sábado, 9 de febrero de 2013

Un día de niebla


Aquí en Chiloé yo vivo en unas alturas que se dejan caer casi a pico sobre el mar, entre Puñihuil y Duhatao. Mi casa está a 100 m de elevación, pero las partes más altas llegan a los 200. En verano hay muchos días en que soplan los vientos de travesía, lo hacen desde el oestesuroeste marino y llegan cargados de humedad y más fríos que la tierra que los recibe. No les queda otro remedio que ascender por los cañones y barrancos de la costa, con lo que su humedad se condensa en una niebla fina y persistente que llega a cubrirlo todo.
La niebla entrando desde el mar por uno de
los barrancos de Punta Tilduco.

La niebla es misteriosa, porque oculta a medias las cosas que cubre y uno llega a ver en esas formas borrosas no lo que realmente hay, sino lo que uno querría o temería ver. Lo es además porque en contraposición a las nubes, que son consistentes, compactas, la niebla es irregular, deshilachada, heterogénea, de manera que se ven y dejan de ver figuras que por eso pueden llegar a parecer fantasmales. También los sonidos, cuando se transmiten a través de la niebla, se quiebran y refractan muchas veces, así el grito de un niño puede llegarte de la dirección donde solo hay mar, y el ronquido de las olas de tierra adentro, confundiéndote, transformando el mundo que conoces en una sucesión de sorpresas.

La niebla hace parecer todavía más temible
este precipicio
No exagero. Hace algunos años una científica norteamericana, es decir, una persona fuera de toda sospecha de no ser alguien absolutamente racional, había salido una noche de verano a fumarse un cigarrillo desde una casa muy cercana a la mía, aquí en Duhatao. De pronto una extraña forma fantasmal, imprecisa y etérea, surgió  a su lado y voló con energía a su alrededor, desapareciendo a continuación en la noche. Aquella mujer se asustó bastante. Yo, que seguramente soy mucho más fantasioso que ella, he tenido experiencias similares en la terraza de mi casa, aquí en Duhatao. Pero tengo una explicación científica. En noches sobresaturadas de humedad y con algo de viento, se puede formar un paquete de niebla en cualquier instante y en cualquier sitio, el cual vuela a continuación, llevado por el viento, con rumbo desconocido.La primera impresión de un fenómeno así, hasta que uno consigue racionalizarlo, es de auténtico pánico. Aunque quién sabe… quizá alguno de estos paquetes de niebla no sean tales, sino verdaderos fantasmas errantes en la noche… y entonces el pánico sea justificable.


Invade bosques y montes
Esa niebla que en la mar es el terror de los navegantes, por los peligros que abre, en tierra firme es solo una fuente de melancólica fantasia. Es triste, sí, pero también dulce, humilde y sumisa. Puede darte miedo, pero la culpa será tuya, porque estarás pecando de un exceso de imaginación, de una calentura fantástica.

La niebla es lo mejor que hay para soñar despierto cuando después de un paseo por entremedio de ella llegas a tu casa, te quitas las botas e inevitablemente empiezas a recordar cosas maravillosas que te han pasado o has imaginado a lo largo de tu vida.

Eso te pasa porque la niebla te ha infectado de su melancólica fantasía. No te queda más remedio que dejarte invadir por esta última.

Y hasta convierte esta casa en una extraña nave fantasmal

viernes, 8 de febrero de 2013

Don Quijote y Sancho Panza

Picasso (1955).- Don Quijote y Sancho

La novela de arte mayor es capaz de convertir sus personajes en arquetipos de lo humano, que el lector interioriza y no olvidará nunca. Ese es el caso clarísimo de la novela fundadora del arte de novelar, Don Quijote. Pueden hacerse múltiples interpretaciones de esta gran obra de arte, porque toda obra grande es como un diamante tallado con múltiples facetas, siendo su naturaleza mucho más compleja que la de un simple folletín. Pero hay una interpretación bastante obvia, la de que Don Quijote y Sancho representan los dos extremos de la personalidad humana, contrarios a la vez que complementarios. El idealista caballero frente al realista escudero, el visionario frente al prudente, el alocado frente al sensato, el arrojado frente al tímido, el ardiente frente al tibio, etcétera.

