sábado, 8 de junio de 2013

En el bosque nativo de Chiloé

Ayer pude cumplir uno de los objetivos de mi corta estancia en Chiloé. Me adentré con Francisco Altamirano en un pedazo de bosque nativo chilote del que es propietario con sus hermanos y que está muy cerca de Duhatao.

Distintas imágenes de grandes árboles en el bosque nativo
 que visité
El bosque nativo no nos maravilla porque sus árboles sean extraordinariamente grandes, que lo son. Sino porque es tan viejo que ha podido alcanzar su clímax, es decir, su equilibrio ecológico. Los árboles no son inmortales. La competencia entre los que forman el bosque para alcanzar la luz es implacable. Todos crecen sin parar para dominar a los demás, hasta que se alejan tanto sus copas de sus raíces que cada vez les cuesta más intercambiar nutrientes. El viejo y gigantesco árbol ha alcanzado su ancianidad y se  va debilitando para terminar muriendo por alguna de entre varias causas posibles: toda la flora de enredaderas parásitas y plantas epifitas, tales los bellísimos Poes, que pueblan su tronco como si éste fuera una gran ciudad, termina pudiendo más que él y lo ahoga; o sus un día potentes raíces se consumen de viejas hasta un punto en que cualquier golpe de viento fuerte arranca y vuelca un tronco que, todavía formidable, ha perdido sus anclajes; o un sinfín de causas más. El caso es que el paisaje interior de un bosque nativo se asemeja al de una gran batalla: grandes troncos muertos obstaculizan el paso, derribados en el suelo donde están sirviendo de alimento a muchos otros organismos, desde bacterias y hongos celulolíticos hasta hormigas como los chalilos y otras criaturas; arbolitos jóvenes de todos los tamaños inician su ciclo de vida, y una sucesión de árboles cada vez más grandes y altos, ulmos, canelos, tepas, lumas, arrayanes, suben y suben hacia la luz; de vez en cuando te topas con un verdadero gigante y te impresiona su imponente majestad, su tronco es una enciclopedia botánica, poblado como está de numerosas especies, parásitas o no, que lo aprovechan para ascender también, reptando sobre él, hacia la luz, siempre la luz gobernando los destinos de ese bosque que sin embargo está lleno de oscuridades.

Un ulmo gigantesco, con la imagen de
Francisco Altamirano para comparar
tamaños. La flecha amarilla marca el 
diámetro del árbol, estimado en 1,60 ms
por comparación con los 1,80 ms de
Francisco. A este diámetro le corres-
pondería una circunferencia de
5 metros.
En un verdadero bosque nativo, es decir, uno que no ha sido tocado nunca por los humanos y que por eso ha tenido tiempo de llegar a ser un ecosistema en equilibrio, el sotobosque no es demasiado denso y permite el paso, lo que raramente sucede en un renoval. Tienes que ayudarte con el machete y seguir un curso zigzagueante para ir orillando los obstáculos de grandes árboles caídos, quilales espesos que aunque no son abundantes existen también en estos bosques e impiden absolutamente el paso, algún que otro grupo de arbustos jóvenes tan tupido que tampoco te deja pasar, etc. El caso es que si no tienes experiencia de bosque y si tampoco llevas una brújula que te guíe (el GPS no sirve en el bosque), te desorientas y te pierdes muy pronto, de modo que ya no sabes ni puedes salir de allí. Es como si el mar te hubiese tragado, porque el gran bosque nativo es eso, un mar de leña, verdes y sombras. Mucha gente en Chiloé ha desaparecido en los bosques para siempre. Quizá por eso la cultura de Chiloé reverencia y teme a los bosques como reverencia al mar. Quizá también por eso el Trauco, independientemente de otras consideraciones espirituales, ha sido utilizado por los padres para asustar a los niños de modo que no penetren en un bosque donde podrían perderse para siempre.

Tallos de Quilineja tapizando el tronco de
un árbol. Entrelazándose unos con otros de
modo natural a medida que crecen, llegan 
a formar una especie de tejido basto.
Por cierto que me tropecé con un árbol cuyo tronco estaba cubierto por un tapiz de la famosa Quilineja, esa planta trepadora de cuyos tallos dicen que se viste el Trauco. Presento aquí una foto con su aspecto, como una especie de tejido muy basto hecho de fibras verticales, pues los numerosos tallos independientes de Quilineja crecen entrelazándose unos con otros. Viéndola puede uno imaginarse al Trauco vestido con ella. Más todavía, puede uno comprender como determinados árboles de tamaño pequeño y formas retorcidas, revestidos de Quilineja, pueden haber sido confundidos con una suerte de humanoide que asuste tanto como si fuera un Trauco de verdad. Los bosques, es decir, sus troncos y sus ramas retorcidos en busca de la luz, son antropomórficos; con un poco de imaginación, incluso sin ella, puedes ver multitud de formas que para tu sorpresa te parecen humanas y que por eso, al tropezarte con ellas en aquella inmensa soledad, te asustan.

Eso es todo. La contemplación de un bosque nativo es una experiencia maravillosa que a nadie que ame Chiloé debería faltarle. 

En la educación de los niños, no solo de Chiloé sino del mundo entero, deberían incluirse como obligados tres componentes esenciales: conocer el mar en su inmensidad, conocer el cielo estrellado sin luces artificiales que lo oscurezcan y conocer el bosque nativo, o para los niños de las zonas áridas el desierto. Es decir, conocer la naturaleza intocada por el hombre. Sin este conocimiento directo y vivido, jamás seremos capaces de respetarla lo que, además de amenazarla a ella, compromete nuestro propio futuro.


jueves, 6 de junio de 2013

Un trauco emerge del bosque

Esta historia me la ha contado Rosa Herminia Ampuero, hermana mayor de mi amigo Nelson Ampuero, vigilante nocturno del garaje de La Cruz del Sur en Ancud y constructor de maquetas de barco. Rosa Herminia tiene 74 años, pero cuando tenía 17, en 1956 y viviendo en Puchilcán con sus padres y hermanos, vio a un Trauco en persona y de cerca, así lo atestigua ella.

Puchilcán era por entonces, todavía lo es, un sitio apartado, lleno de inmensos bosques nativos, que quedaba a la derecha del camino viejo entre Ancud y Chepu y a la izquierda del camino entre Tehuaco Alto y las Huachas. Allí vivía poca gente, casi pioneros que empezaban a desbrozar el bosque para abrir pampas en las que criar su ganado. Ese era el caso de la familia Ampuero, que vivía en solitario, pues sus vecinos más próximos eran difícilmente alcanzables, separados como estaban unos de otros por los bosques.

