lunes, 10 de febrero de 2014

La caca del Trauco y otras sorpresas

(Cosas vistas en Duhatao el domingo 9 de febrero. Dedicado a los que no pueden  venir a verlas).

1).- La caca del Trauco.


Esta tarde la he visto por primera vez en mi vida y tengo pruebas fotográficas. No es que yo crea o deje de creer que es en verdad la caca del Trauco, sino lo que mucha gente en Chiloé afirma (ver mi entrada "El Trauco o Roende. Sus andanzas", del 8 marzo 2011).

Dando un paseo encontré al borde del sendero lo que aparece en las fotografías. Algo de aspecto mucilaginoso y color amarillo intenso (foto 1ª). Cuando levanté el trozo de tierra donde estaba, también llenaba el intersticio entre aquél y la tierra firme (foto 2ª). No tenía olor.

Mi impresión personal es que se trata de un mixomiceto u otro hongo análogo, capaz de crecer muy rápidamente en las condiciones ambientales adecuadas. Si hubiera tenido un microscopio a mano habría podido verificarlo.

Pero me gustaría que fuera en verdad la caca del Trauco, porque, como  la huella dejada por el Yeti sobre la nieve himaláyica, sería una prueba de su existencia real.



2).- Esa luna chilota que nunca miente.

Cuando yo estudié Naútica, el profesor de Navegación Astronómica (algo que desde que existe el GPS  ya no es necesario) nos contó que los marinos españoles llamaban a la Luna la puta del Almanaque Naútico, por dos razones. Primero porque sus movimientos eran tan complejos que los cálculos con ella eran difíciles. Pero segundo porque cuando tiene forma  de C está en cuarto menguante (no Creciente), y cuando tiene forma de D, en cuarto creciente (no Decreciente o Menguante). De aquí el dicho popular en España, "la Luna miente", para que los niños recuerden al verla en que cuarto está.

Pues bien, toda esta historia solo es aplicable en el hemisferio Norte. En el hemisferio Sur y concretamente en Chiloé la Luna nunca miente. Por eso estaba esta tarde marcando un cuarto Creciente ya avanzado, indicio seguro de que se aproxima la Luna llena, esa que festejará la gente joven en la playa de Cucao.

3).- La lucha por la vida desde mi ventana.

Mi iniciativa de dar pan a los Tiuques en el barandal de mi terraza está teniendo ya consecuencias darwinianas. Al pan de los Tiuques empezaron a acudir los Traros, pero los primeros, aunque más pequeños, son valientes y capaces de expulsarlos. Hoy, sin embargo, han empezado también a acudir los Jotes, y con estos los Tiuques no se atreven. No sé cómo voy a resolver este conflicto.

En la foto, esta mañana un Tiuque comía el pan en mi terraza con la fineza del que lo está haciendo en un lujoso restaurante.


Pero esta tarde apareció un Jote de cabeza roja y no hubo Tiuque que se acercara, hasta que yo tuve que echarlo.

Moraleja: la intervención humana en un entorno natural hay que hacerla con sumo cuidado, incluso hay que no intervenir, limitándose a observar.








Y para terminar, así ha sido hoy el crepúsculo en Punta Tilduco. ¿Presagia el pronto vuelo nupcial de los chalilos? Quizá. Mejor dicho: ojalá.



domingo, 9 de febrero de 2014

Candidez

Hay días que uno ve las cosas, los problemas, la vida en definitiva, iluminados por la inspiración.

¿Qué es eso de la inspiración?

Algo muy sencillo, nada más que una lente que te permite ver la vida, los problemas, las cosas, como podrían ser más que como son.

¿Podrían ser? ¿Poder en función de qué?

En función de que todos fuéramos más sencillos y dejando de una vez a nuestro salvaje Hulk encerrado en las mazmorras del subconsciente, actuáramos con naturalidad.

¿Qué quieres decir?

Hulk es una fuente de miedos, sospechas, rencores, angustias, Hulk es la fuerza detrás de lo que generosamente llamamos intuiciones pero muchas veces no son más que malos pensamientos. Bueno, también con frecuencia malos deseos.

…?

No me interrumpas. La vida podría ser muy distinta si todos acudiéramos a compartirla con una dosis mayor de candidez. Quiero decir, sin miedos ni rencores ni sospechas. Y si la vida podría ser así, yo creo que debería ser así y conseguirlo depende exclusivamente de nosotros.

