domingo, 11 de septiembre de 2011

Crisis de fé

Angelitos en un cuadro de Murillo

Fui un niño precoz en muchos aspectos. La precocidad está casi siempre ligada a la ingenuidad, el niño precoz suele ser, a la vez, inocente, aunque a primera vista esta afirnación pueda parecer un contrasentido. Por ser precoz tuve mi primera crisis de fé a los cinco años. Esto es notable, porque una crisis de fé es siempre una experiencia metafísica, y se supone que eso se queda para las personas mayores.

Las cosas sucedieron así. Yo era un niño especialmente bueno y religioso, aunque no por ello dejaba de tener mis demonios dentro. A veces se me ocurría pensar que podía morirme en cualquier momento. Razonaba que si me moría, siendo yo como era, tendría forzosamente que irme al cielo. Ya me imaginaba allí. Como era un crío, mi sitio estaba junto a los angelitos que, en las pinturas que yo veía en las iglesias, rodeaban a Dios entre nubes. Hasta aquí estupendo, ¿acaso podía aspirarse a más? Pero entonces entraba en acción mi despiadada lógica infantil. Yo hacía una simulación temporal: el primer año, sublime; el segundo, fantástico; el tercero, ¿habría novedades?, el cuarto, el quinto...…  el estupor me invadía… enseguida me daba cuenta de que la posibilidad de estar como un angelito en el cielo, durante toda una eternidad, me resultaba insoportable. Esto me escandalizaba, rompía todos mis esquemas, no podia aceptarlo, algo de lo que me habían contado sobre el cielo tenía que estar equivocado… porque si no lo estaba… A partir de aquí la crisis de fé irrumpía en mi sensibilidad como un tropel de caballos locos.

No duraba mucho, al fin y al cabo yo era un niño, y los niños tienen demasiada vitalidad para aguantar mucho tiempo junto a lo inexplicable.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Borrascoso Heidegger


Hoy temporal del Noroeste en la costa de Chiloé. Mucho viento y lluvia, grandes olas que baten implacables sobre las rocas, la cabaña gimiendo en todas sus estructuras como si fuera un barco en la mar, pero resistiendo bien, mientras las gotas que a veces son de granizo crepitan con fuerza sobre el tejado de chapa. Salí temprano por leña y mantengo la estufa encendida a tope, como estaría la vieja caldera de vapor del mercante “Nan Shan”,  de Joseph Conrad, cuando un tifón lo estaba hundiendo frente a las costas de China. El viento llena de murmullos y gritos fantasmales  todos los rincones de la casa, a veces parece como si te hablara al oido, otras simplemente se queja.  Un tiempo este para imaginar aventuras y temer averías, en el que tienes que salir a descubierto para ver si el sombrerillo de la chimenea sigue en su sitio, y la lluvia te abofetea en horizontal y el viento quiere arrastrarte hacia un sotavento boscoso, donde quizá algún trauco intente protegerse bajo las quilas, maldiciendo al destino.

En días así se escribe y se lee mejor que nunca. Yo he hecho de todo un poco. De lo que más satisfecho estoy es de haberme enfrentado, una vez más, con "La Pregunta por la Técnica" , de Heidegger, un texto difícil, como todos los suyos, que en su traducción al español se vuelve casi imposible. Don Miguel de Unamuno aprendió danés solo para leer a Kierkegaard, pero yo no tengo tiempo ni altura para hazañas así. Hoy lo he entendido algo mejor que la última vez que lo intenté, pero todavía estoy lejísimos de una comprensión aceptable. Esos sustantivos que se inventan los filósofos alemanes y que son intraducibles lo impedirán por siempre. Aún así, voy llenando algunos de los muchos huecos que no comprendo, reconstruyendo, como un arqueólogo con pedazos sueltos de cerámica, mi propia versión del inextricable texto. Siempre que ésta tenga sentido para mí me daré por satisfecho, ¿qué otra cosa, si no, puedo hacer? 

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Regresa Dios?

La situación de las sociedades de Occidente en lo que respecta a la idea de Dios podría describirse así: en un extremo están los que, con Nietzche y Dawkins, creen que Dios murió hace tiempo. En el otro están aquellos para los que Dios no ha dejado nunca de estar presente. En el centro hay una masa humana que incluye desde los creyentes en Dios pero no practicantes hasta los ateos de hecho aunque no militantes, pasando por un centro lleno de agnósticos que se sienten más o menos indiferentes ante lo religioso.