Su cabaña estaba rodeada por una pampa totalmente desbrozada en la que criaban sus vacas y terneros. Alrededor de ella, la separaba del bosque un roce, es decir, toda una zona en proceso de desbroce, con árboles quemados, troncos ya caídos, tocones con sus raíces a medio desenterrar, todo un caos, resultado de esa batalla que los hombres habían emprendido contra la naturaleza. Más allá, el bosque los envolvía como una pared verde, impenetrable, y detrás de ella toda una misteriosa oscuridad interior. Ese límite del bosque era como la orilla del mar, el comienzo de otro mundo con otras leyes y otras criaturas.

Una tarde que hacía bueno Rosa Herminia sacó a pasear a su hermana pequeña. Atravesaron la pampa, tan monótona, y entraron en la zona de desbroce, más variada y divertida. Pastaban cerca seis o siete terneritos, a los que también les atraía el roce con sus sorpresas. Estando allí, Rosa Herminia vio cómo salía del bosque un extraño personaje que caminaba directamente hacia ella.

Su aspecto era absolutamente singular. Iba vestido de los pies a la cabeza con el mismo extraño tejido. Zapatos, pantalones, chaqueta y poncho, más un sombrero de anchas alas como los que usan los huasos (ganaderos de a caballo) pero más flexible y ajado, eran todos de una tela de color anaranjado, apagado y sin brillo. Cuando aquel extraño individuo se acercó más, Rosa Herminia pudo verificar que lo que lo cubría eran las hojas y tallos secos de la Quilineja, una planta trepadora que crece en los bosques al amparo de los troncos de los grandes árboles y que se usa para fabricar escobones. Es sabido que de Quilineja se visten los Traucos.

A medida que aquel extraño individuo se iba acercando, ella podía ver más detalles de su persona. Era bajito pero no enano, por lo demás su complexión era normal. Pero lo que sorprendió definitivamente a Rosa Herminia fue que la larga barba que lucía y las espesas cejas que poblaban su frente ¡eran también de Quilineja seca! Esto le daba ya un aire absolutamente sobrenatural a aquella figura, y Rosa Herminia empezó a asustarse de verdad, aunque estaba como alobada, hipnotizada por aquella extraña presencia, incapaz de moverse.

El Trauco avanzaba decididamente hacia las dos niñas. Su hermanita ni siquiera había reparado en lo que estaba pasando. Así fueron transcurriendo unos momentos terribles hasta que, estando ya a unos treinta o cuarenta metros de ellas, el Trauco desvió su rumbo y dando una vuelta de amplio radio se volvió hacia el bosque.

En desapareciendo el Trauco tras los grandes árboles, empezó a oírse como una sonajera de troncos y ramas que entrechocaban unos con otros, como si un vendaval muy localizado estuviera teniendo lugar allí dentro. ¿Una manifestación del poder del Trauco? Quién lo sabe, pero no fue algo imaginado por Rosa Herminia, porque los terneritos que andaban cerca también se asustaron, chocando unos con otros y brincando mientras corrían de vuelta hacia la pampa.

Liberada de su parálisis, corrió la joven con su hermanita hacia la cabaña. Allí le contó a su padre todo lo que había pasado. Ella, aterrorizada todavía, no tenía ninguna interpretación del suceso, y fue su padre el que le hizo ver que tenía que tratarse de un Trauco, esas criaturas de los bosques cuyo comportamiento, como pertenecientes que son a otra esfera de la realidad, es siempre imprevisible.

A la mañana siguiente, cuando su padre abrió la puerta de la cabaña para iniciar un nuevo día, había dos cacas de Trauco, así lo dijo su padre, en la misma entrada. De aspecto gelatinoso, aproximadamente circulares y del diámetro de un huevo frito, amarillas como la miel o la yema de huevo y con un olor tan extraño como fétido. Rosa Herminia, que las vio aunque no osó olerlas como su padre hizo, puede atestiguarlo (ver Nota al pie).

-----ooo-----

Hasta aquí la historia contada por Rosa Herminia. Es una historia cierta, aunque no sabemos si real o imaginada. Cabe señalar aquí que lo imaginado nunca es falso, aunque puede no ser real. Pero lo irreal, la fantasía, lo mágico, son un constituyente esencial de nuestra naturaleza humana, al menos lo han venido siendo durante los últimos treinta o cuarenta mil años.

Quizá el hombrecillo que salió del bosque no era un Trauco, sino un vagabundo o un loco que andaba perdido por aquellas soledades. ¿Quién lo sabe? Fue el padre de Rosa Herminia, el viejo Ampuero, quien sin haberlo visto lo interpretó como un Trauco. Puede que lo hiciera para asustar a su hija de modo que jamás se le ocurriera meterse en el bosque, porque este bosque inmenso, con Traucos o sin ellos, era un peligro de muerte para una niña, que como tantas veces ha pasado podía hundirse en aquel océano de árboles y malezas para no volver a salir de él. En esto consiste el mitos, ese que los antiguos griegos definieron como opuesto, si no complementario, al logos. El mitos es la imaginación, la fantasía. El logos la razón, la lógica. Mitos y logos nos son indispensables a los humanos para llevar una vida digna, plenamente humana, también para protegernos de todos los peligros y amenazas que nos rodean desde el misterio que siempre es el mundo. Del mitos nació la religión, para trascender eso tan terrible que es la muerte. Del logos la ciencia, para vencerla o al menos retrasarla, permitiendo además neutralizar el dolor físico y llevar una vida al menos soportable.

Al hilo de lo que ha narrado Rosa Herminia, se me ocurren algunos comentarios adicionales:

1).- El Trauco aparece aquí como una criatura cuya naturaleza es distinta a la humana. Es un espíritu, una criatura de los bosques. Así como en las religiones monoteístas los espíritus han perdido ya su libre albedrío y solo pueden ser buenos o malos, ángeles o demonios, en el shamanismo la mayoría de los espíritus pueden ser buenos y malos, teniendo en su comportamiento toda la incertidumbre que, como a nosotros los humanos, les da el libre albedrío. Un Trauco, según la tradición popular en Chiloé, puede ser bueno o malo contigo cuando te lo tropiezas en el bosque. Es bueno si restringe su poder y te deja en paz. Malo si te hace daño, y para eso le basta con mirarte con mala intención, induciéndote así “los siete males”, que dado el simbolismo de totalidad que tiene el número siete, puede significar todos los males posibles para ti, en tus circunstancias.