Pero si vas de cándido la gente mala se aprovechará de ti, te engañará, acabarás mal.

Hablo de candidez, no de estupidez. La candidez es valentía, capacidad de asombrarse y perdonar, fe en los demás, como mínimo en la capacidad de superarse de los demás, de aceptar y aprovechar otra oportunidad. Lo dice muy claro Etimologías de Chile: <<Cándido viene del latín candidus y significa “sencillo, simple, blanco”. Sus componentes léxicos son candere (brillar, arder) más el sufijo –ido(cualidad perceptible por los sentidos)>>. Cándido es el que tiene la suerte de iluminar a los demás con su llama pura, sencilla, sin malas combustiones que produzcan humos o la apaguen.

Mucho pides tú. El mundo no es así.


Pero podría serlo, podría serlo. Y si podría, debería serlo. De nosotros depende.




sábado, 8 de febrero de 2014

En Puerto Montt

Hoy viernes 7 de febrero he tenido que ir a Puerto Montt. ¡Terrible experiencia!, la ciudad grande, ruidosa, estresada, desordenada, con Falabella y Ripley como atracciones fundamentales. He salido de allí lo antes posible. No cabe duda, la vida en el campo me está haciendo daño, me está creando una peligrosa adicción.

La autopista de cuatro vías que está casi terminada entre Puerto Montt y Pargua, pero que se acaba cinco kilómetros antes de Pargua, está pensada, a mí no me cabe duda, para conectar con el futuro puente. Ya están listas las estaciones para pago del peaje. Si se hace el puente, con un peaje parecido al del transbordador, y luego está la autopista hasta Puerto Montt con otro peaje, a la gente de Chiloé le va a salir el doble de caro ir a Puerto Montt que ahora. Luego el puente no parece estar pensado para la gente de Chiloé. Entonces ¿para qué se hace el puente, para la mejor invasión de Chiloé? Si ese es el caso, ¿invasión por quién y para quién? Muchas preguntas y poco tiempo para contestarlas o prevenirlas.

En el transbordador de ida se me acerca un matrimonio y me piden que los lleve hasta Puerto Montt. Son de un sector cercano a Hornopirén, ese es su destino final. Me dicen que allí la gente ha abandonado el campo en favor del trabajo en la mar, especialmente las salmoneras, él, concretamente, es buzo en una. Tienen tres hijos, buenos estudiantes que estudian con becas, el mayor está a punto de terminar la Universidad. Los jóvenes no quieren la vida que tuvieron sus padres, eso me dicen. Cuando salen del campo para trabajar o estudiar, ya no vuelven nunca. “Nos hemos quedado solos, pero todo sea por el bien de nuestros hijos”.

Les pregunto por los chalilos. Y para mi grandísima sorpresa me dice que en Hornopiren volaron ya en Enero. Siento una inevitable frustración. ¿Acaso es Chiloé más frio que Hornopirén? Para colmo, ayer me dijo mi vecina que hay años en que los chalilos no llegan a volar. Me siento abandonado, engañado por mis chalilos, pero me resisto a perder mi fe en ellos.

¡Menudo día! Para consolarme, nada más llegar a mi cabaña me he puesto a hacer pan. ¡Y no he conseguido terminar de amasar la maldita harina! He metido los panes en el horno como he podido, con un cuchillo ancho, pues los pegajosos panes que no puedo manejar con mis manos no se pegan a su hoja. Ya ayer, cuando mi vecina vio la harina que había comprado, se rió de mí. “Esa marca es malísima”, me dijo, pero no me advirtió del tormento que acabo de pasar, hecho yo un revoltijo pegajoso con la masa inamasable.


Bueno, no todos los días son así, los hay mejores.

Después de todo, el aspecto de mis panes recién salidos del horno
no es desesperadamente malo
.

viernes, 7 de febrero de 2014

Una serie anunciada pero fallida

Anuncié en una entrada del 29sep2013 una serie en mi blog ("El Mundo Nuevo del siglo XXI", así de pretenciosamente se iba a titular) sobre el desastre ecológico (también llamado “cambio climático”) y la necesidad de abandonar el paradigma de crecimiento económico a toda costa por otro de estabilidad e incluso decrecimiento económico para los países más ricos.