Expone aquí Cervantes, en el siglo XVI y aplicándola a la naturaleza humana, la visión que Heráclito, en el siglo VI AC, tenía ya de la naturaleza de las cosas: todo es si mismo y su contrario, todo lo que existe en el espaciotiempo es como un plano con dos caras, ésta y aquélla, la de aquí y la de allá, la de la izquierda y la de la derecha, la de arriba y la de abajo, dos caras que están condenadas a no verse nunca la una a la otra por estar, como lo están, inextricablemente ligadas, por ser, como lo son, inseparables. Esta visión heraclitea la construye Cervantes para lo humano con una gran maestría literaria, la dibuja con trazos geniales que nos facilitan su interiorización.

Porque, en verdad, la estructura psicológica de los humanos es así. Cualquiera de nosotros es simultáneamente eso (sea este “eso” cualquier trazo de nuestra personalidad) y noeso, es decir, su contrario. Muchas veces es el eso quien predomina, y se puede generalizar afirmando que la persona en cuestión es, por ejemplo, prudente. Pero el noeso está siempre allí, aportando la otra cara del plano que hace posible que ese plano sea real, una cara escondida pero viva y palpitante, que espera una oportunidad de expresarse, de trocar en este ejemplo la prudencia por la imprudencia más alocada e irreflexiva. Y así sucede que hasta la persona más generosa puede comportarse como egoista, hasta el más valiente puede dejarse llevar por la cobardía, etcétera.

Esta es la naturaleza humana (Cervantes) porque es la naturaleza de las cosas (Heráclito).

¿Lecciones prácticas, moralejas? Como mínimo dos. Que seamos tolerantes, por comprensivos, con aquellos humanos que nos fallan o decepcionan, porque muchas veces lo hacen ejerciendo su libertad de cambiar la cara del plano que nos ofrecen. Y que seamos vigilantes con nosotros mismos, que estemos preparados para que cualquiera de nuestros “esos” sea desplazado, como en una revuelta de palacio, por su “noeso”. De manera que, manteniéndonos alerta, lleguemos a ser, en la medida de lo posible, lo que con nuestra voluntad, que no nuestra libertad, queremos ser.

Dr Jekyll and Mr Hyde
Cabe añadir otra gran novela que varios siglos después se mueve bajo los mismos esquemas filosóficos que Don Quijote, el “Dr Jekyll and Mr Hyde” de Stevenson. Aquí se trata de los rasgos más extremos de una personalidad humana, la pareja bondad/maldad, cordura/locura, virtud/perversión, etc, rasgos que se mueven todos con los mismos esquemas cervantinos de plano/contraplano. 

Todos, sin excepción alguna, llevamos dentro un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde, superpuestos a la vez que contrapuestos el uno con el otro. Así que no solo nos son necesarias la libertad y la comprensión para con nosotros mismos, tambien la disciplina y la vigilancia.

Inevitablemente.

Reencuentro con Duhatao


Playa del Elefante, Duhatao, Chiloé
Después de casi dos años de ausencia, he regresado a Duhatao. Llegué un anochecer y al amanecer siguiente lo primero que hice fue calzarme las botas. Dediqué toda la mañana a recorrer sus senderos, bajar a sus playas rocosas, mirar sus cielos y su mar. Me encontré con dos cambios muy aparentes: ni volaba jote alguno ni se veían los soplos de las ballenas sobre el océano azul. En cuanto a estas últimas, dicen los entendidos que quizá La Niña sea la causa del retraso su llegada. Los jotes es seguro que no encontraban corrientes ascendentes de aire para sustentarlos, porque vi con los prismáticos, en una roca cercana que es asiento de unas pocas familias de lobos marinos, a los jotes compartiendo ese espacio con ellos, como les es habitual.

