jueves, 29 de septiembre de 2011

Atrapado

 Experimentando una cierta sensación de vacío. Parecida a la que puede tener un hombre en cuyo sueño ha salido de una habitación, lo sabe, abrió y atravesó su puerta, para entrar en otra a la que sin embargo no ha conseguido todavía llegar. Como entre las dos habitaciones no hay otra cosa que el vacío de esa puerta, este hombre está en ningún sitio. Comprende su situación, sabe que en los sueños casi todo es posible. Pero también teme que esa desposesión absoluta salte desde lo onírico hasta lo real, apoderándose de su vida.


Este hombre quedó atrapado por un susto que se dio estando en el espacio, sobre el Paraguay, cuando vio las huellas gigantescas que los zapatones de unos alienígenas habían dejado marcadas en el suelo del Chaco. La mayoría de los que estaban con él dormían y ahora, cuando quiere contarlo, teme que no lo crean.  De momento se dedica a investigar el asunto, pero cuanto más profundiza en los datos disponibles más lejos se siente del final de su búsqueda. Esto lo agobia, teme no llegar a tiempo. Caen sobre él paletadas de cifras, de estadísticas y datos importantes, capaces de justificarlo todo, hasta las injusticias más obvias. “Hay que ir a lo esencial”, se dice, “buscar dónde están el sufrimiento humano, la desesperanza, limitarse a eso”. Pero las cifras y los datos, tan sólidos como eran, se están convirtiendo ahora en un viento que no lo deja avanzar ni retroceder.

El hombre pide paciencia a sus amigos y a él mismo. Un poco más de tiempo. Es indispensable no precipitarse.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Ya en España



Hacía tiempo que no viajaba con Iberia en un vuelo Chile-España. El inmenso Airbus sale de Santiago a las 13:00, de modo que el Sol no se pone hasta que estás a mitad de Brasil. Como fue un día sin nubes y yo siempre viajo en ventanilla, pude ver el paisaje espectacular de la cordillera, luego la puna argentina, las llanuras paraguayas y el comienzo del Matto Grosso brasileño. El Paraguay de la provincia de San Pedro, fronteriza con el Brasil, me sorprendió: ha sido conquistado por el agribusiness, no es más que un conjunto de líneas geométricas, campos inmensos cultivados de soja, conquistados por la tecnología, tan vacíos de esas huellas humanas de los pequeños campesinos como la cordillera o la selva; escribiré de esto en una entrada próxima.

El vuelo es muy largo: 13 horas, 10,500 km, la cuarta parte de la longitud de la circunferencia terrestre. El avión de Iberia tiene una originalidad muy española, y es que de alguna manera lo han convertido en un bar de tapas, lo que hace el vuelo simpático y caótico. Es una aeronave enorme, no sé si un A340 o A350. En las cuatro estaciones en las que en un avión de este tamaño hay baños y zonas de servicio de comidas, aquí se han convertido estas últimas en una suerte de minibares donde durante toda la larga noche los pasajeros pueden acudir a que les den las azafatas refrescos y medios sandwiches. La consecuencia es que hay un trasiego continuo de gente que va y viene desde sus asientos, algunos se quedan además unos minutos en el “minibar”, charlando y dando zapatazos en el suelo, para activar la circulación. Lo que resulta de todo esto es bueno para las piernas pero malo para los pasajeros cuyos asientos están próximos a los "minibares", quienes tienen difícil dormir. Yo estaba al final del avión, lejos de este trasiego y de las alas que tapan el paisaje, así que pude disfrutar del primer tercio del viaje y luego, con mi somnífero suave, dormir.

Llegamos a España poco antes de que empiece a clarear el día. Entramos por Cádiz y hasta Madrid el paisaje está iluminado por potentes luces eléctricas, incluso en las más pequeñas aglomeraciones de casas. Una España superelectrificada y un poquito derrochadora, con la alegría mediterránea que siempre ha tenido. Luego, ya en Barajas o en el taxi que me lleva hasta la estación de Atocha o en el tren de alta velocidad, todo está organizado y limpio. Es domigo por la mañana, acaba de amanecer, pero por ningún sitio he visto los restos de miseria que la noche permite siempre que se descubran, ya que mientras que los demás duermen en sus casas los abandonados se quedan solos en las calles. ¿Cómo es esto posible en un país sumido en una grave crisis económica, con un 25% de paro total y casi un 50% de paro juvenil? Sospecho que hay dos causas: la economía sumergida, que hace el paro real menor que el estadístico, y la solidaridad interna de las familias españolas, una de las mayores virtudes que esta tierra tiene, fuente también de sus mayores defectos, como el nepotismo o el favoritismo. En lo bueno, los padres ayudan a los hijos y los abuelos a los nietos, con lo que la explosión de miseria se atenúa mucho.

Ya en el tren, la mañana es otoñal y suave, los campos están preciosos. Llego a casa y me encuentro el calor de siempre. 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Hasta pronto, Chiloé



Me marcho con la intención de volver pronto. Toda despedida, por temporal que sea, tiene un brillo negro de tristeza. Siempre te das cuenta, a última hora, de lo que pierdes.