Dostoyevski fue el primero en alertarnos de las consecuencias que la muerte de Dios podría tener, cuando dejó escrito en los Hermanos Karamazov, casi a finales del siglo XIX: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

Heidegger
Como consecuencia de la terrible experiencia que vivió Occidente con el nazismo y los campos de exterminio, algunos filósofos, desde posiciones estrictamente imparciales,  han querido advertirnos de que Dios quizá siga  siendo necesario. El más insigne por sus méritos y claro por sus planteamientos  fue Heidegger, quien en una famosa entrevista que le hizo el semanario Der Spiegel en 1966, se expresó con inusitada claridad. Diez años antes de su muerte, el filósofo estaba a punto de retirarse como profesor en la Universidad de Friburgo y tenía  77 años.  La entrevista comienza dialogando con el periodista acerca de las connivencias que Heidegger pudo tener con el nazismo cuando fue rector de la Universidad de Friburgo, entre 1933 y 1934. Luego hablan de la Técnica. Heidegger está muy preocupado con la predominancia de la Técnica en las sociedades occidentales. El periodista, provocándolo, le dice con respecto al bienestar técnico de que disfrutamos:

Der Spiegel: “Todo funciona. Cada vez se construyen más centrales eléctricas. Cada vez se producirá con mayor destreza. En la parte del mundo altamente tecnificada, los humanos están bien atendidos. Vivimos en un estado de bienestar. ¿Qué falta en realidad?”

Y Heidegger le contesta con unas palabras que merecen ser citadas en su integridad:

Heidegger:  “Todo funciona. Esto es precisamente lo inhóspito, que todo funciona y que el funcionamiento lleva siempre a más funcionamiento y que la técnica arranca al hombre de la Tierra cada vez más y lo desarraiga. No sé si Vd. estaba espantado, pero yo desde luego lo estaba cuando vi las fotos tomadas de la Tierra desde la Luna. No necesitamos bombas atómicas, el desarraigo del hombre es un hecho. Sólo nos quedan puras relaciones técnicas. Donde el hombre vive ya no es la Tierra. Hace poco tuve en Provenza una larga conversación con René Char, el poeta y resistente, como Vd. sabe. En Provenza se han instalado ahora bases de cohetes y la región ha sido devastada de forma inimaginable. El poeta, que no es precisamente sospechoso de sentimentalismo y de glorificar el idilio, me decía que el desarraigo del hombre, que está sucediendo, es el final, a no ser que alguna vez el pensar y el poetizar logren alcanzar el poder sin violencia”.

Hacen luego unas disgresiones sobre este desarraigo (esta alienación) que la Técnica está produciendo en los humanos. Luego el periodista le pregunta si los humanos, quizá con la ayuda de la filosofía, pueden todavía salvarse ellos y salvar al Mundo. Y Heidegger contesta:

Heidegger: “Con esta pregunta volvemos al comienzo de nuestra conversación. Si se me permite contestar de manera breve y tal vez un poco tosca, pero tras una larga reflexión: la filosofía no podrá operar ningún cambio inmediato en el actual estado de cosas del mundo. Esto vale no sólo para la filosofía, sino especialmente para todos los esfuerzos y afanes meramente humanos. Sólo un dios puede aún salvarnos. La única posibilidad de salvación la veo en que preparemos, con el pensamiento y la poesía, una disposición para la aparición del dios o para su ausencia en el ocaso; dicho toscamente, que no «estiremos la pata», sino que, si desaparecemos, que desaparezcamos ante el rostro del dios ausente”.

El comienzo de la frase en clarísimo, el final un poco oscuro. Yo interpreto que lo que el gran filósofo quiere decir es que necesitamos un dios que nos acompañe en la vida o del que al menos tengamos la seguridad de que nos está esperando al otro lado de la muerte (el ocaso).

Sloterdijk
Más recientemente, el 27 de mayo de este año, el periódico francés  Le Monde pone a dialogar sobre la crisis actual del Occidente a dos filósofos en boga, el alemán Peter Sloterdijk y el esloveno Slavoj Zizek. Ambos están de acuerdo en que en lo hondo de la crisis que estamos viviendo hay una visión pesimista del futuro. Este se nos acaba, el mundo está abocado a una crisis ecológica sin precedentes y además los occidentales vivimos muy por encima de nuestras posibilidades, lo que nos precipita en una crisis económica y financiera que podrá durar muchos años. Para empeorar nuestra situación, la Humanidad, por efecto de las comunicaciones, es ya solo una, nos conocemos y reconocemos perfectamente unos a otros desde un extremo al otro de la Tierra. Las enormes desigualdades entre continentes serán cada vez menos soportables por sus víctimas, lo que generará desorden y conflicto.

En mi opinión, esta visión que los dos filósofos plantean es demasiado apocalíptica, aunque básicamente certera. Tiene la frivolidad del académico que juega a catastrofista desde su torre de marfil. Sin embargo me pareció interesante el planteamiento que se hacen los dos y que resumo a continuación:

Zizek
Se acabó el tiempo del crecimiento sin límites, los recursos se van a hacer pronto escasos y habrá que compartirlos entre todos. El capitalismo no podrá gestionar esa necesaria igualación en la pobreza. La única solución es el comunismo, pero no podrá ser un comunismo de raíz marxista, sino uno en el que el individuo humano sea protagonista. Y este comunismo necesario se parece mucho al que practicó el Cristianismo en sus tiempos primitivos. 

