domingo, 7 de abril de 2013

Formas de amar

Mantengo desde hace tiempo la teoría de que cuando una mujer ama de verdad a un hombre este amor, al menos en una parte importante, es un amor de madre. Pero a la vez, sin pensarlo mucho, casi como un corolario, creía yo que el amor de verdad con el que ese hombre podía corresponderle tenía que ser un amor de hijo. 

Hoy, pensándolo mejor, he llegado a la conclusión de que estaba equivocado. Porque lo que he entrevisto es que cuando un hombre ama de verdad a una mujer, este amor, al menos en una parte importante, es un amor de padre.


Pero si ella lo ama a él con amor de madre y él a ella con amor de padre, falta reciprocidad y el conflicto, antes o después, es inevitable. Por eso el amor verdadero entre una mujer y un hombre está inevitablemente atravesado por vientos tempestuosos. 

Es una aventura de alto riesgo, pero si entre los dos consiguen dominar los vendavales inevitables, el resultado puede ser perdurable y maravilloso.

sábado, 6 de abril de 2013

El olvido

Palabras escritas en la arena de la vida,
borradas por las olas del tiempo.
Anoche tuve un sueño de los clásicos míos. Asistía después de dos años de ausencia a la reunión de una sociedad científica a la que pertenezco. Iba vestido, no sé por qué,  muy informalmente, pantalones de pana, camisa de cuadros y rebeca verde de lana. Los demás asistentes iban todos disfrazados a tono con las circunstancias. Lo que me pasó lo estaba yo esperando, pero no por eso fue menos doloroso. Ninguno de mis antiguos colegas me saludó, ni siquiera algunos que además habían sido amigos míos. Pero no se trató simplemente de que no me saludaran, sino que en apariencia ni siquiera me veían.  

Un relámpago de inteligencia me hizo comprender lo que estaba pasando: sencillamente… ¡me habían olvidado!

El olvido como un ensayo general de la muerte. Cruel, realista, desmitificador.

Pero también, quizá por eso mismo, como un instrumento liberador, como algo que puedes usar para dar dos patadones en el suelo y salir volando, libre como una gaviota libre, sin un rumbo preciso, al son del viento. Ni huyendo ni buscando, volando por el simple placer de volar.

jueves, 4 de abril de 2013

El coleccionista


Conocí un día a un coleccionista de trofeos de caza. Había recorrido medio mundo y llegado a los parajes más remotos en busca de las especies animales que todavía no estaban en su colección. Viajaba, por ejemplo, al Kirguistan, en busca de un raro antílope que vivía en las praderas más altas de los montes Tian Shan, fronterizos con China. Llegaba allí con un par de rifles de grueso calibre y miras telescópicas, contrataba a un guía de montaña que conocía la vida de estos antílopes como si fueran sus hijos y que lo llevaba hasta uno de los machos más poderosos, apuntaba, disparaba, mataba a lo que para él ya no era más que un bicho, se llevaba de vuelta a su casa la cabeza cortada de este ejemplar, la entregaba a su taxidermista y finalmente, al cabo de unos meses de esfuerzos y trabajos, la colgaba en un rincón de la pared ya saturadísima de su sala de trofeos. Eso era todo en este capítulo de su vida cazadora. Ahora a preparar su próxima aventura, el siguiente capítulo. Mientras tanto, solo muy de vez en cuando entraba en su sala de trofeos para contemplarlos. Lo verdaderamente importante para él era saber que estaban allí, pero sobre todo saber también que todavía quedaban algunos huecos por rellenar, algunos trofeos por conseguir. Eso, sin lugar a dudas, daba sentido a su vida.



Este coleccionista de trofeos es en algunos aspectos muy básicos un arquetipo de nuestra condición humana. Por una parte, todos tenemos un fondo fetichista, necesitamos posesiones que de alguna manera tan compleja como absurda nos den una seguridad en nosotros mismos de la que quizá carecemos. Por otra, a muchos nos mueven más las ausencias que las presencias, nos atrae hacia la acción más un vacío que llenar que un tesoro que proteger y del que disfrutar. El resultado es que dedicamos una gran parte de nuestras vidas a buscar, conseguir y almacenar tesoros que dejan de serlo en el mismo momento que son nuestros. Somos como niños con los bolsillos llenos de conchas y caracoles cogidos en la playa que seguimos allí, en el borde mismo del rompeolas, buscando incansablemente algo que solo tendrá valor para nosotros en tanto no lo hayamos encontrado todavía. Amantes de vacíos, perseguidores de imposibles, buscadores a los que, en el fondo, no les interesa encontrar nada sino tener un pretexto para seguir buscando. 