Chiloé. Cruzaré el canal de Chacao de madrugada, mientras que duermes, de modo que no te veré difuminarte en el horizonte. Que te vaya bien, hasta pronto, un beso.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El Nguillatun y la antena de telefonía.



En las cercanías de Temuco, junto a la carretera de Chol-chol, se alza una colina, la más alta de la vecindad, desde la que se  divisa un amplio panorama. Actualmente está ocupada por una propiedad privada, pero desde hace mucho tiempo vino siendo un lugar ceremonial mapuche, donde la comunidad se reunía para rezarle o agradecerle al Ngenechen, el espíritu supremo, equivalente al Manitú de los amerindios norteamericanos, al que tantas veces oímos mencionar de pequeños en las películas de “pieles rojas” made in Hollywood.

La creencia mapuche es que el Ngenechen contiene, de alguna forma inexpresable, cuatro realidades espirituales: el hombre viejo, la mujer vieja, el hombre joven y la mujer joven. A mí se me ocurre pensar que esta suerte de teogonía familiar simboliza algunas cosas muy importantes: el transcurrir del tiempo de vida, desde la juventud a la vejez; el soplo creador, que necesita de los dos sexos para engendrar nuevas criaturas; y el amor, que encuentra su más alta expresión humana en el que se tienen un hombre y una mujer.

Podríamos llamar a este lugar ceremonial un Nguillatun. Definían su naturaleza las cuatro estatuas de madera que aparecen en la foto de esta entrada, toscamente talladas en cuatro troncos, y representando de izquierda a derecha la mujer vieja, la joven, el hombre viejo y el joven.

Quizá yo tenga un sentido acusado de lo sagrado, pero aquellas estatuas, en el día frío, gris y ventoso en que pasé junto a ellas, me inspiraron un gran respeto. Su soledad me impresionó.
Casi al lado de esta tétrada representante del Ngenechen habían instalado recientemente una enorme antena de una importante compañía de telefonía móvil. Superaba con mucho en altura a las estatuas del Nguillatun. Distorsionaba totalmente el paisaje sagrado, impedía, entre otras cosas, que en las ceremonias celebradas allí pudieran verse sin obstáculos los cuatro horizontes, elementos importantes de la cosmovisión mapuche.

No tengo pruebas gráficas de lo que digo. No saqué fotos de la gran antena de comunicaciones. No lo hice porque ni siquiera lo pensé, hasta ese punto estaba mi atención capturada por las estatuas.

Luego me explicaron que allí se habían celebrado Nguillatun hasta que se instaló la antena, pero que la presencia de ésta lo impedía definitivamente. Esto me pareció un símbolo de la confrontación que sigue teniendo lugar entre nuestro mundo tecnológico y una cultura campesina como la mapuche. No es que no la respetemos, sino que ni siquiera la vemos, porque nos falta la sensibilidad necesaria para percibir todo lo sagrado que nos rodea. Y conste que me refiero a lo sagrado como una dimensión simplemente humana, no necesariamente religiosa. Todo eso que es sagrado porque nos suscita una emoción inexpresable, desde la que percibimos la presencia misteriosa de algo digno del máximo respeto.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Amerindios indispensables

Bandera del Consejo de Todas las Tierras de los Mapuches

Otra vez estoy a punto de dejar Chiloé por una temporada. En este viaje he tenido la oportunidad de contactar más de cerca con el mundo mapuche, no en Chiloé sino en Temuco. Lo que quiero decir aquí es que esta experiencia me ha ayudado a comprender muchas cosas, que por ahora tienen que quedarse para mí.

Puedo declarar, lo he visto bien claro, que Chile, Chiloé y más en general toda la América Latina tienen un inmenso tesoro en las culturas de los que se han llamado Pueblos Originarios, es decir, los Amerindios, los primeros pobladores humanos del continente americano. Estas diversas culturas, todas con un tronco común, persisten en Latinoamérica con fuerza, como un árbol cruelmente talado pero con renuevos vigorosos. ¿Por qué son un tesoro? Por lo que encierran de diversidad cultural, de puntos de vista radicalmente diferentes a los de Occidente respecto al cómo y por qué estar en el mundo.

Concretando más: la cultura mapuche, bastante bien definida; lo que queda en Chiloé del alma williche; y posiblemente muchos otros  renovales de culturas amerindias, representan una aproximación holista al cómo afrontar ese “estar en el mundo” que es el vivir. En contraposición a la aproximación  reduccionista que ha imperado en Occidente desde los griegos (inventores del átomo, ese “ya indivisible” que es la culminación del reduccionismo), los cristianos (inventores del individuo, ese átomo social portador del libre albedrío y que puede salvarse o condenarse él solo) y los romanos (fundadores del Occidente imperialista, ese “divide y vencerás de Julio César, precursor en lo político de Maquiavelo y en lo filosófico de Descartes y de toda nuestra Ciencia).

