejos y de grandes aventuras en los jóvenes. La anestesia es el silencio total, la lejanía infinita, el apagón absoluto.

Por eso el despertar de la anestesia es como una confusa resurrección. Sobre todo si tiene lugar en la soledad iluminada y ruidosa de una UCI, tan extraña y hostil. La reacción del resucitado puede llegar a ser brutal, ese fue mi caso, tras cerca de cuarenta horas en la UCI no pude más,  quería arrancarme las vías que me mantenían enchufado a líquidos curativos, librarme de las sábanas y salir corriendo y desnudo para mi casa, que por cierto no tenía idea de dónde podría estar. Solo la aparición de mis hijos me amansó. Luego, ya en una habitación normal del hospital, me mantuve durante más de un día en la desconfianza, con la sensación de haber sido abducido y estar en una tierra extraña y lejana; hasta a mi hermano, que intentaba tranquilizarme paseándome por el hospital y enseñándome sitios que ya conocía, llegué a mirarlo con sospecha, como a un tenebroso abductor que hubiera tomado su forma.

Todo esto fue pasando, con una rapidez que a mí me parecía lentísima. Ahora estoy en mi casa, ejercitando mi pulmón, soplando en un espirómetro mientras escribo o leo. Mi normalidad ha vuelto y el reencuentro con ella está siendo hermoso, como si lo fuera con un viejo amigo.

Ahora tengo tiempo y lucidez para admirar al cirujano que me ha intervenido. Es muy joven, poco más de treinta años, pero ya un experto reconocido en cirugía torácica. Estas intervenciones las hacen por lo que llaman toracoscopia, donde el cirujano introduce en tu tórax por una raja relativamente pequeña tres instrumentos, una cámara conectada a una pantalla que aumenta la realidad, un bisturí y una pinza, todo lo cual maneja por control remoto. Al evocar toda esta destreza, que acaba de sanar mi cuerpo, me doy cuenta de que una parte importante de lo más noble que hay en lo humano está en la alianza de cerebro, ojos y manos.  Y pienso en el poder creador de unas manos inteligentes y sensibles, no solo en los cirujanos, sino en pintores, escultores, músicos, artesanos, campesinos, marinos… tantos otros. También en lo inefable de las caricias de las manos de las mujeres que me han querido, empezando por mi madre. Y en lo confortante y a la vez comprometido de un estrechar de manos sincero.

Recobro mi orgullo por la ciudad en que he nacido, Sevilla, en la que se educó y formó el cirujano que me ha intervenido, aunque luego haya pasado por otros sitios eminentes de la cirugía. Sevilla es una vieja ciudad mediterránea aunque esté orientada hacia el Atlántico. En el siglo XVI fue una capital del mundo, enlace predominante de Europa con América, pero ya en el siglo XVII la pérdida de sus exclusivas comerciales y varias epidemias de peste empezaron a empujarla por la cuesta abajo de esa suave decadencia que comparte con las más ilustres ciudades mediterráneas: Venecia, Florencia, Estambul, Alejandría, Sevilla, todas ellas condenadas a vivir de sus recuerdos. Y sin embargo, como lo demuestran el caso de mi cirujano y muchos otros, llenas de vitalidades que brotan espléndidas cuando les llega su oportunidad.


Ahora espero la rápida curación de mi herida. El cirujano me dejará pronto en manos del oncólogo. Las expectativas son buenas, parece que se extirpó el tumor muy a tiempo. Pero el cáncer es un poderoso enemigo al que no se le debe dar nunca la espalda. Estoy tranquilo, quizá apreciando con algo más de fuerza todo lo que tengo, también tomando con algo más de seriedad todo lo que soy.

