martes, 31 de enero de 2012

Europa sin rumbo

La crisis económica no deja de profundizarse en la Unión Europea, quizá porque la alimenta una mucho más preocupante crisis política y social. Política por la ausencia de un liderazgo que el sistema hace imposible, social por el envejecimiento demográfico y, como consecuencia, la ausencia de valores capaces de sobrevivir a largo plazo.

En el collage que he fabricado,  la bandera de la Unión Europea va siendo corroída de fuera adentro. En el centro aparecen algunos líderes europeos manifestando distintos tipos de impotencia. Arriba David Cameron, del Reino Unido, parece hacer con un dedo el gesto obsceno de "que os vayan dando", dirigido al Eurogrupo, esa mayoría de la Unión que ha adoptado el Euro como moneda. En el Centro, los dos copresidentes de la Unión Europea, Barroso (Comisión) y Van Rompuy (Consejo), manifiestan la perplejidad de dos burócratas sin poder efectivo que se están preguntando, "¿qué hacemos dos chicos como nosotros en un sitio como éste?". A la derecha la Sª Merkel, líder de Alemania, hace su gesto típico de "hasta aquí hemos llegado, eso no lo voy a consentir", refiriéndose a las políticas que han seguido USA y el Reino Unido para intentar salir de la crisis financiera, fabricar muchísimos billetes nuevos. Mientras que a la izquierda Sarkozy el francés puntualiza algo acerca de alguno de los mil problemas todavía sin resolver, abajo Rajoy el español, en el que he querido representar a todos sus colegas del Sur ( Portugal, Italia, Grecia y Spain), esos a los que el fino humorismo de la City londinense llama los PIGS, y a los que los franceses, evocando a Lafontaine, llaman los "países cigarra", naciones todas ellas sometidas a unos ajustes durísimos que difícilmente podrán superar sin ayuda eficaz de los de arriba, ese Rajoy, parece que se está diciendo, "estoy acongojado, siento que mis dos pelotas se me han subido hasta la garganta, pero espero superarlo".

¿Qué diablos está pasando y cuáles son los peligros reales de que todo explote? Daré mi opinión, la de un ciudadano de a pie que tiene tiempo de leer lo que pasa y aplica a esta lectura su sentido común y sus lentes de viejo.

1).- El disparador de esta crisis ya existencial de la Unión Europea ha sido la crisis financiera que tuvo su origen en 2008 y en Wall Street, con la desdichada historia de las hipotecas subprime y su titularización en los activos que se llamaron "tóxicos", una aventura especulativa que bordeó la estafa.
Estos hechos tuvieron grandes consecuencias en Europa. Aunque pequeño, todo un país como Islandia entró en bancarrota. El Reino Unido, un 10% de cuyo PIB se genera en la City, también sufrió mucho, pero pudo reaccionar devaluando brutalmente la Libra esterlina, que ha llegado a depreciarse hasta la mitad de lo que había venido valiendo durante años. Entre los países del Eurogrupo, Alemania tenía una economía floreciente y generaba muchos excedentes; sus bancos habían invertido probablemente mucho en activos tóxicos norteamericanos, también habían regado de euros otros países de la Unión Europea, como España, prestando dinero fácil a un bajo interés. Los bancos españoles habían usado este dinero barato para inflar una burbuja inmobiliaria, concediendo préstamos al sector de la construcción e hipotecas a los consumidores españoles, para que unos construyeran y otros compraran las viviendas. El gobierno español también había podido colocar sus bonos soberanos entre los bancos alemanes a un bajo interés, y este dinero fácil, unido al todavía más fácil que provenía de los impuestos obtenidos de la actividad del floreciente sector inmobiliario y de las subvenciones de la Unión Europea, lo llevaron a creerse que España era rica, y como buen gobierno socialdemócrata dirigido, para desgracia de España, por políticos manifiestamente incompetentes en lo económico, a derrochar el dinero público en un sinfín de episodios de gasto injustificables.

2).- Pero respecto al contenido de esta crisis financiera, nunca se nos ha dicho a los ciudadanos de a pie toda la verdad. Porque no han sido los ciudadanos los responsables de lo que está pasando, sino eso que llaman los Mercados, es decir, los poderes financieros globalizados, más la banca de los países afectados más su clase política, instalada en el caso de España tanto en el gobierno central como en los autonómicos y locales.
Sin embargo, todo parece indicar que van a ser los ciudadanos los que paguen el pato, mientras que banqueros y políticos pasarán a través de la crisis con relativo desahogo. Y eso que la mayoría de los ciudadanos afectados por la crisis, lo que ha demostrado hasta ahora es más su deseo de ahorrar, hipotecándose para comprar una vivienda, que de gastar, mucho menos de despilfarrar.

