jueves, 19 de mayo de 2011

¿Revolución en Madrid?

Desde el domingo 15 de mayo se han iniciado concentraciones masivas en muchas ciudades españolas reivindicando un cambio radical en el funcionamiento de las instituciones, que permita enfrentar de una forma más eficaz y justa la crisis económica que está ahogando al país, donde la tasa de paro es del 20% en la población total, y del 44% en los menores de 25 años. Las protestas se dirigen contra los políticos y los bancos. La mayoría de los que protestan son jóvenes, pero los hay de todas las edades .

(picar el video con el ratón para verlo en todo su tamaño)

Como sucede siempre en estos casos, el movimiento de protesta está en un estado magmático, manifiesta solamente indignación y falta de confianza en el sistema. Lo desafortunado es que el domingo 22 hay elecciones municipales y regionales en toda España. El 21 es día de reflexión, circunstancias en las que este tipo de manifestaciones está prohibido por la ley electoral. No se sabe si el movimiento de protesta desafiará esta prohibición, lo que crearía una confrontación importante.

En el fondo de todo esto hay un sistema financiero internacional que se ha hecho especulativo, perdiendo conexiones con la realidad y avanzando sin rumbo, y una clase política española que como conjunto y hasta el momento no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Mal asunto. Está empezando, no solo en España, la rebeldía social ante la primera gran crisis del capitalismo globalizado. Esperemos que la democracia sepa liberarse pronto de sus pecados y coja al toro por los cuernos. También que el sistema financiero globalizado vuelva a estar pronto bajo control. Pero ¿quién puede controlarlo, y cómo? El que mientras estas cosas suceden un director del FMI se dedique (presuntamente) a perseguir inocentes camareras o periodistas por los pasillos, pone de manifiesto que lo inimaginable puede suceder en cualquier momento.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Paseando con mis nietos por el siglo XXI.- (3) Nuestra visión del mundo ha cambiado radicalmente y para mejor.



A lo largo de los más de 12.000 años transcurridos desde la revolución neolítica, nunca pensaron los humanos que vivían en un mundo limitado, hasta que a finales del siglo XVIII lo puso de manifiesto Malthus. A pesar de que escribió en pleno Siglo de las Luces, Malthus era un reaccionario, escandalizado por la Revolución Francesa, escéptico respecto a la idea de Progreso y muy preocupado por el futuro del mundo. También era un científico, buen demógrafo y economista. Malthus estudió la disponibilidad de los recursos en un mundo limitado. En la Inglaterra de la Revolución Industrial la población estaba creciendo mucho más deprisa que la producción de alimentos. Y Malthus generalizó: en un mundo en que la población crece exponencialmente mientras que la producción de alimentos lo hace linealmente, llegará un momento en que los pobres empezarán a morirse de hambre por millares. A esta predicción se le llamó la catástrofe maltusiana.
Luego, el siglo XIX transcurrió más o menos felizmente y la predicción de Malthus fue relegada al olvido de las bibliotecas y los estudiosos.

Ya en el siglo XX, acabada la II Guerra Mundial,  en muchas regiones del mundo la población era pobre y campesina, con altas tasas de mortalidad infantil y una cultura de traer muchos hijos al mundo Pero los avances de la medicina eran espectaculares y se iban extendiendo por todas partes. Hubo una disminución dramática de la mortalidad infantil y, como consecuencia, un aumento dramático de la velocidad de crecimiento de la población mundial. En 1968, un profesor de la Universidad de Stanford, Paul Ehrlich, escribió un libro famoso, The Population Bomb, advirtiendo de la proximidad de una crisis de superpoblación. A partir de entonces las alarmas se encendieron en todo el mundo. Muchos países iniciaron políticas de control de la natalidad y en la cultura popular de los países ricos el problema de una explosión de la población de pobres se convirtió en una de las amenazas apocalípticas que amargaba la dulzura del bienestar y la abundancia de que los países ricos disfrutaban.

