miércoles, 31 de diciembre de 2014

Nochevieja 2014 / Añonuevo 2015


He venido viajando mi vida en un tren de alta velocidad desde que tengo recuerdo de ella. Pegado a la ventanilla, sin querer perderme ni un solo detalle de los paisajes que el tren y yo atravesábamos.

Pero ha llegado el jefe de tren, me ha pedido mi ticket, y tras examinarlo detenidamente me ha dicho: “No señor, este no es el asiento que le corresponde, sino aquel otro”. Y me ha indicado uno idéntico al que tengo, también una ventanilla, pero que en vez de mirar hacia delante, ¡mira hacia atrás!

Ahora soy yo el que tiene que volver la cabeza hacia atrás para mirar hacia delante. Pero lo haré, lo estoy haciendo.



¡FELIZ NOCHEVIEJA, FELIZ AÑONUEVO A TODAS Y A TODOS, SEA CUAL SEA LA DIRECCIÓN HACIA LA QUE MIREN VUESTROS ASIENTOS Y VUESTRAS CABEZAS!


Arcoiris



La mañana está chubascosa, es más primaveral que veraniega. Te has asomado a la terraza para echarle un vistazo al día y de pronto se forma un arcoiris que parte el cielo en dos mitades. A la izquierda, el chubasco cuyas gotas de lluvia han roto la luz blanca en sus colores elementales para que tú veas su belleza escondida. A la derecha, el fantasma de un segundo arcoiris que pugna por hacerse visible. Y en el centro, donde el primer arcoiris toca las rocas y el mar, es donde te decían de pequeño que se escondía una olla de oro. Pero tú, ahora que ves el cielo y el mar desde la altura de las gaviotas, te das cuenta de que aquello no era sino una de esas leyendas que les contamos a los niños para hacerle el mundo todavía más maravilloso.

Los paisajes de Chiloé te dan estas sorpresas. Cuando menos lo esperas se deshacen y rehacen en nuevos paisajes, como si tuvieras entre tus manos un caleidoscopio de aquellos con los que jugabas cuando tú eras un niño.

Nunca he visto arcoiris tan poderosos como los de Chiloé.

martes, 30 de diciembre de 2014

Despedida

Me quedan pocos días en Chiloé, que serán luminosos porque los pasaré con mis hijos y nietos.

Del Chiloé de mis soledades, mi íntimo amigo, quiero despedirme ahora. Ayer tarde estaba en Punta Tilduco mirando al mar, a sus encuentros con la tierra y el cielo, a las rocas, las olas, las nubes y el viento. Todos ellos en su pureza, desde su inocencia, sin más contaminación en aquellos instantes que la que aportaba mi miserable presencia.

Mi despedida es muy corta:

Gracias Chiloé por todo lo que me has dado. No te olvidaré.


domingo, 28 de diciembre de 2014

El arte de la novela

Pero la novela, ¿es un arte? 

Sin duda, porque implica creación. Aunque en contraposición a la poesía o el teatro (que hoy ha sido sustituido casi enteramente por el cine) la novela tiene fronteras difusas con otros géneros literarios, como la biografía o el ensayo, incluso con la poesía.

Dos componentes son específicos de la novela y la definen, pero solamente cuando van unidos: los personajes y la manifestación de sus vidas interiores, es decir, de aspectos de sus vida que no se pueden ver con los ojos ni oír con los oídos.

La novela es siempre una fantasía, y los que le dan un anclaje en la vida real son el novelista por un lado y los lectores por el otro.

El novelista es un médium que invoca a los personajes, trayéndolos a las páginas de un libro desde el mundo de los espíritus. En un primer movimiento el novelista es el mago que obliga a los personajes a aparecerse en el mundo real, así los crea. Pero en un segundo movimiento, cuando los personajes han adquirido vida propia, el novelista es un amanuense que se limita a dejar constancia escrita de lo que los personajes dicen, piensan, hacen, sienten, inventan. ¿Quién es más famoso, mejor conocido, más perdurable y admirado, más universal, el binomio Don Quijote / Sancho o Cervantes? Creo que la respuesta está bien clara. El novelista termina siempre siendo un servidor de sus personajes. Esto le honra.

