lunes, 8 de diciembre de 2014

¿Árboles fósiles en Chiloé?

¿Quién no ha buscado y encontrado fósiles alguna vez en su vida? Pero se trata casi siempre de pequeños animales marinos (Trilobites, Ammonites) que una vez muertos cayeron al fondo y sus esqueletos calcáreos fueron cubiertos lentamente por sedimentos donde se fosilizaron. Posteriormente estos sedimentos afloraron a la superficie terrestre como grandes montañas o llanuras y allí es donde nosotros los encontramos. De estos animalitos fósiles los hay a millares, a millones en muchos sitios y no es difícil dar con ellos. Incluso se ven en muchos mármoles que se exhiben pulidos en las paredes y suelos de muchos edificios públicos. Si te fijas con atención, puedes ver caracolitos o gusanitos fósiles embebidos en la piedra, mostrándote para que te maravilles que aquello que tienes ante ti y que pisas  tuvo algún día muy lejano un inmenso mar por encima. 

Un árbol es cosa bien distinta. Los árboles no viven en el mar, aunque pueden ser arrastrados hasta él por los ríos en sus crecidas, pero en cantidades pequeñas. Además flotan y normalmente el oleaje los devuelve a la madre tierra en la que nacieron y crecieron. Para que un árbol se fosilice hacen falta acontecimientos geológicos mucho más dramáticos, que los entierren con rapidez entre piedras y arenas. Y estos acontecimientos solo son los grandes cataclismos telúricos, más en particular las grandes erupciones volcánicas.

Los presuntos árboles de que aquí voy a tratar se han descubierto en la que yo he nombrado Playa del Elefante, una ligerísima concavidad llena de guijarros y rocas a muy poca distancia hacia el Norte de Punta Tilduco. El nombre le viene de una gran roca anclada en el mar que parece tener una gran trompa que lo mismo podría ser de elefante marino que africano.

El descubridor de los presuntos fósiles fue un amigo mio, Jonás Retamal. Yo ya había visto esas rocas en esa playa y me habían intrigado sus extraños relieves. Pero fue Jonás el que llegó un día allí y nada más verlos le gritó a su hija Amaranta, "¡Mira! árboles fósiles", con tanta convicción que yo me sentí enseguida iluminado por la certeza. Lo que he hecho desde entonces es buscar pruebas que sustenten esta hipótesis, que son las que presento hoy aquí.

Jonás es arquitecto y debió estudiar algo de geología en la Universidad. Yo soy ingeniero y también la estudié, pero se me quedó ya muy atrás, mis conocimientos geológicos están prácticamente fosilizados. Jonás además es un artista y yo creo que vio aquellas piedras con los ojos más iluminados que pueden existir, los de la fantasía. La cual es muchas veces un requisito indispensable en las etapas iniciales de un descubrimiento.

Sea como sea. Lo que yo voy a presentar aquí es una sucesión de hechos que si bien no pueden ser concluyentes, apoyan creo que con fuerza la idea de que estamos tratando de árboles que se fosilizaron en el Terciario a causa de grandes erupciones volcánicas en los terrenos entonces boscosos de lo que después yo he nombrado como la Playa del Elefante.  





(1).- Pasado volcánico de la Playa del Elefante.

La figura que sigue muestra un mapa geológico de Chiloé. En el extremo NW de la isla aparece coloreada en sepia claro una región a la que marca como de rocas volcánicas. A la altura del paralelo 42ºS, un poco a la derecha, hay una inscripción, Ancud Volcanic Complex, de la que sale una flecha. Pues bien, el extremo del ala izquierda de la cabeza de esta flecha marca la Punta Tilduco, y a la escala del mapa allí mismo está la Playa del Elefante. En pleno Complejo Volcánico de Ancud, una costa en la que se ven con facilidad lavas erosionadas por el mar, columnas basálticas y grandes rocas volcánicas muy duras, es decir, modelada geológicamente por un volcanismo muy activo.

Este modelado volcánico tuvo lugar entre dos períodos de la Era Terciaria, el Oligoceno Tardío y el Mioceno Temprano, hace aproximadamente 30 millones de años. Eran tiempos muy distintos a los actuales. La Placa Sudamericana empezaba a separarse de la Placa Antártica, con la formación del Pasaje de Drake, que condenaría a la Antártida a una vida helada por muchos años. La Placa de Nazca empujaba a la Placa Sudamericana, que derivaba hacia la Norteamericana aunque todavía Panama no era un istmo, sino un brazo de mar. Lo Andes estaban en plena juventud, empezando a formarse. Una época en la que la zona aproximada donde luego se situaría Chiloé teniá que estar sometida a grandes convulsiones geológicas, de las que una de las huellas es este Complejo Volcánico de Ancud. Pero ya había por entonces grandes bosques de coníferas y de árboles caducifolios, también en lo que luego sería Chiloé. 


(2).- Configuración actual de la Playa del Elefante.

Las dos fotos que siguen muestran la Playa del Elefante hoy, la de la izquierda mirando hacia el Pacífico desde lo alto del acantilado, la de la derecha mirando hacia el acantilado desde la playa.


La playa está llena de rocas y piedras de diversos tamaños, producto del derrumbamiento progresivo del acantilado por la erosión marina. La persistencia de algunas grandes rocas en el mar gracias a su dureza, como la del Elefante, sugiere su naturaleza volcánica, que se observa claramente en las rocas de la playa, mientras que entre las piedras sueltas se puede encontrar la piedra pómez.