Hubo otra excepción inquietante, no vi a mis dos chivos cimarrones, dos machos viejos que cuando dejé Duhatao vivían asilvestrados en unos barrancos casi a pico sobre el mar, comiendo de los tepúes y las murtas que crecen en aquellas pendientes y descansando en un bosquecillo espeso de canelos y quilas. Busqué sus huellas, había algunas dudosas, también examiné sus fecas en el cagadero que tenían muy cerca del mar, que no eran ahora ni abundantes ni frescas. Percibí el olor fuerte de su orina en un sendero que está algo alejado de su territorio habitual, eso fue todo. Cabe que se hayan desplazado de lo que fue su casa, pero cabe también que los humanos les hayan hecho algo malo, porque dudo que ellos se hubieran dejado capturar. Veremos.

La flecha roja indica el lugar donde se supone
 que el hombre cayó al mar
También ha tenido lugar una tragedia en la costa, al final de un sendero que hice abrir yo y que lleva hasta un promontorio sobre el mar donde nidifica una colonia de gaviotas. Un hombre  ha muerto allí. Había ido para recolectar cochayuyo, un alga que crece sobre las superficies rocosas costeras mojadas intermitentemente por el mar, al son de las mareas. Tenía fama de buen nadador y era joven, pero debió caer al agua y las grandes olas de la mar de fondo, frecuentes en las costas de Chiloé abiertas al Pacífico, lo golpearon contra las rocas y malhirieron, sin que pudiera salir del agua porque las paredes de piedra de la costa eran allí casi verticales. Eso es lo que se supone, porque iba solo, así que no hay ningún testigo de su desgracia. Pero los médicos que hicieron su autopsia, cuando finalmente su cuerpo pudo recogerse del fondo del mar , que lo hicieron  esos buzos chilotes que pueden con todo, dicen que murió resistiéndose. Una más de las innumerables víctimas humanas que jalonan las costas occidentales de Chiloé, abiertas a un océano que no es que sea cruel, pero sí implacable.

Uno de los tiuques que vive cerca de mi casa dejó
que me acercara cuanto quisiera para fotografiarle,
y creo que esto fué su forma de darme la bienvenida.
Salvando todo esto, mi impresión en esta mañana de reencuentro con Duhatao ha sido de continuidad. Una continuidad muy poderosa, puesta de manifiesto a través de infinidad de detalles que no han cambiado. Mis amigos tiuques acudieron a su cita diaria conmigo como si no hubiera existido mi larga ausencia, los árboles familiares siguen estando, naturalmente, en su sitio, el bosque tiene su apariencia de siempre, lo mismo el mar, los barrancos y el reflejo cambiante del cielo sobre las largas olas. Las golondrinas se dan su atracón cotidiano de pequeños insectos volando elegantes sobre la pampita que hay junto a mi casa. Las gaviotas, que fui a visitarlas en su colonia, siguen sobrevolándome escandalizadas como antaño lo hicieron, graznando para asustarme, intruso no deseado como yo soy. Un picaflor se ha asomado a mi ventana dinámicamente quieto, flotando sobre la fuerza de sus alas, mirándome con descaro quizá para hacerme ver que aquí el rey del mambo es él. Y, siendo ahora pleno verano, el viento de travesía, que sopla aquí siempre del suroeste, se ha entablado por la tarde como suele hacerlo, refrescando el aire y cubriendo el mar de blancos borreguitos. Lo mismo que ya cercana la puesta del Sol ha entrado la niebla, trepando por los barrancos desde el mar para empaparlo todo de una atmósfera mágica. De las pocas cosas que han cambiado son los ciruelillos que sembré alrededor de mi casa, que han enraizado bien y crecen vigorosos, mucho más altos y fuertes que cuando yo los dejé; pero este cambio no es sino un reflejo de la continuidad de la naturaleza, de la vida, que allí impera.

Viniendo de una ciudad grande e inevitablemente alocada como Sevilla, de un país convulso y desgarrado como España, de una región angustiada y todavía cegada por el culto al progreso como Europa, encontrarse sumergido en esta serenidad de Duhatao y en definitiva de Chiloé es, me parece  a mí, una experiencia extraordinaria.