El lector es el que a través de la lectura de una novela recrea a sus personajes, los reinventa. La novela deja todo el espacio recreativo a la imaginación del lector. Es posible que la novela muera algún día, pero no será porque los medios audiovisuales la sustituyan, sino porque acaben matándola. Y entonces con ella habrá muerto una parte importante de lo que es ser humano, y  los Homo sapiens estarán mucho más cerca de haberse convertido en un terminal más de una máquina todopoderosa. Porque la actitud audiovisual es infinitamente más pasiva, menos inteligente e imaginativa, que la lectora.

¿De qué le sirven al escritor los esfuerzos que hace para escribir una novela, cosa por cierto nada fácil? A algunos afortunados les sirve para ganarse la vida. A otros, más afortunados porque no tienen que ganarse la vida con ese arte tan sublime, aunque sean unos fracasados a los ojos del mundo y hasta se mueran de hambre, la novela puede hacerlos creadores, no siempre, no a todos, pues la creación es una oportunidad que exige mucho trabajo y suerte y que aparece raras veces en la vida. Pero estos argumentos intentan racionalizar algo que no tiene explicación. Los escritores, como en general todos los artistas de verdad, parezcan buenos o malos, son y están ahí, simplemente, nada más. Como está el universo, sin que nadie sepa por qué ni pueda explicarlo. Quiero decir, no están por algo ni para algo; simplemente están y seguirán estando. Se los come por dentro una ambición, escribir la novela de la que les afloran a veces chispazos desde lo más hondo de ellos mismos. Ese es, en todo caso, su secreto.

Y a los lectores, ¿para qué les sirve leer novelas? Para divertirse, porque leer novelas no es, si se hace seriamente, sino una forma de jugar. Ahora bien, esto de jugar leyendo novelas es algo tan importante como lo es para un bebé jugar con sus cubos y sus esferas y sus muñecos antropomorfos y sus aros y sus mil cachivaches varios. El bebé aprende a relacionarse con el espacio y el tiempo, también a imaginar e investigar. Y el lector de novelas, que suele ser más joven que viejo y más mujer que hombre, aprende de lo que puede ser la vida, también de cómo somos los humanos por dentro. Jugar es, en efecto, la forma más temprana, más divertida y fructífera, de aprender. Y aprender es indispensable para el buen vivir.


Dicho todo lo anterior, ¿cómo puedo concluir estas cortas consideraciones acerca de la novela? Pues solo añadiría que el novelista necesita a su lector casi tanto como el lector necesita a su novelista. Que el arte de la novela, sus posibilidades de sobrevivir, dependerán siempre de ambos. Esta conclusión puede parecer una perogrullada, pero es importante no olvidarla, sobre todo a la hora de decidir, los que tienen el poder para hacerlo, cómo hay que educar a los jóvenes.

sábado, 27 de diciembre de 2014

REBELIÓN EN LA GRANJA (en memoria de George Orwell)


Cuando te sientes llevado, como cualquier otro ciudadano de nuestro tiempo, por fuerzas que no tienen nada que ver contigo y que te parecen incontrolables,

Cuando al dirigir tu mirada hacia el futuro del mundo solo vez una enorme interrogación y oyes una voz en off que entre carcajadas parece decir: “el futuro, ¿qué es eso?”

Y cuando, junto a estas incertidumbres esenciales, verificas que a pesar de todas las amenazas prefabricadas que vuelan por todas partes como malas noticias, el mundo dispone de técnicas y recursos suficientes para que todos los que lo pueblan ahora mismo puedan vivir en paz, libres y seguros,




Entonces te das cuenta de que el Absurdo es el gas más importante de nuestra atmósfera, aunque todavía la Ciencia no lo haya descubierto y caracterizado,

Verificas el fracaso de la especie humana en hacer frente a su destino, convirtiéndolo en rumbo,

Temes que hay algo fundamental dentro de cada uno de nosotros que está enfermo,

Y finalmente comprendes que el primer animal domesticado que existe sobre la Tierra es el humano, que creyéndose racional y rey se comporta como un viejo león desdentado encerrado en la jaula oxidada de un zoo vetusto.

Sospechas que nos gusta nuestra domesticación y nos sentimos seguros y civilizados como esclavos,

Que no nos interesa averiguar quién es de verdad, más allá de todas las apariencias, el amo de la granja en cuyos corrales vivimos.


Todo lo cual te entristece porque, quién sabe, incluso podría resultar que no hubiera ningún amo, que solo existieran las rejas.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

NAVIDAD 2014

Tengo la costumbre de escribir todos los años en mi blog una entrada sobre este día, sin duda la fiesta más importante y entrañable del año. Pasaré esta noche aquí en Punta Tilduco, solo con la naturaleza, que no es poco. Serán las primeras Navidades que pasaré solo en mi vida, así lo he elegido yo, aunque esa soledad será nada más que aparente.