(3).- Rocas en las que se han encontrado los presuntos restos de árboles fósiles.

Hay varias en la playa como la roca A que se presenta aquí como típica, con dos vistas, la de la izquierda desde el Oeste y la de la derecha desde el Este.

Lo que llama la atención de estas rocas es las formas que ha generado en ellas el proceso erosivo marino y probablemente eólico.


(4).- Formas de erosión en las rocas estudiadas.

Se presentan en las cuatro fotos siguientes.


Estas dos fotos corresponden a detalles de la cara W de la Roca A.

En la primera se ve como el vaciado (bajorrelieve) de lo que pudo ser un trozo del  tronco de un árbol visto en sentido longitudinal (el de la dirección de las fibras). El ancho (diámetro) de este tronco es de aproximadamente 10 cm.
En la segunda se ven otros vaciados más pequeños que el anterior y que parecen tener una estructura más cilíndrica. Por el tamaño podría tratarse de ramas más pequeñas que en la foto anterior. 











Estas dos fotos corresponden a detalles de la cara E de la Roca A.

En las dos se observan vaciados parecidos a los que se presentan en las dos fotos de la cara W.




El hecho de que la dirección de las fibras en vaciados contiguos cambie radicalmente 
descarta la posibilidad de que se trate de lavas o cenizas sedimentadas in situ por un único proceso geológico. Los vaciados que se ven, sean o no de árboles fósiles, se formaron previamente y luego se depositaron donde ahora aparecen por un proceso que pudo ser una erupción volcánica.







(5).- Semejanza de los vaciados de la roca con cortes de árboles reales.

La foto siguiente presenta un corte longitudinal de un trozo de árbol (luma) cogido de mi leñera. La disposición y el aspecto de las fibras longitudinales recuerda mucho al de los vaciados de las rocas anteriores, a los que consideramos presuntos restos de árboles fosilizados.





(6).- Piedras recogidas de entre los guijarros de la playa junto a la roca A.

He buscado junto a la roca A piedras pequeñas que pudieran mostrar una morfología análoga a la de los vaciados de dicha roca. 

Siendo una minoria del total de guijarros, son no obstante fáciles de encontrar. Presento como ejemplo dos de las más características.






































La de la foto superior tiene 4 cm de largo, la de la inferior 12 cm.

En la de arriba se ven muchos trocitos diferentes con una disposición en fibras paralelas muy parecida a la de los vaciados. Lo notable aquí es que los distintos trocitos tienen una orientación diferente de las fibras, como si correspondieran a un montón desordenado de trocitos de ramas que fosilizó con ese mismo desorden.

La de la foto inferior tiene exactamente el mismo aspecto que tienen los trozos de madera cogidos en la playa muy limados y redondeados por la acción de las olas. Solo que no es madera, sino una piedra.


(5).- Presencia de estructuras parecidas a las de los vaciados en la pared del acantilado no sometida a la erosión.

En un clima húmedo y templado como es el de Chiloé, la pared del acantilado está, como se ve en las primeras fotos, casi totalmente cubierta por la vegetación. Con motivo de la construcción de un sendero hubo que romper una piedra situada a una altura de unos 40 m sobre el nivel del mar. Descubriéndose la estructura que aparece en la foto de abajo.


Hay un trozo grande con fibras muy parecidas a las que se observan en los vaciados, aunque aquí ya no son vaciados porque al estar hasta ahora dentro de la roca no han podido producirse procesos erosivos. Y luego hay muchos trozos pequeños con fibras orientadas en direcciones muy distintas, como en la foto de la piedra más pequeña. Lo que prueba que lo mismo que encontramos en la playa existe en la pared al menos al nivel de los 40 ms. 


(6).- Discusión y conclusiones.

Dada mi ignorancia geológica tengo poco que discutir. Solo pedirle a un geólogo, si por casualidad estas notas cayeran en sus manos, hasta qué punto la hipótesis que hago del árbol fósil es o no disparatada.

En cuanto a conclusiones, nada más que una. Me parece maravilloso haberme podido enterar por casualidad que la configuración básica del paisaje en el que vivo se fraguó hace 30 millones de años, y que lo hizo por un proceso volcánico que tuvo que ser intensamente dramático (basta con que recordemos la que formó el Chaitén hace como quien dice cuatro días).

Las escalas geológicas son impresionantes. Lo que yo describo aquí aconteció hace 30 millones de años, pero los Dinosaurios, con cuyos muñequitos juegan mis nietos como si fueran vacas o leones, desaparecieron hace 65 millones de años y existían ya desde hace más de 200 millones de años. Las ballenas azules, que pronto alegrarán estas aguas del NW de Chiloé, empezaron a aparecer como tales hace los mismos 30 millones de años que marcaron los acontecimientos que describo aquí.

Y los humanos, quiero decir Homo sapiens, que no tenemos más de 200.000 años, estamos sin embargo absolutamente convencidos de que somos los reyes del mambo.

Visto lo visto, aunque los humanos con nuestra locura ecocida lleguemos a destruir el mundo en que vivimos, la Naturaleza ni se enterará. Todo será un volver a empezar de los escasos supervivientes humanos, que será difícil que no los haya. ¿Quién no se acuerda de aquella magnífica película, El `planeta de los simios?

2 comentarios:

Paola dijo...

Que maravilla... Que belleza lo que hace El Creador, con el tiempo y con las cosas...

Jonas Retamal dijo...

Que maravillosa capacidad, de un comentario, lograr realizar una investigación tan fundamentada que da cuenta del paso del tiempo y el origen de un lugar.