3).- El problema político europeo que esta crisis financiera pone de manifiesto tiene dos caras. 
Una es lo lejos que está la Unión Europea de ser considerada una suerte de megapatria por las distintas patrias que la integran. Los viejos particularismos están rebrotando con una fuerza preocupante. Inglaterra vuelve a refugiarse en su insularidad, Alemania parece sentirse más atraida por su hinterland continental, el mismo del viejo imperio austrohúngaro, que por un Mediterráneo del que desconfía y del que solo demanda su sol y sus playas. Se empieza a trazar una línea divisoria de incomprensión mutua entre los noreuropeos y los sureuropeos, los rubios y los morenos, los protestantes y los católicos, etc. Estos particularismos infectan el interior de las más viejas naciones europeas: Escocia coquetea con una posible separación de Inglaterra, lo mismo hacen Cataluña y Vasconia con respecto a España, por no referirme a lo que todavía está pasando en la antigua Yugoslavia. Todo esto huele a decadencia de una Unión Europea que aspiró a alcanzar alturas imperiales, pero que ahora desconfía de si misma, tiene miedo al futuro y quiere protegerse detrás de sus particularismos.
La otra cara es la de la incapacidad de diseñar políticas a largo y muy largo plazo, que muestran tanto la Unión Europea, gestionada por altos funcionarios con un talante burocrático, como las democracias nacionales que la integran, cuyos gobernantes viven al ritmo de periodos electorales muy cortos, entre tres y cinco años. Ni Merkel, ni Sarkozy, ni Cameron, ni Rajoy ni Monti ni cualquier otro político europeo se atreve hoy a permitirse el lujo de ser un estadista, tiene que estar pendiente de lo que sus electores esperan de él en el corto plazo, también de apagar fuegos con la rapidez de un buen bombero, eso es todo.

4).- En cuanto al problema social, puede expresarse en dos palabras: EUROPA ENVEJECE, por el momento sin remedio. Este envejecimiento la lleva a mirar el futuro, que no ve como suyo, con escepticismo. Y no envejecen en Europa solo los viejos, lo que sería natural, también lo hacen los jóvenes, aquí es donde está el verdadero problema. Unos jóvenes europeos demasiado volcados en lo inmediato, quizá por miedo a ese futuro, demasiado convencidos de que el cambio de época, que es lo que probablemente necesita ya el mundo, no podrá llegar sino mediado por guerras, violencia y sufrimiento, y se resisten a entrar en ese juego.

En fin, que en Europa estamos ante problemas mucho más serios que el simplemente financiero. Y que no resolveremos este último mientras que no seamos capaces de encarar los otros, los de fondo, el político y el social. No es la primera vez que nos pasa esto, ni será la última, porque la historia, como casi todas las cosas, se mueve en los tiempos largos con una  cinética ondulatoria.

Tenemos que creer en nosotros mismos, convencernos de que lo europeo, que es mucho más que lo alemán, lo inglés, lo francés, lo español, lo italiano, etc,  por separado, es todavía necesario para el resto del mundo. Quizá, incluso, más necesario que nunca. Y tenemos también que decirnos la verdad y no tener miedo.

Para terminar, me gustaría recordarles a los centroeuropeos lo que pasó a mediados del siglo XX con las máquinas fotográficas alemanas y los relojes suizos. Llegaron un dia aciago los japoneses y barrieron para siempre de la faz del mundo estas maravillas tecnológicas, símbolos hasta entonces del saber hacer europeo. Algo parecido le pasó poco después a los automóviles norteamericanos con los japoneses y los coreanos. Ahora y en el futuro, ¿qué sorpresas podrán depararnos los chinos?

La riqueza de Europa está en su asombrosa diversidad, que es necesaria en su totalidad para la construcción de esa Europa del futuro que quiere ser la Unión Europea. Lo más valioso que tenemos los europeos no son las máquinas ni los dineros, sino la imaginación y los valores. Además de nuestra historia común, y ello a pesar de todo el sufrimiento y la injusticia que también hemos ido repartiendo por el mundo.


Chiste de "El Roto" en el periódico español "El País"


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