Los dos filósofos son ateos. Por eso propugnan la necesidad de un cristianismo ateo, un cristianismo sin Dios, o con un dios inventado. Donde todos los humanos sean iguales y participen por igual en la alegría de un mundo que ya no será pobre porque no habrá ricos. Interesante. Discrepo parcialmente de sus planteamientos, porque ese dios de los ateos que propugnan solo puede ser una criatura creada y promovida por la Tecnología, es decir, lo que terminan proponiendo estos filósofos es una solución tecnológica más, apoyada en un marketing de masas. Pero estoy de acuerdo en cuanto a que el mundo del futuro, ese que,en la segunda mitad del siglo XXI,  se habrá escapado del desastre por un pelo , solo podrá ser un mundo igualitario, no capitalista, sino comunista, pero con un comunismo que no estará  dirigido por el proletariado y el partido, sino interiorizado por la mayoría de los individuos. Algo que quizá se parezca más a un anarquismo noviolento y no utópico.

¿Cómo y por dónde se podrá llegar a eso? Ni idea. En situaciones  como ésta solo puede verse un final, entre otros posibles. Este final entrevisto podría ser un comunismo monoteísta, en el que sea Dios el que nos iguale a todos, pero desde el corazón. Quizá incluso un comunismo cristiano, probablemente aligerado de unas estructuras eclesiales pesadas y anticuadas, aunque conservando sus esencias más profundas.

Quién sabe lo que puede pasar. Pero lo que me parece interesante es que, después de la muerte de Dios hace más de dos siglos, vuelve a ponerse de manifiesto, aunque todavía de una forma larvada, la necesidad que los humanos tenemos de Él.

Aunque también cabe que todas estas aguas revueltas solo sean el resultado de una crisis pasajera. Pero uno se queda pensativo, con ganas de pararse por unos momentos en el borde del camino para poner en marcha la imaginación y la reflexión, juntas las dos, si ello es por fin posible.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Imperio de las Máquinas (3).- Historia natural de las máquinas


Empezaré recordando algo de lo dicho en la entrada nº 2 de esta serie: los humanos estamos sometidos a una doble evolución: la Biológica, común con el resto de los animales, y la Cultural, específicamente humana. Esa Cultura que evoluciona tiene a su vez tres componentes principales: la Tecnología, el Humanismo y la Historia.  Proponía yo que el problema de nuestros días es que la evolución tecnológica ha sobrepasado en velocidad a todas las demás, amenazando convertir a los humanos en esclavos unidimensionales de las Máquinas y asolando a su vez a la Madre Tierra. A esta situación es a la que he llamado el Imperio de las Máquinas.

Para profundizar en el tema hay que empezar explicando con la suficiente precisión que se entiende por Tecnología. Mi propuesta es que la Tecnología tiene como componentes reales y específicos a las Máquinas. Trataré en esta entrada de describir las Máquinas a través de su Historia Natural, es decir, de cómo están hechas y cómo se hacen presentes y actúan en el mundo.

Definiré ahora brevemente lo que entiendo por máquina: un dispositivo destinado a transformar y/o transferir energía y/o información, con el objetivo final de satisfacer demandas humanas de comodidad y seguridad. Dicho esto, entraré en los dos modos de entender una Máquina: en sentido estricto o en sentido amplio.

(1).- Concepto de Máquina en sentido estricto


Fig.1.- Hacha tallada del Paleolítico

Es el que habitualmente manejamos y el más intuitivo.
De acuerdo con él, a lo largo del desarrollo tecnológico de la humanidad, las máquinas empezaron siendo simples herramientas que aplicaban la energía mecánica humana con distintos fines y efectos. Una de las primeras herramientas es el hacha paleolítica (Fig.1), que convierte la energía mecánica del brazo en energía de golpe o de corte, usada en la caza y la guerra. Otra es el tamtán, que la transforma en energía sónica , la cual, modulada por el ritmo que el humano aplica a sus golpes sobre el tambor, es capaz de transferir información.

Luego las máquinas llegan a ser máquinas tal y como familiarmente las entendemos, instrumentos que transforman o aplican distintos tipos de energía e información para la consecución de un fin específico. Ejemplos en lo energético son el tornillo de Arquímedes, que transforma energía mecánica desde un movimiento de rotación a otro de elevación, o el motor de vaporque transforma la energía térmica del carbón en energía mecánica de expansión del vapor de agua y ésta en energía mecánica de giro de la rueda motora. Ambas máquinas aparecen animadas cliqueando en los hiperenlaces que anteceden. Ejemplos de máquinas en lo informativo son el papiro, las tablillas de arcilla caldea, el pergamino y el papel, que transforman la información contenida en el cerebro del que escribe, a traves de su mano y una herramienta entre sus dedos, en información legible por cualquier otra persona en cualquier otro momento.



Fig.2.- Automóviles: el mito (arriba) y
 la realidad (abajo).

A lo largo del tiempo, estas máquinas típicas evolucionan con increíble velocidad, llegando en nuestros días a la más perfecta de ellas, el automóvil, símbolo de nuestra civilización, en el que se integran materiales resistentes con mecanismos ingeniosos con electrónica y con informática. Ese automóvil que, como expresa con suprema ironía Andy Singer (Fig.2), no solamente es el ídolo tecnológico de nuestra época sino que nos domina con su irresistible atractivo y condiciona con sus imperativos nuestras vidas.