Después de Ehrlich, otros científicos, destacando inicialmente Forrester y los Meadows, empezaron a estudiar la economía y la geografía del mundo con un enfoque sistémico, es decir, considerando el planeta Tierra como un todo. Enseguida se llegó a una conclusión que por otra parte era obvia:  los recursos del mundo son limitados y hay que administrarlos con cuidado. El crecimiento indefinido, inacabable, psicológicamente infinito, es un sinsentido. Esta conclusión era otra bomba, porque las ideologías que entonces dominaban el mundo, tanto el capitalismo como el socialismo comunista, estaban basadas en la posibilidad de un crecimiento económico sin restricciones.

A partir de aquí se abrió paso la visión del mundo que hoy podemos considerar imperante, la ambientalista o ecosistémica, según la cual el mundo es limitado, el planeta Tierra es un ecosistema global en el que todos sus componentes son interdependientes y están en una situación de equilibrio, cuya ruptura puede tener consecuencias imprevisibles. El humano ya no es el rey de la Creación, sino un componente más de un conjunto que solo podrá sobrevivir si mantiene este equilibrio. Esta visión nació de la inspiración de James Lovelock, un químico inglés que propuso en 1969 la hipótesis Gaia, por la que luchó encarnizadamente hasta que hace pocos años fue aceptada por el mundo científico.

Más recientemente, las Ciencias de la Tierra han probado que la actividad humana ha causado un aumento sustancial, del orden de un 50%, en la concentración de CO2 de la atmósfera, y predicho que este aumento, que continúa su ritmo sin control, puede dar lugar a un cambio climático. Pero este será un tema que trataré en otra entrada de esta serie.

El caso es que, desde un punto de vista ideológico, la situación ha cambiado profundamente sin que la mayoría nos hayamos dado cuenta. El humano ya no es dueño absoluto de los destinos de la Tierra, sino un componente más del sistema global, quizá el más inteligente y poderoso, por lo mismo el más obligado a protegerlo y salvaguardarlo. El crecimiento material tiene límites, lo que resulta en que también los tiene el crecimiento humano. Y si los tiene, más nos vale buscar una igualdad feliz entre todos que la carrera inacabable por ver quién llega antes a la meta del enriquecimiento. Esto, que ya está claro, todavía no ha sido asimilado plenamente. Tendrá consecuencias muy profundas, pero también luminosas. Por primera vez en la historia, los humanos nos estamos encontrando con pruebas incontrovertibles de que no tendremos otro camino sino el de organizar un mundo limitado en el que todas las criaturas, humanas o no, tengan derecho a la vida y en el que todos los humanos tengamos las mismas oportunidades de alcanzar una felicidad que va a depender mucho más del crecimiento personal hacia dentro que  hacia fuera.

Creo que estas son unas noticias buenísimas para mis nietos. Aunque quiero prevenirlos contra las utopías, que solo traen violencia, sufrimiento y fracaso. Ese mundo feliz está muy cerca, aunque nunca lo alcanzaremos plenamente. Más que una meta será un camino, que solo podrá recorrerse con pragmatismo y paciencia.

Después de  lo dicho, tengo que concluir que el Mundo ya no puede dividirse en humanos y sus  recursos. Que los humanos también somos un recurso, uno más, como los demás. Aunque no todos los recursos son iguales. Hay recursos inagotables, como la energía que nos llega del Sol. Otros agotables, como los combustibles fósiles. Otros reciclables, como el agua dulce o el oxígeno atmosférico. Otros renovables, como los bosques, los humanos u otros animales. Eso es sencillamente todo.

Pero la historia ha transcurrido hasta ahora de acuerdo a criterios bien distintos. Traigo como alegoría de lo que ha pasado la divertida escena del camarote, de la película "Una noche en la ópera", de los Hermanos Marx :

Los humanos hemos recorrido el mundo como elefantes sueltos dentro de una tienda de regalos de boda. Había allí sitio para todos los elefantes que quisieran entrar y podían romper lo que se les antojara, porque los regalos eran inagotables. Eso, afortunadamente para todos, se ha acabado para siempre.

lunes, 16 de mayo de 2011

Straus-Kahn, el poder y la condición humana

Straus-Kahn con su abogado, hoy, ante el juez de Nueva York (The New York Times)

