domingo, 3 de febrero de 2013

España en blanco y negro


España, mi patria, es un país dado a la calumnia y a las delaciones. Durante siglos tuvimos que soportar la imborrable vergüenza histórica de la Inquisición, en la que bastaba con denunciar anónimamente a un presunto judaizante para que recayera sobre éste todo el peso de la sospecha inquisitorial, seguida con frecuencia de la tortura y la cárcel. Esto no ha cambiado. En este desgraciado país la buena fama sigue siendo más importante que las buenas obras y el “calumnia que algo queda”, una sentencia de origen latino, ocupa un sitio destacado en nuestro refranero popular.

Aquí, en mi apaleada tierra, lo más importante no es lo que eres, sino lo que pareces. La figura que vertebró durante varios siglos la sociedad española fue la del “hidalgo”, una contracción de "hijo de algo", aplicada al que tenía unos orígenes nobles, o como mínimo, “limpieza de sangre”, no estando contaminado su genoma con DNA de orígen judío o morisco. Y si no eras hidalgo o no podías ejercer de tal por lo menos tenías que aparentarlo. Ya lo describía así Quevedo en su “Buscón”: “Mi amigo iba pisando tieso, y mirándose los pies; sacó unas migajas de pan que traía para el efeto siempre en una cajuela, y derramóselas por la barba y vestido, de suerte que parecía haber comido”.

Una tierra también venal y nepotista, donde todavía, para tener éxito en la vida, es indispensable que te ayuden con sus influencias tu padre o tu tío o el amigo del amigo de tu padre, que dejará apuntado ese favor y se lo intentará cobrar en el futuro. Donde los corporativismos están tan saludables como en los tiempos de los gremios medievales, donde los médicos, los abogados, los ingenieros, cierran filas alrededor de un colega que ha cometido un error en el ejercicio de su profesión, donde hay un dicho que no deja de tener gracia para describir la forma de actuar respecto a los ciudadanos de los funcionarios con poder: “a los amigos, hasta el culo; a los enemigos, por el culo; a todos los demás, las disposiciones legales vigentes”.
Picasso (1959).- Tauromaquia: Don Tancredo

Digo todo esto por lo que está pasando ahora con las acusaciones de corrupción de algunos políticos de primer nivel, empezando por Rajoy, el presidente del gobierno, que la prensa, o mejor, cierta prensa sin escrúpulos, está difundiendo. Se lanzan acusaciones sin pruebas suficientes que la gente, con ese candor de las masas, acoge como ciertas y probadas elevando así su indignación hasta extremos paroxísticos. Mientras que se olvidan de los verdaderos problemas del país: la crisis económica, la crisis política, la crisis judicial, etc. Seguramente es este olvido lo que los calumniadores buscan. Olvido y confusión, “en río revuelto ganancia de pescadores”, que dice el refrán castellano.  Se busca el “pan y circo” de los romanos, diversión indignada para el pueblo indignado, todos en la plaza vociferando desde las gradas mientras que el matador y su cuadrilla lidian y sacrifican al toro.

Afortunadamente, no toda España es así. En España el sol brilla con fuerza, luce casi siempre, despojado de nubes. Quema pero también da vida. La luz del sol español ciega pero también descubre toda la belleza de los mil colores posibles de las cosas. España es un país de pintores, de luces y sombras, no es un civilizado país de grises, sino un apasionado país de blancos y negros, de claros y oscuros, de cumbres celestiales y pozos abismales, de gloria y de mierda.

En estos días la mierda ocupa la atención de la mayoría. ¡Cuanta peste!... 

Lástima. Ojalá esta peste deje paso pronto a las cosas buenas y bellas que también están aquí, escondidas bajo las piedras del camino. A las tareas y desafíos por los que merece la pena luchar. Al patriotismo, esa virtud pasada de moda y sin embargo tan necesaria.

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