Enseguida me di cuenta de que el tema era demasiado complejo. La necesidad de tratarlo con seriedad me obligaba a estudiar mucho. Eso es lo que de momento intento hacer. Me he traido a Duhatao tres lectores electrónicos (Sony Reader, Kindle e iPad) con bastantes textos más unos cuantos libros en soporte papel. Leo todo lo que puedo, intentando formarme una opinión, la mía, porque solamente tiene sentido que yo diga algo sobre este asunto desde una opinión formada, por humilde que, como será mi caso, esta opinión sea.

De lo que llevo leído saco la conclusión de que en esta guerra dialéctica no hay solo dos contendientes enfrentados, sino quizá hasta cinco, y que la guerra es poligonal, una suerte de pentágono en el que se producen muchos de los enfrentamientos posibles, cambiando los contendientes y las alianzas de unas batallas a otras.

Los enumeraré:

1).- Economistas establecidos en el sistema imperante.  Creen que aquí no pasa nada realmente serio y que el capitalismo de libremercado dará solución a todos los problemas pendientes.

2).- Científicos (particularmente climatólogos y especialistas en Ciencias de la Tierra). Creen que el cambio climático ya es irreversible, que no conocemos bien sus consecuencias finales y que debemos prepararnos para lo peor, considerando la Tierra como un todo del que todos, ricos y pobres,  somos responsables.

3).- Historiadores, economistas y conservacionistas que se mueven en la periferia del sistema imperante. Creyendo en la irreversibilidad del cambio climático, todavía más creen en que no habrá solución/mitigación de los problemas planteados hasta que los países ricos se decidan de una vez y de verdad a consumir muchísimo menos. Siendo estos países los responsables de lo que está pasando.

4).-Políticos de los países emergentes. De acuerdo en lo básico con el grupo 3, creen que no se debe obstaculizar el crecimiento económico de los emergentes y que son los países ricos los que deben tomar medidas. Pero atención, todo ello desde la perspectiva de llegar a ser países ricos.

5).- Políticos de países ricos. Confían en que los problemas que cause el cambio climático sean resolubles a un coste asumible por sus sistemas económicos. Creen por eso que los ricos soportarán mejor el cambio climático que los pobres.

Luego están los ciudadanos de a pie que no sintiéndose liderados en ninguna dirección prefieren mirar para otro lado (la angustia se queda dentro). Y muchos intelectuales que ante la complejidad del problema no se atreven a adoptar posturas claras. Y muchos pobres del mundo que se sienten acorralados en sus países e intentan emigrar donde los ricos.

Y finalmente, está muchísima gente cuya forma de pensar participa en mayor o menor medida de los postulados de más de uno de los grupos anteriores.


En fin, todo un pandemónium. Y mientras tanto el tiempo pasa, corre, vuela.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Plotino y la belleza

Cada uno ve el mundo desde su ventana. Por eso hay tantos mundos distintos como pares de ojos que los perciben desde individuos singulares. Y por eso, en nuestras relaciones con los demás, es indispensable que hagamos un esfuerzo por entender que no todos tenemos el mismo punto de vista precisamente porque nos asomamos a ventanas distintas.

Yo paso muchas horas en mi estudio de Duhatao, con unas cuantas ventanas abiertas al bosque o al mar. Una en particular está frente a mí y da a una pequeña terraza a través de la cual veo el Pacífico. En el barandal de esta terraza se posan mis amigos tiuques para comerse los trocitos de pan que les dejo. Pero no solo me visitan los tiuques, también los jotes, a los que les dediqué una entrada hace unos días, y ayer los traros.


El traro es un ave de buen porte, tiene el tamaño de un águila grande, fuerte pico y amplias garras. Es hermosa, pintada además de varios colores. Impresiona el conjunto de su aspecto, pero es cobarde. Sus hábitos de vida son carroñeros, aunque dicen que son capaces de llevarse hasta un corderito entre las garras. Siendo un animal de volúmenes y envergadura que casi doblan a los del tiuque, sin embargo le huye. Eso pasó ayer ante mi ventana. Dos traros rondaban por allí con intenciones de quitarle la comida a mis tiuques, pero estos, que andan siempre cerca, llegaron enseguida y los echaron con violencia, a golpes de ala (el equivalente aviar de las bofetadas) y chillidos. Incluso los persiguieron en vuelo hasta que los perdí de vista sobre el bosque.