Ha pasado la noche en el calabozo y ahora comparece ante un juez de Nueva York que le ha negado la libertad provisional por el temor de que la aproveche para fugarse. Dominique Straus-Kahn es el director del Fondo Monetario Internacional y probable candidato en las próximas elecciones a Presidente de la República Francesa. Fue detenido anteayer cuando iba a volar a Berlin y Bruselas para entrevistarse con la señora Merkel, jefe del gobierno alemán, y el Sr. Durao Barroso, presidente de la Unión Europea, para tratar de la desesperada situación financiera de Grecia, que amenaza la estabilidad económica de toda Europa. Los cargos son terribles, descritos con durísima crudeza en la exposición de motivos hecha por el juez neoyorquino; resumiéndolos, intento de violación de una camarera del hotel en que se hospedaba. Aunque hay que mantener, en tanto no se pruebe lo contrario, la presunción de inocencia.

Yo veo todo esto como un ejemplo aleccionador del mundo en que vivimos. Un mundo en el que el poder, que no es otra cosa sino la capacidad de tomar decisiones, tiene que estar encarnado en personas, es imposible dejarlo en manos de una corporación de humanos sabios, menos todavía de un computador. Y las personas son eso, personas: falibles, contingentes, capaces de enloquecer y de delinquir; o por el contrario, héroes, altruistas, capaces de acertar en el blanco más difícil, de dar su vida por salvar a una multitud.
 Incluso a veces, lo que es  terrible, se encarnan las dos actitudes opuestas en un mismo cuerpo, como Stevenson nos fabuló en el caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Todo esto no es de ahora. Fue siempre así, la historia estuvo llena de émulos de Nerón, Calígula, Hitler o Stalin, también de figuras como David, Moisés, Gandhi o Martin Luther King. Hay ejemplos de villanos y héroes para todos los gustos.

De manera que en tanto no se pueda programar a un superordenador para que gobierne el mundo con equidad, lo que va para largo, éste será un espacio imprevisible y peligroso, abierto tanto a los más ominosos  pronósticos como a las más inimaginables esperanzas.

 Porque para bien y para mal, así es como funcionan estas cosas.

sábado, 14 de mayo de 2011

Habitación de hotel.- Edward Hopper (1931)



La frialdad geométrica de la habitación de hotel  rezuma soledad. Es impersonal y limpia, carece de referentes humanos, ni siquiera un cuadro cuelga de la pared como una ventana abierta hacia la fantasía.
 Muchas habitaciones de hoteles tienen fantasmas, y eso no hay limpieza que lo pueda evitar. A lo largo de mi vida me ha pasado a veces que determinadas habitaciones de hoteles me han inducido, sin saber por qué, una inquietud que ha bordeado el terror, desde la convicción de que allí ha pasado alguna vez algo terrible, o por lo menos muy doloroso. Pero en esta habitación que Hopper pinta no hay ninguna huella ominosa.  Todo es limpio, frio, utilitario, impersonal. La luz artificial sobre el nicho en el que se dispone la cama es intensa y casi cenital. Nuestra heroína, cuyo nombre me gustaría saber, porque estoy seguro de que para Hopper lo fue de carne y hueso, mantiene su rostro a la sombra de esa luz tan agresiva, y eso le da un misterio atrayente. Debe hacer calor. Miss X  ha entrado en la habitación y lo primero que ha hecho es quitarse el sombrero, el traje y los zapatos y sentarse en la cama.
La habitación es pequeña. Imagino que nosotros, con Hopper, la observamos desde la puerta que da al baño. La luz natural penetra al fondo a través de unos visillos y es mucho menos dura que la luz artificial sobre la cama. El equipaje permanece cerrado, sin deshacer. Un maletín y una maleta indican que se trata de un viaje largo, desde ninguna parte hacia ningún sitio, un viaje que podría ser a la vez una huida y una búsqueda, como casi todos los viajes lo son.

Miss X lee algo que parece un folleto, quizá un plano. Probablemente adquiere información relevante para su llegada, aunque esté de paso. Lo que sea está plegado en cuatro partes. No acabo de comprender por qué Miss X lo mantiene sobre su rodilla izquierda, quizá sea hipermétrope y esté acostumbrada a ver las cosas de lejos, buscándoles perspectiva.