Fig.3.- Placa madre de un PC








En nuestros días, se produce una revolución tecnológica de gran calado cuando se inventan máquinas que, con poco consumo energético y una disposición relativamente sencilla, son capaces de transferir y procesar cantidades gigantescas de información a velocidades rapidísimas. Estas máquinas son los ordenadores, cuyo corazón y cerebro es la placa madre reproducida en la Fig. 3.





Fig.4.- Representación gráfica obtenida con un 
software de la arquitectura de la World Wide Web.
 Se representanen distintos colores los nodos y
 enlaces radicados endistintas áreas geográficas.


A partir de ahora, en el desarrollo de esta historia natural de las Máquinas, debemos dar un paso importante. Se trata de comprender que uno de los principios básicos de organización de las Máquinas es su capacidad de integrarse  en  conjuntos más complejos, que siguen siendo Máquinas. Así, millones de ordenadores conectados a Internet se integran en una máquina mucho más compleja, la World Wide Web, que se ha intentado representar en la Fig. 4. ¿Puede considerarse  la Web una máquina? En mi opinión, sin duda que sí, ¿qué otra cosa podría ser?  Ha sido diseñada por humanos, está manejada por humanos y al servicio de éstos. Pero no incluye en su estructura o función ningún tipo de Humanismos, no es capaz de filosofar ni de crear arte, ni tampoco tiene ninguna visión del pasado o del futuro, es decir, carece de sentido de la Historia.





Este principio de integración se puede aplicar en muchos ámbitos distintos. Los vagones de metro se integran en unidades tren que se integran, junto con los túneles y vías, en líneas de metro, que se integran en la red subterránea metropolitana de una gran ciudad. Análogamente sucede con los autobuses de transporte urbano, los automóviles individuales que circulan por la gran ciudad, el sector comercial de tiendas de ropa femenina, los grandes almacenes, el cuerpo de policía, el de bomberos, etc. De manera que la gran ciudad, en la medida en que atiende a las demandas de todo tipo de los humanos que la habitan o visitan, no es sino una gran Máquina, compleja, muchas veces contraintuitiva y en buena parte autorregulada. A esta megamáquinas, por su compleja naturaleza cibernética, solemos darle el nombre de sistemas dinámicos, pero máquinas son, en cuanto a que forman parte del ámbito Tecnológico dentro del universo Cultural humano.



(2).- Concepto de Máquina en sentido amplio.

Una máquina es algo más que lo que hemos mostrado de ella al describirla en sentido estricto. Toda máquina tiene tres componentes;
1.- Las ideas que la han concebido. La ciencia básica de la que se han derivado sus fundamentos tecnológicos, la innovación del inventor, el diseño del desarrollador, etc.
2.- Las realidades que la constituyen. La máquina en sentido estricto, sus aspectos materiales y operativos. 
3.- Las consecuencias directas de su actividad. Es decir, los efectos atribuibles en exclusiva a la máquina considerada. Los Megawatios de electricidad que produce una determinada central nuclear (la Máquina sensu stricto), los millones de euros depositados en el sistema  bancario (la Máquina sensu stricto) de un país, los millones de euros emitidos como bonos del Estado por el Banco Nacional (la Maquina sensu stricto) de ese país, etc.

Algunos de los ejemplos de máquinas en sentido amplio más difíciles de ver, y que traigo aquí como ejercicio, pueden ser los siguientes:

a).- El Dinero. Las ideas de una Máquina Dinero son el nombre de la divisa, los procedimientos y leyes mediante los que el gobierno que controla esta divisa emite billetes y monedas, las reglas que determinan su tasa de cambio con otras divisas, etc. Las realidades de una Máquina Dinero son las características (forma, tamaño, valor nominal) de los billetes y monedas emitidos en esta divisa, las máquinas que los fabrican, el Banco Nacional que la cuida, las reservas de oro en poder de este Banco Nacional  que avalan su cotización, etc. Las consecuencias de una Máquina Dinero son los billetes y monedas nombrados en esta divisa que circulan por el mundo, la moneda digital nombrada en esta divisa que circula por los mercados, las relaciones de cambio con otras divisas, etc.

b).- La industria farmaceútica. Las ideas son los conocimientos farmacológicos y médicos existentes, libres o en forma de patentes, la investigación básica y aplicada en marcha para el descubrimiento y comercialización de nuevos fármacos, las leyes que regulan a esta industria, etc. Las realidades son las empresas farmaceúticas, con sus fábricas, equipos y procedimientos. Las consecuencias, el tamaño del mercado farmaceútico medido en ventas, la evolución de la tasa de mortalidad de los ciudadanos atendidos por esta industria, las frecuencias de curación en esta masa de ciudadanos de enfermedades específicas, etc.

c).- El ejército. Las ideas son el know-how del que un ejército particular dispone, las estrategias defensivas y ofensivas que tiene definidas, las leyes que regulan sus acciones, etc. Las realidades son los oficiales y soldados, las armas, las fábricas de armas, las reservas de municiones y otros insumos, etc. Las consecuencias  son el número de acciones que este ejército es capaz de emprender simultáneamente, sus fortalezas y debilidades respecto a enemigos potenciales, etc. 


