miércoles, 21 de septiembre de 2011

Amerindios indispensables

Bandera del Consejo de Todas las Tierras de los Mapuches

Otra vez estoy a punto de dejar Chiloé por una temporada. En este viaje he tenido la oportunidad de contactar más de cerca con el mundo mapuche, no en Chiloé sino en Temuco. Lo que quiero decir aquí es que esta experiencia me ha ayudado a comprender muchas cosas, que por ahora tienen que quedarse para mí.

Puedo declarar, lo he visto bien claro, que Chile, Chiloé y más en general toda la América Latina tienen un inmenso tesoro en las culturas de los que se han llamado Pueblos Originarios, es decir, los Amerindios, los primeros pobladores humanos del continente americano. Estas diversas culturas, todas con un tronco común, persisten en Latinoamérica con fuerza, como un árbol cruelmente talado pero con renuevos vigorosos. ¿Por qué son un tesoro? Por lo que encierran de diversidad cultural, de puntos de vista radicalmente diferentes a los de Occidente respecto al cómo y por qué estar en el mundo.

Concretando más: la cultura mapuche, bastante bien definida; lo que queda en Chiloé del alma williche; y posiblemente muchos otros  renovales de culturas amerindias, representan una aproximación holista al cómo afrontar ese “estar en el mundo” que es el vivir. En contraposición a la aproximación  reduccionista que ha imperado en Occidente desde los griegos (inventores del átomo, ese “ya indivisible” que es la culminación del reduccionismo), los cristianos (inventores del individuo, ese átomo social portador del libre albedrío y que puede salvarse o condenarse él solo) y los romanos (fundadores del Occidente imperialista, ese “divide y vencerás de Julio César, precursor en lo político de Maquiavelo y en lo filosófico de Descartes y de toda nuestra Ciencia).

Ese holismo, vivido hoy todavía por muchos amerindios, representa una fuente de inspiración para encontrar caminos nuevos que ofrezcan soluciones a un Occidente que se está muriendo de viejo y de poderoso. En la perspectiva amerindia, individuo y comunidad son una misma cosa, cuerpo, psique y espíritu forman parte del mismo todo, el humano y la naturaleza son inseparables. ¡Diablos!, pero si por ahí precisamente es probable que discurran los caminos que estamos buscando…

Conocerlos, respetarlos, escucharlos, comprenderlos, todo eso como mínimo, es lo que tenemos que empezar a hacer con nuestros queridos Amerindios indispensables.

lunes, 19 de septiembre de 2011

DSK en TF1: "Haced lo que yo os diga, no lo que yo haga"

Fotograma de DFK durante su entrevista televisiva de ayer

Ayer DSK escenificó una vieja farsa en el primer canal de la televisión francesa. Con gesto compungido, si ello es posible en un rostro tan lleno de determinación y poderío, explicó a los franceses que había cometido una falta moral, pero no contra Nafisatu Dialo, sino contra su mujer, sus hijos, sus amigos… y los franceses, de la cual se arrepentía. Declaró explícitamente que ni había forzado, ni engañado, ni pagado, ni dañado a Nafisatu, dejando entender que la relación que habían mantenido, probada por la ciencia forense, había sido consentida. Siete minutos de consentimiento de una mujer, tiene uno que deducir, subyugada por un macho poderoso, que no necesitó más tiempo para consumar su don. Esta música suena al viejo grito de ¡SHAZAM! que acompañaba en sus comics al Superman de mi niñez, cuando cambiaba su disfraz de periodista por la vestimenta de héroe en décimas de segundo. Una forma supermánica de cortejar y poseer a una mujer, supongo.

 Lamentable espectáculo esta entrevista, un acto propagandístico, vergonzoso para Europa y para la televisión francesa, en el que una vez más la víctima, Nafisatu Dialo, no tenía ocasión de defenderse. DSK debería haberse mantenido en un discreto silencio, pero pudo más lo que me parece que es una mezcla de orgullo y ambición.