El cuerpo de Miss X irradia pureza. Su piel es muy blanca, los planos que son oblicuos a la agresiva luz cenital dejan ver el rojo de una sangre que lo llena de vida, distanciándolo de los restantes elementos inanimados que completan  el cuadro. Carne humana, que alberga un alma humana con toda su prodigiosa complejidad, su misterio, su inmanencia.

 Esta es para mí la clave del cuadro. Miss X es un pozo sin fondo que se sale de las formas geométricas que la rodean, de las maderas, las tapicerías, los cueros, las telas, las paredes, las luces. Miss X es el retrato de una sencilla alma humana, femenina, vuelta aquí hacia dentro, hacia lo hondo de sus enigmas incognoscibles. Como tal, nos entrega su secreto más precioso.Porque este cuadro tan estático, tan aparentemente perfecto, tan sin misterios, está lleno de un tiempo de vida que lo atraviesa tumultuosamente, como un torrente.

viernes, 13 de mayo de 2011

Paseando con mis nietos por el siglo XXI.- (2) Un mapa del estado del mundo

Antes de entrar a considerar cuáles pueden ser algunos de los problemas con los que quizá se enfrente la generación de mis nietos, tengo que dibujar una situación de partida. ¿De qué premisas, conflictos, utopías, esperanzas y rencores arranca la que podemos considerar su época? Esta época suya, la de mis hijos y nietos, es una continuación natural de la nuestra, sus padres y abuelos. Tendría pues yo que empezar mostrando un esquema  de lo que ha sido el mundo de mi época.  Magna tarea, excesiva para alguien tan limitado como yo y en un espacio tan pequeño como la entrada de un blog. Poco útil además  para mis nietos, aunque no sea más que porque el humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Los jóvenes quieren comprender su mundo por sí mismos, y así debe ser, porque no hay otra manera de que puedan prepararse para salvarlo.
Desde estas limitaciones, lo que puede tener un cierto interés práctico es que yo les predique a mis nietos que, para enfrentar de una forma creativa su propio futuro, les conviene tener una visión de partida, fraguada por ellos mismos, de ese mundo en el que van a vivir.


En cuanto a esta visión del mundo, cualquier persona tiene, sea o no consciente de ello, la suya propia, producto de la educación que ha recibido y de su experiencia de vida. En mayor o menor medida le ha sido impuesta por sus educadores y su ambiente.  Por eso  es importante trabajarla continuamente, internalizarla y repensarla para convertirla en una interpretación personal del mundo, continuamente revisada, actualizada y palpitante. Este fue siempre el quehacer de los filósofos, pero es un derecho y una obligación de cada individuo humano, por humilde y limitada que haya sido su vida. A esa tarea indispensable es a la que quiero yo animar a mis nietos.

¿Cómo hacerlo? El ejercicio que desarrollo en esta entrada es una muestra de las técnicas y abordajes mediante los que cualquiera puede irse trabajando su interpretación particular del mundo en que vive.

Para empezar, me he puesto en mi ordenador delante de una hoja en blanco del programa  Freemind, un software libre (GNU General Public License) que se emplea para la construcción de mapas mentales. He ido trazando en esa hoja un mapa del estado del mundo a comienzos del siglo XXI, según mi leal saber y entender, es decir, pensándolo y retocándolo a la vez que lo escribía. Lo presento en la Fig. 1. Revela esta mapa mi concepción del estado actual del mundo tal y como lo tengo internalizado, se trata pues de un producto espontáneo, alejado del artificio y la manipulación. Este ejercicio, tan sencillo de hacer, se lo recomiendo a mis nietos, para cuando tengan la edad de hacerlo, como un preámbulo indispensable.
Fig.1.- El estado del mundo según Olo, trabajado y dibujado en Freemind. Picar con el ratón para
obtener una imagen más grande.
 A partir de este mapa, he trabajado en aclarar cuál es mi visión sobre el ciclo del mundo que nos está tocando vivir en la primera mitad del siglo XXI, un ciclo al que los viejos todavía nos asomamos pero que es ya el de nuestros hijos y nietos.  No tienen demasiado valor mis conclusiones, sino el camino que me ha llevado hasta ellas. También que entregue a mis nietos y a los que puedan leerme los materiales con los que he trabajado, por si pueden servirles para algo.

