martes, 25 de febrero de 2014

Atardecer en Punta Tilduco, Duahatao, Chiloé, Chile

Para mis amigos que querrían estar aquí pero no pueden, ahí van algunas fotos del atardecer de hoy visto desde la terraza de mi cabaña.


El mar como elemento central del paisaje.

En él, incluso en un día calmo como hoy, la mar de fondo del WSW, ésa que llega de Magallanes después de correr enloquecida desde Nueva Zelanda, asurcando las aguas con su firma.






Hace muchos años, la gente de por aquí que se ganaba la vida en las playas, mariscando o recogiendo algas, dormía en ellas. Encendía hogueras para calentarse durante la noche. A veces estas hogueras o sus chispas prendían los matorrales de quila, que llegaban casi hasta la línea de la pleamar. Las quilas eran jugosas por fuera pero secas por abajo. Un incendio se desataba, que si llegaba hasta el bosque quemaba los viejos troncos centenarios de los olivillos. Quedaban como en la foto, testimonio del paso del tiempo y de la fatalidad que lo acompaña. También perchas para que los pájaros puedan contemplar el paisaje y calentarse en el Sol mañanero, después de la frialdad de la noche.




Mis amigos Tiuques usan estas viejas perchas para espiarme y ver cuando he preparado su desayuno de pan en el barandal de mi terraza.

De esta forma cariñosa me dan los buenos días. Del mismo modo me desean buenas noches, como en la foto.




La piedra del Elefante luce sus mejores colores y formas con el Sol poniente. A mí me parece que me está mirando, consolándose conmigo de la magnitud larguísima de una vida geológica. Ella a lo mejor querría ser ya arena.




A mi lado hacia el Norte, el bosque de Olivillos luce en todo su esplendor, que lo es desgarrado, pobre y marinero, sometido como está a los peores vendavales del NW y a la sal marina. 

Los Olivillos crecen en sus puntas, los troncos desnudos parecen muertos, pero no lo están. Son como aquellos navegantes antiguos de los veleros que exploraban y descubrían el mundo. Comidos por el escorbuto, la fatiga y el miedo, a pesar de todo ello les seguía latiendo el corazón con toda su fuerza. 

Los olivillos y los hombres resisten bien al mar.






El Sol de verano se pone finalmente por el WSW. Cada día un milagro distinto de colores.

Siempre nos deja con la seguridad de que volverá a encontrarse con nosotros cuando amanezca. No nos dice adiós, sino hasta mañana.








































































2 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias,soy una de las que no puede ir a CHILOÉ son hermosas todas sus fotos , me hace recordar los días que fui a esos lados

Francisca rojas campos dijo...

hola, soy de chiloé y me gustaria saber como puedo llegar a ese lugar? queda cerca de rio chepu? del parque ahuenco? Tengo muchas ganas de recorrer chiloe este verano, seria ge nial que me ayudaras. Saludos!