Hubo más cosas. DSK dejó abierta la posibilidad de que Nafisatu hubiera sido parte de una conspiración contra él. Luego habló de la crisis financiera europea, expuso sus diagnósticos, propuso sus soluciones. Declaró estar muy preocupado por el problema del envejecimiento de la población europea, que si no se soluciona la llevará en 25 años al desastre. Dijo que no se presentaría como candidato a presidente de la República en las próximas elecciones francesas, pero lo que a mí me parece que quiso decir es que seguiría en la política, al servicio del pueblo francés y de Europa, listo como siempre para salvarlos de la oscuridad.

¡SHAZAM! “Haced lo que yo os diga, no lo que yo haga”.


Un ejemplo más del doble lenguaje que domina al mundo, quizá la forma sutil, hipermoderna y tecnológica que hoy adopta la tiranía.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La memoria de los tiuques



Una madre nunca te olvida. Quizá su memoria sea la única verdaderamente desinteresada que existe. Una mujer a la que has querido, que dada la condición humana llega a ser como una madre para ti, tampoco te olvidará. Un amigo puede olvidarte, y un hijo. Un animal de compañía, tu perro o tu gato, difícilmente dejará de recordarte. Mis tiuques de Duhatao tampoco me han olvidado, y aunque sus motivos son más bien interesadillos, el hecho de que me recuerden me ayuda a convencerme de que existo, lo que dadas las alturas abismales en que ahora me encuentro, no es poco.

Estando yo en Duhatao acostumbré a mis vecinos tiuques a que vinieran todos los días a mi terraza a coger los trozos de pan que yo les dejaba. Luego me fui lejos durante meses. Cuando he vuelto, la misma mañana en que desperté aquí ya estaban ellos revoloteando alrededor de mi casa, dándome los buenos días y esperando de mí su desayuno.

No he querido alimentarlos porque me iré pronto, y no quiero despertar en ellos expectativas que se verán enseguida frustradas. Pero esta mañana uno de ellos se ha posado exactamente delante de mi ventana, más cerca de mí que nunca lo han estado, y mirándome de frente. Si eso no es hablar…

He corrido a la cocina y he subido a la terraza con cuatro trozos de pan, que he dejado, como siempre hacía, ordenados en el barandal. Enseguida el tiuque que me pidió el pan ha volado a coger su pieza, y he podido hacerle una foto para testificarlo. Luego, muy pronto, lo han seguido otros dos. Cuando escribo esto todavía queda un trozo de pan en el barandal. ¿Por qué? Pues porque los tiuques han tenido suficiente con tres.

Observo aquí, sumergido en la naturaleza de Duhatao, que los animales en general, no solo los tiuques, no son glotones ni derrochadores. Toman lo que necesitan, y basta. Toda una lección.

sábado, 17 de septiembre de 2011

EL VIENTO

El Gipsy Moth IV cruzando frente al cabo de Hornos, en foto tomada por la aviación chilena


Lo sientes en tu piel, como si te acariciaran unos dedos invisibles. Oyes sus gemidos algunas veces en la noche y te parecen los de un espíritu que pide socorro. Nunca lo ves, pero es el más real de los fantasmas: el viento.

Para convencerte de que es algo más que un sueño dispones de sus efectos sobre otras cosas bellas: las velas llenas de un barco blanco y airoso, las aspas girando alegres de los molinos quijotescos u holandeses, las nubes corriendo por el cielo, las olas que al romperse en la playa dejan atrás estelas voladoras de espuma blanca, el pelo suelto de una mujer a la que amas, en esa misma playa, movido y enredado por la brisa. También dispones de fenómenos estremecedores, por lo menos de sus fotos, como el temporal de viento y mar que arrastra al Gipsy Moth, en la foto que encabeza esta entrada.