Tanto es así, que a veces uno entrevé que va por la vida no en persecución de algo, sino aburrido de sí mismo, de su vacío interior. Como si corriera huyendo de esa imagen suya que acaba de ver en el espejo, igual que un potro loco, desbocado.


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Siendo aproximadamente cierto todo lo anterior, también lo es que a veces aparece entre los guijarros de la playa una pepita de oro. Eso pasa con cierta frecuencia, por ejemplo, en Cucao y Rahue, en la orilla que da al Pacífico de la  isla grande de Chiloé.

¿Qué puedes hacer si te la encuentras? Es muy probable que te pase desapercibida, porque tu cabeza de buscador de imposibles está en otras cosas. Pero si la reconoces como el oro puro que es, entonces... no sé que terminarás haciendo, pero ahora eres un afortunado y es seguro que ese encuentro cambiará irreversiblemente tu vida. Tus búsquedas ya no serán nunca más una huida. Y quién sabe, hasta puedes terminar haciéndote con todo un tesoro.

miércoles, 3 de abril de 2013

El Mal es nada más que las fuerzas del mal.

Grant Hunter (2010).- The downgoing

Las realidades inmateriales existen, esto es algo que nadie podría dudar, ni siquiera los materialistas más enconados. Ya los marxistas, frente al materialismo mecanicista que solo se interesaba por las cosas materiales en sí, cultivaron el materialismo dialéctico, que se ocupaba de las relaciones entre estas cosas materiales, y no hay nada más inmaterial que una relación.

Ahora bien, estas realidades inmateriales son de una variedad casi infinita. Desde Dios hasta el suspiro de melancolía de una muchacha enamorada, pasando por el espíritu de Don Quijote,que todavía es capaz de infectar a muchos lectores,  o el talante en parte enseñado (cultural) y en parte heredado (genético)  de los esquimales o los neoyorquinos.

Una importante realidad inmaterial es el Mal. Para muchísimos humanos existe. No es lo malo, siendo éste un simple adjetivo que cualifica muchas situaciones o cosas, sino lo que está detrás de lo más malo, lo que lo fundamenta y justifica. El Mal está ahí fuera desde siempre, jamás podremos librarnos totalmente de él, a lo más que muchos aspiran es a que no se fije en ellos, aunque  a lo que todos deberíamos aspirar es a luchar contra él, no tenerle miedo, no rendirnos. Y no solo está ahí fuera, también puede estar dentro de nosotros, de hecho, de una u otra forma, siempre lo está.

Yo una vez pensé en este problema del Mal con bastante intensidad. Eso es algo que suele hacer mucha gente joven en su tránsito hacia la madurez. Llegué entonces a una conclusión que me ha acompañado el resto de mi vida y que voy a exponer en forma muy sintetizada.

El Mal existe, el Bien también, pero Mal y Bien no son entes simétricamente opuestos, no son especularmente contrarios como puedes serlo tú de tu imagen en el espejo. El Bien supera al Mal en contenido, por eso siempre terminará venciéndolo.

El Bien es la plenitud del ser y las fuerzas que conducen hacia ella, a las que puede llamarse las fuerzas del bien.

El Mal es nada más que las fuerzas que alejan de la plenitud del ser. No tiene un contenido interno, una personalidad. El Mal es nada más que el manojo de fuerzas del mal.

Las fuerzas del mal y del bien se oponen, se contradicen, son acción/reacción unas para otras, tienen inevitablemente que co-existir.

Entonces la clave para empezar a comprender la naturaleza del Mal está en tener una idea, siquiera remota, de qué puede ser eso de la plenitud del ser. Para nosotros los humanos, aquí en la Tierra y sin querer recurrir a la ayuda de ningún tipo de trascendencia, es una tarea bien difícil. Digamos que la plenitud del ser, vista desde nuestra limitadísima perspectiva, está hecha de armonía, alegría, equilibrio, justicia, amor, serenidad, valentía, generosidad, confianza… todo ese tipo de cosas, nada menos.

