lunes, 4 de marzo de 2013

Mi fuerza


Esta mañana me he visto reflejado en la gran pantalla TFT de mi ordenador de sobremesa, ha sido solo un instante, pero me ha bastado para sorprender a mi fuerza. Porque el reflejo había dejado atrás todo lo que no era esa visión.

Mi fuerza, sí, esa fuerza interior que hay en mí y que no tiene nada que ver con la inteligencia práctica. Esa que es pura energía, sin patria ni credo, siempre lista para ponerse al servicio de cualquier meta que mi cerebro le trace. Que no le tiene miedo a nada ni se rinde ante nadie, salvo cuando mi cerebro o mi corazón le dicen “basta ya”.

Esa fuerza es la esclava de los que viven en mi morada interior, ella está allí dentro para servirlos. Es muda pero no sorda. Se esconde en el músculo y el hueso, el tendón y el nervio que sostienen a mi voluntad, la cual gracias a su apoyo se convierte en propósito, aguantando los pulsos que le echa la vida. Vibra en los circuitos cerebrales que ayudan a mi inteligencia a reorganizarse como lucidez. Luce en el voltaje electroquímico que mantiene a todas mis memorias encendidas, listas para ser consultadas y alumbrar nuevos escenarios pasados o futuros. De estos modos es el fundamento de todo lo demás que termino siendo yo, aunque casi siempre, humilde servidora como es, me pasa desapercibida.

¿De dónde procede esta fuerza? Se trata de una pregunta sin respuesta, porque ella es el basamento de todo lo que soy, mi causa primera. Posiblemente está distribuida entre los millones de células que me constituyen, fabricándose continuamente en sus mitocondrias, convirtiendo todo lo que la naturaleza me da, el aire que respiro, el agua que bebo, el alimento que como, el abrigo y el calor que me protegen de lo de fuera, en energía vital. Pero también está distribuida, más específicamente, entre los millones de neuronas que integran mi cerebro, convirtiendo el afecto, el odio, el amor, la exigencia, la inspiración que recibo de todos aquellos a los que les importo en energía emocional. El caso es que esta total fuerza misteriosa no solo es la suma de millones de cuantos de energía vital y emocional, sino que además y sobre todo es en su totalidad muchísimo más que esa suma.

Esta fuerza es la vida, mi vida en toda su extensión e intensidad. Como lo es la tuya, la suya, la de todos y la de cada uno. Está ahí dentro para servirnos.

domingo, 3 de marzo de 2013

Contra la angustia


La angustia es el sentimiento del que se enfrenta con una amenaza cierta cuya naturaleza desconoce. No hay humano que pueda librarse, antes o después, de ella, aunque no sea más que porque a todos los nacidos nos espera un final de muerte cierta. De hecho la mayoría de tus pequeñas angustias cotidianas proceden de que algo querido, que puede llegar a ser parte integrante de tí mismo, está en peligro de muerte aunque no ha muerto todavía. Puede tratarse de una etapa entrañable de tu vida que se acaba, como cuando abandonas por fin la casa de tus padres, o de un amor que supuso mucho para ti y que ahora agoniza, o de una ilusión por la que has luchado hasta la extenuación y ahora empiezas a barruntar, aun sin creértelo todavía, que su realización es imposible, o de un ideal al que entregaste mucho de tu vida y que finalmente sospechas que era falaz. En ninguno de los cuatro ejemplos llegas a ser totalmente consciente de que la muerte de eso que tanto quisiste se acerca, pero ya barruntas que algo muy triste va a tener lugar, no sabes qué ni cuándo, por eso te angustias.

¿Qué puedes hacer para siquiera mitigar tus angustias? ¿Cómo luchar contra un enemigo que se esconde o se disfraza, sin darte nunca la cara? Yo propongo aquí acudir a una medicina que, como la aspirina, alivia los síntomas aunque no cure sus causas. ¿Qué intenta conseguir esta medicina? Ralentizar tu tiempo interior. ¿Cómo? Animándote a ver el mundo que te rodea con una mirada más mansa.

Pero ¿por qué ralentizar tu tiempo interior? Porque la angustia suele producir una aceleración del mismo. El temor que tu angustia te induce a eso misterioso que se acerca te pone en alerta, con lo que muchos acontecimientos que suceden a tu alrededor y que normalmente te pasarían desapercibidos ahora te alarman, los escrutas con sospecha, se te convierten en vivencias que son, en definitiva, golpes de péndulo de tu reloj interior, ese que marca tu verdadero tiempo de vida. Cuando la angustia hace que tu reloj interior empiece a adelantar, tu día físico se corresponde con un día interior mucho más largo, que además no trae consigo compensaciones especiales, lo que te  estresa y agota.