2).- La extraña caca del Trauco que aparece en esta narración la he conocido asociada al Trauco en otros casos. Mi amiga la señora Marta la ha visto en muchas ocasiones, aunque nunca haya llegado a ver un Trauco (pero sí lo ha olido o entrevisto sus sombras en la noche); estas cacas las depone el Trauco encima de troncos viejos y muertos en el suelo, para que se vean bien, quizá queriendo marcar su territorio, haciéndoles así ver a los que pasan que el bosque es suyo. Un amigo mío, que es afuerino y letrado, vio una vez una de estas cacas en la escalera de una cabaña, y los chilotes iniciados que estaban con él quedaron aterrados por la proximidad de un Trauco que esa caca delataba. Yo mismo he visto algo parecido en mitad de un sendero en Duhatao; era gelatinoso, con forma y aspecto de excreta de perro o zorro, pero su color era verde jade más que amarillo. ¿De qué podía tratarse? Soy incapaz, quizá para mi desgracia, de creer en los Traucos, la prueba está en que no siento miedo de ellos cuando ando por el bosque (la señora Marta no sale jamás de su casa sin un diente de ajo chilote en el bolsillo de su falda, porque se dice que el olor del ajo espanta a los Traucos). La caca que yo vi podía ser la de un zorrito que había ingerido, qué sé yo, algo extraño o lo había digerido mal; también una babosa, aunque no se movía; o algún hongo (quizá un mixomiceto) que crezca en volumen muy rápidamente al amparo de la gran humedad reinante. Sería interesante que algún naturalista experto lo investigara.

3).- Muchas realidades de naturaleza inmaterial solo pueden ser percibidas por los elegidos para ello. Así, dos enamorados presentes en un salón lleno de gente se miran a los ojos y pueden transmitirse, sin que nadie sea capaz de percibirlo, todo el amor y el deseo que siente uno por el otro. Con las presencias de espíritus como los que recoge la mitología chilota puede pasar algo parecido. Yo puedo estar viendo un Trauco, o la Pincoya o la Fiura, que para ti, que estás en ese momento junto a mí, son invisibles. Yo los veo porque ellos se dejan ver por mí y no por ti. Rosa Herminia me contó otra historia que recoge esta situación. Volvía una noche con su marido hacia Ancud por la misma orilla de la playa de Lechagua, cada uno con una pesada carga de papas a la espalda. Pararon un momento a descansar y en mirando hacia el mar vieron muy cerca, no más lejos de veinte o treinta metros, es decir, en la mismísima orilla, un gran barco con altos mástiles y muchísimas luces encendidas de colores tan variados como maravillosos, del que salía una música bellísima y en cuya cubierta danzaban a su son muchos hombres y mujeres. Ella se asombró, esa Rosa Herminia siempre ingenua, y su marido le explicó que tenía que tratarse del Caleuche. Pero si esa aparición del Caleuche hubiera sido sin restricciones tenía que haberla visto mucha más gente en Ancud, lo que no fue el caso, solo lo vieron ellos.

¿Dónde está el límite entre la alucinación y una aparición espiritual? Imposible saberlo. Los lógicos siempre se inclinarán por una explicación alucinatoria, los míticos por una espiritual. ¿Quién tiene razón? Las experiencias con fármacos psicodélicos, descritas por shamanes o producidas en un laboratorio con todo el rigor científico, ponen de manifiesto que dentro de cada uno de nosotros, en los rincones más ocultos de nuestros cerebros, se esconde una realidad mítica y mística que con la ayuda de los alucinógenos puede sacarse fácilmente a la luz, revelando características similares en muchos individuos diferentes. Lo que probablemente suceda en la realidad es que los humanos tenemos dos formas bien diferentes de visión. Por una parte vemos con nuestros ojos de fuera para dentro, hacia el cerebro. Pero también somos capaces de ver del cerebro para fuera, a través de los ojos; no quiero decir que pueda producirse una inversión óptica del camino que los rayos de luz siguen, sino que nuestro cerebro es capaz de hacer pasar los impulsos nerviosos que la luz ha inducido en nuestros ojos a través de filtros que cambian totalmente la imagen que finalmente el cerebro construye.

Termino ya. Lo maravilloso que tienen lugares como Chiloé es que todavía mucha gente es capaz de vivir y ver tanto el logos como el mitos, este último en toda su plenitud, con toda su riqueza. A eso les ayuda mucho el contacto con una naturaleza tan hermosa y a la vez misteriosa como la que Chiloé tiene. Los bosques nativos inmensos que todavía no se han perdido, con toda la riqueza de estructuras antropomórficas que un bosque tiene. El mar con su misterio tan cercano aquí. Las playas prístinas. Los roquedos y acantilados a cuyos pies se mecen las melenas hermosas de mil Pincoyas. Los arcos iris magníficos de los que puedes ver su final en el mar. El viento tronante o ululante, siempre presente. El cielo estrellado desnudo en toda su belleza, sin rastros de esa luz artificial cegadora que ha hecho que los niños de ciudad no hayan tenido nunca la oportunidad de conocerlo. El calor y el olor que emanan de un fuego de leña en una cocina chilota. Tantas otras cosas.

Pero la situación está cambiando. La televisión, ese gran invento que tantas esperanzas despertó en su día pero que tan rotundamente ha fracasado, convirtiéndose en el principal instrumento entontecedor de nuestra época, ha invadido Chiloé, desmitificándolo. Ya no hay largas noches en que los viejos puedan transmitirle sus historias mágicas a los jóvenes. Ya incluso la gente mayor está olvidando la tradición oral que recibió. Uno lo observa cuando habla con ellos. Es difícil encontrar a alguien que tenga una visión amplia de la mitología chilota. Unos, como mi vecina la señora Blanca, no creen en el Trauco pero sí vieron un día a la Pincoya huyendo hacia el mar. Otros han visto el Caleuche pero no saben nada del Invunche de los brujos. Visiones parciales, limitadas a aquello que quedó grabado en la memoria particular de cada una de sus vidas. Y pese a todo, por lo auténticamente vividas que son, entrañables y maravillosas.

El día que Chiloé pierda su riquísima tradición mitológica, la entera Chiloé se habrá perdido para siempre. Espero que ese día no llegue. No deberíamos olvidar que la evolución biológica no es siempre progresiva, también puede ser regresiva. Perder el mitos, que no es aparentemente necesario para vivir en las megaciudades, nos convertiría en esclavos irreversibles de las megamáquinas. Tenemos que evitarlo.