Ese holismo, vivido hoy todavía por muchos amerindios, representa una fuente de inspiración para encontrar caminos nuevos que ofrezcan soluciones a un Occidente que se está muriendo de viejo y de poderoso. En la perspectiva amerindia, individuo y comunidad son una misma cosa, cuerpo, psique y espíritu forman parte del mismo todo, el humano y la naturaleza son inseparables. ¡Diablos!, pero si por ahí precisamente es probable que discurran los caminos que estamos buscando…

Conocerlos, respetarlos, escucharlos, comprenderlos, todo eso como mínimo, es lo que tenemos que empezar a hacer con nuestros queridos Amerindios indispensables.

lunes, 19 de septiembre de 2011

DSK en TF1: "Haced lo que yo os diga, no lo que yo haga"

Fotograma de DFK durante su entrevista televisiva de ayer

Ayer DSK escenificó una vieja farsa en el primer canal de la televisión francesa. Con gesto compungido, si ello es posible en un rostro tan lleno de determinación y poderío, explicó a los franceses que había cometido una falta moral, pero no contra Nafisatu Dialo, sino contra su mujer, sus hijos, sus amigos… y los franceses, de la cual se arrepentía. Declaró explícitamente que ni había forzado, ni engañado, ni pagado, ni dañado a Nafisatu, dejando entender que la relación que habían mantenido, probada por la ciencia forense, había sido consentida. Siete minutos de consentimiento de una mujer, tiene uno que deducir, subyugada por un macho poderoso, que no necesitó más tiempo para consumar su don. Esta música suena al viejo grito de ¡SHAZAM! que acompañaba en sus comics al Superman de mi niñez, cuando cambiaba su disfraz de periodista por la vestimenta de héroe en décimas de segundo. Una forma supermánica de cortejar y poseer a una mujer, supongo.

 Lamentable espectáculo esta entrevista, un acto propagandístico, vergonzoso para Europa y para la televisión francesa, en el que una vez más la víctima, Nafisatu Dialo, no tenía ocasión de defenderse. DSK debería haberse mantenido en un discreto silencio, pero pudo más lo que me parece que es una mezcla de orgullo y ambición.

Hubo más cosas. DSK dejó abierta la posibilidad de que Nafisatu hubiera sido parte de una conspiración contra él. Luego habló de la crisis financiera europea, expuso sus diagnósticos, propuso sus soluciones. Declaró estar muy preocupado por el problema del envejecimiento de la población europea, que si no se soluciona la llevará en 25 años al desastre. Dijo que no se presentaría como candidato a presidente de la República en las próximas elecciones francesas, pero lo que a mí me parece que quiso decir es que seguiría en la política, al servicio del pueblo francés y de Europa, listo como siempre para salvarlos de la oscuridad.

¡SHAZAM! “Haced lo que yo os diga, no lo que yo haga”.


Un ejemplo más del doble lenguaje que domina al mundo, quizá la forma sutil, hipermoderna y tecnológica que hoy adopta la tiranía.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La memoria de los tiuques



Una madre nunca te olvida. Quizá su memoria sea la única verdaderamente desinteresada que existe. Una mujer a la que has querido, que dada la condición humana llega a ser como una madre para ti, tampoco te olvidará. Un amigo puede olvidarte, y un hijo. Un animal de compañía, tu perro o tu gato, difícilmente dejará de recordarte. Mis tiuques de Duhatao tampoco me han olvidado, y aunque sus motivos son más bien interesadillos, el hecho de que me recuerden me ayuda a convencerme de que existo, lo que dadas las alturas abismales en que ahora me encuentro, no es poco.

Estando yo en Duhatao acostumbré a mis vecinos tiuques a que vinieran todos los días a mi terraza a coger los trozos de pan que yo les dejaba. Luego me fui lejos durante meses. Cuando he vuelto, la misma mañana en que desperté aquí ya estaban ellos revoloteando alrededor de mi casa, dándome los buenos días y esperando de mí su desayuno.

No he querido alimentarlos porque me iré pronto, y no quiero despertar en ellos expectativas que se verán enseguida frustradas. Pero esta mañana uno de ellos se ha posado exactamente delante de mi ventana, más cerca de mí que nunca lo han estado, y mirándome de frente. Si eso no es hablar…

He corrido a la cocina y he subido a la terraza con cuatro trozos de pan, que he dejado, como siempre hacía, ordenados en el barandal. Enseguida el tiuque que me pidió el pan ha volado a coger su pieza, y he podido hacerle una foto para testificarlo. Luego, muy pronto, lo han seguido otros dos. Cuando escribo esto todavía queda un trozo de pan en el barandal. ¿Por qué? Pues porque los tiuques han tenido suficiente con tres.

Observo aquí, sumergido en la naturaleza de Duhatao, que los animales en general, no solo los tiuques, no son glotones ni derrochadores. Toman lo que necesitan, y basta. Toda una lección.