Hoy me he puesto el gorro de teólogo, qué osadía, y me apetece escribir sobre el significado religioso de la Navidad. No estoy ni muchísimo menos facultado para hacerlo, soy un cristiano que como muchos otros oscila entre la fe y el olvido, moviéndose en una línea de sombra, en este mundo en el que cada día te hacen más difícil creer en algo. Aun así, me vale la pena intentar profundizar en lo que la Navidad, una fiesta que se ha hecho tan convencional y consumista, significa desde un punto de vista religioso.

Empiezo afirmando mi identificación con la visión de Simone Weil acerca del acto de creación por Dios del mundo y el universo entero (está en mi entrada en este blog, “La Creación y el problema del Mal en Simone Weil”, 21 enero 2013). El Dios de los filósofos, ese Dios que era nada más que la causa primera de un mundo rabiosamente antropocéntrico, murió hace tiempo, Nietzche levantó el acta notarial de ese hecho. El Dios en el que seguimos creyendo muchos es un Dios del amor y en el amor, que crea el Universo, en el que está nuestro mundo de humanos, en un acto de amor, retirándose para dejarle un sitio. Por eso toda perspectiva sobre la acción de Dios en el mundo tiene que asumir que lo que mueve esta acción es nada más que el amor. Ese amor de Dios respeta nuestra libertad y es por eso que el Mal, junto al Bien, están presentes en este problemático mundo nuestro.

Y supuesto que la relación de Dios con el hombre está movida por el amor, y además que en este Mundo que Dios nos ha creado el Mal está presente como consecuencia indispensable de la libertad que Dios nos dio, no solo al hombre, sino al Universo entero que ha evolucionado en el azar  siguiendo sus propias leyes, supuesto como digo todo eso,

la relación del hombre con Dios será siempre una relación de salvación. Dios, a pesar de la libertad que nos ha dado, no nos deja solos. Pero como los humanos estamos inmersos en el espaciotiempo, nuestra relación con Dios se desarrolla en el tiempo y es una historia, la Historia de la Salvación.

Esta historia, como cualquier otra, se va escribiendo. Su contenido fundamental es un diálogo entre Dios y el hombre. Lo escrito hasta ahora puede dividirse, desde un punto de vista cristiano respetuoso hacia otras religiones, en tres etapas:

Primera etapa: desde la aparición del hombre hasta su expulsión del Paraíso.

Segunda etapa: desde la expulsión del Paraíso hasta el nacimiento de Cristo.

Tercera etapa: desde el nacimiento de Cristo hasta su anunciada Segunda Venida y con ella el fin de los tiempos. Lo vivido hasta ahora por los humanos de esta última etapa es la vida oculta de Jesús, su testimonio público en el que nos predica una religión basada en el amor fraterno y nos anuncia la posibilidad de una vida eterna,  su muerte en la cruz y su resurrección al tercer día como prueba de otra vida después de la muerte para todos nosotros. Desde nuestra perspectiva espaciotemporal, esta tercera etapa de la historia de la salvación está todavía escribiéndose.

Pues el día de Navidad conmemoramos precisamente la culminación de la Segunda Etapa, con el nacimiento de Cristo, el Dios hecho hombre, del vientre de una mujer judía y pobre, en el borde de un camino cuando están huyendo de un peligro de muerte.