Nota: estas estructuras gelatinosas y amarillentas han sido vistas más de una vez por personas totalmente escépticas respecto a la existencia de los Traucos, que así me lo atestiguan.


miércoles, 5 de junio de 2013

La señora Marta y el cochayuyo

Marta mi vecina más próxima, vive en estas soledades a más de un kilómetro de mi cabaña, que ella vigila y cuida cuando estoy ausente. Estará entre los cuarenta y los cincuenta, tiene cinco hijos y su compañero y padre de estos hijos la abandonó hace ya casi seis años, cuando el mayor tendría unos diecisiete y la más pequeña siete. Ese hijo mayor padece una enfermedad renal crónica que lo incapacita para el trabajo, luego viene una niña que ya es una mujer muy guapa y trabaja y vive con su pareja en Ancud, después un niño que está terminando la secundaria, una niña que tiene una discapacidad profunda y necesita asistencia permanente,  y finalmente la benjamina, otra niña que ama el campo y la naturaleza y no quiere estudiar, sino ser como su madre del alma.
Marta ha sacado, sigue sacando a esta familia adelante, día a día, con su trabajo y su valor. Puedo afirmar que he conocido a pocas mujeres tan valientes como ella, una es la mía, aunque por razones muy distintas. Marta es de esas mujeres que pertenece a la categoría de las leonas, por su semejanza en fuerza y valor con estas hembras de la sábana africana, mucho más poderosas que sus machos rugientes y melenudos, fanfarrones y ostentosos. El valor de Marta es enteramente femenino, no se manifiesta en aparatosa bravura varonil ni en fría y amenazante determinación masculina, sino en una seguridad sonriente, amable, en una energía inagotable para servir a los suyos y en el optimismo sin concesiones a la tristeza con que afronta una vida muy dura.
Ayer me pidió que la llevara con mi camioneta a recoger cinco sacos de cochayuyo que su yerno había estado recolectando durante todo el día en la playa de Mar Brava. Un día de perros, por cierto. Desesperadamente lluvioso, con esa lluvia persistente y ventosa del invierno de Chiloé que llegó a desesperar al gran Darwin cuando estuvo aquí.
 Marta se gana básicamente la vida con el negocio del cochayuyo, un alga de largos tallos carnosos que crece adherida a las paredes intermareales rocosas de los acantilados costeros de Chiloé, y que los chilenos gustan de consumir fresca en ensaladas o seca como aderezo de otros platos. Marta es una empresaria del cochayuyo. Ella misma pasa mucho de su tiempo recorriendo las playas y roquedos litorales de estas costas de Duhatao recogiendo el cochayuyo, bien arrancándolo directamente de las rocas, bien recolectando de las largas playas arenosas como la de Mar Brava, el cochayuyo que las olas rompientes de los muchos temporales de invierno arrancan de las rocas y arrastran en corrientes tumultuosas para depositarlo luego en las arenas finas de esas playas. Pero como empresaria que es, también tiene una cuadrilla de hombres que trabaja para ella, y un almacén junto a su cabaña donde seca y corta los largos tallos y los empaqueta para enviarlo a sus clientes de muchos cientos de kilómetros más al Norte, en Talca o Concepción.
Ayer teníamos una cita con el yerno de Marta a las cinco de la tarde, en la llanura sin límites que en el centro de la playa de Mar Brava se extiende por detrás de la cadena de grandes dunas que la limita, una llanura que en invierno, al no tener desagüe fácil porque las dunas lo impiden, se convierte casi en una ciénaga. A las cinco estábamos en el punto de encuentro, pero no había nadie a la vista. Aquí y en esta época del año a las seis de la tarde se hace prácticamente de noche. Pasaba el tiempo y el muchacho no aparecía. Entonces Marta decidió asomarse a la playa. Volvió pronto con un saco de cochayuyo a la espalda, un gran saco de plástico de color rojo, que pesaba más de treinta kilos. Todavía no había visto a su yerno, que estaba en la playa lejos hacia el Sur, pero se había comunicado por teléfono celular con él. Pasaba el tiempo, se estaba haciendo de noche. Volvió Marta a la playa y al cabo de un rato retornó con otro saco de cochayuyo a la espalda, pues el joven, a medida que los iba llenando durante el día de trabajo, los iba dejando a lo largo de la playa. Se fue otra vez, usando ya su celular como linterna para librar los grandes charcos y volvió al rato con otro saco más. Se había hecho completamente de noche. Finalmente hizo su último viaje retornando al cabo de un buen rato ya con su yerno, cada uno con un saco de cochayuyo a la espalda. El trabajo había terminado. Cargados los sacos en la trasera de mi camioneta, retornamos a Duhatao, Marta hablando con voz fuerte y animada de un sinfín de cosas, reflejando quizá la satisfacción del trabajo bien hecho, del pan diario ganado, esa que solo pueden tener los que se ganan la vida con el sudor de su frente y la fuerza de sus músculos.
Terminaré este sencillo relato con dos comentarios importantes.
El primero se refiere al paisaje en el que transcurrió lo que describo. Una llanura inmensa, la cadena de altas dunas que nos impide ver la playa a unos doscientos metros de nosotros. Sopla desde la mar un viento frío. Cuando se hace de noche, como no hay ninguna luz artificial a la vista, el cielo lejano, casi al nivel del horizonte, se ilumina con el resplandor de la ciudad de Ancud hacia el Este y quizá la aldea de Quetalmahue hacia el Nordeste. El cielo está nublado, pero el tiempo ha ido mejorando, ya no llueve y la capa de nubes es lo suficientemente fina para que se entrevean allá arriba, de vez en cuando, algunas estrellas. Pero lo que verdaderamente me impresiona es la luz estelar, que llega hasta nosotros en aquella oscuridad y nos permite ver remotamente, debilísimamente, lo que nos rodea. Esa luz estelar de la que hablan los marinos en sus relatos novelescos y que hay que verla para creerla. Y aunque las dunas nos impiden ver el espectacular rompeolas blanco de la playa de Mar Brava, sí podemos oir su fragor, que es como el de mil camiones pesados acelerando sus motores pero que suena, ya lo he dejado escrito en otra parte, más como una música que como un ruido. Todo esto que intento describir está lleno, simplemente, de una inmensa majestad.

El segundo se refiere a una imagen que no creo que pueda yo olvidar nunca. La de la señora Marta emergiendo una y otra vez de la oscuridad de la noche con un gran saco de cochayuyo cargado a la espalda, encorvada por su peso, dejando  el saco junto a la camioneta con esfuerzo y explicándome en voz alta, con ese tono resuelto que yo imaginaba en los héroes de  las novelas de aventuras que leía cuando era niño, cuál es la situación en la playa. Su determinación, su valor, su energía, su optimismo. Su fuerza. No cabe decir más.