A veces tienes la impresión de que el viento te está hablando. Eso te sucede en noches de tormenta. Tu casa cruje, te acuerdas de cuando eras todavía un niño, te arrebujas entre las sábanas, bajo las mantas. ¿Qué te está diciendo el viento?  No lo sabes. A veces te parece que se queja, otras solamente oyes sus murmullos, como si quisiera contarte un secreto. Pero te has equivocado ya tantas veces acerca de lo que el viento quería decirte… lo has engañado tú tantas veces, has oído con tanta reiteración solamente lo que querías oir, inventándolo…

 Vivir es navegar los vientos que te van llegando. Si esto te llena de dudas, si te sientes confuso o asustado o esperanzado, no puedes hacer otra cosa que seguir viviendo. ¿Quién sabe? 

martes, 13 de septiembre de 2011

Luna llena en Duhatao



A las 6:30 de la madrugada del martes 13 de septiembre de 2011, así lucía la Luna llena sobre el Pacífico, vista desde los barrancos de la punta Tilduco, en Duhatao.

Ajena a los afanes humanos, la misma Luna del Pleistoceno o de los tiempos grandes de los griegos, la misma que seguirá girando alrededor de nuestra Tierra dentro de cien o mil años, cuando todo lo que ahora nos conmueve no sea ya, quién lo sabe, ni siquiera historia.

Eso sí, esta madrugada había unos ojos humanos contemplándola, engloriados en su belleza. Y un dedo humano que oprimió con el mayor cuidado posible el botón del disparador de su cámara, trabajando en modo nocturno.

Esta madrugada, puedo atestiguarlo, la Luna no estaba sola.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Imperio de las Máquinas (4).- Esencia de la Técnica según Heidegger


Las ideas de Heidegger sobre la Técnica, cuya comprensión me parece una etapa esencial en el  camino a lo largo de esta serie, fueron expuestas en la conferencia que con el título “La pregunta por la Técnica”, pronunció en 1953. Durante días no he dejado de luchar contra este texto difícil, siempre a través de traducciones o comentarios en español o inglés. Hoy me atrevo a ofrecer una interpretación en la que he intentado pasar del duro lenguaje filosófico del autor  a otro más llano, accesible a todos. Ahí voy.

Heidegger es un filósofo obsesionado por la cuestión del Ser, quizá la más profunda y primaria de las que puede plantearse la filosofía.

Pero ¿qué es el Ser? Eso precisamente es lo que quiere investigar Heidegger. Sabe lo que no es el Ser, lo cual no deja de ser un punto de partida. Sabe que muchos grandes filósofos, a partir de Platón, se equivocaron en su búsqueda. Creyeron encontrar al Ser cuando solo habían encontrado a los entes, es decir, a los que son. Platón relegó el Ser al territorio vaporoso de las ideas, y con eso marcó un camino falso a todos los filósofos que lo siguieron. Para Heidegger, el Ser es la última realidad, la más básica, la esencia que poseen en común todos los que son. Por esto mismo, el Ser no tiene nada de metafísico. Heidegger acusa a los filósofos de haber encerrado al Ser en un sótano metafísico. De alguna manera, todo su trabajo va contra la Metafísica, que para él no es el reino de los filósofos, sino una imposible ficción.

El joven Heidegger es valiente. Para lanzarse a la búsqueda del Ser tiene que descubrir caminos nuevos, es decir, en términos filosóficos, inventar nuevas palabras o conceptos. Tiene que empezar de cero. Como no sabe lo que es el Ser, aunque sabe lo que no es, busca rastros del Ser por todas partes. Pistas, huellas que le dejen ir entendiéndolo, ir acercándose a Él. Esto es análogo a lo que hicieron muchos exploradores en el Himalaya cuando buscaban al yeti, el Abominable Hombre de las Nieves. Les hubiera bastado encontrar huellas de las patazas del yeti en la nieve para justificar sus esfuerzos. Pues eso hace Heidegger. Visita las realidades del mundo, el hombre, el arte, la técnica, con la esperanza de que el Ser haya dejado alguna huella en estos territorios, algo que lo ayude siquiera a empezar a entenderlo. Y después de toda una vida de exploración, Heidegger reconoce que ha fracasado, que no ha encontrado al Ser, sino solo algunos rastros que podrían ser de Él pero no ofrecen ninguna prueba concluyente de serlo.