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La Primera Etapa de esta historia está escrita en el Génesis. Transcribiré aquí y ampliaré ideas que ya he escrito en este blog (“Resurrección”, 18 agosto 2013). Dios expulsa a los primeros humanos, Adán y Eva del Paraíso porque han perdido la inocencia. Ese pecado
Expulsión del Paraiso.- Gustave Doré
original lo transmiten a toda su descendencia. Cuando yo era un niño no podía comprender que Adán, tan lejano en el tiempo, hubiera pecado en mi nombre. Ahora lo entiendo. Aquel pecado original de Adán lo era del Homo sapiens y tan inevitable como darwiniano. La evolución de los primates llevó al hombre a desarrollar un neocortex cerebral que le cambió la vida. Gracias a él era capaz de crear símbolos y conceptualizar ideas, pudo inventar el lenguaje y puso en marcha la evolución cultural. El amor, que había nacido como el que la madre siente por su hijo en los animales superiores, lo llevó la mujer, personificada en Eva, hasta sus límites y más allá. Ya no era solo el amor de la madre por su hijo, también el de la mujer amada por su amado y viceversa, y el amor a los padres, los hermanos, los miembros de la familia, el clan, la tribu. Finalmente ese amor alcanzó hasta a los que morían. Se les quería, se les lloraba y echaba de menos. Los humanos se resistían a la muerte, la consideraban inaceptable. Luchaban contra ella con dos armas: la medicina del shamán, que era técnica y terminó en ciencia, y la magia del mismo shamán, que era espiritual y terminó en religión. Los humanos rechazaban la ley del eterno retorno de la naturaleza, hecha de ciclos inacabables de estaciones y años, de vidas y generaciones, en los que la muerte no era más que un hito en un camino circular. Una ley esta que sí acataban los animales superiores. Los humanos no querían morir o querían otra vida después de la muerte, para encontrarse otra vez allí con los seres queridos. Este es, me parece a mí, el significado de esa pérdida de la inocencia que denuncia Dios en el Paraíso y que implica, inevitablemente, la expulsión inmediata de Adán y Eva. Y es original este pecado porque será el pecado de todos los humanos, incluso el mío o el de cualquier otro niño inocente, ya que lo llevamos en nuestra naturaleza de Homo sapiens, nuestro neocórtex, nuestro DNA.


La condena por este pecado original es que la mujer para con dolor un niño cuyo cerebro y por tanto su cráneo han crecido más que las posibilidades de dilatación vaginal en el parto. Y que, dadas las constricciones físicas mencionadas, necesitando este supercerebro del recién nacido mucho desarrollo postparto, la madre debe entregarse totalmente a los muchos cuidados postnatales necesarios. Y la condena del hombre es tener que ganarse el pan con el sudor de su frente porque metido en el trance de desarrollar las herramientas que necesita para sobrevivir (el fuego, la flecha, el hacha), inventa el trabajo que es inevitablemente esfuerzo doloroso.

El lenguaje religioso se diferencia mucho del que empleamos en nuestras vidas diarias para comunicarnos. No se dirige al cerebro, sino al corazón. No es técnico, sino poético. Por eso muchas veces es difícil de entender. Y el colmo del lenguaje religioso es el que emplea Dios para hablarnos a los humanos, que somos limitados y no podemos comprender ahora cosas que llegarán a pasar cuando ya hayamos muerto y que Dios, que está fuera del tiempo, quiere revelarnos. La conversación que Dios mantiene con el hombre, incluso en la más radical intimidad de éste, no va dirigida a su cerebro, sino a su corazón. Por eso el hombre necesita de la fe, que es una disposición de ánimo y una entrega incondicional, para entenderle.

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Tras la expulsión del Paraíso empieza la Segunda Etapa de la Historia de la Salvación. Pese a haber pecado, Dios le promete al hombre el perdón, la redención de su pena. Para entender cabalmente lo que quiero decir hay que tener siempre presente que estamos empleando un lenguaje religioso y que confundirlo con un lenguaje instrumental nos llevará a no entenderlo.

Todo el Antiguo Testamento, es decir, el Judaísmo, vibra durante siglos manteniendo viva la esperanza humana en la llegada del Mesías que traerá la culminación de esa promesa de redención del pecado original.

Y un día, porque tiene que ser así, porque los humanos vivimos en el tiempo, el Mesías llega, al menos eso es lo que creemos los cristianos. Y no viene como un guerrero más, ese León de Judá que vencerá definitivamente a los enemigos del pueblo judío e instaurará en el mundo la paz y la justicia con la fuerza de Dios.

No.

Llega por sorpresa como un recién nacido desvalido, hijo de una mujer judía y pobre cuando ésta va huyendo de los verdugos para salvar la vida de su niño.  

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Nacimiento de Jesús.- Gustave Doré
Esa llegada está llena de misterios y contradicciones. ¿Cómo puede nacer del vientre de una mujer virgen un niño que además es Dios e hijo de Dios? Ese es el gran escándalo, el escándalo incomprensible en términos instrumentales que celebramos hoy, día de Navidad. Para los cristianos, que aceptamos ese escándalo desde la fe, el día de Navidad es luminoso y está lleno de alegría. Un día en el que un nuevo acto de amor de Dios, envuelto en el misterio, nos introduce en la Tercera y definitiva Etapa de la historia de la salvación.