(3).- Las máquinas son el componente tecnológico de la cultura humana y deben estar al servicio de los humanos en su conjunto.

Esta es la conclusión a la que me gustaría que nos llevara la visión que aporta esta brevísima, quizá atropellada, Historia Natural de las Máquinas. La desarrollo a continuación en los párrafos finales de esta entrada.

Junto al Humanismo y la Historia, la Tecnología, que se manifiesta en las Máquinas, es un componente de la Cultura. Esto quiere decir varias cosas importantes:

a).- La Cultura es una adquisición que nos pertenece a todos los humanos por igual. Las Máquinas están ahí para servir a todos los humanos, no para servirse de ellos o para que a través de ellas unos humanos sirvan a otros. Está claro que esta igualdad de los humanos entre ellos y sobre las Máquinas no es todavía perfecta, porque lo ha impedido el desarrollo más lento de los otros dos componentes de la Cultura, el histórico y el humanístico. Pero es el objetivo a conseguir, en cuya consecución se ha venido progresando a lo largo del tiempo.

b).- La finalidad primordial de las Máquinas es proteger y facilitar las vidas de todos los humanos, acompañándonos y dando respuesta a los desafíos que se nos van presentando en el camino. Cuando la protección es de unos humanos con respecto a otros con los que están enfrentados, hablamos de Máquinas de Guerra, que han desempeñado un papel fundamental es el desarrollo de la Tecnología y el Maquinismo. La guerra y el genocidio son un fracaso del animal humano cuando se lo compara con otros animales próximos, donde no existen. El objetivo a conseguir, del que estamos todavía muy lejos, es la desaparición total de las Máquinas de Guerra. No necesariamente de los Ejércitos, que pueden desempeñar funciones  tecnológicas muy útiles para las sociedades humanas.

Fig. 5.- "Día de la Tierra feliz", "Ponte buena pronto",
dicen los dos carteles que Singer ha colgado junto a
una Tierra que agoniza bajo cuidados tecnológicos
intensivos, y que no necesita sueros y monitoreos,
sino recuperar la libertad que con nuestra Tecnología
le hemos arrebatado.
c).- La finalidad subordinada de las Máquinas es proteger y facilitar la vida de toda la Naturaleza no humana. Este es un objetivo que solo ahora empieza a plantearse la Tecnología, y lo hace porque la destrucción de la Naturaleza que ha resultado del uso indiscriminado de las Máquinas, empieza a amenazar la propia supervivencia de los humanos, o por lo menos de nuestra actual civilización tecnológica. Los humanos hemos puesto nuestro futuro en manos de Megamáquinas que carecen de una visión general del mundo y que tienden a artificializarnos, separándonos cada vez más de una Naturaleza en la que a largo plazo, y puesto que formamos parte de ella, está nuestra única posibilidad de sobrevivir. Tenemos que transformar radicalmente nuestras Máquinas, cambiarlas para que sean capaces de cumplir también con esta finalidad esencial. Esta quizá sea la tarea más urgente que tenemos por delante. Andy Singer resume magistralmente esta cuestión en su cartoon de la Fig.5.







En definitiva:

A).-  Las Máquinas pueden  ser muy materiales y sencillas, como el hacha paleolítica, o muy inmateriales y complicadas, como el sistema financiero mundial. Son estas Megamáquinas complejas las que amenazan nuestra libertad y nuestro futuro. Debemos aprender a controlarlas, porque nos seguirán siendo necesarias.

B).- Cuando comparamos la Tecnología con los otros dos aspectos de la cultura, el Humanismo y la Historia, lo que diferencia a la primera es que jamás se plantea problemas metafísicos. El Humanismo sí: el sentido de la vida, el significado del amor, el secreto de la belleza, la posibilidad de la felicidad, asuntos así. La Historia también: la necesidad de convertir la memoria histórica en arrepentimiento, propósito y esperanza, la creencia en que el futuro histórico se puede vivir, de hecho se está ya viviendo, desde el presente, desafíos de este tipo.

C).- La Tecnología, al desarrollarse con mucha mayor rapidez que el Humanismo y la Historia, ha sido arrogante al reírse de todo lo metafísico, despreciándolo como vacío de contenido. Está llegando el momento en que tenga que volverse más humilde, porque ella sola, la Tecnología, sin el Humanismo y sin la Historia, no conseguirá salvarnos a los humanos, con lo que también ella se perderá.




martes, 6 de septiembre de 2011

De humanos es equivocarse

La senda que lleva hasta la orilla del mar
Pese a que dormí siete horas durante el vuelo transoceánico, lo que me permitió desenvolverme normalmente al día siguiente, el jet lag estaba allí, agazapado en lo hondo de mí mismo, acechando, dispuesto a hacerme caer en las innumerables trampas que era capaz de prepararme. Para descansar de verdad no basta con dormir superficialmente; hay también un sueño profundo, quizá el más reparador, que se ve perturbado por el ruido de fondo de los motores del avión, las trepidaciones causadas por las turbulencias, el ambiente general de inquietud y malestar que reina en la cabina de una aeronave donde hoy día, en la clase económica, se viaja casi tan hacinado como en los antiguos buques negreros. Y luego está la ruptura de los ritmos digestivos, el cambio brutal de clima al pasar del tórrido verano andaluz al frio invierno chilote, el estado de alerta permanente en el que estás durante un viaje, todo eso.