Futuros de Chiloé (4).- Piensa globalmente, actúa localmente

Llegué a Chiloé hace una semana. La primera visión después de una larga ausencia de alguien a quien conoces te revela la medida en que ha cambiado. Más todavía si lo quieres. Yo he reencontrado un Chiloé que bulle de dudas respecto a su futuro.

Pero dudar del futuro no es otra cosa que planteárselo, y quien se plantea el futuro se enfrenta con un problema estratégico. Por eso desarrollaré hoy este tema en mi cuarta entrada sobre el pensamiento estratégico en Chiloé.

Mucha gente chilota está inquieta, discute y reflexiona acerca de lo que ve venir. Estos inquietos tienen una gran desconfianza en la capacidad de sus políticos para favorecer los intereses de Chiloé. Al lado de ellos, como siempre ha sido, otros muchos chilotes se mantienen en una indiferencia fatalista ante lo que pueda llegar, mientras que no les toque directísimamente a ellos.

Se discute la conveniencia para Chiloé de iniciativas como el anunciado puente sobre el canal de Chacao, que haría que la isla grande dejara de ser una isla, o los parques eólicos que parecen querer proliferar, como el de Mar Brava, cuyos promotores vuelven a la carga y si se salen con la suya terminarán destruyendo una de las playas más bellas de América, o la falta de una asistencia sanitaria de la calidad que exige nuestro tiempo y que el jueves pasado movilizó a la gente de Quellón, que reclamaban un nuevo hospital antes que cualquier otra obra faraónica.

Un buen amigo mío, chilote por los cuatro costados, que me cuenta historias mágicas de Chiloé que luego yo transcribo, discutía hoy conmigo el asunto del puente. Manifestaba esa sensatez insuperable de mucha gente humilde. "El puente estará muy bien", decía, "pero antes del puente hay que invertir en salud, hasta que Chiloé tenga acceso a la mayoría de los recursos de la medicina actual que se disfrutan en Santiago, y luego hay que invertir en educación, para que todos los niños chilotes tengan buenas escuelas  y los jóvenes chilotes que quieran estudiar no tengan que irse a Puerto Montt, Temuco o Valdivia, y finalmente, antes de hacer el puente, hay que asfaltar todos los caminos importantes de Chiloé y mejorar su columna vertebral, que es la Ruta 5". Todas estas propuestas, esta señalización de grandes objetivos y el establecimiento de prioridades, eso es estrategia. La gente de Chiloé está haciendo estrategia porque les preocupa comprobar cómo otros que no son ellos están decidiendo un futuro que sí es el de ellos.

Lo que los chilotes inquietos ven y temen es que las grandes iniciativas de inversión, esas que demandan grandes sumas de dinero y que deberían traer consigo mejoras sustanciales en la vida de la gente, vienen telecomandadas desde muy lejos, reflejando intereses opacos que no son los de aquí. Y ven también que la clase política ha perdido  el control de la situación. Todo esto lo percibe con claridad alguien como yo en este observatorio privilegiado del estado del mundo que por su pequeño tamaño, aislamiento e inocencia es Chiloé. Pero lo mismo está sucediendo en todas partes, al menos en todo el hemisferio occidental, Europa con América.

Para empezar por lo más cercano, en Santiago los estudiantes vuelven a movilizarse como lo hicieron hace dos años porque no acaban de ver resuelta su reivindicación de una educación gratuita y de calidad para todos. Quizá lo que en el fondo los moviliza es que no ven futuro para sus vidas y desconfían de la capacidad de la generación de sus padres para enmendar esta situación.

En España y en toda la Europa mediterránea están teniendo lugar estallidos sociales muy parecidos. Indignación de unos jóvenes sin futuro, miedo de unos adultos que ven amenazadas sus posibilidades de envejecer dignamente, pavor de unos viejos que temen ser olvidados, dejados morir en la estrechez y el abandono.

Los políticos, en el mundo entero, ya no son pastores que muevan sus rebaños en una dirección de progreso. No es que no quieran, sino que sencillamente carecen del mínimo poder necesario para ello. La palabra Progreso ha perdido el significado liberador que tuvo en el Siglo de las Luces. Hoy es un progreso consumista, más crecimiento que desarrollo, más a lo ancho que a lo hondo. Y ciego, un progreso que se desarrolla en el corto plazo sin tener en cuenta sus consecuencias en el largo. Las fuerzas que marcan la dirección en que se mueve hoy el mundo no son políticas, humanísticas o religiosas, sino económicas y tecnológicas, generadas por megamáquinas ciegas cuya racionalidad puramente instrumental las deshumaniza completamente, gobernadas todas ellas no por quienes se creen que las gobiernan siendo solo sus servidores, sino por una suerte de abstracto piloto automático diseñado estrictamente para la supervivencia de estas megamáquinas, limitándose a evitar colisiones entre ellas, lo que por cierto, tampoco está garantizado (Desarrollé este concepto de las megamáquinas en una serie de siete entradas en este blog, que pueden encontrarse poniendo en la herramienta de búsqueda, al comienzo de la columna de la derecha de esta página, el concepto "imperio de las máquinas". Las megamáquinas no son máquinas en el sentido convencional, sino los grandes sistemas, la energía, el dinero, lo militar, lo urbano, que nos gobiernan).

Para estas megamáquinas, con toda lógica, los humanos no somos sino unos animales más. Nos aplican los mismos procesos crueles de domesticación que nosotros hemos aplicado con tanto éxito a nuestras vacas, cerdos y caballos. Era de esperar. La suprema ironía está en que nosotros, que éramos los más inteligentes de los animales, en vez de salvarnos con ellos, hemos creado estas megamáquinas que pueden terminar domesticándonos a nosotros también y para siempre. De esta forma se va generando entre los ciudadanos la sensación generalizada de que nos llevan al matadero, como esas vacas, cerdos y ovejas que se cruzan con nosotros apelotonadas en inmensos camiones de ganado, camino del sacrificio.

Las democracias occidentales y sus clases políticas están en una crisis que habría que atreverse a calificar de irreversible y que puede llegar a ser terminal. Esto último es lo que hay que evitar y para eso no hay otro camino que reinventar nuestras democracias.

Con optimismo y esperanza, desde luego, con confianza y sin violencia. Esto que nos está pasando no es todavía el fin del mundo, ni mucho menos. Ha pasado antes y además muchas veces. Es simplemente, la señal de un cambio de época.

Tenemos que domesticar a las megamáquinas. Eso significa que tenemos que reinventar no solo la democracia, sino muchísimas cosas más.