Estaba yo ayer subiendo por un sendero empinado uno de estos barrancos de la costa de Duhatao y el esfuerzo hacía que mi corazón latiera aceleradamente. Esto me hizo darme cuenta de que mi corazón existe, cosa que habitualmente nos está oculta. De que mi corazón es el reloj más importante que marca mi paso por la vida. En definitiva de que la vida, mi vida, es sobre todo tiempo.

Pero rodeado como estaba allí por los misterios de la naturaleza, caí también en la cuenta, esto fue casi una revelación, de que mi corazón no es el único reloj natural que mide allí el paso del tiempo. Que los bosques tienen un corazón solar, midiéndose su vida por los ciclos anuales de crecimiento y reposo, cuyos ritmos quedan marcados indelebles en los anillos de sus árboles. Que las piedras volcánicas de todos los barrancos de aquella costa tienen un corazón telúrico, multisecular, un reloj eruptivo, en el que las campanadas son los terremotos y las erupciones, pero el tictac incansable es la tremenda presión que empuja a unas placas tectónicas sobre otras. Que el océano tiene un reloj plurianual, marcado por los reequilibrios continuos y cíclicos de la temperatura de sus aguas, así como un reloj lunar, el de las mareas, cuyas campanadas solo se oyen en la costa.

Pero donde hay un reloj natural tiene que haber un corazón que energice sus ritmos. Y donde hay un corazón hay pasión, deseo, esfuerzo, vivencia del futuro. Comprendí que toda la naturaleza que me rodeaba, de la que yo no era sino una pequeña parte, está llena de espíritu, eso tan difícil de definir que a su vez no es sino una manifestación de lo que no es pasado ni futuro, sino nada más que presente. Un presente que aunque no podría existir sin el acompañamiento del pasado y el futuro, que lo delimitan, es sin embargo, en sí mismo, puro placer y a la vez angustia de vivir, pura afirmación de si mismo, puro grito ontológico, reclamación del ser como algo que está más allá del existir.

Diablos, ante esta revelación o este sueño, según quiera entenderse, me sentí hermanado con la naturaleza que me rodeaba, no siendo yo sino una parte, ni la más necesaria ni la más importante, de ella. Dándome cuenta de que este hermanamiento, este sentirme mucho más que yo mismo, valía  la pena del viaje que me ha traído hasta aquí.


Roca horadada en la playa del Elefante, Duhatao, Chiloé


domingo, 3 de febrero de 2013

España en blanco y negro


España, mi patria, es un país dado a la calumnia y a las delaciones. Durante siglos tuvimos que soportar la imborrable vergüenza histórica de la Inquisición, en la que bastaba con denunciar anónimamente a un presunto judaizante para que recayera sobre éste todo el peso de la sospecha inquisitorial, seguida con frecuencia de la tortura y la cárcel. Esto no ha cambiado. En este desgraciado país la buena fama sigue siendo más importante que las buenas obras y el “calumnia que algo queda”, una sentencia de origen latino, ocupa un sitio destacado en nuestro refranero popular.

Aquí, en mi apaleada tierra, lo más importante no es lo que eres, sino lo que pareces. La figura que vertebró durante varios siglos la sociedad española fue la del “hidalgo”, una contracción de "hijo de algo", aplicada al que tenía unos orígenes nobles, o como mínimo, “limpieza de sangre”, no estando contaminado su genoma con DNA de orígen judío o morisco. Y si no eras hidalgo o no podías ejercer de tal por lo menos tenías que aparentarlo. Ya lo describía así Quevedo en su “Buscón”: “Mi amigo iba pisando tieso, y mirándose los pies; sacó unas migajas de pan que traía para el efeto siempre en una cajuela, y derramóselas por la barba y vestido, de suerte que parecía haber comido”.