Tuve un compañero de trabajo que tenía que viajar dos veces todos los meses entre Kentucky y Escocia. Me decía que él había aprendido a viajar a lo zen para reducir el jet lag. Lo que consistía en no comer nada y beber solo agua durante todo el largo viaje, ponerse un antifaz y tapones en los oídos desde que se sienta uno en el avión, reclinar el asiento lo más posible e intentar dormir. Claro que a él, dada la dureza de sus ritmos de vida y porque era un ejecutivo, la empresa le pagaba la tarifa en business, lo que mitigaba algo el shock del viaje.

El caso es que yo, tontamente convencido de que con mi pastillita de somnífero lo arreglaba todo, he llegado a Chiloé con un jet lag cuya existencia me empeñaba en ignorar. Nada más poner los pies en Duhatao empecé a hacer mi vida normal, mucho más activa aquí que la que había llevado en España. Y como era de esperar, mi jet lag me ha tendido algunas emboscadas humillantes.

La principal ha sido un asunto de llaves y cerraduras. Mi dormitorio estaba cerrado y yo convencido de que, de las cuatro llaves que había en mi llavero, una muy concreta era la de su cerradura. Pero la dichosa llave ni siquiera entraba dentro de ésta. En vez de pensar que esa llave no era la correcta, me obcequé con que la cerradura debería haberse oxidado ligeramente y bloqueado después de algunos meses sin funcionar. Así que aquella noche dormí donde pude. A la mañana siguiente galopé en mi camioneta hasta Ancud en busca del cerrajero, el único cerrajero reparador de Ancud, una persona muy interesante con la que me llevo muy bien. Era una mañana de sábado lluviosa y plomiza pero él se puso enseguida a mi disposición. Llegados a mi casa, verificó que la cerradura de mi dormitorio no se abría con la llave que yo creía suya; a continuación pudo abrirla con otra llave que no tenía nada que ver y que usó como ganzúa. Luego desmontó la cerradura para repararla en su taller, pero como buen profesional que es, sospechaba que en todo aquello había algo raro. Entonces quiso probar en la cerradura las cuatro llaves de mi llavero. ¡Había una que sí la abría! Sencillamente, yo había supuesto que la llave de la cerradura era otra de las cuatro posibles, y a partir de esta hipótesis había actuado en consecuencia. No supe cómo disculparme con mi amigo el cerrajero, lo achaqué a mi edad, pues acabo de cumplir los 70 (¡esos desagradables tás!...). “Errores de viejo”, le dije como excusa. Pero yo sabía que no era exactamente así, que el jet lag, esa bestia traicionera y maliciosa, había jugado un papel importante en todo el asunto.

Ayer me pasó con mi camioneta otra cosa igual de absurda cuando salía de viaje hacia Castro, pero no cansaré a los locos que me lean con más historias de viejo.

Solo quiero concluir, generalizando, que hay una relación muy estrecha entre el cansancio y el error, que es sobre todo por eso por lo que es imprescindible descansar. El cansancio abotarga las capacidades críticas y discriminatorias de nuestro cerebro. Este minimiza su capacidad de hacerse imágenes del mundo, se agarra a las hipótesis que, en su cansancio, le parecen más obvias. Y ya está. Lo que nos lleva a cometer errores que van desde lo estúpido hasta lo funesto.

Girando otra vuelta de tuerca, diré que no solo el cansancio, sino también la obcecación, son las fuentes más frecuentes de nuestros errores. En cuanto a la obcecación, nos hace empeñarnos en que el mundo que nos rodea es como nosotros creemos que es, o queremos que sea. El único antídoto contra la obcecación es el respeto: no actuar sobre el mundo hasta que éste no nos dé muestras claras de que lo permite. Pero el respeto también puede llevarnos al error por omisión, porque hay veces en que ese mundo exterior está esperando y deseando que nosotros tomemos la iniciativa. En fin, un lío, ese lío que es el vivir, una aventura siempre arriesgada, llena de trampas, y quizá solo por eso interesante.

Equivocarse, en definitiva, es de humanos, y equivocarse estúpidamente lo es todavía más. Por eso es imprescindible aprender a perdonar. “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, o algo así.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Los malos cocineros y el Merkén

La foto la he tomado y el texto lo he escrito hoy. Esta es la única relación entre ambos.