Ahora bien, este hallazgo de algunos rastros del Ser justifica toda la vida que Heidegger ha dedicado a este esfuerzo. La pista del Ser más consistente que Heidegger encuentra es la palabra, hasta el punto que Heidegger dice que “el lenguaje (la palabra) es la casa del Ser”, queriendo quizá significar que el Ser ha pasado por el lenguaje, ha dejado sus pistas allí. Esto lleva a Heidegger a interesarse mucho por la poesía, en cuanto a que es en la poesía donde la palabra (el lenguaje) es más pura, está más despojada de concupiscencias externas: las palabras que hay en la poesía podremos no entenderlas, pero nunca nos van a engañar. Y si el lenguaje es la pista más contundente que tenemos del Ser, el hombre es precisamente nada menos que el portador del lenguaje, el hombre es “el guardián de la casa del Ser”. El Ser está oculto, o lo que es lo mismo, nos está oculto a nosotros los humanos, no podemos verlo. El Ser, para nosotros, es lo oculto, lo que se nos oculta. Todo lo que sea sacar algo de lo oculto es generar pistas del Ser, huellas del yeti sobre las nieves himaláyicas. Por eso Heidegger está muy interesado en las posibilidades que se le ofrecen de observar cómo se saca algo de lo oculto, como se generan pistas del Ser. La poesía es una fuente de pistas del Ser, porque a través de sus palabras inspiradas saca algo de lo oculto. Otra fuente de pistas del Ser es la Técnica. Por eso, aunque no solo por eso, Heidegger se ha interesado en pensar acerca de la Técnica y ha escrito "La pregunta por la Técnica"  que aquí nos está ocupando.



Al intentar el encuentro con Heidegger uno tiene que escalar las alturas más profundas. Pocos lo consiguen. Pero ahora, para hablar de cómo ha visto Heidegger a la Técnica, que es lo que me interesa tratar, puedo volver al suelo. Dejemos pues a Heidegger en sus Himalayas, pero sabiendo ya cuáles son las preocupaciones de este genio angustiado y por qué, con qué objetivos, ha puesto sus ojos en la Técnica.

Para Heidegger la Técnica es algo consustancial con lo humano, como lo son el lenguaje, el arte o la poesía. Desde una perspectiva histórica, distingue entre dos clases de Técnica:
-        .- La Técnica tradicional, o Artesanal, que es la que ha venido desarrollándose desde las primeras hachas de piedra tallada (hace 100.000-200.000 años) hasta la Revolución Industrial (en el siglo XIX).
-       .- La Técnica moderna, o Tecnociencia, que arranca con la Revolución Industrial, es una aplicación de las Ciencias y sigue desarrollándose en nuestros días.

A Heidegger le interesa y preocupa mucho más la segunda que la primera. Pero como filósofo que es, considera que por lo que debe preguntarse no es por la Técnica, sino por la Esencia de la Técnica. Es decir, no por las herramientas paleolíticas o las primeras máquinas de vapor o las centrales nucleares o la genómica humana, sino por lo que subyace en todas ellas.

Esta Esencia de la Técnica consiste en sacar algo de lo oculto, es decir, traer algo desde el Ser hasta nuestro mundo cotidiano. En esto consisten también el lenguaje (la poesía) o el arte. Todos ellos sacan algo de lo oculto,  trayendo a nuestro mundo, como por arte de magia, las pistas que nos deja el Ser, las cuales terminan siendo objetos de nuestro mundo, materiales o inmateriales, que podemos comprender, experimentar o sentir. En lo poético podría tratarse de una poesía de Hölderlin, el poeta preferido por Heidegger para buscar pistas del Ser. En lo técnico, Heidegger nos pone para que lo entendamos el ejemplo de una copa sacrificial de plata, un cáliz. El cáliz sale de lo oculto merced a la intervención de las cuatro causas que había definido Aristóteles: la causa material, que es la plata de la que está hecha; la causa formal, que es el diseño geométrico que la copa tiene; la causa final, que es el destino que se le da a esta copa, un destino sacrificial, por ejemplo contener el vino que en la misa católica se va a convertir en la sangre de Cristo; y finalmente, la causa eficiente, que es el hombre artesano que funde la plata y le da una nueva forma bajo la convicción de que lo que está haciendo es de alguna manera sagrado. Estas cuatro causas se coaligan, y en una suerte de misterioso arte de creación, ¡hale hop!, sacan de lo oculto una pista del ser, haciendo nacer en nuestro mundo una copa de plata, un objeto sagrado, un cáliz.