Ahí lo dejo.

domingo, 31 de marzo de 2013

El contrabandista de sueños



Contrabandeaba con su bergantín toda suerte de géneros entre las islas del Caribe y las costas norteamericanas, pero sobre todo ron, que cargaba directamente en Jamaica.

Aquel capitán era un hombre inquieto, también valiente, más de la cuenta en opinión de algunas personas prudentes que lo conocían bien. No había hecho a lo largo de su vida sino dar tumbos de un barco a otro y de un puerto a otro. Fue capitán de una goleta foquera que cazaba lobos de dos pelos en el sinfín de islotes rocosos de Magallanes, también mandó un clípper de los de Baltimore, armado como corsario en los tiempos de la guerra contra los ingleses.

Muchos tumbos, sí, muchas tempestades y zozobras, pero seguía como cuando dejó a sus padres a cambio de la mar siendo muy joven, con su cofre lleno de expectativas pero vacío de realidades.

Con su cofre lleno de sueños. Claro que aquel hombre tampoco exigía mucho. Como buen marino que era, solo había dos cosas que nunca podrían faltarle: durante el día, un horizonte limpio, marcado solamente por el perfil de las grandes olas lejanas; por la noche, en haciendo buen tiempo, un cielo cuajado de estrellas.

sábado, 30 de marzo de 2013

Semana Santa en Sevilla: la Virgen Macarena


La Semana Santa es sin duda la gran fiesta anual de los sevillanos. Naturalmente se trata de una fiesta religiosa, pero rebosante de emoción y belleza, eso es lo que la convierte en un espectáculo capaz de conmover no solo a la gente de Sevilla, sino a cualquier persona sensible, sea o no cristiana, crea o no en Dios o en cualquier otra clase de trascendencia.

Desde un punto de vista instrumental, el esquema de esta celebración es muy sencillo. En todas y cada una de las iglesias de Sevilla hay Hermandades de cofrades, que veneran imágenes de Jesús, la Virgen María y algunas escenas de la Pasión y las llevan una vez al año en procesión hasta la catedral y vuelta, llamándose a este paseo la carrera. Los cofrades son llamados nazarenos y acompañan a sus imágenes en largas filas de a dos, vistiendo túnicas y antifaces copudos, llamados capirotes, parecidos en su aspecto a los del KuKluxKlan, a la vez que portan cirios encendidos. Las imágenes van sobre grandes carrozas llamadas pasos, bajo los cuales se disponen alrededor de dos docenas de hombres que los portan sobre su cuello. Como este cuello está protegido por un saco o costal, a estos hombres se les llama costaleros.



En el collage de arriba se muestran, de izquierda a derecha, los costaleros, que cuando en acción van escondidos bajo los pasos; las filas de nazarenos con cirios  que acompañan a los pasos hasta la catedral; y un paso de Virgen.
En el esquema de la izquierda se muestran las distintas capas que componen un paso de Virgen. Resulta finalmente una estructura bellísima y muy equilibrada. Esa belleza se llena de ensueños cuando una vez que anochece se encienden todas las velas.

Toda la ciudad de Sevilla se vuelca en su Semana Santa. Todos, es decir,  ricos y pobres,  viejos y  jóvenes, hombres y  mujeres,  serios y guasones, barrios periféricos y centro de la ciudad. Esto significa que hay muchas Semanas Santas diferentes. Al lado de Hermandades muy serias como el Gran Poder, en la que el silencio absoluto y una férrea disciplina son obligados durante la carrera, hay otras muy populares y castizas, como la Macarena, donde participa todo el pueblo sevillano en un tono de alegría y apasionado      amor a la Virgen. Esta Virgen de la Esperanza Macarena, de la que hoy me ocupo especialmente,  es muy guapa, así lo diría un sevillano queriendo significar que se trata de una imagen muy bella.
La Virgen de la Esperanza Macarena
Además va adornada con espléndida riqueza. La corona es espectacular y las cinco flores que lleva en el pecho, hecha cada una de un diamante central y seis esmeraldas rodeándolo, son unas joyas impresionantes. Pero esta magnificencia sirve para poner de manifiesto cómo, en medio de ella, el rostro desnudo y bello de la Virgen, con sus dos lágrimas, tiene todo el protagonismo, brillando mucho más que los tesoros que lo rodean. 