¿Cómo hacerlo? Yo no soy una autoridad que pueda dar lecciones. Pero creo que, si queremos cambiar el mundo, tenemos que buscar en lo específico de nuestro cambio de época los recursos para hacerlo. Las herramientas más poderosas de quedisponemos ahora los humanos son la información y la comunicación. Es decir, Internet con sus montañas de datos y herramientas y su ausencia todavía casi total de censura y control, más la posibilidad de comunicarnos abiertamente de un extremo a otro del planeta a través de la red y también viajando libre y rápidamente por todo el mundo.

¿Cómo aplicar estas armas en la lucha por controlar el cambio de época?

Refería al principio de esta entrada cómo en Chiloé está habiendo una reacción contra los grandes proyectos foráneos que no buscan lo mejor para Chiloé, sino la explotación de sus recursos naturales y humanos; esta reacción lleva a un refugio en lo local; la gente quiere recuperar sus raíces, desenterrar todo lo olvidado de su cultura, construir sobre esta base el Chiloé del futuro, que será de los chilotes o no será. En muchas otras partes del mundo los ciudadanos, abrumados por una globalización en la que no confían, tienden también a orientarse hacia lo más cercano, la patria chica, lo culturalmente familiar, lo local. Así, la Unión Europea cruje y se cuartea mientras que se abre una grieta entre un Norte y un Sur que no se entienden bien y se alejan el uno del otro. Dentro de España, en Cataluña y Vasconia se mantienen fuertes unos nacionalismos que cada día son más independentistas. En Gran Bretaña los nacionalistas escoceses van a celebrar un referéndum por la independencia. En los Balcanes ha habido una vuelta dolorosa a las antiguas naciones preyugoslavas, muchas de las cuales formaron parte del imperio austrohúngaro, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Macedonia, etc. En el Africa Occidental, los tuareg de Mali se revelan contra el dominio político del estado por otras etnias subsaharianas y luchan por su independencia. Todo esto pone de manifiesto cómo está habiendo una vuelta a, que es casi un refugio en, lo local, lo familiar, lo entrañable, propiciada por la desconfianza en las buenas intenciones de los foráneos. Un movimiento éste que es consecuencia de la incapacidad (quizá de la impotencia) de los políticos para liderar la integración en unidades supranacionales cada vez más amplias, que repliquen en la esfera política el movimiento globalizador que ya ha tenido lugar en lo económico y lo tecnológico y que ahora se está consolidando, con asombro e indignación del mundo, en lo financiero. De manera que esa globalización política que es absolutamente necesaria para que las otras globalizaciones no acaben con la democracia, tendrán que promoverla e impulsarla unos activistas de nuevo cuño que posiblemente no serán políticos profesionales, sino gente común que cree posible que el mundo cambie para mejor y tiene ideas prácticas sobre cómo hacerlo. Ahora bien: a estos activistas no les bastará con la huída hacia lo local, las soluciones nunca vendrán de una vuelta a la autarquía. La defensa de lo local no será suficiente, de hecho arrinconarse en lo estrictamente local sería suicida, la lucha por lo local tiene que venir acompañada por una fuerte proyección hacia lo global. En la pelea por el mundo que viene tras el cambio de época, en esas batallas, lo local será la retaguardia y lo global la vanguardia, y ya se sabe que una y otra son indispensables para ganar una guerra.

Todos los que desde que empezaron los tiempos históricos han intentado con mayor o menor éxito transformar el mundo lo han hecho siguiendo en su acción un mantra que yo aprendí cuando trabajaba en una gran empresa multinacional. En aquellos días, hacia los años 90 del siglo XX, las multinacionales estaban consolidando su dominio económico del mundo. Y los ejecutivos de estas empresas, que partían a ultramar para conquistar nuevos mercados y crear factorías y redes de distribución en muchos países lejanos, llevaban un mantra que les ayudaba a orientar su comportamiento: “think globally, act locally” es decir, “piensa globalmente y actúa localmente”. Este es el mismo mantra de los misioneros que partieron de Europa para evangelizar el mundo (entre otros aquellos jesuitas que vinieron a Chiloé trayendo una doctrina con pretensiones universales, pero que aprendieron las lenguas locales para evangelizar directamente en esa doctrina a huilliches y chonos). El mismo de los activistas comunistas y anarquistas que a la vez que animaban las reivindicaciones obreras locales traían la visión planetaria del comunismo marxista o libertario.

Ese mantra, “piensa globalmente, actúa localmente”, es el que yo propongo a los jóvenes que están destinados a ser, porque se trata de su herencia, los nuevos activistas del cambio de época.

El mundo es, hoy más que nunca, uno, a todos deberían interesarnos los problemas locales de los demás, de ellos podemos aprender a resolver los nuestros o a no cometer las mismas equivocaciones. Estamos obligados a conocer a los humanos que pueblan este planeta sean cuales sean su raza y su creencia, tenemos que solidarizarnos con ellos para que ellos se solidaricen con nosotros y entre todos seamos capaces de parir ese mundo nuevo en que los humanos, no las megamáquinas, tengamos el control. Esto es pensar globalmente.

Pero también, complementariamente, el mundo es, hoy más que nunca, nuestro pequeño rincón particular, nuestro Chiloé, nuestra Cataluña, nuestra patria chica, un rincón que es nuestro hogar y a la vez un territorio de combate, donde tenemos que oponernos a todo lo que suponga un triunfo de las megamáquinas que nos gobiernan. Esto es actuar localmente.

¿Serán los jóvenes finalmente capaces de enderezar el rumbo que nuestro mundo lleva? Yo creo que sí. Para ello, insisto, tienen que aprender a pensar globalmente y actuar localmente. Luchar desde sus calles y casas, esa es la parte local del compromiso. Confiar en que los demás están haciendo lo mismo, apoyarlos cuando lo necesiten, acogerlos cuando tengan que exiliarse, pedir también su ayuda, acompañarlos para que nos acompañen, esa es la parte global.


Ya no hay sitio en el mundo para las utopías, pero hace poco decían Sloterdijk y Zyzek (ver mi entrada en este blog, "¿Regresa Dios?"), dos filósofos que se proclaman ateos, lo útil que sería disponer, para esta lucha, de un Dios que nos acompañara, no dirigiendo las batallas, sino desde lo más hondo de nuestros corazones. Quizá, para encontrarlo, habría que plantearse su búsqueda de un modo menos pragmático, es decir, más sagrado, que el que estos filósofos proponen. Incluso, por qué no, hasta inventándolo.

martes, 28 de mayo de 2013

En nombre de todo el planeta

En el aeropuerto de Santiago, recién aterrizados de Europa. Llegando al control de pasaportes, mucha gente, colas interminables que sin embargo van resolviéndose con rapidez. Los que estamos arribando del resto del mundo somos de todos los pelajes, edades, estilos; venimos cargados de una variedad inmensa de creencias, experiencias, saberes, proyectos, fracasos, sesgos, esperanzas. Entre nosotros tiene que haber alguno que sea, inexorablemente, altamente infeccioso en lo ideológico o en lo policial. Sin embargo pasamos el control sin más que un examen superficial, el de nuestros papeles. Pero cada uno de los que estamos allí somos mucho más que nuestros papeles.