Casi nunca en mi vida he guisado. Lo hice durante la travesía del Atlántico en velero, porque  allí la norma era que todos los miembros de la tripulación, por turno riguroso, tenían que guisar un día, lavar los platos el siguiente y limpiar los baños el otro. Entonces, dada mi ignorancia, me refugié como cocinero en los macarrones con tomate, lo más facilón que se ha inventado en cocina. Pero yo me permitía tener mi truquito culinario: los aderezaba con una mezcla de marisco y carne, es decir, una lata de berberechos y trocitos de bacon, o una de almejas y otra de salchichas. Estas mezclas de marisco y carne las aprendí de los portugueses, que las usan mucho en sus guisos y dan un resultado sensacional. Años después descubrí en Chiloé el curanto, cuyo esplendor culinario proviene precisamente de ese tipo de mezcla, en el caso de Chiloé choros (mejillones), almejas y otros mariscos, junto con todo tipo de carnes y chacinas.

De joven leía todos los libros que caían en mis manos escritos por navegantes solitarios. Como la mayoría de ellos eran ingleses, uno de los elementos básicos de sus comidas eran las latas de Corned Beef. Yo me entusiasmé con estas latas, representaban para mí una especie de transferencia freudiana, al comerlas me sentía un navegante solitario  al timón de mi barco, en medio del océano. Así somos las personas por dentro, tanto más cuanta más imaginación tenemos. Pero el caso era que el Corned Beef enlatado es un producto que me atrevería a calificar de repugnante: tiene demasiada grasa, lo que unido a su consistencia pastosa te hace pensar que estás comiendo alimento para perros. Eso a los ingleses no les importa, porque nunca les ha interesado la comida, sino el deporte o la aventura, pero para un español era difícil de aceptar. Así que yo, lleno de esperanzas, ensayaba una tras otra todas las recetas  con Corned Beef que caían en mis manos; a veces, las que me parecían menos repugnantes, se las daba a probar a mi mujer y mis hijos, que las seguían considerando repugnantes (y tenían razón). Desesperado, pasé al terreno de la creación culinaria. Después de muchas elucubraciones llegué por fin a una fórmula que me pareció que podía resultar. Le di el nombre de C3B, porque consistía en mezclar una lata de Corned Beef con otra de Baked Beans, y aderezar el resultado con salsa Perrins. Debo aclarar que esos tres elementos son de los más demoníacos de la cocina inglesa, pero prácticos para cocinar en un barco, porque no se estropean nunca (la causa quizá sea que ya están totalmente estropeados desde el principio). Este C3B provocó la primera rebelión familiar que tuve que sufrir en mi vida. Sencillamente, mi mujer y mis hijos se amotinaron, declarando que jamás, es decir, jamás, volverían a probar una receta preparada por mí. Y así fue como renuncié al Corned Beef.

Mi siguiente paso como cocinero fue el descubrimiento de la Salsa de Soja, que me pareció realmente milagrosa, porque por repugnante que fuera cualquier plato preparado por mí, la Salsa de Soja ocultaba con su fuerte personalidad todo sabor extraño. Pero a medida que aprendí a cocinar fui renunciando a la Salsa de Soja como remedio curalotodo, dejándola para donde realmente debe estar.

Ya en Chiloé, descubrí el Merkén por casualidad, gracias a un encargo que me hizo alguien que vivía en Santiago. Parecido en su aspecto al Curry, es un aliño de la cultura Mapuche de Chile, hecho a base de ají (guindilla) con otros ingredientes. Me he convertido en adicto al Merkén. Usado en dosis altas tiene la potencia de la dinamita, pero en las dosis bajas que yo empleo es un maravilloso potenciador de los sabores básicos de un guiso, al que mejora muchísimo.

Tan bueno es el Merkén que a veces siento la tentación de probar su efecto sobre algunas de mis viejas recetas de Corned Beef. Pero no caeré en ella, no. Porque estoy convencido de que el caso del Corned Beef no tiene otra solución que mucha hambre.

Hoy, mi primer día ya reinstalado en Chiloé, he preparado un estofado de papas con costillas ahumadas para que me dure toda la semana. Llevaba también una cebolla, dos tomates, un pimiento, dos cubitos de caldo, aceite… y el mágico Merken, que he espolvoreado sobre el guiso antes de cerrar la olla, como un mago lo haría con unos polvos milagrosos, es decir, con muchísimo respeto.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Buenas noches, Chiloé



De nuevo en Chiloé, tras un viaje fatigoso y accidentado. En el vuelo de Santiago a Puerto Montt, antes de despegar, el avión vuelve desde la cabecera de pista a su atraque, porque un pasajero ha dado muestras de agresividad por alguna insatisfacción con los asientos que nadie llega a explicarnos. Sube a bordo la seguridad del Aeropuerto, intentan convencer al pasajero en cuestión de que se baje pero éste se niega. El capitán de la aeronave da orden de que todos los pasajeros la abandonen, así se va haciendo hasta que sale el pasajero rebelde, cuando los de seguridad pueden hacerlo preso sin peligro para el resto del pasaje de recibir alguna bofetada suelta. En ese momento la orden se invierte, “todos (menos el colérico) para dentro”, así que yo no llego a salir. Los chilenos del avión se comportan con la tranquilidad y la buena educación propia de ellos, pero yo siento (quizá solo presiento, proyectando al mundo real mis apriorismos) como si el ambiente del país estuviese algo crispado, no es para menos, más de tres meses llevan los estudiantes de secundaria y universitarios en huelga, y mañana, ¡por fin!, los va a recibir el presidente Piñera.