La foto superior izquierda muestra el momento en que el traro avista al tiuque que viene enfurecido en su búsqueda. La derecha el momento en que inicia un vuelo de huida.
En la segunda foto puede verse que el movimiento no es el mismo en toda la extensión del ave. Los extremos de las plumas remeras de las alas se mueven a más velocidad, por eso están más desenfocados. El traro se ha dejado caer desde el barandal de la terraza pero ya empieza a remontarse, aleteando con fuerza a la vez que huye.

Estas fotos de aves en vuelo, incluso cuando tomadas por un fotógrafo inexperto como yo, tienen un gran interés porque revelan detalles que nos pasan desapercibidos en un vídeo, dada la rapidez de los movimientos. Las evoluciones de un ave en vuelo son muy bellas, las fotos que las captan, instantáneas como están obligadas a ser, recogen sin embargo el dramatismo de los movimientos como jamás lo haría una película. Su interés estético está precisamente en esa capacidad de captar toda la belleza del movimiento precisamente deteniéndolo en seco, dejándolo reducido a un instante. Luego volveré sobre esto.

La siguiente serie de tres fotos en vertical capta también la belleza  de las instantáneas de aves en vuelo.






En esta de arriba, estaba el pollo tiuque comiendo restillos de pan sobre el barandal de mi terraza, con su padre o madre andando hacia él desde la izquierda.












Entonces el padre o madre levantó el vuelo, ante la indiferencia del pollo. En la foto central se lo ve dando aletazos imponentes cuando pasa por encima del pollo, para mantenerse en vuelo. Impresionante cómo se despliegan las alas en toda su anchura para proporcionar poder de sustentación.
El pollo, por cierto, sigue a lo suyo, con su pan, ignorante del resto del mundo.












Y en la foto de abajo el tiuque, ya estabilizado, cambia de rumbo para dirigirse a su destino. La cola hace de timón, y por su inclinación parece querer torcer el rumbo del ave hacia estribor. Las alas han reducido su superficie, la sustentación en el aire no es ya el problema, ahora la velocidad es suficiente para proporcionar una sustentación dinámica, como en los aviones, y la función de las alas es remar para que el ave avance.






Otra vez se recogen en estas instantáneas bellezas del vuelo que en una película difícilmente se apreciarían.


Y ahora llego a mi comentario final, enlazando todo lo dicho sobre las aves con el asunto de las dos formas de belleza según Plotino, que estos días me tiene un poco en vilo por intentar comprender todo el sentido que este concepto tiene. Por comprenderlo significo asumirlo, hacerlo definitivamente mío.

Para Plotino,hay dos categorías de belleza, la estática y la dinámica.

Estática es la belleza del Partenón o de la Venus de Milo. Dinámica la de todo lo bello que contiene movimiento y con éste dirección, como la foto de la sonrisa misteriosa de una mujer bella, o la de una bailarina, o una pintura como la de Bacon que ya analicé en otra entrada de este blog, o los cuadros de la gran Frida. Incluso la torre de Pisa tiene una belleza dinámica que acompaña a su gran belleza de formas, porque se alza desafiando a la gravedad y podría derrumbarse en cualquier momento.

La belleza dinámica no es en modo alguno superior a la estática, simplemente es diferente. Pero hay bellezas que solo pueden expresarse como dinámicas, otras que solo son estáticas y otras como la de la torre de Pisa que participan de las dos. 

Entre las bellezas que solo pueden ser dinámicas están todas las virtudes humanas, que por su naturaleza inmaterial solo pueden manifestarse en sus movimientos, sus aspiraciones, la dirección que toman. Así la bondad, la generosidad, el afán de justicia, todas las bienaventuranzas evangélicas, la poesía, el valor, la inspiración, el genio. Todo eso y mucho más. Estas bellezas inmateriales son, en sentido estricto, las que Plotino considera como segunda forma de la belleza. Pero yo incluyo también todas las manifestaciones de belleza que son dinámicas.

Puesto que un blog es un medio visual, intentaré poner ahora de manifiesto las diferencias entre las dos bellezas mediante algunas fotografías.





