martes, 28 de mayo de 2013

En nombre de todo el planeta

En el aeropuerto de Santiago, recién aterrizados de Europa. Llegando al control de pasaportes, mucha gente, colas interminables que sin embargo van resolviéndose con rapidez. Los que estamos arribando del resto del mundo somos de todos los pelajes, edades, estilos; venimos cargados de una variedad inmensa de creencias, experiencias, saberes, proyectos, fracasos, sesgos, esperanzas. Entre nosotros tiene que haber alguno que sea, inexorablemente, altamente infeccioso en lo ideológico o en lo policial. Sin embargo pasamos el control sin más que un examen superficial, el de nuestros papeles. Pero cada uno de los que estamos allí somos mucho más que nuestros papeles.


El contraste con el control aduanero de los productos vegetales o animales que podemos llevar en nuestros equipajes. Chile intenta proteger lo mejor que puede su aislamiento geográfico tras esa barrera salvadora que es la cordillera, que hace de Chile un tesoro agrícola y ganadero. El control es riguroso. Necesidad de rellenar por el pasajero una declaración previa, advertencia e imposición de multas, escaneado de todos los equipajes.

Mi reflexión. Por mucho que nos quejemos de estar sometidos a fuerzas represoras, los humanos, salvo excepciones, gozamos de muchísima más libertad que el resto de la naturaleza (casi me atrevería a decir que la libertad es un concepto solo entendible en el ámbito de lo humano). Se nos considera buenos mientras no demostremos lo contrario y en Internet tenemos un pozo sin fondo de libertad de expresión. Los que nos gobiernan no nos tratan indiscriminadamente con DDT ni herbicidas ni otros plaguicidas, no nos queman como hacen con los bosques ni esterilizan como a los buenos suelos agrícolas periurbanos.

Somos unos privilegiados. Hagamos un buen uso de nuestros privilegios mientras duren. Nos cuesta tanto darnos cuenta de que somos nosotros los humanos los únicos que podemos hablar en nombre de todo el planeta…


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