lunes, 21 de mayo de 2012

Incertidumbre

Sueñas. Te ves en el centro de una habitación que necesariamente tiene que ser la tuya, aunque está vacía de muebles. No hay ventanas ni lamparas, pero las paredes blancas desprenden una extraña luz que lo ilumina todo. Aquel recinto es un cuadrilátero, en cada una de las tres paredes situadas a tus costados y frente a ti hay una puerta recién pintada de negro y cerrada. En la pared que tienes atrás no sabes lo que hay, porque no tienes fuerzas para girar el tronco, ni siquiera el cuello.

Conoces bien las leyes que rigen aquel recinto. La puerta de enfrente se abrirá para ti cada vez que la empujes,  la de la izquierda no se abrirá jamás, la de la derecha se abrirá o no según el capricho de quien está detrás.

 De pronto sientes miedo, algo que está a tu espalda te amenaza, lo presientes y quieres huir de allí.

Si fueras sensato correrías hacia la puerta de enfrente. Pero algo que procede de tu subconsciente tira de ti hacia la puerta de la derecha.

Te gusta el riesgo, eso es seguro. Pero más todavía te disgusta la certidumbre. Tal como lo ves, dirigirte a la puerta de enfrente, que se te abrirá con seguridad absoluta, no es sino una forma de renunciar a vivir.

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