Lo primero que es importante establecer es de qué estado del mundo arranca la época que está naciendo. Yo creo que es de los acontecimientos que tuvieron lugar a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Mis nietos y la mayoría de la gente joven los desconocen “vitalmente”, aunque los hayan estudiado en las escuelas. Este conocimiento vital, “experimentado”, es lo que los viejos podemos aportarles.

¿Qué es lo esencial que transcurre en esos años? Empiezan con la II Guerra Mundial, que se prolonga en una Guerra Fría que no termina hasta finales del siglo, cuando cae el muro de Berlín y con él el comunismo soviético y cuando, tras los acontecimientos de la plaza pekinesa de Tian An Men, el comunismo chino renuncia a sus aspectos ideológicos y se convierte en una tecnocracia. En este medio siglo tiene lugar otro acontecimiento fundamental, la extinción definitiva del colonialismo, que afecta sobre todo a África pero que tiene un exponente de trascendencia planetaria en la India.

 Este medio siglo se caracteriza por importantes  descubrimientos científicos, que marcarán los rumbos más importantes de todo el siglo XXI; destaca entre ellos el cuerpo de conocimientos basado en la estructura del DNA que se integra en la llamada Biología Molecular y que supone un cambio de paradigma en Biología; pero la Física, la Química y las Ciencias de la Tierra también experimentan avances  muy importantes, que resultan en una tecnociencia que no deja de generar innovación, apoyada en tres pilares  fundamentales: la electrónica, la informática y los medios de transporte. Una consecuencia de todo esto son los avances técnicos de la Medicina, que aumentan muy notablemente la esperanza de vida en casi todos los países. Otra muy importante es que el mundo se hace uno; los terrícolas, gracias a las comunicaciones, el transporte y las migraciones, nos conocemos cada día mejor unos a otros.

La línea directriz de todo lo que va aconteciendo en el mundo, o el hilo en el que se van engarzando todas las cuentas del collar de la historia, es la urbanización. Esto no es ninguna sorpresa, pues ha venido siendo así desde los comienzos  de la actividad humana. El objetivo fundamental de los humanos ha sido desde sus principios independizarse de la Naturaleza, para así luchar mejor contra la muerte. Crear su propio mundo humano, que se ha ido estructurando poco a poco sobre un concepto básico: la ciudad, o congregación de humanos que ponen en común sus vidas. Pero los aportes tecnológicos de la segunda mitad del siglo XX han acelerado extraordinariamente este proceso. El modelo para el siglo XXI es ya la megalópolis, la conurbación inmensa donde los humanos viven sus fantasías muy lejos de la Naturaleza, encerrados en gigantescas ciudades en las que pasan, rodeados de artificios, la mayor parte de sus vidas. Este medio megaurbano es radicalmente diferente al natural. Requiere construcciones costosas, electrificación, comunicaciones, transportes. Entre estos últimos ocupa un puesto destacado el automóvil. En cuanto a las comunicaciones, empiezan a organizarse a fines del siglo XX alrededor de un concepto revolucionario, Internet y sus derivados.


Las dos grandes utopías que al desaparecer en la segunda mitad del siglo XX le dan entrada a la época actual son el nazismo y el comunismo. El primero, aunque es sobre todo una locura, también tiene mucho de utopía darwinista en cuanto a que propugna el dominio de una raza superior.  Es finalmente vencido por la fuerza de las armas, en los campos de batalla de la II Guerra Mundial. El comunismo se había desintegrado moralmente cuando en los años 50 se conocieron los crímenes de Stalin, a los que se añadió en los 90 la revelación de los de Mao Ze Dong. Esta desilusión ideológica convirtió al comunismo soviético en una burocracia de estado, y al chino en una tecnocracia. La primera quebró en los años 90 por envejecimiento. La tecnocracia china se ha combinado con un capitalismo económico que hasta el momento está funcionando con éxito, y que quizá se constituya en la alternativa al liberalismo capitalista occidental durante el siglo XXI.