Grace Kelly fue una de las mujeres más  admiradas por mí cuando todavía era casi un niño. Su belleza en esta foto es estática, aunque perfecta. Y digo que es estática porque aunque sonríe y la sonrisa puede ser una emoción, ella está claramente posando para el fotógrafo. Busqué en Internet alguna foto de la Kelly en la que no estuviera posando y no encontré ninguna. Habría que haber buscado entre los fotogramas de sus películas, pero no estaban a mi alcance.





Esta es una serie de tres fotos del gran conductor de orquesta que fue Herbert Von Karajan. En la de arriba está simplemente posando; no cabe duda de que es un hombre bello, posiblemente hasta coquetón, desde luego seguro de sí mismo, de su inteligencia y su belleza.










En la segunda está preparándose para iniciar una parte de una pieza musical. Aquí hay ya dinamismo. Aunque físicamente la quietud de Von Karajan es absoluta, ello es consecuencia de la concentración que precede a la acción. El artista hierve por dentro, su belleza esta llena de dinamismo interior.










Y en esta última foto el director quiere introducir a su orquesta en un movimiento particularmente dramático de la pieza que interpretan. El cuerpo de Von Karajan, tenso para la acción, es solo un sostén de fuerzas poderosas que están empezando a derramarse. Ya no le pertenece solo a él, es de toda la orquesta.
(Incidentalmente, su figura es casi idéntica a la del banderillero de una corrida de toros: listo para el trance).





Finalmente acudiré como ejemplo típico de una belleza esencialmente dinámica a una imagen del gran torero Curro Romero dando un pase natural, quizá en la Plaza de la Maestranza de Sevilla. Aquí todo es acción. La foto, naturalmente es estática, es una instantánea, pero está llena de fuerzas que se hacen patentes. La del toro que lanzado con toda la potencia de sus 600 kg, alza las dos patas delanteras siguiendo al capote, apoyando todo su peso en la izquierda trasera, cuya pezuña casi pisa la zapatilla del torero. La del capote que vuela al impulso que el torero le ha dado. La tensión interna del torero, firme en el suelo y calculando intuitivamente todas las fuerzas en juego. Su boca torcida en un gesto que lo es a la vez de dominio y de duda,  el estoque empuñado en la mano derecha dándole equilibrio a su figura. Todo eso y mucho más.


En fin, tiempo es ya de terminar esta larga entrada, que quizá podría haber titulado así:

“De cómo en este mundo todo lo que se manifiesta tiene un nexo común, unas raíces éticas y estéticas que proceden del mismo origen”.

Plotino habría añadido que ese origen de la verdad y la belleza es el UNO.

martes, 4 de febrero de 2014

Vivir plenamente tu vida

Alejado como estoy ahora del ruido, me hago preguntas que no recuerdo haberme formulado nunca. Una de ellas es: ¿en qué consiste eso de vivir tu vida plenamente?

Lo de vivir en plenitud es algo que los jóvenes se plantean como un mandato, pero sigue teniendo sentido incluso cuando eres viejo.

La pregunta es tan compleja que el valor de la respuesta radica en su simplicidad, no valen largos párrafos o discursos que solo oscurecerían el panorama. Yo pienso, modestamente, que el que llegues a vivir tu vida en plenitud depende de tu actitud ante al menos dos asuntos fundamentales:

1).-  El hecho de que nuestro universo, desde la más lejana galaxia al citoplasma de cualquiera de tus neuronas cerebrales, es probabilístico. Si tú lo aceptas serás capaz de darle a lo imprevisible el papel central que va a jugar en tu vida. Si se lo das, asumirás que antes o después te alcanzará la desgracia, pero también la suerte. Si lo asumes, estarás dispuesto a arriesgarte. Y si te arriesgas encontrarás espacios que nunca habías imaginado que existieran, en los que tanto si te equivocas como si aciertas conseguirás para tu vida la plenitud de la experiencia y el descubrimiento.

2).- La convicción de que los humanos nos planteamos grandes interrogantes para los que jamás obtendremos una respuesta científica completa, tales como la naturaleza del amor, el misterio del mal, asuntos así. Si tú lo aceptas y mantienes siempre abiertos esos interrogantes en tu memoria, quizá puedas conservar la capacidad de asombro que tenías cuando niño, ingenua y curiosa, siempre abierta a lo nuevo. Entonces es posible que veas muchas cosas que la mayoría de la gente jamás verá, aunque estén delante de sus ojos. Eso ampliará tu vida y le dará fundamentos propios. 

lunes, 3 de febrero de 2014

Naturaleza y cultura

Ahora en tu cabaña en Duhatao, lejos de otros humanos, rodeado (casi me atrevería a decir que cercado) por la naturaleza en todas sus dimensiones sensoriales… sigues siendo, por más que te empeñes en lo contrario, un urbanita, un humano que ha venido hasta aquí procedente de la ciudad y que, queriéndolo o no, trae lo ciudadano, lo civilizado, hasta estas soledades.