martes, 7 de abril de 2015

Expectante

Las palabras ruedan como guijarros llevadas por las turbulentas aguas, heladas, punzantes, de miles de ideas que se derraman desamparadas desde el cono helado que corona la montaña. Me parece imposible subir al tranvía que va a trepar por la empinada cuesta, tan lleno de gente está, pero me empujan, la multitud es porosa, hasta una señora a la que yo, pobre de mí, estaría dispuesto a considerar mi tía me cede su asiento. No veo nada de lo que he venido a ver, solo forros de tela sobre volúmenes de carne humana, tan cegado estoy que tengo tiempo para pensar en mi situación desesperada y a la vez llena de esperanza. El mundo que es la vida contiene en su mismísimo centro una contradicción irreparable y todos los que volamos apretujados allí dentro somos hijos de ella. Llega la noche que siempre ha sido para mí un descanso pero que también es la noche oscura del alma, surcada por pesadillas terribles. Hacia dentro de mi cerebro todo es mucho más inmenso, profundo, inexcrutable que el aparentemente infinito universo exterior. O no, en verdad lo ignoro. Sospecho que la realidad tiene una sola cara, que es una cinta de Möbius en la que las estrellas más lejanas y los sueños más hondos forman parte del mismo camino. Dormiré mal, de eso estoy seguro, me levantaré muy temprano y desayunaré pensativo el café con leche de siempre, mirando sin mirar cómo mi perro Curro me mira a mí. 

Pongo en marcha el cronómetro.

domingo, 5 de abril de 2015

Imperios, cuerpos.

Napoleón (1769-1821) como símbolo de lo imperial, a nivel de lo político pero también de lo individual.
Izquierda: En el puente de Arcole, pintado por Gros en 1796.
Centro:En el trono imperial, pintado por Ingres en 1806.
Derecha:Abdicando en Fontainebleau, pintado por Delaroche en 1845


Un imperio, por majestuoso y temible que parezca, no es sino una criatura más. Nace, crece, vive y muere. Solo que sus dimensiones en el tiempo son muy distintas a las de nosotros, individuos humanos. Llega un día, cuando han pasado cientos de años desde que el imperio se fundó, en que éste alcanza los límites de sus aspiraciones. Ya no puede crecer más. Entonces mucha gente dentro de ese imperio, entre la que se cuenta la más salvaje y despiadada pero también la más ingeniosa y crítica, empieza a dar patadas y mordiscos, físicos o dialécticos, a todo lo imperial que persiste en mantenerse arrogante. Así surgen por todas partes pequeños focos de rebeldía. Al principio son ferozmente neutralizados por las fuerzas del orden imperial. Pero antes o después, ineluctablemente, algunos de estos focos rebeldes resisten y empiezan a crecer. No lo hacen de dentro a fuera, sino a saltos, moviéndose en la oscuridad y brotando  en nuevos focos aquí y allá, desordenadamente, aleatoriamente. A partir de este momento el imperio está perdido, condenado a muerte. Su agonía puede ser lenta, incluso pasar por un período de espléndido desarrollo cultural, pero el tiempo que le queda de vida puede empezar a contarse. Se inicia la cuesta abajo.

Algo parecido pasa con nuestros cuerpos, esas complejísimas joyas animales gracias a las cuales tiene cada uno de nosotros la posibilidad de vivir en plenitud. Nacen minúsculos y necesitados de una madre, crecen alegres, entran pronto en una madurez muy larga y llena de posibilidades. Pero ya aquí, incluso antes de que llegue la vejez inevitable, empiezan los revolucionarios a jugar su papel destructivo. Un cuerpo humano es un imperio. Millones de células se han integrado dentro de él para formar una estructura muy compleja y perfectamente equilibrada. Todas cumplen disciplinadamente con el papel que les ha sido asignado, el equilibrio así alcanzado parece milagroso. Pero no lo es, en plena madurez de estos cuerpos hay ya células rebeldes que pugnan por recobrar su libertad. El sistema inmunitario es la policía imperial que mantiene el orden, eliminándolas. Pero antes o después... la lucha se hace encarnizada... va siendo más y más difícil apagar a tiempo todos los focos de incendio... 

Al imperio corporal le ha llegado la hora de la serenidad. 

La forma última, quizá la más depurada pero en todo caso la absolutamente obligatoria, del valor.