¿Cómo acontece ese “sacar de lo oculto” en el caso particular de la Tecnociencia? Esta es la pregunta más significativa que Heidegger se hace en lo que respecta a la Esencia de la Técnica. Consideremos el ejemplo de la energía nuclear, a la que vamos a ver como una pista del Ser, sacada de lo oculto por la coalición de sus cuatro causas eficientes: el Uranio radiactivo (causa material), los conocimientos científicos y tecnológicos que nos han permitido domeñar la fisión nuclear y diseñar una central nuclear (causa formal), la necesidad social de producir energía eléctrica (causa final) y los humanos (científicos e ingenieros) que controlan el funcionamiento de esta coalición (causa eficiente). Además de aquel milagroso salir de lo oculto que se daba en el cáliz de plata, aquí sucede algo más de enorme trascendencia: nuestra coalición no solo está sacando algo de lo oculto, sino que está provocando a ese algo, dándole la oportunidad de que genere, nada más nacer, sus propias coaliciones de causas, según sus propias leyes, y adquiera así vida propia. Porque en efecto, al poner en marcha el reactor nuclear de una central, se está generando una reacción en cadena que puede mantenerse controlada durante años, generando calor que se convertirá en electricidad, o puede escapar a nuestro control y dar lugar a accidentes tan terribles como los de Chernobyl o ahora Fukushima.

¿Cómo hemos llegado a desarrollar esta capacidad de provocar a lo que sale de lo oculto? Mediante la ciencia, es decir, la investigación y la acumulación del conocimiento científico. Para Heidegger, la Técnica Artesanal precedió históricamente a la Ciencia, que nació de ella (las redomas y hornos de los alquimistas, los telescopios primitivos de Galileo, el microscopio elemental de Leuwenhoek, etc), pero la Ciencia precede a su vez a la Tecnociencia, que se alimenta continuamente de ella, convirtiendo en provocación de lo que sale de lo oculto a lo que en la Ciencia es solo afán de conocimiento. Este es el problema.

O parte del problema. Porque la Tecnociencia dota al hombre de una capacidad de provocación de la Naturaleza que no conoce límites. Y como el hombre es, en definitiva, una parte de la Naturaleza, de autoprovocarse a sí mismo, lanzándose por caminos arriesgados que no sabe dónde lo van a llevar. Ejemplo de esta situación es el que nos dan hoy las capacidades que ya están haciéndose reales de manipular el genoma humano mediante las técnicas de ingeniería genética molecular. Trataré este tema en la próxima entrada, en relación con lo que postula el filósofo Sloterdijk. El hombre puede llegar a convertirse en un objeto para sí mismo, puede deshumanizarse o transhumanizarse en criaturas irreconocibles, posibilidad ésta que nunca había existido hasta ahora. Asunto, por tanto, lo suficientemente importante para que nos pre-ocupemos de él.

Resumiendo: la Técnica es peligrosa, la Tecnociencia lo es mucho más. Representa un peligro, un riesgo para la Naturaleza, pero también para el propio hombre, que puede llegar a convertirse, cayendo en la tentación faústica, en el demiurgo de sí mismo.

Lo que no significa que haya que rechazar la Tecnociencia, dejándose llevar por un primitivismo absurdo, sin salida. ¿Cómo podría el hombre renunciar a tantos beneficios como ha obtenido de ella? Basta con contemplar la capacidad de la medicina actual de prevenir la enfermedad, curarla y mitigar el sufrimiento. O lo que representa la electricidad para vivir con seguridad y confort. O las virtudes, que siguen siendo muchas, de la vida urbana. Tantos beneficios más como la Tecnociencia ha reportado al hombre.