Así que cuando vayas por la calle, hazlo mirando al suelo y los semáforos, nada más, como hacen las novicias de las Hermanas de la Cruz cuando andan por Sevilla, buscando ellas, como si fuera un anillo perdido, su recogimiento interior. Cuando llegues a casa no enciendas la televisión y si lo haces, no se te ocurra zapear. Cuando comas y bebas hazlo despacio y poco, paladeando lo que tienes en la boca. Escucha más y habla menos de lo que es habitual en ti. Cuando te laves y vistas por la mañana hazlo con calma, cuidando los detalles, como si tuvieras todo el tiempo del mundo. Juega con tu perro, acaricia a tu gato, sílbale a tu canario por todas las veces que, malhumorado y apresurado, no lo has hecho. En fin, todo eso y mucho más, siempre en la línea de reducir el número de acontecimientos que atraen tu atención, llenándolos a la vez de contenido.

Lo peor cuando se está angustiado es frecuentemente la noche. Te desvelas, tu oscuridad se puebla de fantasmas, o te despiertas en mitad de la madrugada y ya no puedes recuperar el sueño. En circunstancias así hay medicinas más efectivas que el simple contar de ovejas. Intenta imaginarte ese zafiro que constituye tu yo interior y que está en el centro de tu pecho, junto a tu corazón. Es tan grande como el Koh-i-noor pero a la vez de un azul vivísimo y absolutamente transparente, exhala frescor. Imagínate acercándote a él, hasta que te zambulles en su belleza, imagínate viendo el mundo exterior desde dentro de él. Y si todo esto no te sirve porque eres más prosista que poeta, intenta resolver con sólo tus imágenes mentales un problema de geometría del espacio, desde ver la intersección de un plano inclinado con un cilindro vertical hasta la de una esfera con un cono en distintas posiciones relativas, progresivamente más y más complicadas. Disfruta de la belleza de esas figuras geométricas simples, que para Kant nos son innatas, pues no necesitamos de ninguna experiencia sensible para conocerlas.

Todo lo anterior no son sino ejemplos. Tú tienes infinitas posibilidades de convertir tu angustia en una apacible aventura, dependiendo de tu sensibilidad y tu imaginación, pero si lo haces bien, sin precipitarte, la paz interior o el sueño al que esperas te llegarán muy pronto, sorprendiéndote.

Y cuando la angustia pase porque por fin haya hecho acto de presencia la muerte que la provocaba, entonces podrás finalmente convertir todo lo que está muriendo en bellos recuerdos, porque tu vida también está hecha, no sabes hasta qué punto, de ellos.

sábado, 2 de marzo de 2013

Intuiciones


Te gusta razonar, intentas tener una mente ordenada y tomar decisiones que tengan una consistencia lógica. Sin embargo… con todo esto no te es suficiente para resolver los problemas con que te reta tu vida, necesitas algo más.

A ese algo más se le viene llamando desde hace mucho tiempo intuición, también inspiración y sexto sentido. Es muy posible que al intuir tu cerebro actúe siguiendo las mismas reglas que cuando piensa, solo que sus operaciones permanecen ocultas. Intuir es dejar que tu cerebro piense sin verse sometido a la crítica constante de tu yo consciente. Es poner tu cerebro, esa máquina inconcebible por formidable, en piloto automático. Le propones tu problema, que es como si al piloto automático le marcaras tu rumbo, y lo dejas funcionar de modo autónomo. Tu cerebro extrae de sus gigantescas memorias todas las vivencias y experiencias que estén relacionadas con el problema a resolver, las combina y recombina, sopesa conclusiones, reduce, simula, contrasta, imagina, critica, compara, enjuicia, sintetiza. Todo esto lo hace con una potencia de computación que no hay todavía una máquina en el mundo que sea capaz de aproximársele, y posiblemente nunca la habrá. Como resultado final tu cerebro te propone una solución, que puede ser un juicio, una evaluación o un impulso, al que tú sientes emerger de tí con enorme potencia, desde lo más hondo, como si estuviera saliendo de tus mismísimas tripas (gut feeling) y que se te impone enseguida como la solución, en cuya certeza confías con una fé inconmovible.

Intuir es como soñar despierto, de hecho las intuiciones y los sueños están muy próximos. Un sueño, que puede ser una pesadilla, no es una solución para un problema, como las que la intuición propone, pero sí es la representación de una escena que de alguna manera oscura o diáfana te conmueve, te emociona o asusta, porque si no fuera así no lo recordarías. La representación de algo que, escondido en tu subconsciente, es importante para ti.