El contraste con el control aduanero de los productos vegetales o animales que podemos llevar en nuestros equipajes. Chile intenta proteger lo mejor que puede su aislamiento geográfico tras esa barrera salvadora que es la cordillera, que hace de Chile un tesoro agrícola y ganadero. El control es riguroso. Necesidad de rellenar por el pasajero una declaración previa, advertencia e imposición de multas, escaneado de todos los equipajes.

Mi reflexión. Por mucho que nos quejemos de estar sometidos a fuerzas represoras, los humanos, salvo excepciones, gozamos de muchísima más libertad que el resto de la naturaleza (casi me atrevería a decir que la libertad es un concepto solo entendible en el ámbito de lo humano). Se nos considera buenos mientras no demostremos lo contrario y en Internet tenemos un pozo sin fondo de libertad de expresión. Los que nos gobiernan no nos tratan indiscriminadamente con DDT ni herbicidas ni otros plaguicidas, no nos queman como hacen con los bosques ni esterilizan como a los buenos suelos agrícolas periurbanos.

Somos unos privilegiados. Hagamos un buen uso de nuestros privilegios mientras duren. Nos cuesta tanto darnos cuenta de que somos nosotros los humanos los únicos que podemos hablar en nombre de todo el planeta…


lunes, 27 de mayo de 2013

El salto

A pocas horas de dar el salto, tras haber dormido muy poco, con la boca seca y el corazón herido, te vas llevándote contigo el miedo y el remordimiento como equipaje, temiendo que pueda pasar algo en tu ausencia, sin esa paz interior que es el mayor de los tesoros a que un hombre puede aspirar, sabiendo sin embargo que tienes que hacerlo, soñando también en reencontrarte con esa tierra que, nunca lo pudiste sospechar, terminaría siendo la tuya.

Pero ¿es que un miserable ser humano tiene derecho a considerar no ya una tierra, sino cualquier otra cosa, como definitivamente suya?

No, evidentemente no, pero sí, definitivamente sí, a condición de que la quiera. Es el amor desinteresado, ese misterio, lo único que puede justificar cualquier pretensión.

¿Acaso es éste tu caso? No lo sabes, desconfías de ti mismo, temes no conocerte. Como tantísimos semejantes tuyos te mueves por el mundo a impulsos, yendo a ninguna parte, viniendo de ningún sitio, buscando algo que no sabes ni qué forma tiene ni lo que esconde. Es la búsqueda en sí misma, por ella misma, quien te basta. No eres sino un miserable aventurero más, de los muchos que andan sueltos por tierras y mares, en una locura que quizá esconda una parte de lo mejor de lo humano.

Tú, pese a todo, sigues confiando en que pase la tempestad del miedo y cuando llegues a tu casa, frente al mar inmutable, todo cambie y encuentres siquiera ese instante de paz que estás necesitando. Quizá es por esa confianza que has sido capaz de ponerte en marcha. Da lo mismo, ya no puedes volverte atrás. Tu suerte está echada.












domingo, 26 de mayo de 2013

Futuros de Chiloé (3).- Aprender de los semejantes.



Lo que Chiloé pueda llegar a ser depende en buena parte de lo que ha sido, es decir, de su historia y de la cultura que a lo largo de ella se ha ido formando. Por eso un análisis estratégico, aunque esté orientado al futuro, tiene que comprender el pasado. Esto es lo que he presentado en la entrada nº 2 de la serie.

Pero la reflexión estratégica exige también considerar dónde se está. Más en concreto, en esta entrada nº3 de la serie tendré en cuenta los condicionamientos geográficos que determinan los problemas y oportunidades con los que Chiloé puede encontrarse.

Chiloé está asentado sobre una multitud de islas y penínsulas, canales y fiordos, que se extienden entre los 40º y 50º de latitud Sur. Este Chiloé geográfico abarca más territorio que el estricto Chiloé político, pues las islas Guaitecas, el archipiélago de los Chonos, la península de Taitao, el Golfo de Penas y el archipiélago de las Guayanecas, integrado éste último por las islas Wager y Byron, comparten con Chiloé una situación geográfica muy parecida. Todos tienen un clima marítimo lluvioso, del que se deriva un gran potencial forestal. Sus aguas, que son frías, están atravesadas en los canales y fiordos por corrientes intensas, lo que les da capacidad para la acuicultura. Y el bordemar, con sus grandes mareas, es rico en mariscos y algas.

Pero la pregunta que voy a plantearme es: ¿qué territorios hay en el resto del mundo con parecidas características geográficas a Chiloé? Y una vez localizados, ¿cómo han enfrentado o están enfrentando estos territorios problemas y oportunidades que en Chiloé también pueden presentarse? Es decir, ¿qué puede Chiloé aprender de ellos?  

Para encontrar en el mapa del mundo los territorios con los que comparar a Chiloé, he utilizado tres criterios geográficos;
1).- Situación entre los 40º y los 60º de latitud Norte o Sur.
2).- Exposición al océano.
3).- Pluviometría elevada y clima templado-frío.

Con ellos he buscado territorios que además tengan un tamaño y una población de los mismos órdenes de magnitud que Chiloé. Y he encontrado los que se muestran en la figura, que a continuación describiré someramente, poniendo el énfasis en sus semejanzas con Chiloé.
  .

Los territorios "semejantes" a Chiloé se muestran en la figura. Sus coordenadas centrales, que permiten encontrarlos rapidamente en Google Earth, son:
1).-Vancouver Island (Canada). 49º23'N 125º08'W
2).- Prince Edward Island (Canada).46º19'N 63º16'W. 
3).- Rias bajas gallegas (España). 42º32'N 8º57'W
4).- Highlands de Escocia e islas adyacentes (UK). 57º18'N 5º49'W
5).- Fiordos noruegos (Noruega). 60º15'N 5º19'E
6).- Nueva Zelanda, 41º08'S 173º54'E

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

1).- Isla de Vancouver, en la costa pacífica del Canadá, provincia de British Columbia.