¿Soledades?, cuando te expresas así estás poniendo de manifiesto tu vicio congénito, tu condición de Homo sapiens urbanus. Mucho más solo estás en la ciudad, aquí te rodea un sinnúmero de seres vivos, animales y plantas que lo quieras o no interaccionan contigo. Y en esta interacción tú tomas decisiones que pueden ser lesivas para ellos, intentas imponer tus criterios y eso hace que a veces, admirador de la naturaleza como eres, te remuerda la conciencia.

Por ejemplo: has desbrozado los alrededores de tu cabaña de quilas que lo invadían todo, impidiendo crecer a muchos árboles. Has construido una pequeña presa en una vaguada para hacer un estanque. Has raleado de quilas el bosque cercano para que lumas, melíes, ulmos y canelos puedan crecer mejor. Has abierto varios senderos por los que no solo vas a circular tú, también podrán hacerlo los perros predadores, alcanzando con más facilidad a sus víctimas, los inocentes y bellos pudúes. Con todo esto has intervenido en el orden natural sin atenerte a las consecuencias.

¿El orden natural? Quizá sea más atinado hablar del natural desorden que te rodea. La naturaleza está en una continua lucha darwiniana por la supervivencia. El bosque chilote, más todavía el renoval o bosque joven, es el escenario de una pelea inacabable por la luz. Cuando ese bosque no está todavía consolidado, las quilas dominan el espacio vital, lo consolidan para ellas, lo hacen suyo e impiden el crecimiento de los árboles, convirtiéndolo todo en un inmenso quilal. Los senderos por los que podrían pasar los perros también los usan los pudúes para alcanzar los pastos que tú has creado cuando has extirpado los quilales y para huir de los perros. Etcétera. Todo lo que hagas aquí tú, que te reconoces como admirador y amante de la naturaleza, tiene su pro y su contra. Puro Heráclito.

Esto quiere decir que tú, con tus acciones, te has convertido ya, lo quieras o no, en una parte de esa naturaleza que te rodea, en un miembro más de ese ecosistema. ¿Qué aportas? El factor humano, le añades a la naturaleza todo el poder de lo humano. Por eso, ¡ten mucho cuidado con lo que haces!

Tienes que preguntarte por lo que pretendes conseguir con tus acciones. Como humano que eres puedes aportarle a la naturaleza que te rodea dos cosas bien distintas: civilización o cultura. Ahora interpretaré estos dos conceptos a mi manera, una entre las muchas acepciones que pueden tener, complejos y amplios como son. Por civilización entiendo lo más directamente etimológico: acción civilizadora, acción para que esa naturaleza se convierta en un espacio donde lo humano puede desarrollarse, defender sus intereses y finalmente dominar. Yo civilizo a la naturaleza que me rodea cuando construyo mi cabaña, abro caminos para llegar hasta ella con mi camioneta, traigo el agua potable hasta mi casa desde una vertiente cercana, tiendo una red eléctrica para que puedan funcionar las máquinas que me dan confort y seguridad, construyo o restauro cercas para defender mi propiedad de visitantes indeseables, todo esto. Y traigo cultura a la naturaleza cuando intervengo con acciones que solo van buscando la belleza.

¿Buscando la belleza? Eso suena cursi y además no hay quien lo entienda. Explícate mejor.


Buscando la belleza, sí, según la definió Plotino, la primera forma de belleza pero también la segunda, me atrevería a decir que sobre todo la segunda. Pero antes de explicarme más a fondo, introduciré algunos ejemplos gráficos de lo que quiero decir.