Este Jesús niño crece humilde y silencioso, y cuando se hace un hombre se proclama hijo unigénito de Dios y predica la doctrina del amor fraterno. Es considerado subversivo y ajusticiado con muerte en la cruz. Tras la muerte de Jesús tiene lugar un acontecimiento todavía más incomprensible que su nacimiento: ese hombre crucificado en el Gólgota resucita a los tres días. Y cuando lo saben resucitado los cristianos comprenden inmediatamente cuál era el significado completo de la venida de Jesús al mundo, que a pesar de que él lo proclamaba continuamente no habían llegado a entender. Con Jesús, con su nacimiento como hombre, su muerte y su resurrección, Dios nos envía el perdón definitivo del pecado original. Ese perdón no es otro que la promesa de vida eterna, es decir, de resurrección después de la muerte. Como Jesús ha resucitado, así nosotros los humanos resucitaremos también en el último día.

Esta segunda parte del mensaje de Jesús, la promesa de la Resurrección para todos
Resurrección de Jesús.- Gustave Doré
nosotros, debe unirse a la primera, el mandato del amor fraterno. Y las dos juntas componen lo que a mí me parece que es el meollo del compromiso cristiano: estamos en este mundo para consumirnos totalmente, quemar todos nuestros talentos, en el desarrollo en nuestras vidas del Sermón de la Montaña, que es el corazón de ese mandato del amor fraterno. Y después de una vida descarnada al servicio de esa promesa, podremos alcanzar la vida eterna. Este compromiso tendrá que ser llevado  humanamente, con más o menos intensidad según sean las posibilidades de cada uno, hasta un final que es a la vez un principio.

De manera que, tras intentar explicar estos misterios con la mejor voluntad, a mí me queda claro que el día de Navidad representa para los humanos el tránsito entre una etapa de espera, la Segunda, y otra de esperanza, la Tercera y definitiva. Mediado este tránsito por una mujer, María, y su niño recién nacido, Jesús. Curiosa analogía con la transición de la Primera a la Segunda Etapa, mediada por una mujer, Eva, y su amor terrenal, Adán. La mujer siempre como inspiradora o mediadora de la Historia de la Salvación. En esto, dentro del cristianismo, ha puesto el acento principalmente el catolicismo, con su devoción a la Virgen María.


Esto es  lo que soy capaz de escribir. 

Feliz Nochebuena a todos. 

lunes, 22 de diciembre de 2014

´Tímidas y ruidosas bandurrias.



La bandurria de estas fotos es una de mis vecinas que duermen en Punta Tilduco. Esas que en otras entradas de este blog ya he dicho que cuando a la caída de la tarde vuelan sobre el mar, frente al barranco donde duermen y nidifican, están poniendo de manifiesto un sentimiento maravilloso, el de la alegría de vivir, así se lo transmiten a cualquiera que como yo las observa.





Pues ayer vinieron a comer justo frente a mi cabaña, y pude fotografiarlas a placer, sí, pero detrás de un doble cristal. 







Cuando salí a la terraza para continuar mi reportaje me detectaron enseguida e iniciaron de inmediato el vuelo de huida y los graznidos de protesta. 






Cualquiera sabe lo que dirían de mí. Prefiero no averiguarlo.







 Concentré el objetivo de mi máquina en una de ellas y la seguí hasta que se adentró en el mar. 






Y cuando lo hizo apareció bajo ella un gran buque mercante, que solo podía venir de Magallanes o el Pasaje de Drake. Eso lo teñia de romanticismo.







Como muchos otros navegantes lo han hecho durante siglos en barcos más pequeños y débiles.

Venían de los mayores peligros que los océanos del mundo ofrecen o iban hacia ellos.

Magallanes y su gente, Sarmiento de Gamboa, Josua Slocum, Francis Chichester-Clark, tantos capitanes intrépidos de clipers, balleneros y foqueros, las lanchas de los chilotes que exploraban el Sur, la goleta Ancud, todo eso en la realidad. Y el Arthur Gordon Pym de Poe, los personajes de Coloane,  los marinos imaginados por gente como yo, todo eso en la ficción. Pues esa multitud de héroes conocidos o anónimos, reales o imaginarios, surcó esas aguas que la bandurria tenia debajo y yo delante de mis ojos. Diablos, me sentí un privilegiado ante tanta belleza vista o soñada.

Y empecé yo mismo a navegar con el corazón.