Una tierra también venal y nepotista, donde todavía, para tener éxito en la vida, es indispensable que te ayuden con sus influencias tu padre o tu tío o el amigo del amigo de tu padre, que dejará apuntado ese favor y se lo intentará cobrar en el futuro. Donde los corporativismos están tan saludables como en los tiempos de los gremios medievales, donde los médicos, los abogados, los ingenieros, cierran filas alrededor de un colega que ha cometido un error en el ejercicio de su profesión, donde hay un dicho que no deja de tener gracia para describir la forma de actuar respecto a los ciudadanos de los funcionarios con poder: “a los amigos, hasta el culo; a los enemigos, por el culo; a todos los demás, las disposiciones legales vigentes”.
Picasso (1959).- Tauromaquia: Don Tancredo

Digo todo esto por lo que está pasando ahora con las acusaciones de corrupción de algunos políticos de primer nivel, empezando por Rajoy, el presidente del gobierno, que la prensa, o mejor, cierta prensa sin escrúpulos, está difundiendo. Se lanzan acusaciones sin pruebas suficientes que la gente, con ese candor de las masas, acoge como ciertas y probadas elevando así su indignación hasta extremos paroxísticos. Mientras que se olvidan de los verdaderos problemas del país: la crisis económica, la crisis política, la crisis judicial, etc. Seguramente es este olvido lo que los calumniadores buscan. Olvido y confusión, “en río revuelto ganancia de pescadores”, que dice el refrán castellano.  Se busca el “pan y circo” de los romanos, diversión indignada para el pueblo indignado, todos en la plaza vociferando desde las gradas mientras que el matador y su cuadrilla lidian y sacrifican al toro.

Afortunadamente, no toda España es así. En España el sol brilla con fuerza, luce casi siempre, despojado de nubes. Quema pero también da vida. La luz del sol español ciega pero también descubre toda la belleza de los mil colores posibles de las cosas. España es un país de pintores, de luces y sombras, no es un civilizado país de grises, sino un apasionado país de blancos y negros, de claros y oscuros, de cumbres celestiales y pozos abismales, de gloria y de mierda.

En estos días la mierda ocupa la atención de la mayoría. ¡Cuanta peste!... 

Lástima. Ojalá esta peste deje paso pronto a las cosas buenas y bellas que también están aquí, escondidas bajo las piedras del camino. A las tareas y desafíos por los que merece la pena luchar. Al patriotismo, esa virtud pasada de moda y sin embargo tan necesaria.

sábado, 2 de febrero de 2013

En camino


En poco más de 48 horas dejaré atrás Sevilla para Chiloé. Será por poco tiempo, pero eso no hará mi despedida menos honda, tanto como mi abrazo a ese Chiloé querido que se me acerca.





Sevilla es sobre todo historia. La torre de la catedral, la Giralda, es el símbolo de la ciudad. Ella, junto con el gran patio de los naranjos, fueron  lo único dejado en pie de la enorme mezquita musulmana cuando los cristianos la reconquistaron en 1284. Estos cristianos, reconociéndose a sí mismos como locos, empezaron a construir una gigantesca catedral gótica donde el templo musulmán estuvo, culminada como el tercer templo en tamaño de la Cristiandad, después de San Pedro en Roma y San Pablo en Londres, aunque levantada varios siglos antes que estos dos últimos.

La torre de la mezquita era demasiado bella para tirarla abajo. Lo que hicieron los cristianos fue rematarla con un campanario cristiano, renacentista, y éste con una enorme veleta de forma humana, el Giraldillo, quedando así constituida la Giralda, un bellísimo símbolo de lo que Sevilla valora más en lo profundo de sí misma: la apertura a otro gente, pueblos y razas, en un sincretismo que es más cultural que religioso, y el respeto, que llega a ser culto, a la belleza.

Esta Sevilla profunda y filosófica, tolerante y narcisista, se mantiene fiel a sus principios y ve pasar corriendo un tiempo, el de ahora, que ya no es el suyo. Lo ve pasar con calma, sin recelos. Todo esto hace fácil que uno la quiera.