Puede verse claramente en estos detalles que la espiritualidad sevillana no es recoleta y mística como la castellana, sino barroca, brillante, volcada hacia el exterior, cargada de emoción y pasión. No por ello es esta andaluza menos espiritual que aquella castellana, sino simplemente distinta. Ya lo he dicho en otra entrada sobre la Semana Santa en este mismo blog. Mientras que la religiosidad castellana es más sobria y honda, basada en un sentimiento ético de la vida, la andaluza y más en particular la sevillana es barroca, abierta, expansiva, apasionada, basada en un sentimiento estético de la vida. Las dos son igualmente capaces de acercar a los humanos a Dios, por caminos distintos pero con los mismos efectos.

Esta Semana Santa del 2013 ha sido muy dificultada por la lluvia. Ni las imágenes ni los pasos soportarían mojarse sin sufrir grandes daños, así que la mayoría de las Hermandades no han podido hacer su carrera. Pero durante la madrugada del jueves al viernes santo el tiempo fue bueno y las Hermandades de la Madrugá, entre ellas la Macarena, sí pudieron salir. Ella lo hizo hacia las dos de la madrugada, estuvo toda la noche haciendo la carrera, y cuando ya estaba de vuelta muy cerca de su templo, hacia las diez de la mañana del viernes, amenazó un chaparrón y los nazarenos tuvieron que darse prisa para proteger sus imágenes. Yo lo estaba viendo todo a través de una televisión regional, Canal Sur. Tomé algunas fotos con mi celular Android e hice un par de collages que presento aquí para dar una idea del espectáculo lleno de calor humano que es una de estas entradas.



La Macarena está entrando ya en su templo. Desde el balcón de la casa Hermandad, cubierto por un tapiz verde, dos cantaores de saetas, mujer y hombre, elegidos entre lo mejor que pueda encontrarse en Sevilla, le cantan cada uno su saeta a la Virgen.

Él es Manuel Cuevas, cliqueando su nombre puede verse un vídeo de este cantar
Ella se llama Joana Jimenez, y aunque todavía no ha parecido el vídeo de su saeta de este año, cliqueando su nombre puede verse el de la que le cantó a la Virgen Macarena en la entrada del año pasado.

Otro video recomendable para tener una idea animada de estas entradas es el de la correspondiente al año 2010.














En estas fotos tomadas de la TV esta mañana, cuando entraba la Virgen en su templo, quiero poner de manifiesto algunos aspectos humanos de los muchos que rodean a la Semana Santa Sevillana.

La primera y la última fotos muestran la aglomeración caótica que se forma cuando el paso de la Virgen está entrando en su templo. Allí no hay reglas ni jerarquías, desde el Hermano Mayor hasta el último turista despistado, todos los que el azar o el conocimiento han llevado hasta allí, se mueven alrededor de la Virgen con el mismo derecho. En la foto cuarta se muestra a la banda de música mezclada desordenadamente con un público que ha roto todas las barreras. No pasa nada, la música sigue.

Y lo que resulta siempre, en todas las circunstancias y en cualquier Hermandad de la Semana Santa, es un caos ordenado. ¿Se me ha entendido, se ha visto la contradicción que acabo de presentar? Un CAOS... ORDENADO. Todo lo que tiene que pasar pasa de la forma prevista, nadie, por decirlo así, saca los pies del plato. Esto es un triunfo del individualismo civilizado del Sur de España y quizá también, por qué no, un milagro de la Virgen. 

Los que han acudido allí para acompañar a la Macarena en su entrada lo han hecho dispuestos a todo. Ha empezado a llover... y han abierto sus paraguas.

La foto segunda muestra algunas jóvenes nazarenas y un niño subidas a las columnas del atrio para ver mejor cómo entra la Virgen. Ellas, que han caminado con sus cirios encendidos y a cuestas durante toda la noche, visten sus túnicas blancas y se han quitado los capirotes de terciopelo azul, que tienen en sus brazos. Tradicionalmente en las procesiones no se permitían las nazarenas, todos los nazarenos eran varones. Pero hace ya bastantes años que las mujeres sevillanas dijeron que eso no lo podían consentir y empezaron a salir nazarenas junto con los nazarenos. Esta igualación de los sexos tuvo lugar en las cofradías de Semana Santa mucho antes que en otros actos religiosos católicos. Hoy en la mayoría de las hermandades sevillanas, la participación de los dos sexos está igualada.

