domingo, 31 de julio de 2011

Reencuentro

Me he pasado la vida comprando libros, ya lo he dicho en otras entradas, los libros han sido para mí una segunda vida, he buscado en ellos lo que no encontraba en mi vida real, muchas veces con éxito. Mi casa está llena de libros, que ocupan ya casi todos los rincones posibles y algunos de los imposibles. A todos los tengo en la memoria, pero el desorden de mi biblioteca es grande y muchas veces no sé dónde encontrarlos. Así perdí mi viejo ejemplar de las “Estampas Cartujanas”. Sé que está por aquí pero no doy con él, aunque estoy seguro de que el día más inesperado aparecerá en un sitio sorprendente.

Hoy he reencontrado un libro que había dado ya por perdido. Por eso me siento feliz. Apareció dónde y cuándo menos lo esperaba, reconocí en seguida  su tamaño, su cubierta, sus páginas. En tiempos este libro me llenó mucho. Lo abrí y lo ojeé.  Allí estaba todo lo que yo recordaba. A un libro al que quieres no lo reconoces por la literalidad de su texto sino, aunque parezca paradójico, por su música, que no está hecha de sonidos, sino de sentimientos. Lo reconoces por su forma de sentir y presentar el mundo. Hoy lo tendré cerca de mí, feliz de su presencia y confiado en que no vuelva a desaparecer. Porque los libros, a veces, no es que se pierdan, sino que se esconden, quizá porque se asustan o se aburren de ti, a causa de la forma en que los estás leyendo. Y yo a éste no volveré a perderle el respeto. 

2 comentarios:

Miroslav dijo...

Olo, que bonita entrada sobre los libros, así son ellos. En mi caso, juegan un rol como de oráculos, incluso al abrirlos en una página al azar, es precisamente ese párrafo el que responde tus dudas y le da sentido, a algún problema coyuntural que te tiene complicado, y finalmente orienta tu vida, un libro es un buen amigo, serán reemplazados por una tablet u otro dispositivo electrónico holográfico en el futuro, o siempre estarán ahí, para acompañarnos en un momento de soledad, de dudas o de viaje, además son decorativos!!!!!

olo dijo...

La gran diferencia entre el libro o documento electrónico y el de papel es que este último es un todo con el que tú interaccionas físicamente, como lo harías con una persona. No requiere un software lector, ni un sistema operativo, ni electricidad, con lo que sigue dándote compañía después de un gran terremoto como el del 2010, o en un barco velero en medio del océano, o en una isla desierta. Te es fiel, jamás te falla ni te engaña, su verdad más honda está patente, negro sobre blanco, en sus letras.

En esa interacción física que tienes con tus libros, a mí siempre me gustó subrayarlos, usando una reglita corta y un lapicero. Subrayar un libro es dialogar con él, con tu amigo. Ahora, al cabo de los años, me gusta abrir mis libros de juventud y reconocer cómo los subrayé entonces, que me da indicio de cómo era yo. A través de ese amigo común, nuestro libro, me reencuentro con el Olo que fue, y eso me gusta. Si se tratase de un libro electrónico, temo que en el transcurrir de media vida tuya haya cambiado toda la tecnología y ya no puedas leer lo que dejaste olvidado en un rincón. El libro de papel siempre te espera, y envejece mucho más lentamente que tú.En estos aspectos esenciales, no tiene alternativa.