lunes, 25 de marzo de 2013

Crisis de Chipre: síntoma de males más profundos


Lo que está pasando con Chipre o por mejor decir con los ciudadanos chipriotas es una vergüenza que puede llegar a convertirse en canallada.

¿Cuál es la culpa de estos ciudadanos chipriotas que se ven de pronto ante la ruina total? La de ser chipriotas, es decir, la de haber nacido en Chipre, ninguna otra. Se nos pretende convencer desde los centros de poder de la Unión Europea de que el entero país de Chipre es un nido de piratas corruptos y perezosos, dedicados a lavar el dinero de la mafia rusa. Cuando esto es manifiestamente falso. Chipre es un país  levantado por una comunidad étnica y culturalmente griega que ocupa sólo la mitad de una pequeña isla. Su gobierno decidió convertirlo en una suerte de paraíso fiscal, como lo son sin que por ello nadie deje de considerarlos honorables, Luxemburgo, San Marino, Andorra o hasta Suiza en la Europa continental, así como las Islas del Canal o la Isla de Man en el mismísimo Reino Unido. El estado de Chipre entró en una crisis financiera profunda, no por el hecho de ser un paraiso fiscal, sino como consecuencia de la crisis financiera mundial nacida en Wall Street, que a ellos les afectó a través de Grecia. Pero desde el Banco Central Europeo no se les ha querido ayudar sino imponiéndole previamente una presión financiera insoportable para los ciudadanos chipriotas. Lo mismo ha pasado con Grecia, Italia, España y Portugal, países que si no consiguen salir de las recesiones provocadas por los ajustes sufrirán una inestabilidad social que puede crear problemas graves.

El intento flagrante de incumplimiento por parte del Eurogrupo y el Banco Central  Europeo de los compromisos que tienen frente a los pequeños ahorradores de los estados miembros tendrá inevitablemente consecuencias morales desastrosas, porque quedará como una advertencia a otros países en dificultades de que montar un corralito que castigue y arruine a los ahorradores es siempre posible. Todo indica que quien lidera esta amenaza de incumplimiento, que aparentemente se ha quedado en bravuconada,  son el gobierno y las autoridades financieras de Alemania, ya es hora de que se vaya diciendo así de claro. Todo sugiere que la Alemania reunificada, la nueva gran Alemania, el país más poblado y poderoso del Eurogrupo y de la Unión Europea, ha perdido su antigua fe europeísta y se va retirando hacia la defensa de sus propios intereses, aún a costa de los de sus socios europeos. De la crisis financiera que atraviesan los países mediterráneos, estos poderosos grupos de opinión alemanes culpan  no ya a sus gobiernos, sino hasta a sus pueblos, a los que de alguna manera se presenta como pueblos inferiores, incapaces de ponerse a la altura de los pueblos centroeuropeos que integran el resto del Eurogrupo. Aunque parezca increíble, esto es lo que está empezando a pasar en Europa, conviene gritarlo claramente ya, antes de que sea demasiado tarde.

El populismo es una enfermedad política de  las naciones que hace que una parte de sus ciudadanos se considere víctima de la otra parte, y por ello incumpla sus deberes mínimos de solidaridad hacia esa otra parte  y la abandone a su mala suerte, jaleada en esta tarea finalmente autodestructiva por sus gobiernos y sus élites. Esto está pasando ya en la Unión Europea, a nivel de los países del Eurogrupo, que comparten el euro como moneda común. El foco de esta enfermedad parece estar en Alemania. Si en muchos casos el populismo prende en los estratos más pobres de una sociedad, en este caso europeo se trata de un populismo de ricos. Pero cualquier tipo de populismo es nefasto, por lo que representa en sí mismo y porque es además una puerta de entrada al fascismo. Conviene decirlo, gritarlo para intentar que un proceso tan pernicioso se pare. Apelando para ello a lo mejor de Alemania, una nación que antes de reunificarse, cuando sólo era su mitad occidental, la República Federal de Alemania, contribuyó tan decisiva y generosamente a la puesta en marcha del sueño común europeo.

La ira de los chipriotas se expresa aquí con suprema ironía


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