Dicen que las mujeres son más intuitivas que los hombres. Puede que sea así. Desde un punto de vista biológico, el animal hombre, que busca activamente una hembra que fecundar, caza para alimentar a sus crías, lucha para proteger a su familia de sus enemigos, trabaja para construir un refugio en el que quepan todos, es un animal de acciones y reacciones, más mecánico y newtoniano que el animal mujer, que dejándose fecundar por el macho que ha elegido, engendrando y gestando durante largos meses a sus crías, cuidando de sus hijos pequeños, enseñándoles a vivir, amándolos y mimándolos, es más un animal de pasiones, más biológico y darwiniano que el animal hombre.

Es posible que el animal mujer utilice más que el animal hombre esa inmensa parte del cerebro que produce intuiciones, capaz de actuar por su cuenta, sin que un conductor tenga que estar frenando, acelerando y cambiando las marchas de esos tejidos cerebrales enormemente complejos. Yo lo creo así. Yo creo que el animal mujer es más como un navegante que ajusta suavemente la vela de su barquito y corrige su rumbo con mínimos requerimientos a la caña del timón, haciendo uso de la fuerza del viento para conseguir sus objetivos. Mientras que el animal hombre es más como el conductor de un elefante asiático en una cacería de tigres de Bengala, que además lleva al maharajá en el lomo del paquidermo que él dirige, que por lo tanto cada minuto que pasa se lo está jugando todo en el cómo maneja su larga vara de domador, además de que el maharajá no deja de darle órdenes y contraórdenes. Ese maharajá es, a veces, su propia mujer.

El animal mujer es más una esperanza permanente, mientras que el animal hombre es más un constante agobio. Eso dicho como una arriesgada generalización, porque siempre hay excepciones que, sin embargo, confirman la regla.

Algunas quizá digan que soy un machista por esto que pienso, pero a mí me parece bastante razonable. Por otra parte, así también lo intuyo.

jueves, 28 de febrero de 2013

La vivencia del tiempo

Simple Pendulum OscillatorTrabajé ocho años de mi vida para una gran empresa británica y mis colegas escoceses e ingleses me enseñaron a ser puntual. La puntualidad tiene una receta bien simple: organizarlo todo para llegar a tu cita entre diez minutos y media hora antes de la hora fijada para la misma. Diez minutos cuando puedes prever con bastante seguridad el tiempo que vas a tardar en llegar, media hora cuando la indeterminación, porque el tráfico sea denso o porque dependas de un medio de transporte público que tú no controlas, sea grande.

Si aplicas esta receta serás puntual, sí, pero a costa de tener que esperar casi siempre a que llegue la hora fijada para un encuentro. Estas esperas pueden llegar a ser desesperantes, unas veces porque tus ánimos están turbios y otras porque quien está citado contigo sigue sin ser puntual.

Pero lo sorprendente, que quiero tratar aquí, es que el que practica la puntualidad se encuentra frecuentemente en estas esperas con su tiempo interior, ése que no tiene nada que ver con los relojes. Eso es lo que descubrí ayer y quiero presentar aquí.



1).- Descripción de los fenómenos que tuvieron lugar:
Estaba citado ayer a las 12:00 PM con el sacristán de la parroquia de San Román para concertar la fecha en que se bautizarán dos de mis nietos. Llegué como me es habitual 10 minutos antes, a las 11:50. Las oficinas de la parroquia estaban todavía cerradas, no abrían hasta las 12:00, así que tuve que esperar en la calle. Mis ánimos estaban un poco revueltos, porque a continuación tenía que ir al otro extremo de la ciudad para visitar a un amigo enfermo, el tiempo me apremiaba. La calle a la que se abren estas oficinas de la parroquia es muy estrecha, solitaria y tranquila, situada en lo hondo del barrio más antiguo de Sevilla. Apenas pasan autos ni personas. Yo esperaba arrimado a la puerta y no había nada en aquel silencio solitario que pudiera llamar mi atención.
La primera vez que miré el reloj habían pasado tres minutos de tiempo físico, la segunda vez que lo hice habían pasado nada menos que cinco más, en ambos casos me sorprendí, el tiempo estimado por mí (mi tiempo interior) había corrido más despacio es decir, era más corto que el tiempo físico. Enseguida, sorprendiéndome también, empezaron a sonar en la torre de la iglesia las campanadas de las doce, llamé al timbre y el sacristán me recibió.