Cabaña del Pescador, Castro, Chiloé
Estas dos imágenes lo son de la Cabaña del Pescador, situada en una propiedad cercana a Castro, en la ruta 5 hacia Chonchi. La cabaña es sencilla pero muy bella, se asienta en un bosque-jardín que sin embargo es ya naturaleza, lleno de animales salvajes y de aves innumerables que no paran de cantarle a la vida. Pero hay una transición entre la cabaña y el bosque absolutamente cultural, la que permite que ambos se integren en una misma cosa armoniosa. Y es la jardinería sutil que rodea a la cabaña. El chilco que se ve en la primera foto es cultivado, plantado allí expresamente y cuidado y podado con el mimo de un buen jardinero. Los helechos y la planta de hojas  grandes, blancas y carnosas también forman parte del estrecho jardincito que rodea a la cabaña. Este jardincito es una frontera entre lo cultural del aposento humano y lo natural del bosque, pero a la vez una interfase, una zona de encuentro. Aquí está el secreto.

Aquí hay también una transición entre mi cabaña y los quilales y bosquecillos salvajes que la rodean. Lo que se ve en la foto es el resultado de haber extirpado las quilas que llegaban casi hasta la casa, liberando así a los pello-pellos, canelos y lumas de su estrangulación, así como de haber trasplantado ciruelillos salvajes de otros bosquecillos hasta aquí. El paisaje de transición entre la cabaña y su entorno se está reconstruyendo culturalmente. Queda mucho por hacer, pero la interfase ya existe y es bella.

La vertiente que alimenta de agua potable a mi cabaña confluía en una vaguada, a través de la cual seguía corriendo hacia el mar cercano. Yo he represado esta vaguada, convirtiéndola en un estanque y creando así un pequeño ecosistema nuevo que espero se llene de belleza: crecerán los helechos y los chilcos en sus bordes todavía crudos, libarán los picaflores las flores de estos últimos, poblarán sus aguas batracios que cantarán desde ellas en las noches de verano, vendrán a beber los pudúes, los sobrevolarán también las golondrinas en vuelos rasantes para aplacar su sed… todo eso y mucho más. También he construido el estanque con otra ambición cultural, algo así como un homenaje a la Fiura, la desgraciada mujer del Trauco, un pequeño templo para ella y con ella para toda la mitología chilota. Porque dicen que la morada de la Fiura está siempre cercana a las aguas que corren, y mi estanque no deja de hacerlo, su tasa de renovación es muy alta.

He raleado (eliminado) las manchas de quila del bosquecillo (renoval) que se levanta detrás de mi cabaña, al lado opuesto al del mar. Enseguida los canelos y las lumas que abundan allí se han puesto a crecer salvajemente, aprovechando la oportunidad que estaban esperando.


Entre el viejo bosque de olivillos (arboles estandarte, resistentes al viento y a la sal marina) que se enfrenta al mar, 













mis amigos chilotes han abierto un sendero que lleva hasta la playa del Elefante, con barandillas para que los viejos o los caminantes solitarios no se caigan y así se pierdan.












He construido miradores en algunos sitios difícilmente accesibles para poder contemplar desde ellos, en toda su hondura, la belleza de esta costa tan brava.







Y mis vecinos tiuques se pasean por el barandal de mi terraza con la misma tranquilidad y frescura que si fuera el pasillo de su casa. No me temen, sino que me acompañan.










Este es finalmente el problema: conseguir un encuentro armonioso entre naturaleza y cultura/civilización en una cabaña en Duhatao, costa NW de Chiloé.













Llego así al final de esta quizá demasiado larga entrada. 

Busco introducir en Duhatao la civilización suficiente para llevar una vida tranquila y la cultura que justifique mi presencia allí como visitante humano. Cultura que me permita contemplar la primera belleza de Plotino, la de las formas innumerables y armoniosas, la de todo el esplendor sensorial de la naturaleza. Pero que también me inspire y me estimule para contribuir a potenciar allí, en ese rincón de Duhatao, la segunda belleza de Plotino, la que asombra por la dirección tan decidida que lleva hacia la verdad, la bondad y la justicia. Una belleza ésta segunda que extraiga del paisaje o del ecosistema todas sus potencialidades dirigidas hacia la minimización del sufrimiento, así como resulte en la culminación como hechos consumados de todas las reservas de armonía y gracia que ese paisaje esconde.

¡Diablos!, este final quizá me haya salido demasiado almibarado, pero no encuentro otra manera mejor de expresar lo que seriamente y con plena conciencia de lo que estoy diciendo, quiero decir.