jueves, 13 de noviembre de 2014

El boxeador

Hay momentos en la vida en los que te corroe el sentimiento de culpa. Te miras en el espejo del alma y te dices a ti mismo: “Te crees el mejor de todos y eres un canalla”. Bueno, no te lo dices así, no tienes el valor necesario para hacerlo, pero en el fondo de tu conversación contigo mismo late esa conclusión terrible.

Combate de boxeo
Ese sentimiento de culpa ha brotado de pronto, te ha cogido por sorpresa, a traición, no estabas en guardia y no has tenido tiempo de hacer nada para disimulártelo. Ahora te sientes noqueado como un boxeador, solo piensas, si es que puedes pensar algo entre las nieblas de tu estupor, en cómo vas a plantear el próximo round.

Y cuando ese árbitro misterioso que no tiene rostro toca el gong para empezar de nuevo, tú te levantas vacilante, dando claramente la sensación de que no sabes qué hacer con tu cuerpo, ni con tu alma.

Al fin, cuando ya tu contrincante, que sorprendentemente tiene tu mismo aspecto, se te echa encima dispuesto a darte el gancho que te mande al K.O., reaccionas. Empiezas a mover los pies y pones los puños en guardia, cubriendo tu cara.

“Soy un canalla, sí”, te dices entre dientes, “pero tengo que seguir luchando”.


Y de esa decisión te sube hacia lo mejor que tienes, si es que te queda algo, la convicción de que todavía puedes, siquiera sea por puntos, ganar ese combate contra ti mismo.

2 comentarios:

Paola dijo...

La última entrada y esta, tienen mucho en común Olo... Cuántas veces nos hemos sentido en ambas situaciones, cuántas personas maravillosas pasan un instante o están constantemente en nuestras vidas... pero esa misma constancia no nos deja a veces apreciar que tienen ese "milagro" de empujarnos a seguir pese a todo y a nosotros mismos, también cuándo nos comportamos mal...

olo dijo...

Pues si Paola, acierta usted. Es la misma sensación que se tiene ante algo muy superior a uno mismo. Por una parte se siente uno culpable, manchado. Por otra estimulado para trepar hasta la altura donde eso admirado está.