Mientras que Chiloé es sobre todo Naturaleza. Pero esta Naturaleza no ocupa un rango inferior al de la Historia. Una y otra son en definitiva Tiempo vivido y por vivir, cristalizado en pasado y fermentando en futuro.
El salto entre lo histórico de Sevilla y lo natural de Chiloé parece enorme, pero no lo es, una y otra orilla de este salto no son sino las dos caras de Jano, el dios de las puertas. Yo estoy abriendo desde mi Sevilla la puerta que me separa y me une a mi Chiloé. Las dos no son sino moradas distintas de mi misma casa.

Para saludar a mi Chiloé, he construido un collage con fotos tomadas por mí en los alrededores de Duhatao, donde vivo.Figuran en él algunos de mis amigos animales y mis totems. El cielo frente al mar que todos los crepúsculos cruzan las bandurrias, graznando su alegría de vivir. El picaflor etéreo, veloz y volátil pero también valiente y fanfarrón. El jote silencioso y sereno, que planea con la majestad del cóndor pero es más humilde. La parejita de pudúes que pueden haber constituido ya una familia, y el machito semioculto en la espesura con uno de mis amigos tiuques, de esos que comparten cada día mi desayuno. El chilco bellísimo, con su néctar preparado para que los picaflores y las abejas se alimenten. El chucao de culito respingón, curiosón y sociable, que es la voz de los bosques chilotes. Los chivos cimarrones que han encontrado su libertad en mi casa. La huella de un zorrito sobre las piedrecillas del camino, despues de una noche de lluvia. La roca del Elefante, rompeolas de los temporales bramantes que llegan desde Magallanes. Los montes, el mar, las orillas espumeantes, la isla de Metalqui en la distancia, las maravillosas, siempre distintas, puestas de Sol.

Luego está el Chiloé de mis amigos humanos, a los que pronto abrazaré.

Alejándome del Norte con sus fríos, de Europa con sus desvaríos e inseguridades, con su vejez, también con su grandeza, voy camino del Sur con su inesperado calor austral, de Chiloé con su autenticidad, su sencillez, su juventud y su misterio.

Que sea un buen viaje.

domingo, 27 de enero de 2013

Acerca del amor



Maternidad

Escribe en su blog una amiga que acaba de tener su primer hijo (traduzco yo al español):

<< No me canso de mirarlo. Para mí es un tesoro cada momento que paso con él. Amo su olor, sus manitas, la forma en que las mueve cuando se siente cómodo, sus gruñiditos!!!... lo amo tanto… tanto… tan de verdad!!!

(…)

Este niño es ahora el centro de mi mundo y precede a todo lo demás.

(…)

Amo sus manos y cómo aprieta mis dedos con fuerza. Si solamente pudiera hacerle saber que no iré a ningún sitio, que estaré siempre aquí para él! …y su sonrisa… tiene la sonrisa más hermosa, una sonrisa tan poderosa que ilumina mis días y da sentido a las cosas importantes de mi vida.

Me cuesta esperar a todas las aventuras que a su vez nos están esperando!!

Felices dos meses!! Te amo chiquito.>>

-----o-----  

Este es un ejemplo bellísimo de ese amor maternal que se derrama todos los días sobre el mundo en una infinidad de nacimientos, quizá la forma de amor más generosa de todas las que existen. Amor maternal que es semejante al amor postulado por Simone Weil (mi entrada anterior) para el Dios creador, pues la madre, trayendo a su hijo al mundo, se retira, renuncia a mucho, retrocede para que su hijo viva.

Comparado con todo el resto de lo que constituye nuestra naturaleza, lo que tiene el amor de único es que no pertenece al individuo humano que somos, no está ligado en exclusiva a nuestra (mi, tu, su) particular línea de vida. Pues el amor es por su propia esencia compartido, los individuos humanos solo podemos vivir el amor si lo estamos compartiendo unos con otros.

Esto es así incluso cuando no hay reciprocidad en el compartir. Un individuo humano puede amar a otro y no ser amado por éste, pero el amor, esa propiedad transitiva, proyectiva, que hace que el individuo humano se salga de sí mismo, ya existe en él.