Heidegger nos trae en su texto una poesía de Hölderlin, para hacernos ver la naturaleza del dilema con que nos enfrentamos:

<<Pero donde hay peligro, crece también lo que salva>>

Es decir, el propio peligro con el que se nos presenta la Tecnociencia trae consigo una esperanza de salvación. Pero ¿dónde radica, cómo es, dónde está, dicha esperanza?

En esto Heidegger no puede ser más claro. Empieza aportándonos otra estrofa de Hölderlin:

<<…poéticamente mora el hombre en esta tierra>>

Y termina diciéndonos:

“Como la Esencia de la Técnica no es nada técnica, la meditación esencial sobre la Técnica y la confrontación decisiva con ella tienen que acontecer en una región que, por una parte, esté emparentada con la Esencia de la Técnica y, por otra, sea fundamentalmente distinta a ella.
Esta región es el Arte”.

Lo que para mí significa, usando la terminología que he venido empleando en esta serie, que los peligros que se derivan del desarrollo extraordinario de la Técnica solo podrán ser conjurados desde el Humanismo y la Historia, los otros dos componentes de la cultura humana, que nuestro mundo hipermoderno se ha ido dejando atrás. No hay que tenerle más miedo a la Técnica que el que procede del extraordinario desfase que se ha producido entre su desarrollo y el del Humanismo y la Historia. La recuperación del sentido de la Historia nos dará una visión clara del futuro al que debemos y podemos aspirar. Y el relanzamiento del Humanismo hará que podamos poner buena parte de nuestras esperanzas de salvación en los artistas, los poetas y los pensadores.

Heidegger concluye su “Pregunta por la Técnica” con estas bellas palabras:

“Cuanto más nos acerquemos al peligro, con mayor claridad empezarán a lucir los caminos que llevan a lo que salva, y más intenso será nuestro preguntar. Porque el preguntar es la piedad del pensar”.

La belleza de una tarde soleada en Duhatao

Después de varios días de temporal, sale el sol y se produce un milagro. El reloj vital de Chiloé marca ahora el tiempo en que florecen el michay y el pello-pello, los primeros que lo hacen, anunciando con sus anaranjados y sus blancos la llegada de la primavera. He traído varias fotos solo para ofrecer algunas señales tímidas de lo que viene, pero me dejo atrás muchos otros detalles de cómo toda la naturaleza empieza a despedir al invierno.

Las rocas que cubren la desembocadura del río Duhatao. Días, noches, meses y años resistiendo el poder destructor de las grandes olas que les llegan desde el Pacífico. Ahí siguen, nuestras vidas son tan cortas que no percibimos sus cambios. El día que la primera de ellas desaparezca, el calcio de mis huesos, si es que muero aquí, estará ya incorporado en el esqueleto de algún animal marino que yacerá en el fondo del mar esperando su oportunidad de hacerse roca para convertirse en montaña.



Una de las grandes rocas que se alza entre Duhatao y Pumillahue. Fuera aparte de su belleza, ¿sirven para algo? Pues sí, ya están llegando a ellas las gaviotas que se aparearán y anidarán allí, librando así sus huevos de las apetencias de los humanos, que los consideran un alimento exquisito. (Cliqueando sobre la foto y ampliándola pueden verse algunos puntitos blancos que son gaviotas, de esas impacientes que no quieren llegar tarde y quedarse sin sitio).


Un machito pudu, con sus botones de piel de melocotón en la frente que protegen los cuernos incipientes, otra proclamación de la llegada de la primavera.
Me miraba con la belleza y la inocencia que estos animales muestran, como si  quisiera decirme, simplemente: "Aquí estoy yo. Tú, ¿?quién eres?"







Y el bosque de viejos olivillos al fondo, grises y endurecidos por los vientos del mar, cargados éstos de sal cuando hay temporal. Delante, canelos y pello-pellos jóvenes, entre los que suelen pastar los pudués.










Ah!, y para colmo, esta mañana, un picaflor revoloteaba como un abejorro grande, él que es tan pequeño, alrededor de un michay florecido que hay delante de mi ventana. Viejos amigos, viejos recuerdos. ¿Se puede pedir más?