jueves, 16 de octubre de 2014

Hacia Chiloe



En el tren. 15 octubre 2014

Mi asiento mira hacia delante. Intensa sensación de tiempo, paisajes y paisajes se me van quedando atrás a gran velocidad.

Abandono el árbol padre bajo el que me he cobijado, España, de raíces profundas y amplia copa, en busca como voy de Chiloe, una tierra misteriosa y sencilla de la que también formo parte.

Como si dejara atrás a la mujer madre, España, para ir al encuentro, que siempre es búsqueda, de la mujer soñada, Chiloe. Cuando la reencuentre, cuando observe de nuevo su comportamiento, su estar en el mundo, volveré a comprobar que la conocía desde siempre, incluso desde antes de haber nacido. Que de alguna manera misteriosa estaba hecha para mi y yo para ella.

En el aeropuerto. 16 octubre 2014

Después de haber dormido y comido, releo con un talante más racional, menos poético, las líneas que escribí en el tren.

Un humano, hombre o mujer, es por naturaleza nómada, aventurero. Va por la vida buscando sus ideales, explorando incansable para encontrar la realidad que hay tras sus sueños. Unos llegan mas lejos que otros, eso es inevitable, pero lo importante, lo
decisivo, no es llegar, sino partir. Todos los humanos parten, dentro de todas las personas con gesto aburrido o crispado o mirando al suelo que me cruzo en esta Terminal 4 del aeropuerto de Barajas hay un sueño, su sueño, pugnando por realizarse, vivo ya, haciéndole así su vida digna de ser vivida.

Mi sueño es Chiloe. O un barco tan fastamal cómo el Caleuche anclado en una de sus ensenadas. O uno de sus bosques inmensos, impenetrables e impenetrados, que más parece el fondo de un mar.




En el avión. 16 octubre 2014, 5:00 PM chilenas

A cuatro horas de llegar a Santiago, después de una siesta de ocho horas inducida por una píldora de somnífero. La larga estancia en el avión empieza ya a atormentarnos a todos los pasajeros. Una joven que viaja en el asiento anterior al mio ha encontrado una postura que puede resultarle cómoda, teniendo en cuenta la flexibilidad segura de su cuerpo: pies sobre la cabeza del vecino de delante.

Ahora yo me siento entremedio de dos mundos, dos vidas. Inmerso en el vacío estratosferico, protegido de los 40 grados bajo cero exteriores por la cascarita que es mi avión, gracias a la técnica. Grande que es ella, podríamos sentirnos orgullosos y sin embargo no cesamos de criticarla.

Sin esta técnica aeronáutica mi relación con España y Chiloe a la vez, mi doble vida, se vería muy dificultada. La técnica nos libera de muchas de nuestras limitaciones, deberíamos rendirle un tributo de agradecimiento.

Solo hay un pequeño problema: la técnica, por su propia condición, se enfrenta con la naturaleza, pelea con ella, la doma, la pone al servicio del hombre. Es nuestro perro guardián y a la vez nuestro perro de caza y de presa. Pero el hombre es parte indisociable de la naturaleza. Este es nuestro conflicto, nuestra contradicción. Pertenecemos a dos mundos incompatibles, estamos divididos, somos esquízoos, vivimos permanentemente al borde de la locura.

Esa es nuestra desgracia y nuestra grandeza.

 Grandeza? Si, en cuanto a que solo nosotros podremos tender un puente que nos salve a todos.

Esa es nuestra responsabilidad.



En vuelo sobre Puerto Montt, 17 octubre 2014, 8:45 AM chilenas






A punto  de aterrizar en Puerto Montt puede decirse que estoy ya en el Sur, un Sur chileno tan geográfica y meteorológicamente legítimo como el de Chiloé. Sin embargo...
La foto muestra el campo típico de la comarca de Puerto Montt. Profundamente humanizado, ausente de bosques, hecho de pampas con un trazado muy geométrico, predominando las líneas rectas. Bello, sí, con una agricultura y una ganadería admirables, pero ha dejado de ser prístino, cosa que buena parte de Chiloé lo sigue siendo. Ha perdido ese encanto de lo natural, lo antiguo y hasta lo salvaje, que Chiloé todavía tiene.

Pero que puede perder también.








En Duhatao (Chiloé)17 octubre 2014, a la puesta del Sol.








La foto tomada desde Punta Tilduco, 100 metros sobre el nivel del mar, dice lo que yo no podría expresar con palabras.

 La tristeza infinita del mar crepuscular, las nubes tempestuosas, el Sol poniente ocultándose tras ellas, sus rayos que pese a todo emergen hacia lo alto.

Belleza, en definitiva, cantidades inmensas de belleza. Y melancolía, mucha, muchísima melancolía.

Por fin Chiloé.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un buen comienzo.
Que tenga una buena estancia.
Jordi

Paola dijo...

Casi que si lo puede expresar con palabras Olo... que belleza!

Paola A.

olo dijo...

Me interesa la combinación de fotografía con literatura, creo que son dos artes que interaccionan muy bien y, ya lo he dicho en otros comentarios, Internet les abre un extraordinario portal, porque publicar fotografía de calidad en Internet no cuesta nada, mientras que en papel puede ser carísimo.
Así como el cine pone la fotografía en movimiento, la literatura le abre las puertas de la imaginación. Mientras que la fotografía, al ahorrarle a la literatura muchas descripciones, le permite cavar en lo profundo.
Gracias por su comentario.

Paola dijo...

Así es...