¿Acaso no nos permite esta presencia inevitable del amor mantener un cierto optimismo sobre el futuro del mundo?



lunes, 21 de enero de 2013

La Creación y el problema del Mal en Simone Weil

Simone Weil (1909 - 1943)

Simone Weil fue una inteligente y comprometida filósofa, activista y mística francesa que murió prematuramente en el curso de la II Guerra Mundial. La admiro mucho, me parece una de las mujeres más interesantes del siglo XX, no solo por su obra, también por su vida. Ya he escrito una entrada sobre ella en este blog el 28 de febrero de 2007.

Ahora he conseguido un texto suyo que quiero comentar aquí. Forma parte de uno de los documentos y cartas recopilados en el libro “A la espera de Dios”, traducción al español (Trotta Eds. 2009) del original francés “Attente de Dieu”, el cual puede descargarse gratis por gentileza de la Universidad de Quebec.  Los textos que contiene  fueron escritos por la Weil entre el 19 de enero y el 26 de mayo de 1942, poco antes de su muerte.

En el texto al que está dedicada esta entrada expone Simone Weil su explicación de la Creación por Dios de nuestro entero Universo. Lo he traducido así:

<<En lo que toca a Dios, la Creación no es un acto de expansión de sí mismo, sino de retirada, de renunciación. Dios más todas las criaturas es menos que Dios solo. Dios ha aceptado esta disminución. Ha vaciado de sí una parte del ser. Se ha vaciado ya en este acto de su divinidad; es por esto que San Juan dice que el Cordero ha sido sacrificado desde el principio del mundo. Dios ha permitido la existencia de cosas que no son Él y que valen infinitamente menos que Él. Mediante el acto creador se ha negado a sí mismo, como Cristo nos ha prescrito negarnos a nosotros mismos. Dios se ha negado a nuestro favor para darnos la oportunidad de negarnos por Él. Esta respuesta, este eco, es la única justificación posible a la locura de amor del acto creador>>.

Esta visión de la Creación (y de su análogo cosmológico en las teorías científicas del origen del Universo) supone un giro copernicano respecto a todo lo generalmente afirmado o supuesto. Según ella el Universo no aparece como consecuencia de una acción positiva de Creación por parte de Dios, sino como consecuencia de que ese Dios, que por su propia condición de tal ocupa la totalidad, se retira voluntariamente para dejar un hueco espaciotemporal en el que se desarrolle el Universo. Su Creación lo es por tanto no por acción, sino por omisión, no por presencia, sino por ausencia.

Por cierto que esta visión de Simone Weil está directamente inspirada en la de un cabalista judío del siglo XVI, Isaac Luria, que vivió en Safed y completó la Cabala surgida del Zohar de Moses de Leon, el cabalista judeoespañol (sefardita) del siglo XII.

Para la Weil, esta Creación por omisión es una consecuencia del amor de Dios. Y el hecho de que Dios se retire para permitirnos existir justifica la inevitable existencia del Mal en nuestro Universo. Pues ese Mal no es sino la ausencia del Bien, inevitable consecuencia de la retirada divina. Isaac Luria explica este misterio de forma más poética. El dice que Dios, al retirarse para permitirnos existir, deja en nuestro Universo algunas chispas de misteriosa luz divina, y que de estas chispas se apropian partes de nuestro Universo que aceptan el plan creador de Dios y partes que lo niegan. Este es el origen de la existencia de Bien y Mal en nuestro Universo, que luchan entre ellos para apropiarse de esas chispas de luz que su oponente  porta.

En cualquier caso, he traído este texto aquí, junto con el levísimo comentario hecho por mí de un asunto tan escabroso y profundo, como un ejemplo de lo que es el lenguaje religioso, un lenguaje comunicativo radicalmente diferente al lenguaje instrumental  que utilizamos para organizar nuestro estar_en_el_mundo. Ese lenguaje comunicativo es no solo el de la religión, sino también del arte, el amor humano y el asombro ante la belleza del mundo (así como de sus contrapartidas). Mientras que el lenguaje instrumental lo es de la ciencia, la técnica y todo lo normativo que nos permite organizar y ordenar nuestro espacio humano (así como de lo que nos permite desordenarlo y desorganizarlo).