En Occidente se mantiene todavía viva la utopía capitalista y liberal, que constituye el soporte ideológico de todas las democracias. Pero habrá que ver qué pasa con ella. El liberalismo ideológico llevó al libremercado, que ha terminado en una globalización económica y financiera. Un capitalismo financiero cuyo único soporte ideológico ha sido la codicia se ha apoderado del mundo, llevándolo a la primera gran crisis del siglo XXI, gestada en Wall Street y que todavía no sabemos cómo puede terminar, pero que está arruinando a decenas de países y millones de personas. Algo tiene que pasar, una moderación a nivel planetario del liberalismo desenfrenado es indispensable para su propia supervivencia.

En estas circunstancias, lo que para mí está claro es que el desafío ideológico más importante al que se va a enfrentar la juventud del siglo XXI es el de decidir si inventan nuevas utopías o renuncian a cualquier utopía imaginable y apuestan por actitudes más pragmáticas. Lo que yo percibo como abuelo, es decir, como miembro de una generación cuyo momento ya ha pasado, es que los jóvenes actuales son mucho más pragmáticos de lo que fuimos nosotros o nuestros padres y eso, en principio, me parece una buena noticia. Siempre que ese pragmatismo venga asociado a unos valores que ya no van a poder ser simplemente humanistas, sino que tendrán que incorporar criterios éticos para salvar al Mundo entero de la acción depredadora y ecocida de nosotros los humanos.

Imposible resumir más una visión del mundo. Lo que yo recomiendo a los jóvenes es que no se dejen confundir por la complejidad y se esfuercen por construirse sus propias visiones del mundo con sencillez, de modo que quepan en unos pocos centenares de palabras (este texto, en lo que es pura descripción del estado del mundo, tiene novecientas). Porque los mapas que son demasiado complicados ayudan más a perderse que a encontrar el camino.

El siglo XXI ofrecerá la primera oportunidad que los humanos van a tener en su corta historia de construir, por fin, un mundo estable y sostenible, donde una razonable felicidad, basada en la justicia y el bienestar, sea posible para todos, incluyendo en este “todos” a los animales y el conjunto de la naturaleza. Esta es la buenísima noticia. Pero el camino hasta este equilibrio estará lleno de trampas y riesgos enormes. Será posible recorrerlo, pero nada fácil. Este es el desafío para los jóvenes. No alcanzarán su meta construyendo fantásticas utopías, sino con pragmatismo y valentía. En las entradas que seguirán en esta serie consideraré dos de los problemas más importantes con que se van a tener que enfrentar, el de la superpoblación y el del deterioro ambiental /cambio climático. Tienen solución, pero hay que buscarla, construirla y defenderla. Esta va a ser su tarea.


miércoles, 11 de mayo de 2011

Hidroaysen

(Picar con el ratón para ver el mapa ampliado)


Hoy merece recogerse la noticia de la aprobación por la Comisión de Evaluación Ambiental de la XI Región del proyecto de Hidroaysen, un gigantesco complejo hidroeléctrico a situar en una de las zonas más prístinas de la Patagonia chilena y muy contestado por los ambientalistas. Recomiendo ver el video en el que Tomas Mosciatti, desde radio Bio Bio, muestra las razones de sentido común por las que él se opone al proyecto.
En el mapa adjunto a esta entrada se muestra que el impacto ambiental no será solamente el de las cinco o seis represas a construir, ya de por sí muy importante, sino también el de la larguísima línea de alta tensión que llevará hasta el Norte la electricidad producida por Hidroaysen, proyecto este de transmisión que ni siquiera ha sido presentado todavía para su aprobación por las autoridades ambientales.