En las trece horas de vuelo entre Madrid y Santiago he tenido por compañero de asiento a un marino chileno, que trabaja en un barco de apoyo a plataformas gigantescas de prospección de gas  frente a las costas de Israel, y vuelve ahora a casa para su permiso reglamentario. Nos reconocemos como amantes de la mar y congeniamos, hablamos de todo, la noche es larga, yo me tomo mi suave somnífero transoceánico, le ofrezco a él otra pildorita, se la toma pero no consigue que le haga mucho efecto. Yo sí duermo espléndidamente siete horas ininterrumpidas, pero aún nos quedan seis para charlar. Hablamos de bebida y comida, de nuestras respectivas vidas y trabajos, de Chile, España, Piñera, Bachelet, Pinochet, Franco. No es el primero que me lo dice, espera que Bachelet se presente a las próximas elecciones y las gane. Es un hombre sensato y bien informado, tiene ideas claras. Todo un ciudadano, en el mejor sentido de la polis griega, merecedor como muchos otros de un buen futuro.

Desde que salgo en mi camioneta del aeropuerto de Puerto Montt ya presiento a Chiloé. Cruzando el canal de Chacao la tarde está fría y solitaria, melancólica, con un viento que me corta el rostro, pues he salido a la cubierta para mirar las aguas inquietas y saludar a mi Chiloé en la distancia. La tristeza que lo empapa todo como una niebla y me llena a mí es soportable, me siento triste pero no solo, me parece que esa es una diferencia decisiva.

Lleno el depósito de combustible en Ancud y compro para varios días en el supermercado. La ciudad está semivacía, acaba de terminar el partido de fútbol entre las selecciones nacionales de Chile y España, casi todos deben estar todavía frente al televisor. Saludo a mi pescadero y le compro una tarrina de erizos y otra de jaiba. Después navego por el camino de Duhatao, embarrado y caótico porque están en el trance de empezar a convertirlo en carretera asfaltada. El sol se pone. El barro crepita bajo las ruedas de mi coche, ese barro que es una de las señas de identidad de Chiloé y al que uno llega a querer. Pienso en mis botas de goma, que me esperan en la cabaña. Voy reconociendo a mi Chiloé, ese país de gorros y chalecos de lana espesa, grandes botas de goma y humo blanco saliendo de las chimeneas de las casas, bosques misteriosos y prados dorados bajo el oblicuo sol invernal, silencio y viento.  
En mitad del camino me paran unos campesinos, un hombre y dos mujeres, para que los lleve hasta un "rezo" cerca de la escuela de Tehuaco. Murió hace ocho días una señora muy mayor, me dicen, y ahora le están terminando de rezar la novena. Les pregunto qué rezan. "Pues rezar", me contesta una de las señoras. Le pregunto si rezan el rosario y me dice que sí. Los dejo frente a una casa donde están ya aparcadas varias camionetas vacías, estampa de la solidaridad campesina chilota, de su religiosidad. Me gusta la integración tan natural de los chilotes con lo religioso, que forma una parte importante de sus vidas. Ni han conocido a Nietzche ni, para ellos, Dios ha muerto, creo que solo por eso ya pueden ser dichosos. Pero además tienen sus ganados, pampas, bosques, leñas. Sus playas y sus cielos, su lluvia y sus leyendas, sus vecinos. Y las estaciones del año, que en Chiloé se viven con intensidad y marcan el pasar del tiempo, el cual, para los chilotes, campesinos y gente de mar, no puede ser otra cosa sino el ciclo interminable de la vida y la muerte, sin dramatismos.

Abro por fin el último portón antes de mi casa de Duhatao. Tres ovejas aparentemente gordezuelas por su lana invernal corren escandalizadas delante de la camioneta sin osar salirse de la pista, con dos corderitos casi recién nacidos que, de vez en cuando, vuelven la cabeza como si los estuviera persiguiendo un dragón. Veo por fin, allá abajo, el mar invernal, el Pacífico gris, frío, plomizo, solo. Me reconozco como hermano suyo, no me disgusta que comparta su soledad conmigo, yo la mía con él. El cielo también está marchándose, hace cerca de una hora que se puso el sol y las nubes no dejarán que las estrellas me miren. Cuando entro en mi casa y enciendo la luz la encuentro bellísima, con sus maderas tan diversas, preciosas, todavía vivas, con esa vida en el recuerdo que la piedra, el cemento o el barro nunca tendrán.

Está fría mi casa, como yo, quizá por eso me siento cómodo. Me doy cuenta de que el calor y el color que le faltan solo podría dárselos el amor. Esto me trae el recuerdo de lo que he dejado atrás, que al calentarme el corazón me confirma que no he venido hasta aquí huyendo, ni muchísimo menos.

Buenas noches, Chiloé.