Una isla algo más grande que Chiloé (longitud aproximada de 436 km y anchura aproximada de 96 km frente a los 177 km por 64 km de la Isla Grande de Chiloé).
760.000 habitantes frente a los 150.000 de Chiloé, pero si descontamos los 345.000 que viven en el área metropolitana de Victoria (la capital de British Columbia), quedan en el Vancouver rural 415.000 habitantes.
Superficie de 32.000 km2 frente a los 9.000 km2 de Chiloé, con lo que el Vancouver rural (descontada el A.M. de Victoria) quedaría con una densidad de población de 13 habitantes/km2, comparables con los de Chiloé, 16 hab/km2.
Muchos fiordos en la costa abierta al Pacífico, así como en la costa continental adyacente a Vancouver por el NE, donde se asienta una importante acuicultura de salmón.
Muy lluviosa, con una importante masa forestal que se explota industrialmente.

Hay población amerindia.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

2).- Isla del Príncipe Eduardo, en la costa atlántica de Canadá.




Una isla de tamaño muy parecido al de  Chiloé, algo más estrecha  (longitud aproximada de 177 km y anchura aproximada de 32 km frente a los 177 km por 64 km de la Isla Grande de Chiloé).
140.000 habitantes frente a los 150.000 de Chiloé.
Superficie de 5.700 km2 frente a los 9.000 km2 de Chiloé, dando una densidad de población de 25 habitantes/km2, más densa que la de Chiloé, 16 hab/km2.
En toda la costa Norte y este de la isla se practica el cultivo del chorito o mejillón.
Clima lluvioso y frío. Isla muy llana, suelos muy fértiles. La isla perdió la mayoría de sus bosques en favor de la agricultura, habiéndose especializado en el cultivo de la papa; la tercera parte de la cosecha de papas del Canadá procede de allí.
En 1997 se construyó un puente que la une por carretera al continente.

No queda  población amerindia.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
3).- Rias bajas gallegas, en la costa Noroeste de España.


La zona considerada abarca la costa gallega entre la desembocadura del río Miño al Sur y el cabo Finisterre al Norte, comprendiendo las rías de Vigo, Pontevedra, Arosa y Muros. Corresponde en su mayoría a la provincia gallega de Pontevedra. Abarcaría una longitud de costa de 120 km por una anchura de 30 km, algo más pequeña que Chiloé.  
Lo que más la diferencia de Chiloé es su alta densidad de población, 215 hab/km2, sus grandes puertos, particularmente el de Vigo y su desarrollo industrial.
Pero es interesante para Chiloé en cuanto a que la acuicultura está muy desarrollada, particularmente en el cultivo del chorito, del que es primer productor mundial, pero también de otras especies de interés.

Clima lluvioso y fresco. 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

4).- Highlands de Escocia e islas adyacentes.




Se recoge aquí un territorio con una longitud de más de 500 km, tan grande como puede ser el de ese Chiloé geográfico (Chiloé en sentido amplio me gusta llamarlo) que abarca desde el canal de Chacao hasta el archipiélago de las Guayanecas. Se trata de toda la faja costera de las Highlands escocesas, con sus muchísimos fiordos, desde el Firth of Clyde hasta el Pentland Firth en el extremo Norte escocés, más las numerosas islas que la flanquean por el lado oceánico: las islas Hébridas al NW, las Orkney y las Shetland prolongando Escocia por el Norte. Un territorio muy poco poblado (aprox. 220.000 habitantes), algo menos extenso que el Chiloé en sentido amplio (unos 40.000 km2 frente a los 50.000 km2 en que podría estimarse este último), barrido por los fuertes vientos y la lluvia y muy poco forestado.

De estos Highland escoceses le interesan a Chiloé varios aspectos, entre los que destacan la acuicultura del salmón, el despliegue de los parques de energía eólica y el funcionamiento de comunidades pequeñas muy aisladas, como puede ser, por ejemplo, la de las islas Shetland.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

5).- Fiordos noruegos.



Lo que nos interesa aquí para su comparación con Chiloé es todo el litoral noruego desde Kristiansand en el Sur hasta el Cabo Norte (Nordkapp en el mapa). Aunque el conjunto de esta región está por encima de los 60º de latitud que he considerado como límite geográfico de los territorios a comparar con Chiloé, la corriente del Golfo dulcifica el clima, que viene a ser análogo al del Chiloé en sentido amplio, con un fuerte gradiente Norte-Sur.
Lo que más nos interesa de Noruega es su acuicultura del salmón, el primer productor mundial, seguido precisamente por Chile, donde la principal compañía salmonera noruega, Marine Harvest, tiene una fuerte presencia. En Noruega el cultivo del salmón se extiende por todo el litoral atlántico, hasta el extremo Norte.

Aunque de Noruega también nos interesan otras cosas. Su arquitectura geográfica es muy parecida a la de Chile, países estrechos y largos (2.000 km Noruega y 4.000 km Chile). También lo es el hecho de que uno de sus principales recursos es mineral (petróleo/gas en Noruega y Cobre en Chile). Por todo ello nos interesa, entre otras cosas, comparar como funciona la autonomía de comunidades muy lejanas y aisladas, como las del norte noruego, en comparación con las correspondientes del Sur de Chile.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

6).- Nueva Zelanda.



De Nueva Zelanda nos interesa prácticamente todo. Podemos considerarla como un ejemplo a seguir en toda clase de cuestiones que afecten al Sur de Chile y en particular a Chiloé. Con sus 4.450.000 habitantes (30 veces Chiloé) y sus 268.000 km2 (también 30 veces Chiloé), es algo así como su hermano grande, con el que comparte características geográficas (clima, lejanía, orografía), problemas y oportunidades. Hasta son semejantes en el hecho de que NZ tiene un 15% de población aborigen, los Maoríes, con su cultura propia y la determinación de seguir siendo lo que son.

Citaré para terminar algunos aspectos de Nueva Zelanda que me parecen particularmente interesantes para Chiloé:
-Tienen mucho bosque nativo, aunque la deforestación ha avanzado y se plantean estrategias para contenerla.
- Desarrollan estrategias de conservación de la naturaleza, en las que quieren implicar activamente a la población campesina maorí.
- Tienen acuicultura y mitilocultura florecientes.
- Han trabajado mucho en incorporar a los pescadores (la industria pesquera es importante en NZ) en la preservación de los océanos y en particular la protección de los mamíferos marinos.
- Su agricultura está muy desarrollada. Son el país que cultiva vides y produce vinos de calidad en latitudes más altas.

- Han desarrollado mucho también el turismo de naturaleza y altas latitudes.