2).- Por qué mi sorpresa.
Porque mi reloj del tiempo interior había corrido más despacio que el reloj físico, cuando en general, ante circunstancias análogas, me sucede lo contrario. En mis esperas típicas de 10 minutos hasta la hora puntual de una cita, que suelen ser en sitios públicos y ruidosos, mi reloj del tiempo interior corre más deprisa que el tiempo físico, de manera que cuando yo siento que han pasado ya los 10 minutos de espera de tiempo físico, muchas veces han transcurrido menos de 5, lo que me impacienta.

3).- Una hipótesis explicativa.
El tiempo interior se mide en el cerebro por los acontecimientos diferentes que éste capta a través de los sentidos y cuyas vivencias retiene en sus memorias. Cada acontecimiento vivenciado se corresponde con un ciclo del péndulo de ese reloj interior. Para un mismo intervalo de tiempo físico, a más acontecimientos vivenciados más pendulazos del reloj interior y por tanto más tiempo del reloj interior transcurrido. De manera que en estas circunstancias el reloj interior adelanta respecto al reloj físico. Si por el contrario los acontecimientos vivenciados son muy pocos, el reloj interior va disminuyendo la frecuencia de sus ciclos pendulares (sus pendulazos) y hasta puede llegar a atrasar con respecto al reloj físico.

4).- Significado teórico de este hallazgo.
El tiempo interior es relativo. Depende de la frecuencia con que se van encadenando acontecimientos sucesivos perceptibles por mí como distintos. Un día de mi vida lleno de cambios y sorpresas puede parecerme larguísimo, mientras que otro en el que apenas ha pasado nada escapárseme como un instante, sin dejar apenas rastros en mi memoria. (Advertencia: larguísimo no significa necesariamente aburridísimo, puede ser interesantísimo).

5).- Significado práctico.
Para que, cuando esperamos algo o alguien que no acaba de llegar, no nos domine la impaciencia, concentrar la mirada en una imagen estática suficientemente rica en contenido y dejar que esa imagen vaya entrando en nosotros poco a poco, sin pretender capturarla agresivamente con nuestros ojos.

6).- Referencias.

El tiempo humano

Paul Klee (1922).- El fantasma de
un genio

El tiempo de ahí fuera, el de los relojes y el Sol, no es tu tiempo. Este tiempo tuyo es íntimo, secreto, nace de tus sensaciones y emociones, transcurre en lo más hondo de tu cerebro, alimentado desde lo más fuerte de tu corazón, libre de las influencias de cualquier reloj.

Estás junto a una persona a la que quieres. No se te escapa ni un solo detalle de lo que habla o hace, de cómo se mueve y de lo que dicen sus pupilas y sus gestos. Ese estar junto a ella está tan lleno de acontecimientos que se te hace gozosamente largo, casi una eternidad.

Pero a la vez amas tanto a esa persona, ya sea un niño, una mujer o un anciano, que la estás contemplando en el sentido más místico que este verbo pueda tener; esa contemplación trae consigo una continuidad casi absoluta; no te limitas a estar en su presencia, sino que te sitúas ante su esencia, ante lo eterno que hay en ella, eres junto a ella y con ella. Ese ser con ella está tan vacío de acontecimientos que se te hace gozosamente corto, casi un instante; en el límite de lo que puedes llegar a conseguir se te convierte en puro presente, quizá otra eternidad.

Un tiempo a la vez muy largo y muy corto. Toda una vida y a la vez un instante. Siempre y ahora. Ese es en su plenitud el tiempo humano, un tiempo que se ríe del tiempo de los relojes, que es tan contradictorio en sus términos que no puede ser sino la plenitud del tiempo, el tiempo verdadero, ese que encierra su propia negación y que no puede diferenciarse mucho de lo que llamamos, sin comprenderlo bien, eternidad.

Está en nuestras manos, nos acompaña todos los días, a todas las horas de ese Sol a cuyo derredor giramos. Solo tenemos que darnos cuenta de que, maravillosamente, es así.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Elecciones italianas, aldabonazo para Europa


Catastróficos resultados de las elecciones italianas del 24 febrero 2013, eso dicen. Bajan las bolsas, suben las primas de riesgo, el euro se tambalea, el mundo financiero se conmueve, la señora Merkel frunce el ceño, los eurocratas amenazan...
Pero unas elecciones democráticas, si de verdad se cree en la democracia, nunca pueden considerarse catastróficas. Son el momento en que a los ciudadanos se les deja hablar, expresarse... Son la hora de la verdad, ni más ni menos.

La alta abstención y el hecho de que los que hayan votado lo han hecho en un 25% por Beppe Grillo y su movimiento 5 estrellas, que es un movimiento antisistema, revelan que una buena parte de los italianos ha perdido la esperanza en su sistema político y en la Europa de los mercaderes en la que están integrados. Quiero decir la esperanza en que sus políticos y la Unión Europea puedan llevarlos a una vida más justa y un mejor futuro para sus hijos y nietos. Así de sencillo.