En la foto tercera una nazarena muy joven, que acaba de quitarse el capirote, llora al paso de la Virgen. Manifiesta así, simplemente, su emoción, que es su alegría. Un sentimiento quizá superficialmente parecido al que tendría una fan al paso de su cantante pop favorito, pero con otras raíces, seguramente más profundas.


martes, 26 de marzo de 2013

Somos capaces de revertir lo irreversible, de reparar lo irreparable

Vladimir Kush.- Flecha del tiempo


Don Quijote es quizá el primer héroe literario cuyo objetivo fundamental es revertir lo irreversible y reparar lo irreparable. Así lo declaraba Cervantes en el Capítulo II de su novela, expresando la intención del Caballero Andante de cabalgar por la vida en busca de “los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar y deudas que satisfacer”. Y en verdad que Don Quijote lo intenta, de hecho pone toda su vida en ello. De manera que la primera lección que nos da es que lo absolutamente crucial, lo indispensable, el deber moral de cualquiera, no está en revertir finalmente lo irreversible o reparar lo irreparable, sino en poniéndose en ello, luchar valientemente por conseguirlo. Pero esto no es crucial porque sea la expresión de una obligada buena voluntad, sino porque en el entorno de lo humano lo irreversible puede hacerse reversible, lo irreparable puede repararse, solo es preciso luchar por ello. Siempre, siempre, siempre, en tanto siga vivo, tiene un humano la oportunidad de arrepentirse y ser perdonado, de aceptar el arrepentimiento y perdonar, para empezar otra vez, en definitiva.

Este es el mensaje fundamental de optimismo acerca de la vida que Don Quijote con su compromiso nos transmite. Merece la pena hacer el bien, dar otra oportunidad, recuperar la fe que se había perdido, porque con nuestra ayuda lo bueno, lo justo, lo decente, terminan muchas veces saliéndose con la suya. Un mensaje que es absolutamente revolucionario y está en todas las grandes religiones y en el fondo moral de cualquier ser humano, crea éste o no en lo trascendente.

El tiempo físico, ese que miden los relojes y que se corresponde con el que definió Aristóteles y aplicaron tanto Newton como Einstein a sus visiones del mundo, es irreversible. La flecha de este tiempo tiene una sola punta que se dirige hacia el futuro.

Pero el tiempo interior humano, ese que rige las operaciones de nuestros cerebros y mide el transcurrir de nuestras vidas, no lo es.

Gracias a nuestras memorias cerebrales somos capaces de desplazarnos desde el pasado al futuro y vuelta cuando y como queramos, de manera que nuestra vida interior es algo más que un simple instante en el presente, es además una memoria del pasado y unas expectativas (que son también memoria) del futuro. 

Operando nuestros cerebros con pasado, presente y futuro, gracias a su formidable potencia y complejidad,  nos hacen capaces de reconstruir un orden (un significado, un propósito) a partir del desorden más estrepitoso y caótico. Además podemos intuir y dando un paso más allá inventar, soluciones que nunca habían existido, así como somos capaces de imaginar y convertir en reales escenarios que nunca antes habíamos pensado o que en otro momento nos habrían resultado inconcebibles.

Estas constataciones deberían llenarnos de un optimismo responsable. Los humanos somos capaces de reparar, rectificar y revertir las averías y bloqueos a las que nos han ido llevando nuestras circunstancias. Estas capacidades  incluso pueden haber sido más importantes para nuestra supervivencia que las de imaginar, inventar y descubrir. Somos capaces de empezar de nuevo, de perdonar, pedir perdón, abrazarnos después de una pelea y hasta poner la otra mejilla como método fundamental para desarmar al que nos detesta y amenaza.

Quizá sean estas capacidades reversoras y reparativas  las que nos hacen verdaderamente fuertes. En cualquier caso, son sin duda las que nos acercan más a la posibilidad de ser moderadamente felices. 

Vladimir Kush.- Espiral del tiempo