Comentaré algo sobre la situación en España, donde no existe una estrategia energética definida y aprobada por el Parlamento a la que tengan que ajustarse en el largo plazo las empresas productoras de energía. No existe un mapa energético del país para el largo plazo, no se ha optimizado la asignación de los recursos naturales del país a las distintas aplicaciones posibles. Da la impresión de que las empresas energéticas tienen  toda la iniciativa en la elección y proposición de sitios para sus proyectos, pero es difícil que sean capaces de darles la misma importancia a los aspectos técnicos y económicos de su negocio que a los ecológicos, sociales, turísticos o simplemente humanos, los cuales solo pueden tener para las empresas energéticas una cierta importancia colateral. Aquí hay un riesgo que, teniendo en cuenta que se trata de proyectos con una larguísima vida útil, puede pagarse caro algún día. Baste con recordar, como ejemplo quizá extremo pero tristemente real, las consecuencias que ha tenido en Japón la instalación de una planta nuclear como la de Fukushima en una zona abierta a los daños producidos por grandes tsunamis.

Desgraciadamente, vivimos en un mundo en el que los gobiernos y los parlamentos, que representan los intereses de los ciudadanos, tienen cada vez menos que decir en los grandes temas técnicos, económicos y financieros, cuya gestión está cada día más globalizada. 

lunes, 9 de mayo de 2011

Paseando con mis nietos por el siglo XXI.- (1) La puesta en escena

El dibujo, hecho en Excel, pretende emular  a mi nieta
 benjamina, demasiado joven e inocente para traerla 
aquí en una foto. Ha terminado pareciéndose al
 pequeño Cocoliso de los inmensos Popeye y Oliva
 Oil, símbolo de todos los bebés del mundo.
Con esta entrada voy a iniciar una serie de tres o cuatro en la que, travestido de adivina, sentado ante una mesa redonda con faldones pintados con algunas constelaciones del firmamento y en su centro una hermosa bola de cristal sobre una base de plata repujada, voy a formular algunas conjeturas sobre lo que puede llegar a ser este siglo XXI que empezamos ahora a recorrer.

Tengo tres nietos, la más joven con cinco meses. Si todo les va bien, teniendo en cuenta los avances imparables de la medicina, atravesarán el siglo XXI y seguirán cumpliendo años en el siglo XXII. Ayer estuve con mi nieta más joven, una guagüita arrebatadoramente guapa, más fuerte que el más fuerte de los atletas adultos, que observa con inteligencia y una inmensa curiosidad la realidad del mundo, aprendiendo algo nuevo cada segundo que está despierta. Desde que me estrené como padre y pude observar de cerca a los bebés he estado convencido de que la plenitud del individuo humano está en la primera infancia, entre los cero y los cinco años; me gustaría exponer aquí mis argumentos, pero no tengo ni el espacio ni el tiempo ni quiero atentar contra la paciencia de mis lectores. Mi nieta benjamina  cumplirá noventa años en enero del 2.101, entrando en el siglo XXII como una madurita todavía con bastante vida por delante y quién sabe, quizá capaz, como otras mujeres de su edad, de seguir despertando las ilusiones y encendiendo las pasiones de los maduritos de su generación. Este potencial suyo, tan lejano a lo que ha sido la vida de los terrícolas nacidos como yo en mitad del siglo XX, me parece una novedad extraordinaria, me hace mirarla con admiración y hasta me sobrecoge.

De una extraña manera difícil de racionalizar, mi nieta benjamina está siendo estos días  la bola de cristal en cuyas transparentes profundidades intento entrever el futuro. En términos más concretos ella es ya mi futuro, al menos lo es del 25% de mi DNA, una fracción muy importante de mis determinantes heredables. Ella y mis otros dos nietos son, en buena medida, mi particular siglo XXI, e incluso el comienzo de mi siglo XXII.  Esto me hace plantearme una pregunta interesante, entre otras muchas: ¿me asusta el siglo XXI que ahora comienza? Temo que sí, que me asusta bastante. Pero yo soy un viejo, y los viejos se agobian por cualquier cosa. Estoy seguro de que a ella, no es que no le asuste ahora su futuro, pues todavía es inocente, sino que no le va a asustar a lo largo de la mayor parte de su siglo.