Lo que están consiguiendo los políticos europeos, con la Merkel a la cabeza y todos los demás, entre ellos Rajoy, detrás, es rasgar el tejido europeo, romper a la Unión Europea en dos pedazos. Todo ello como consecuencia de que el dinero europeo ya no lo es, está globalizado, es decir, flotando como un globo a la deriva sobre el mundo. Por no ser ya no es de nadie. Y sin control de ese dinero que es como el aceite que lubrica su motor,  un sistema político/económico supranacional como Europa es imposible que funcione, como tampoco puede funcionar uno nacional como España e Italia. Se quieren arreglar las cosas sobre la base de un sufrimiento intolerable de las clases bajas y un empobrecimiento de las clases medias, mientras que el dinero flota impertérrito a alturas estratosféricas, mirando hacia las estrellas con un ojo y buscando con el otro, por todos los rincones del mundo, las mejores oportunidades de plusvalía, sin más reglas ni compromisos que el enriquecimiento inmediato.  

Eso no puede funcionar, es un cambio tan profundo que requiere un nuevo contrato político y social entre los estados y sus ciudadanos. El que corresponderá al siglo XXI. La historia, desgraciadamente para la gente tranquila, nunca se para. Lo que está pasando no es culpa de los economistas, sino de los políticos, de las clases políticas europeas, que no están a la altura de las circunstancias. Esta es la lección que nos dan las elecciones italianas.

El sistema político europeo ha venido funcionando en las postrimerías del siglo XX sobre la base de unos socialdemócratas que redistribuían la nueva riqueza creada por el crecimiento económico permanente, junto a unos conservadores-liberales que en vez de redistribuirlos invertían los excedentes en crear nueva riqueza. Y así sucesivamente. Pero si en los comienzos del siglo XXI el crecimiento económico ha pasado a manos de los países emergentes, Latinoamérica con Brasil, México o Chile,  Asia con China, India y los otros tigres, ¿qué nueva riqueza puede redistribuir y reinvertir Europa? Y qué no se confíen los alemanes. Ya mismo sus magníficos Mercedes, Audis o BMWs, así como sus extraordinarias máquinas, se encontrarán con competencias de los emergentes que podrán ser mejores, más bonitas y más baratas. Que no se olviden los alemanes de lo que les pasó con sus máquinas fotográficas o con su óptica, ni a los suizos con sus relojes, ni a los yanquis con sus automóviles, ni a los británicos con el conjunto de su industria.

Europa necesita un nuevo contrato político y social que no esté basado en el crecimiento económico/material como garantía y motor de la convivencia civilizada. Eso es lo que nos están gritando los resultados de las elecciones italianas. No nos hagamos los sordos.

Europa ya ha pasado antes por estos trances. El catolicismo romano se agotó y trajo la reforma protestante. El viejo régimen se agotó y trajo la revolución francesa y la ilustración. El primer capitalismo se agotó y trajo las utopías fascista y comunista y con ellas una guerra terrible.  El neoliberalismo manifiesta ya signos claros de agotamiento. Hay que parir algo nuevo, ese es el problema, pero hay que intentar hacerlo con inteligencia y en paz, antes de que sea demasiado tarde y ese retraso haga inevitable que el cambio traiga consigo mucho sufrimiento. Tenemos nuevas herramientas poderosas, entre ellas el Internet que usan Beppe Grillo y sus nuevos italianos, ese que no han sido todavía capaces de usar eficazmente los indignados españoles.

Por todo eso, a mí me parece que el resultado de las elecciones italianas no ha sido un desastre, sino una luminosa advertencia, digna de un país tan civilizado y sutil como la vieja Italia es.

martes, 26 de febrero de 2013

Despertar

Escala de grises

Esa sensación… Has dormido mal, inquieto, has soñado cosas que no puedes recordar pero que sabes que te han calado hondo. Acabas de despertarte, entra ya algo de luz por tu ventana, el día comienza. Miras a los rincones de tu habitación, llenos todavía de sombras grises. Buscas algo, una clave, una llave, aunque estás seguro de que no la vas a encontrar, más aún, de que esa llave no es sino una fantasía que se ha escapado de tus sueños.


Por eso terminas levantándote. Solamente cuando estás de pie te despiertas completamente. Hay mucho que hacer, antes de que te des cuenta este día que ahora amanece se habrá acabado también. 

Aprovecha tu tiempo. Ya eres un hombre.