Aun así, ¿hay motivos suficientes para inquietarnos ahora por lo que el siglo XXI pueda traernos? Creo que sí. Al menos dos problemas estructurales del planeta alcanzarán su punto de ruptura en algún momento del siglo XXI. Uno es el de la superpoblación, el otro el del deterioro ambiental. Ambos serán temas principales de las entradas que van a seguir a ésta.

La historia reciente de la humanidad está hecha de ciclos de duración entre uno y dos siglos en cada uno de los cuales se han ido sucediendo un gran avance cultural, el correspondiente avance tecnológico, la proposición de una utopía capaz de resolver definitivamente los problemas planteados por los avances anteriores y el fracaso trágico de su puesta en práctica.
A modo de ejemplo y limitándonos al área geográfica occidental o euroamericana:
1).- Ciclo del Renacimiento.  En el siglo XV irrumpe el Renacimiento, una revolución cultural que trae consigo el desarrollo de las ciudades, la imprenta y el capitalismo. El siglo XVI es ya el de las exploraciones y descubrimientos, que cambian nuestra concepción del mundo. También el de la utopía y el cisma protestantes, que culminan en el siglo XVII con unas guerras de religión que ensombrecen Europa. En paralelo, como consecuencia del encontronazo de los amerindios con los europeos, se produce una tragedia demográfica en el continente americano.
2).- Ciclo de la Ilustración. El siglo XVII es también, en su segunda mitad, el de los grandes descubrimientos científicos: Galileo, Kepler, Newton, Leibniz, Descartes. Con la máquina de vapor se inicia la Revolución Industrial, basada en la energía del carbón. Termina siendo el siglo de las Luces, que con la Ilustración trae la utopía de la Razón y el Progreso que da origen a los Estados Unidos de Norteamérica y también culmina en la Revolución Francesa.  Es el siglo de la burguesía, también el de la consolidación de la lengua alemana como una lengua de cultura, gracias sobre todo a Kant, primer gran filósofo que piensa en alemán. Todo esto culmina en los comienzos del siglo XIX con un Napoleón que queriendo transformar a Europa por la fuerza se convierte en el primer déspota europeo de nuevo cuño, que descoyunta a Europa, acaba con el Imperio Español y cuyo fracaso final lleva al Imperio Inglés y a la consolidación del mundo germánico como una potencia cultural y tecnológica emergente.
3).- Ciclo de la ciencia. El siglo XIX es el gran siglo de la ciencia y la tecnología, con figuras como Darwin, Pasteur, Mendel y Gauss. En sus realizaciones tecnológicas, el siglo XIX trae consigo un desarrollo espectacular del capitalismo y sus contradicciones,  resultando en un siglo XX en el que se reparten el protagonismo dos grandes utopías transformadoras, el comunismo y el nazismo, que terminan como escalofriantes despotismos, llevando a máximos nunca imaginados la tragedia europea y culminando en la II Guerra Mundial.

Ya sé que lo que acabo de hacer es una simplificación abusiva de fenómenos muy complejos y entrelazados, pero lo que quiero poner de manifiesto es precisamente eso, que el desarrollo de la historia es como el régimen turbulento de un gran río en el que muchas corrientes, unas evidentes, otras subterráneas, entrechocan unas con otras y van dándole así una dirección más o menos azarosa al conjunto. Siempre hay un cuerpo de avances científicos que resulta en otro de avances tecnológicos, económicos y sociales, que generan contradicciones que quieren salvarse con la formulación de una nueva utopía que intenta llevarse a la práctica derivando en guerras que resultan en un estrepitoso fracaso ideológico y una gran cantidad de sufrimiento. Y vuelta a empezar. Así progresa el mundo, así lo hará a lo largo del siglo XXI si los humanos no consiguen ir conjurando los peligros que vayan saliendo al paso.

De esto es de lo que voy a hablar en las tres o cuatro entradas próximas. Lo haré cogido de la mano con mis nietos, pensando en su futuro, paseando con ellos `por las largas avenidas que cruzan o van a cruzar el siglo XXI. Un abuelo contando cuentos, pero no de lo que ya ha pasado, sino de lo que puede llegar a pasar. Que aspira así a entretenerlos y darles algo en que pensar.